Fuente: elcorreodigital.com
Por: Óscar Cubillo

Pianista de latin jazz bendecida con un talento, arte, sabor y lustre similares al del dominicano Michel Camilo, la brasileña Eliane Elias (Sao Paulo, 1960) se reconoce como niña prodigio. A los 17 tocaba para Vinicius y Toquinho, y a los 21 emigró a Nueva York para convertirse en luminaria del jazz mundial. Nos atiende vía telefónica y en castellano desde East Hampton. «Estoy en mi casa de fin de semana. Vivo entre la ciudad de Nueva York y aquí».

-¿Cómo se despertó en usted el sentimiento musical?

-Recuerdo que de niña los profesores me demostraban que poseía mucho talento. Empecé a estudiar con siete años, oía la samba y, cuando tocaba ejercicios simples de niños, la profesora lloraba. Yo decía a mi mamá: ‘Mamá, no quiero ir porque la profesora llora cuando yo toco’. Y mi mamá me explicaba que tenía una manera de interpretar que llegaba al corazón de las personas. Lo que otros alumnos aprendían en dos años yo lo lograba en dos meses.

-¡Qué nivel!

-Quedó claro que tenía talento para la música. Yo amaba tocar el piano. A los 10 u 11 años ponían en el tocadiscos discos de Bill Evans y de otros pianistas de jazz, y me quedaba horas tocando sobre ellos, escribiendo, encantada con el jazz. Me recuerdo dando entrevistas en televisión como una niña prodigio. A los once años ya decía: ‘Voy a ser pianista de jazz y voy a vivir en Nueva York’. Je, je… ¡Con once años!

-¿A esa edad le influían otras músicas, como la clásica?

-También. Estudié música clásica, no con la intención de convertirme en concertista. Mas yo grabé para EMI Classics a Ravel, Bach, Villa-Lobos y Chopín. Pretendía mostrar los estilos diferentes clásicos: un romántico como Chopin, un folclórico como Villa-Lobos, un impresionista como Ravel y un barroco como Bach. Me influyeron. Especialmente los románticos e impresionistas, claro.

-¿Cómo le fichó Vinicius?

-Interesante. Con quince años trabajaba como directora musical del departamento de piano de la mejor escuela de música de Brasil. A través de otros músicos de la escuela, con 16 empecé a actuar en los clubes de jazz y otros locales nocturnos. Trabajaba una noche con mi trío en un club de Sao Paulo y, en una mesita cerca de mi piano, ahí estaba él. Miré y vi a Vinicius de Moraes. Y a Toquinho también. Los empresarios también estaban y me invitaron a trabajar con ambos. Debían cumplir una gira grande, internacional, llamada ‘Diez años de Toquinho y Vinicius’. Vinicius era letrista de Jobim. Era un poeta. ¡Yo iba a trabajar con los creadores de la bossa nova!

-Con ellos aprendió el negocio.

-Claro, claro. Yo hacía los arreglos y a esa edad escribía para todos. Eran producciones grandes. Y tras trabajar tres años con Moraes, me fui a NuevaYork. Estaba contenta de trabajar con él, pero por otro lado no era lo que yo quería hacer.

-¿Por qué?

-Para un brasileiro trabajar con los más grandes es muy bueno, pero yo quería hacer jazz. Me encantaba la parte instrumental y en Brasil era prácticamente imposible. La música ahí es más vocal y no había espacio. Yo perseguía la música que tocaba en mi casa, porque me preparé como pianista y debía exigirme mucho más como instrumentista. No quería acompañar a cantores. Es diferente, ¿me comprende? Con 21 años, muy jovencita, sentí que debía irme.

-Voló en solitario para crecer.

-No solamente por eso, también porque quería hacer una vida profesional. En Brasil recibí dos contratos para viajar a Nueva York, con empleo, documentación y la visa, pero los rechacé porque prefería llegar y tocar con los grandes. No iría a aprender, sino a trabajar. Estaba preparadísima. En dos o tres meses participaba en jam sessions en Nueva York y se hablaba de mí. Fui invitada a trabajar con gente de primera línea, como Steps Ahead, y esa fue una primera puerta de progresión internacional. Pero llegué preparadísima, pues pasé mi infancia disponiéndome para el día en que fuese a vivir a Nueva York.

-¿Por qué su música es tan alegre?

-No sé… Je, je, je… También tiene cosas más sentimentales. Depende. Yo amo mucho la vida, ¿sabe? Cada día que despierto estoy muy feliz de despertar, pues amo lo que hago: la música. El objetivo de ésta es transmitir algo al que escucha. Felicidad, nostalgia… Lo que sea. El propósito es rozar su alma y mudar su humor. No todo es siempre alegre. Mas yo pienso que soy una persona muy… ¿cómo se dice?… ‘up’, sí, animada. No soy del tipo oscuro y deprimido, ja, ja, ja… Y claro, la música lo refleja.

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