Jazz fundido en negro

Se publica en español ‘Black Music. Free jazz y conciencia negra (1959-1967)’.
Es una compilación de ensayos jazzísticos del recientemente fallecido Amiri Baraka

Amira Baraka

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elmundo.es | Pablo Sanz | Madrid |

Amiri Baraka se entregó a la oscuridad definitiva nada más arrancar el año. La muerte del escritor, poeta, novelista, dramaturgo y ensayista noqueó los cimientos de la intelectualidad estadounidense más progre, así como convulsionó a la gran familia del jazz, la música que amó y admiró. Precisamente la editorial Caja Negra edita estos días ‘Black Music. Free jazz y conciencia negra (1959-1967)’, una compilación de artículos, críticas y reseñas biográficas que son prolongación de su magnífico ensayo ‘Blues people. Música negra en la América blanca’ (1963, reeditado después por Nortesur). El libro (224 páginas; 110 euros) constituye un magnífico relato, más que del jazz, sobre la vida del jazz, porque Baraka ante todo miraba cara a cara y pensaba en las personas.

Amiri Baraka (1934-2014), que nació con el nombre equivocado o, como afirmaba él, con el nombre de esclavo LeRoi Jones, ha sido uno de los líderes intelectuales de la comunidad artística negroamericana, que reivindicó de manera orgullosa y radical. Se inició en el denominado “nacionalismo negro”; fue el hermano afroamericano de la Generación Beat; se convirtió al Islam tras la muerte de Malcolm X y acabó siendo marxista con conexiones con el comunismo cubano, perseguido e investigado por el FBI, más aun cuando discutió sobre la verdadera autoría de los atentados del 11-S (llegó a sugerir en un poema que Israel estaba detrás). Eso, sí, el jazz fue siempre la banda sonora de toda su vida.

La postura de Baraka acerca del jazz es rotunda desde las primeras páginas de este título: “La mayoría de los críticos de jazz han sido hasta ahora americanos blancos, mientras que los músicos más importantes no.” Nadie puede rebatir la afirmación, por cuanto el jazz, surgido a finales del siglo XVIII del abrazo encadenado de los esclavos africanos y la cultura occidental sobre suelo americano, siempre estuvo gestionado por el hombre blanco. Y hasta no hace mucho, vaya, sabida como es la existencia e implantación del racismo en Estados Unidos hasta hace cinco décadas.

Siendo originalmente una música hecha por negros, el primer disco de jazz lo grabó la Original Dixieland Jazz Band en 1917, compuesta por músicos blancos; las primeras y glamurosas estrellas del género también fueron músico blancos como Paul Whiteman o Benny Goodman; en el club neoyorquino más famoso de los años 20, el Cotton Club, los músicos negros entraban por la puerta de atrás; y hasta en la primera película sonora, ‘El cantor de jazz’, el actor Al Jolson interpretaba a un cantante pintándose la cara de negro. Sí, la industria jazzística siempre fue rentabilizada por empresarios blancos.

De todo ello se reflexiona en este libro, cuyo capítulo ‘La avant-garde del jazz’ se antoja como lo más jugoso de todo el lote. El autor refleja todo lo que supuso el ‘free jazz’ en los años 60, como música representativa de la protesta, la rebeldía, el orgullo y la afirmación del pueblo negroamericano ante el racismo y por los derechos civiles, la guerra de Vietnam, la eclosión de libertad que supuso el movimiento hippie, etcétera. Luego, musicalmente, la ‘great black music’ supuso una respuesta contundente a los modos jazzísticos academizados y consolidados en fórmulas y estereotipos previsibles, recuperando la verdadera esencia del jazz, una música creativa en estado permanente.

‘Black Music’ incluye por otro lado perfiles biográficos muy interesantes sobre jazzistas admirados como Roy Haynes, Sonny Rollins, John Coltrane, Billie Holday, Thelonious Monk, Cecil Taylor, Archie Shepp, Don Cherry o Wayne Shorter, cuyos retratos subrayan ese orgullo de lo negro y su correspondiente réplica blanca. El volumen concluye con una selección discográfica elaborada por el propio Baraka y una entrevista realizada por Calvin Reid.

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