Ornette Coleman ::: Marzo 9, 1930

Ornette Coleman ::: Marzo 9, 1930

Ornette Coleman
Ornette Coleman ::: Marzo 9, 1930
Ornette Coleman, el pararrayos. La figura más polarizante de la historia del jazz. El saxofonista alto que burló la segregación para salir a escena en 1959 y poner el mundo de la música patas arriba. Irrumpiendo en el bebop e inventando la armolodía, un sonido que fluye con los ritmos imprevisibles del ser. Le llamaron rebelde, perturbador, fraude, le echaron de los atriles de las bandas, le destrozaron el cuerno, le rechazaron sus compañeros.

Decidió abandonar la escena musical durante mucho tiempo, insistiendo en que su música se escuchara en los escenarios de los conciertos y no se limitara a los pequeños sótanos llenos de humo. Conociendo el coste de ser un librepensador. Se guió por su filosofía armónica del amor y de expresar las sorpresas de la vida a través del arte. Nacido en Texas, el 9 de marzo de 1930, se le llama ahora un genio, un icono, una leyenda, conocido como una de las figuras más importantes de la historia de la música. Uno que es admirado por artistas de todos los géneros por sus convicciones, la lucha por la libertad de creatividad y por ser uno mismo. Ornette falleció en junio de 2015 a la edad de 85 años; pero su canción armónica continúa.

Los reconocimientos terrenales de Ornette Coleman, como su beca Mac Arthur «Genius», el Grammy y el Premio Pulitzer de la Música, reflejan el respeto que se le debe a un hombre de voz suave, de pequeña estatura pero de mente gigantesca. Se atrevió a esquivar el sistema, tanto social como musicalmente, a moldear la trayectoria de su vida a su antojo contra todo pronóstico, y a cambiar para siempre la forma de escuchar y tocar la música.

Humilde, pero con un brillo pícaro, Coleman vestía con sedas de pavo real y sastrería fina. Su vestuario estaba impregnado de color y textura, al igual que su música. A lo largo de su carrera, Coleman nunca dejó de evolucionar, y cada fase de expresión abría nuevas posibilidades sonoras. Abandonando la vanguardia bebop de los años 50. Pasando de las pequeñas y contemplativas agrupaciones de los años sesenta a los asombrosos combos eléctricos de los años setenta y ochenta, impulsados por el funky del contrabajo y la batería. Excursiones marroquíes y nigerianas. Sinfonías para orquesta filarmónica. Suites de música de cámara. Bandas sonoras de películas inquietantes. Poesía hip-hop. Coleman siempre estuvo a la altura de los títulos de sus primeras grabaciones galvánicas, como «The Shape of Jazz To Come».

Desde el principio, los músicos hicieron malabarismos con la arriesgada ciencia de la armolodía. El núcleo melódico esencial de la pieza está firmemente establecido; luego, ignorando una estructura tradicional de 4 compases, viajan a través de sus propias improvisaciones siempre cambiantes, en sintonía con el flujo de cada uno, sus líneas individuales se abrazan de nuevo cuando se encuentran para resolver un tema.

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La invención de Ornette

La invención de Ornette

Ornette-quartetMe encuentro sentado a la mesa durante la cena de éste último domingo intentado interesar a mi hijo menor de 15 años sobre la magnitud de la perdida de la gigantesca figura de Ornette Coleman. Él apenas despega los ojos de su sandwich de milanesa y cada tanto dispara una miradita entre interesado y piadoso mientras mi esposa no para de reirse en un ataque incontenible preguntandome que había tomado!!

Porque no se trata exclusivamente de la perdida de un músico de jazz, se trata de la perdida de un testigo privilegiado de una época de efervescencia desde muchos planos: los ideales políticos, los movimientos sociales, los culturales… Y no un testigo pasivo de una época gloriosa en muchos sentidos, sino una pieza clave en el desarrollo de un movimiento que empujó a la compungida lucha por los derechos civiles en su propio país. Una desesperada búsqueda por redefinir el concepto de libertad aparentemente solo disponible para un selecto grupo de hombres blancos en un país que sostiene de forma hipócrita su condición de paladín de la libertad y los derechos civiles, consagró el nacimiento de un movimiento que enarbolaba las banderas de la libre expresión.

