Kin (<-->): Unity Group = PMG

Pat Metheny Unity Group
Kin (<–>)

Nonesuch | abril 4, 2014

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Sobre fines del año pasado el guitarrista Pat Metheny anunció con gran expectativa el lanzamiento de su nuevo álbum Kin (<–>) con su actual Unity Band. Sembró tal expectativa al punto de decir “Si el anterior disco era como un documental sobre una banda en un estudio, el retrato de un momento, éste sería más la versión Spielberg de lo que esa banda puede ser”.

Tal lo anunciado, el 4 de febrero último pasado se publicó el esperado álbum y apenas dos días después ya estaba disponible en la web incluso en una versión de 24 bits. Como buen fana de Pat no podía esperar a escucharlo, y luego de una pasada rapidita (la ansiedad es mala consejera cuando te disponés a escuchar música) pude constatar que el considerado mejor guitarrista vivo de la actualidad estaba en lo cierto: la Unity Band, ahora rebautizada Unity Group, luce en su versión 3D nada parecido a la anterior imágen de la actual formación de Pat muy ligada al jazz contemporáneo.

En ése rubro le damos la derecha, pero se guardó mencionar la nostalgia de los buenos viejos tiempos de su época más gloriosa con el ya disuelto Pat Metheny Group (PMG) que le debe haber atacado al punto de recrearlo con su actual banda. Lo dicho, Kin (<–>) suena tanto al PMG que desiluciona (un poco!!…, no me voy a poner perro con uno de mis viejos ídolos) incluso, en vías de la crítica e intentando ser coherente, suena a una época no de las mejores de uno de los grupos más impresionantes del jazz-fusión contemporáneo.

La súper banda integrada por el saxofonista Chris Potter, el baterista Antonio Sánchez y el bajista Ben Williams, más la incorporación del multiinstrumentista Giuilio Carmassi (piano, trompeta, trombón, trompa, violonchelo, vibes, clarinete, flauta, grabadora, saxofón alto, voces), luce a la altura de sus pergaminos siendo las composiciones en sí mismas las causantes de la falta de la sorpresa prometida. Me cuento entre los tantos nostálgicos fans del PMG siempre a la espera de una futura reunión del disuelto grupo en 2005 tras la publicación de The Way Up. Tras la disolución del grupo tanto Pat como su co-equiper el tecladista Lyle Mays tomaron caminos diferentes, cualquier intento de volver a recrear al PMG sin Lyle Mays, quien contribuyó enormemente al prestigio del súper grupo fundamentalmente por sus composiciones, puede llamarse a fracaso. Aparentemente ni siquiera la férrea desición del tecladista de no volver a tocar ni grabar (se retiró de la escena musical para dedicarse a su profesión de arquitecto) le impidió a Pat intentar un acto de resucitación vencido por la nostalgia y la melancolía al que bautizó con el no menos significativo nombre de Pat Metheny Unity Group.

Está claro que la Unity Band, perdón el Unity Group, no es el PMG, sí está claro que los planes de Metheny son consolidar su actual formación como el nuevo PMG sin Lyle Mays pero con nuevo integrante, el multiinstrumentista Giulio  Carmassi y el consagradisimo Chris Potter, que si bien ya formaba parte de la Unity Band, en ésta nueva configuración podríamos hablar como nueva figura teniendo en cuenta la ausencia de un saxofonista en el original y seminal grupo vuelto a la vida después de ocho años.

Habrá que seguirle las pisadas (como siempre hemos hecho con los proyectos de Pat) a éste nuevo proyecto y ver como conjuga los sonidos del «nuevo PMG» con los de la original Unity Band. En toda la carrera del guitarrista son apenas un par de discos (en lo que a mi respecta) a los que podríamos calificar de «flojitos», nada, considerada la magnitud de su trayectoria por lo que nuevamente apostamos a que una vez consolidado el nuevo sonido del grupo presenciaremos un nuevo y superlativo nivel de uno de los más talentosos músicos de jazz de todas las épocas.

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Pat Metheny: «La música es un destino completo para mí…»

El guitarrista Pat Metheny a horas de publicar su nuevo álbum, Kin con la United Band previsto para mañana martes 4 de febrero, concedió una entrevista telefónica donde, entre otras cosas, habla de su inminente y revolucionario disco, muy diferente a todo lo conocido en él según sus propias y misteriosas palabras. Esperamos con ánsias poder escucharlo, mientras tanto acá la nota.

