Por NíšRIA NAVARRO
Fuente: elPeriódico.Com (España)

Watermelon Slim–¿Todo empezó en Vietnam…?
–Bueno… A los 6 años ya cantaba en la iglesia, en Carolina del Norte. Luego, como no sabí­a muy bien qué estaba haciendo en la universidad, en 1968 me enrolé en el Ejército. En Vietnam me pusieron a cargar material pesado, pero enfermé. En el hospital encontré una vieja guitarra. Empecé a tocar blues con un Zippo. Y a la vuelta, en 1973, grabé mi primer disco. Un disco antibelicista…
–¿Volvió tocado de la guerra?
–Volví­ con el equilibrio intacto. ¡Por eso nunca he cobrado una pensión! Siempre supe lo que estaba haciendo. Incluso cuando fui un delincuente lo supe…
–¿Un delincuente?
–Durante un tiempo hice trapicheos con drogas blandas. Nunca fui a prisión porque nunca me declararon culpable de delito… Y mi historial criminal no fue a más. Como era un gran conductor –conduzco cualquier cosa con ruedas–, me invitaron a ser el hombre del volante…
–¿A conducir coches en robos?
–Sí­, pero siempre me negué.
–Acabó siendo un camionero de primera.
–Así­ es. Durante 14 años llevé camiones de gran tonelaje. He transportado troncos, tecnologí­a, basura contaminante… Hací­a 200.000 kilómetros al año. Y en la cabina cantaba blues.
–Pero un test habí­a confirmado que era un superdotado intelectual…
–Mi coeficiente intelectual es de 142. A los 3 años leí­a el diario. Durante unos meses fui miembro del club Mensa, pero me aburrí­a mucho.
–Aun así­, ¿el de camionero era el mejor oficio posible?
–Durante un tiempo trabajé como periodista y como profesor sustituto de secundaria. Pero necesito moverme, sudar. Preferí­ plantar melones, oficiar funerales, trabajar en una serrerí­a… ¿Ve este dedo?
–Veo lo que queda de él.
–Al sacar un tablón de la sierra, la cuchilla me lo rebanó. Si hubiera llevado el guante, me habrí­a arrastrado la máquina y hoy no estarí­a aquí­. ¡Oh, Dios, la muerte me rozó más de cerca que en Vietnam!
–Sin una vida como la suya, puede que no cantara como canta…
–Quizá no me sentirí­a autorizado, no. El blues es de los trabajadores, no de los ejecutivos, ja, ja.
–¿Es más negro que blanco?
–No. Para ser bluesman hay que haber sudado y haber resultado herido… Hay que vivir lo que cantas. El blues habla de las expectativas frustradas. Y yo frustré las expectativas de tanta gente… Tení­a que ser un tipo de éxito y acabé siendo un camionero. Se suponí­a que debí­a ser abogado y me convertí­ en delincuente.
–Bueno, no acabó mal la historia…
–A la larga conseguí­ dos tí­tulos universitarios. Decidí­ mi propio destino. Soy muy bueno con la lengua inglesa, se lo aseguro. Hoy mismo podrí­a dar clases de Historia, de Ciencias Polí­ticas, de Economí­a, de Psicologí­a… Pero me faltan los dientes de arriba, ¿ve? Así­ que opté por ser un buen letrista de canciones.
–Ponerse los dientes habrí­a sido otra opción.
–¡Cuestan 25.000 dólares y hay que pagarlos al contado! Yo tengo una historia médica terrible, ¿sabe? He tenido un infarto, un derrame… ¡Me puedo morir en cualquier momento! Pero he experimentado lo más extraordinario de todos los sentidos.
–¿De todos?
–¡Oh, sí­! He estado dos veces casado. Mi primera mujer era una bomba sexual… A la segunda, también cantante de blues, intenté salvarla de sí­ misma. Era cocainómana. La saqué de Boston y la llevé a Oklahoma. Allí­ empezó a pincharse metanfetaminas. Eso destruyó el matrimonio.
–¿Todo eso nutre su blues?
–Todo eso es blues. Todo y hasta el lí­mite, esa es la clave del blues.
–Por si acaso, viaja con los huesos de un gato negro…
–Y con un amuleto de Nueva Zelanda, y otro de una sandí­a, y un trozo de motor… Soy un fenomenólogo.
–¿En el sentido husserliano?
–La fenomenologí­a de la que le hablo calcula el significado psicoespiritual de las cosas. Los huesos de gato y el resto de amuletos son eficaces para lograr cosas. El año pasado paré la lluvia en cuatro ocasiones.
–¡Desátela aquí­, señor Slim!
–Pondré mi pensamiento en que llueva aquí­. Dios me ha bendecido.
–Quizá a él no le parezcan bien sus supersticiones.
–Yo soy episcopaliano. Y no hay contradicción entre ambas cosas. He cometido muchos pecados, pero tengo la esperanza de la salvación… He tratado de no perjudicar a nadie. Y a través del blues transmito poder.
–¿Es eso posible?
–Sí­. Pero no hablo de poder material, sino de voluntad de no abandonar. Quien me oye, dice: «Si este tipo ha podido mantenerse tan fuerte, también yo puedo».

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