«Más que un movimiento, una declaración de principios…»

De ahí que Ornette merece que lo ubiquemos en un contexto mucho más amplio que lo meramente musical que de por sí constituye una enormidad. La revolución gestada por el saxofonista fué su declaración de principios escrita por su esperanzadora búsqueda de un destino diferente, el grito anticipado de algunos de los movimientos populares en su país como el rechazo masivo de los jóvenes hacia la Guerra de Vietnam, la lucha por la igualdad de oportunidades, el fin de la discriminación racial…

La inconformidad, la incomodidad hacen que cualquiera busque un cambio hacia una posición mejorada y de éso Ornette tenía para hacer dulce, buscó romper con lo establecido y forjarse un destino con nombre propio y a la vez común a todos los sometidos, lo llamó simplemente Free nada más elemental y a la vez universal. Una revolución con armas de plástico y mente de genial estratega que supo como tal, aguantar el asedio y las burlas de sus colegas quienes no soportaban su música como la loca idea de que Ornette tocara con un saxo de plástico!!. A ésta locura se sumaron luego el cornetista Don Cherry quien también tocaba su corneta de plástico, el genial y recordado Charlie Haden y los bateristas Billy Higgins y Ed Blackwell.

Al tiempo en que Ornette ajustaba su invención y la fortalecía Martin Luther King decía ante una multitud «I have a dream», se encendía la Cultura Hippie, la Beatlemanía, el Mayo Francés, la Primavera de Praga…, y su lugarteniente, el comandante Miles movía sus piezas con otro gran invento: el Jazz-Rock.

La globalización y el consumismo, la cultura de la inmediatez, las idéas de 140 caracteres, favorecieron el vacio intelectual en el que se ha sumergido buena parte de nuestros jóvenes, de nuestros hijos. Duró apenas unos minutos mi avanzada histórica sobre mi hijo quien apenas deborado su sandwich disparó hacia su habitación, ya tendré otras oportunidades de retomar la charla quizá no hablandole de Jazz, del Free y sus héroes. Una vez siendo muy chiquito dijo al aire en una de nuestras emisiones «El jas es una porquería…» y todavía lo piensa, pero pronto descubrirá que no se trata solo de notas musicales sino de la incontenible necesidad de expresarse sin ataduras ni condicionamientos, de ser libre…, de ser FREE…


Murió Ornette Coleman el padre del Free

Murió Ornette Coleman el padre del Free

Randolph Denard Ornette Coleman

Nació el 19 de marzo de 1930 en Fort Worth, Texas, y ha muerto el 11 de junio de 2015 en Nueva York. El padre de Free y de toda una generación de jóvenes irreverentes e inconformes con lo establecido. Adiós a un grande de verdad, una leyenda en vida, ahora un mito…

abc.es | Luis Martín

Ornette-Coleman-postMúsicos, aficionados y críticos convinieron en señalar a este saxofonista, trompetista, violinista y compositor, como el mascarón de proa de la revolución que sacudió la galaxia jazzística en las décadas de 1950 y 1960. Y, aunque la afirmación olvide la importancia de Cecil Taylor, la valoración no es errónea. Sin embargo, Ornette Coleman, lejos de buscar cómodos réditos en ella, jamás bajó el pistón de su creatividad. Le gustaba lo inesperado, la aventura. Ayer falleció en Manhattan, víctima de un fallo cardíaco, a los 85 años.

Con Ornette se nos ha ido un campeón en cualquier categoría y lo primero que hay que hacer para comprender bien su obra es ubicarle correctamente en su tiempo, sin saltar de un momento a otro porque ya se encargaba él de hacerlo por nosotros.

Nacido en Fort Worth, Texas, debutó en la adolescencia en la banda de rhythm & blues de Clarence Samuels. En aquellos años, su estilo revelaba ecos de Charlie Parker, pero Ornette no tardó en trascender esta herencia. Se centró en el sonido de su instrumento, aprovechó la fraseología del bebop y terminó por desentenderse de los acordes. Nacía así una nueva libertad para el jazz que calentó los motores de los circuitos del estilos como nunca antes lo había hecho.

Estas ideas fueron bien recibidas por músicos como el trompetista Don Cherry, el contrabajista Charlie Haden y los bateristas Billy Higgins y Ed Blackwell. De esta colaboración surgió, en un garaje de Los Ángeles, una nueva música en la que saltos melódicos y rítmicos evolucionaban, orgánicamente, con cada intérprete, sustentando sus elaboraciones en las ideas de los demás. La controversia fue enorme y no favoreció precisamente al artista en su carrera. Sin embargo, Ornette había tomado una decisión y no había posibilidad de marcha atrás.

