Aruán Ortiz ::: Créole Renaissance · Piano Solo
Créole Renaissance · Piano Solo
Aruán Ortiz
Intakt Records | Agosto 29, 2025

1. L'Etudiant noir 6:20
2. Seven Aprils in Paris (and A Sophisticated Lady) 7:03
3. Légitime Défense 3:03
4. From the Distance of my Freedom 7:45
5. Première Miniature (Créole Renaissance) 2:17
6. The Great Camouflage 6:49
7. Deuxième Miniature (Dancing) 2:38
8. We Belong to These Who Say No to Darkness 4:43
9. The Haberdasher 5:23
10. Lo Que Yo Quiero es Chan Chan 6:07
Aruán Ortiz: Piano
All compositions written by Aruán Ortiz, except "Lo que yo quiero es Chan Chan", based on a song by Francisco Repilado (Compay Segundo), and "Seven Aprils in Paris (and A Sophisticated Lady)", based on a song by Duke Ellington, arranged by Aruán Ortiz.
Recorded on December 17 and 18, 2024, at Artesuono Recording Studios, Cavalicco, Italy, by Stefano Amerio.
Mixed and mastered in April 2025 at Artesuono Recording Studios, Cavalicco, Italy, by Stefano Amerio.
Cover art: Julio Girona (Manzanillo, Cuba).
Graphic design: Jonas Schoder.
Liner notes: Brent Hayes Edwards.
Photo: Mario Sabbatani.
Produced by Aruán Ortiz and Intakt Records.
Executive producer: Florian Keller.
Published by Intakt Records, P. O. Box, 8024 Zürich, Switzerland.
«El pianista y compositor cubano Aruán Ortiz está en constante evolución, experimentando e incorporando nuevos elementos a su arte».
Karl Ackermann, All About Jazz
«En el estilo compositivo de Ortiz se percibe la huella indeleble del legado musical cubano: el pulso de los ritmos de origen africano, el vocabulario moderno del pianismo clásico y el abandono de la improvisación libre».
Suzanne Lorge, DownBeat
En su último álbum, Créole Renaissance, Ortiz toma la negritud, el movimiento cultural, político y literario que surgió entre los intelectuales franceses en la década de 1930, como punto de partida para una fascinante colección de exploraciones para piano solo.
El despertar de la conciencia racial conocido como el movimiento Négritude se describe a menudo como iniciado en 1935 con L’Étudiant noir, la efímera pero influyente revista fundada por un grupo de ambiciosos estudiantes de posgrado en París, entre los que se encontraban Aimé Césaire (de Martinica) y Léopold Sédar Senghor (de Senegal). Las impresionantes reflexiones pianísticas de Ortiz sobre las implicaciones del Renacimiento criollo comienzan aquí, situando la música en el contexto de una larga historia de estudio colectivo de la cultura negra.
Ortiz explica que se inspiró sobre todo en la forma en que poetas de la negritud como Aimé y Suzanne Césaire y René Ménil utilizaron «técnicas surrealistas para dar forma a un nuevo tipo de narrativa de la vida y la historia afrodiaspórica en el Caribe». En otras palabras, si la música de Ortiz es rotundamente innovadora y vanguardista, nos recuerda sus profundas raíces en las tradiciones de la experimentación negra. Al mismo tiempo, como compositor cubano que invoca las principales revistas en lengua francesa de la negritud de mediados del siglo XX, entre las que se incluyen no solo L'Étudiant noir, sino también Légitime Défense (1932) y Tropiques (1941-1945) Ortiz sugiere que un renacimiento criollo debe ser diaspórico: una cuestión de correspondencia, interrogación y traspaso de fronteras, una cuestión de cómo Santiago de Cuba o Brooklyn «oyen» Fort-de-France o París. Con las primeras notas del tema inicial, «L’Étudiant noir», recorre toda la extensión del teclado, desde los registros más graves hasta los más agudos, como para recordarnos lo que el escritor y poeta francés Édouard Glissant llamaría las «brechas determinantes»: los kilómetros que hay que recorrer.
Ortiz es conocido por su prodigiosa técnica, y en sus manos convergen múltiples linajes, desde Schoenberg, Messiaen y Ligeti hasta Bebo Valdés, Don Pullen y Cecil Taylor. Inspirándose en la famosa descripción del etnólogo Fernando Ortiz de Cuba como un ajiaco o «guiso» único de fuentes, el pianista describe su música como una «mezcla ecléctica basada en la música vanguardista del siglo XX, pero también moldeada por las tradiciones orales de mis raíces afrocubanas». A lo largo del álbum surgen alusiones indirectas, ya sea un fragmento cromático de «Sophisticated Lady» de Ellington en «Seven Aprils in Paris (and a Sophisticated Lady)» o insinuaciones del contagioso «Chan Chan» de Compay Segundo, que transforma en «Lo Que Yo Quiero Es Chan Chan».
La culminación de este implacable impulso exploratorio es «We Belong to Those Who Say No to Darkness», donde Ortiz emplea un arsenal de técnicas extendidas, amortiguando las cuerdas con golpes sorprendentemente nasales y rasgueos metálicos, ampliando la paleta del piano para sugerir una gama de otros instrumentos (cítara, shekere, oud, guitarra eléctrica, gamelán jegog). El título está tomado del desafiante prefacio de Césaire al primer número de Tropiques, donde escribe que, aunque la «sombra» del imperialismo parece invadir la vida en todas partes, «pertenecemos a los que dicen no a la sombra. Sabemos que la salvación del mundo también depende de nosotros».
La declaración parece tan oportuna en 2025 como debió de serlo en 1941. En las brillantes manos de Ortiz, su música responde a ese vanguardismo literario de mediados de siglo, llevando el Renacimiento criollo de vuelta al reino del sonido.


