Bitches Brew, la tercera gran revolución de Miles…
De entre los tantos logros y records de uno de los más influyentes músicos, no solo del jazz, de todas las épocas, el genial, controvertido y hasta antipático por momentos, Miles Davis, dos de sus momentos más gloriosos han acaparado los titulares de la comunidad jazzera y musical en general: uno, la re-edición de Kind Of Blue (Columbia, 1959) en noviembre del año pasado en una presentación de lujo al cumplirse el 50 aniversario de una de las obras fundacionales del movimiento; el otro, la re-edición el 31 de agosto próximo pasado, también en un formato lujoso, de Bitches Brew (Columbia, 1970) que pariera a la criatura conocida más tarde como jazz-rock, al cumplirse 40 años de su publicación. Dos hechos trascendentales en la prolifica vida musical de Miles y que definitivamente cambiara el rumbo de lo establecido.
La edición de lujo ‘Bitches Brew: 40th Anniversary Collector’s Edition’ contiene dos discos con los 94 minutos del disco original y seis bonus tracks, más un tercero inédito con un concierto con algunos de sus Miles Boys: Keith Jarrett, Chick Corea, Dave Holland, Jack DeJohnette, Airto Moreira y Gary Bartz, grabado en Tanglewood, Reino Unido, en agosto de 1970; también incluye un DVD inédito con otro concierto ofrecido en Copenhague en noviembre de 1969. Y, como ocurrió con la re-edición de Kind Of Blue, la caja incluye un LP de vinilo de 180 gramos, réplica del álbum original masterizado, más fotografías y un pequeño libro de 48 páginas del escritor y ensayista Greg Tate.
Bitches Brew no surge de la nada, Miles venia trabajando y experimentando con instrumentos electronicos madurando el sonido que explotaría con éste disco, el banco de ensayos fue In A Silent Way grabado un año antes, 1968, junto a Wayne Shorter, Chick Corea, Dave Holland, y Tony Williams. Un elemento en común con el monumental Kind Of Blue fué la generosa disponibilidad para con sus músicos: total libertad permitiendo la espontánea improvisación, al igual que en Kind Of Blue, las sesiones de grabación casi fueron en directo y con total protagonismo de sus musicos. «Las sesiones de grabación fueron un proceso del desarrollo creativo, una composición viva», explicaba Miles y agragaba «Lo que más me interesa es el ritmo entrecortado, las melodías potentes y el sonido suave del piano»… Reunió a jovenes músicos hambrientos para ésta nueva experiencia: dos baterístas (Lenny White y Jack DeJohnette), dos percusionistas (Don Alias y Jim Riley), dos pianistas (Chick Corea y Joe Zawinul), dos bajistas (Harvey Brooks y Dave Holland), un guitarrista (John McLaughin), un saxo barítono (Wayne Shorter) y un clarinete (Bernie Maupin), formidables músicos que a la postre proseguirían con la línea, las enseñanzas y la metodología del maestro.
Pero el elemento no natural en el esquema de Miles y que protagonizó éste fantástico disco, nace de una sugerencia de su joven y bella esposa Betty ‘Davis’ Mabry. Ella le sugiere escuchar a un joven y radical guitarrista, Jimi Hendrix, hasta lo convence de vestirse como lo hacían los jovenes rockers. Jimi Hendrix sembró la idea que pronto brotaría bajo la imágen bestial de Bitches Brew. Al tiempo Miles se separa de Betty porque era “demasiado salvaje” para él…, pero no abandonó a Hendrix. Esto lo colocaría en el estado poco recomendable para la mayoría: en «Enemigo Público N°1» , acusandolo de «traidor al jazz». Como se imaginarán poco le preocupaba ésta consideración de los puristas del movimiento, y prosiguió como lo hicieran sus antecesoes en la lista negra, Charlie Parker y Dizzie. La historia, convulsionada por los gloriosos años ´60, desoirá éstos gritos y esquivará los dedos acusadores exonerándolo, como a la dupla BeBop, y colocándolo en el sitial que le corresponde: el de uno de los revisionistas más geniales del toda la historia del movimiento…