Los discos de aquel momento son manifiestos estéticos desde la misma elección de los títulos: «Tomorrow is the question», «The shape of jazz to come», «Change of the century»… De algún modo, todos recuerdan aquellas soflamas vanguardistas protagonizadas por dadaístas y futuristas, enseguida trascendidas por los acontecimientos. Con Ornette, sin embargo, sucede todo lo contrario.

Gran parte de su obra es hoy un puente entre la música culta y el jazz. En 1967 obtuvo la primera beca Guggenheim para música de jazz, y en los primeros años de la década siguiente, se interesó por la electrónica de baile y el funk, y a ambas, con su banda Prime Time, aplicó su particular teoría «armolódica». El hallazgo se considera de gran influencia en la corriente contemporánea -y amplia- del M-Base, y el quinteto de veinteañeros «Mostly Other People do the Killing» es considerado una de sus mayores herencias.

Largo era el brazo de Ornette Coleman. De hecho, si uno de los grandes legados del siglo XX es la unión de músicas negras y blancas en tierras de América, él ha dejado su huella para siempre en una obra que revela una coherencia sin tacha.


Free Jazz (A Collective Improvisation), 50 años después

«Más que un disco: una declaración de principios…»

[audio:FreeJazz-FirstTake.mp3|titles=Free Jazz|artists=Ornette Coleman]

Cincuenta años para una grabacion que modifico el mapa conocido en los inicios de aquellos, más tarde, tumultuosos años ’60. Un año antes el propio Ornette Coleman ya anunciaba su loca aventura con la publicacion de The Shape of Jazz to Come (Atlantic, 1959), su escucha hoy dia nos devuelve una tranquila aproximacion a lo que vendria mas tarde, pero eso es una sensacion que se nos antoja desde la mirada actual, nada parecido a lo que la publicacion de este disco genero en el movimiento: adeptos y detractores, de éstos últimos muchos…

Los puristas del movimiento de aquellos años encontraron en la figura de Ornette Coleman y su Free Jazz una distraccion que los alejo momentaneamente de su abierto enfrentamiento con el Be Bop y condujo hacia una nueva frente de batalla. La esperanza estaba puesta en las pocas posibilidades del movimiento augurandoles poca vida, pero nada de esto sucedio…, y aun faltaba el contra-ataque de Miles que en 1969 publico In A Silent Way abriendo otros caminos para desesperacion de quienes aun no habian asimilado el Free de Ornette.

Free Jazz se grabo de un tiron en una sola sesion de donde surgieron dos improvisaciones, para esta unica sesion Ornette reunio a dos cuartetos grabando cada uno en un canal independiente: Ornette, Don Cherry, Scott LaFaro y Billy Higgins en el canal izquierdo; y Eric Dolphy, Freddie Hubbard, Charlie Haden y Ed Blackwell en el derecho. Sonaron al unisono al comienzo para luego cada uno seguir su camino… «Ornette nos dio unas indicaciones de adónde quería conducir la música desde el punto de vista melódico y rítmico y, a partir de ahí, fue cosa nuestra» recordaba Freddie Hubbard fallecido en diciembre de 2008.

Muchos buenos musicos abandonaban a Ornette porque tocar para él se corria el riesgo de convertirse en un paria dentro del circuito, como tambien el flaco favor que los malos musicos le hicieron al volcarse al Free pensandolo como un vale todo donde saber tocar era lo que menos importaba, pese a éstos comienzos erraticos el movimiento goza de muy buena salud como la esperanza que todo movimiento libertador siempre sostiene y aún 50 años despues los dichos de Ornette no pierden vigencia: «Más que un disco: una declaración de principios…»

La gramática del sonido

Fuente: Suple Radar | Pagina12 | Domingo, 3 de Mayo de 2009
Por: Diego Fischerman

El jazz es un lenguaje, por supuesto. Y hay un lenguaje acerca del jazz, lleno de palabras a veces apenas traducibles. “Sonido” es, obviamente, una de ellas, y quiere decir mucho más que lo que podría identificarse como “timbre”. Tener un sonido, en el jazz, es tener un fraseo y una manera de subdividir rítmicamente; es tener un estilo. Otras palabras se refieren a lo que durante unos cuarenta años fue uno de sus principios constructivos –y tal vez siga siéndolo aunque muchas veces in absentia–: la sucesión de acordes. “Cambios” tiene que ver con ello. Y también “tocar adentro” y “tocar afuera”. Keith Jarrett llamó a uno de sus discos Inside Out. El primer término denota al interior y el segundo al exterior; juntos hablan de poner las cosas al revés. “Inside Out” es también el título de un artículo firmado por Jarrett en el libro editado por Paul Griffiths acerca de la historia del sello ECM. Y allí, aunque apenas lo mencione una vez, habla todo el tiempo de quien fue su maestro: Ornette Coleman.

