Entrevista a Esperanza Spalding de pronta visita al pais.
El  28 se presenta en Neuquen.

Fuente: clarin.com
Por: Sandra de la Fuente

La contrabajista, cantante y compositora Esperanza Spalding nunca se sintió cómoda en la escuela. «Eso de estar sentada tratando de digerir todo el menú de asuntos que los maestros habían preparado no era lo mío», dice en conversación te lefónica con Clarín, poco antes de viajar a Buenos Aires para presentar su segundo disco, Esperanza, en una gira que comenzará con un concierto en La Trastienda, el 25 de este mes y continuará el 26 en Mar del Plata, 28 en Neuquén y 29 en Córdoba. «La escuela no era para mí; por suerte descubrí que había un sistema de enseñanza en el hogar. Dejé las aulas y estudié en casa».

Sin embargo, Spalding volvió a las aulas y se convirtió en la profesora más joven del plantel de Berklee. «No puedo negar lo que me dio la escuela pública, que aún en el noreste de Portland, un zona muy humilde de la ciudad, ofrece buenos programas musicales. Los maestros de la progresista Portland también hicieron lo suyo: en lugar de atenderme la media hora reglamentaria, me dedicaban 2, 3 y hasta cuatro horas. Primero, con el violín, llegué a formar parte de la orquesta de Oregón. Y luego, cuando empezaba a cansarme del violín, con el contrabajo. Apenas un profesor me vio probando cosas, me acercó una línea de un blues. Descubrí que mi voz estaba en el contrabajo y en un mes estaba ganándome unos pesos, tocando con diferentes formaciones».

Tu familia no tiene un origen latino, ‘porqué te llamaron Esperanza?

Mi madre había vivido por un año en México. Cuando supo que estaba embarazada decidió que el nombre de su hijo o hija significaría Esperanza en algún idioma. Si hubiera sido varón, me habría llamado Abone, esperanza en un dialecto sudanés.

En «Esperanza», tu nuevo disco, hay varias piezas del repertorio latino. ‘Cuál es tu relación con esa música?

Tocar el contrabajo te coloca en la posición de aprender la música que quieren hacer los demás. Cuando me mudé a Boston, para estudiar en Berklee, donde conviven todas las comunidades del mundo, compartí mi tiempo con muchísimos latinoamericanos. Los jueves, por ejemplo, tocaba con cubanos me puse a escuchar muchísima música cubana. Y un novio brasileño que tenía un gusto musical exquisito me hizo escuchar a Gismonti, a Milton Nascimento, músicos a los que no hubiera llegado con tanta facilidad por mi propia cuenta y cuyo repertorio me gusta versionar.

En el disco hay una versión de «Body and Soul» en castellano. ‘Por qué?

Quería tener una canción en español pero necesitaba que fuera una melodía que sintiera propia. Así que decidí hacer Body and Soul. Supe que no podía cambiar la letra, que debía traducirla literalmente lo que hacía que de algún modo, la poesía se perdiera. Incluso la acentuación de las palabras cambiaba la inflexión de la melodía. Definitivamente, darme ese gusto fue mucho más complicado de lo que pensé.

0 comentarios

ME SUSCRIBO...!!!

GRACIAS POR TU TIEMPO...