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Pat Metheny

EFE | 2.2.2014

Incansable aventurero musical y uno de los guitarristas más respetados del jazz, Pat Metheny repite con la Unity Band en su nuevo disco, Kin, el número 43 de una carrera que ha visto compensada con 20 Grammy que casi nunca, salvo en una ocasión, ha ido a recoger.

«Por supuesto, estoy muy agradecido por el reconocimiento», dice en entrevista telefónica desde Nueva York, pero no le gusta mucho la parafernalia de los premios. «Si no fuera un músico reconocido, estaría encerrado en un sótano en algún lugar pensando en Si bemol. De eso se trata para mí», resume.

La excepción ocurrió el año pasado, cuando fue premiado por su primer disco con la Unity Band (el saxofonista Chris Potter, el percusionista Antonio Sánchez y el bajista Ben Williams) y acudió a la gala porque se lo pidieron sus hijos. «Estuvo bien porque me vieron subir a recogerlo, mereció la pena por eso», señala.

A esos músicos se ha sumado ahora el multiinstrumentista Giulio Carmassi, para grabar un álbum que, según explica orgulloso, no tiene nada que ver con el anterior. «Es irreconocible que sea la misma banda, y ese era mi objetivo».

Las diferencias: más orquestación, más elementos electrónicos y en general, más complejidad, aunque a él no le gusta esa palabra. «Si el anterior disco era como un documental sobre una banda en un estudio, el retrato de un momento, éste sería más la versión Spielberg de lo que esa banda puede ser», explica.

«Pero sobre todo, Kin (una palabra inglesa poco usada que significa ancestros, familia, conexión) es la representación honesta de dónde estoy ahora mismo», un lugar privilegiado como músico, en el que ha recibido influencias de otros, pero también ha dejado su huella en cientos de guitarristas más jóvenes.

«Wes Montgomery es el hombre para mí, pero hay otros que se inspiran en mí, está claro», asume con naturalidad.

Desde que editó su primer álbum en 1976 junto al genial Jaco Pastorius, Pat Metheny no ha dejado nunca de experimentar: ha mezclado lo culto y lo popular; ha probado solos, tríos o cuartetos; fue de los primeros en enchufar su guitarra a un sintetizador; ha inventado instrumentos y hasta ha tocado con una orquesta de robots.

«La música es un destino completo para mi y en ese sentido me siento igual hoy que cuando empecé con 11 o 12 años. Amo el proceso de lo que supone ser mejor músico. Es algo que siempre está ahí y que incluso ahora siento más que nunca. No podría vivir sin la pasión por descubrir nuevas formas de pensar la música», asegura.

United Band

Y en ese compromiso vital, lo de menos son las etiquetas. «Jazz, rock, pop, son términos políticos para mí, no me interesan, no tienen nada que ver con la música. Sólo me interesa cómo ir de Si bemol a Fa. Me da igual si lo hace Bartok o Daft Punk».

De todas sus facetas como músico, reconoce que lo que más le gusta es tocar en directo, y de hecho el lunes mismo arranca su nueva gira. Lo más duro, escribir unas partituras que no son precisamente «de las que pueden anotarse en la parte de atrás del autobús mientras viajas de una ciudad a otra».

Un ejemplo, la primera canción del disco, One day one, son 34 páginas de escritura, y aparte la improvisación. «Normalmente me tomo 5, 7 u 8 semanas para concentrarme en escribir, es la única forma de hacerlo».

En ese proceso estaba precisamente cuando le llegó la propuesta para hacer la banda sonora de «Vivir es fácil con los ojos cerrados», la película de David Trueba por la que está nominado a los Goya como mejor música original.

A pesar de que llevaba décadas sin componer para el celuloide y de que suele rechazar las múltiples peticiones que recibe, en este caso aceptó.

«Es una gran película, me encantó cuando la vi y de alguna manera sabía que si no lo hacía lo iba a lamentar», asegura. La implicación en el proyecto del contrabajista Charlie Haden, uno de sus mejores amigos, también ayudó. Pero insiste en que se trata de un caso excepcional.

«Las bandas sonoras consumen mucho tiempo y si haces un buen trabajo de verdad, lo mejor que puede pasar es que nadie se de cuenta. Ese es el fin en una película, es como tocar en el disco de otro», concluye.

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