“Mi trío estadounidense, formado por Charlie Haden y Paul Motian, trabajaba constantemente en el terreno de la ‘improvisación libre’, aunque esta faceta no haya quedado adecuadamente recogida en las grabaciones que hicimos”, cuenta. Y, claro, decir Charlie Haden es nombrar a Ornette. Haden fue su contrabajista desde The Shape of Jazz to Come, de 1959, fue parte del legendario Free Jazz. A Collective Improvisation, de 1961, y de todos los grandes discos del saxofonista durante esa década. También fundó el grupo paraornettiano Old and New Dreams, cuyo saxofonista, Dewey Redman, además de integrante del grupo de Coleman, había sido quien se había agregado a aquel trío de Jarrett para convertirlo en cuarteto. Estar adentro estando afuera; estar en lugares que participan de cualidades de ambos territorios; pasar de uno al otro. Al fin y al cabo, uno de los discos de ese primer Jarrett mostraba una tapa en espejo, con el pianista mirando hacia ambos lados y con un cartel de salida en cada extremo (en uno de ellos invertido).

El título era claro: Life Between the Exit Signs. Y Jarrett escribe: “Ornette Coleman y Don Cherry habían despuntado a finales de los años ’50 junto con Paul Bley, Jimmy Giuffre y, más tarde, toda la corriente ‘vanguardista’. Algunos de esos músicos ni siquiera sabían tocar, pero aquello no tenía mucha importancia, y de ellos aprendí unas cuantas cosas en términos de tiempo y espacio. Ornette había partido de la complejidad cada vez mayor, característica del período posterior al bebop, para abrir nuevos caminos, y los músicos jóvenes se atrevían con todo. Fueron años de una gran vitalidad. Después de un pasaje especialmente free cuando tocábamos con el trío en Le Camilion, adonde Miles había ido a escucharme, él me hizo un gesto para que me acercara a su mesa (creo recordar que nadie bebía nada) y me preguntó: ‘¿Cómo lo haces?’. ‘¿El qué?’, respondí. ‘Tocar a partir de la nada’, comentó. ‘No lo sé –le dije–. Lo hago. Ya está.’ Miles estaba anonadado ante aquella presunta facilidad mía para crear en tiempo real, sin un material previo”.

Más adelante, el pianista habla de su trío con Gary Peacock y Jack De Johnette y dice: “En ocasiones, mientras tocamos, me asalta la sensación de que nos movemos en el infinito, pero esa percepción se desvanece un segundo más tarde. Si sumamos estos segundos, obtendremos un número determinado de minutos musicales. Imaginen que no tienen la menor idea de lo que les va a suceder dentro de un segundo. A continuación, decidan que quieren que eso sea así deliberadamente. Posiblemente les sea necesario confiar en algo más importante que en las propias ideas. Habrá que someterse a ‘algo’ que, probablemente, no sabrían cómo llamar o cómo describir. Necesariamente, sería un ‘algo’ misterioso. Sin embargo, tras pasar por ello, si sobreviven, sabrán algo más acerca de las posibilidades que les ofrece la vida. La música nos lleva a un lugar desconocido hasta entonces. Hemos logrado crear un accidente”. Ornette, que acaba de cumplir 79 años y que el próximo jueves tocará en Buenos Aires por primera vez, con uno de sus clásicos grupos dobles (adentro y afuera, o en espejo y entre dos signos de salida), podría acercarse y preguntar: “¿Están hablando de mí?”.

El cuarteto con el que Ornette llega a esta ciudad tiene dos contrabajos. El mismo formato –con uno de ellos tocado con arco y el otro pizzicato– aparece en Sound Grammar, grabado en vivo en 2006. En esa ocasión los instrumentistas eran Tony Falanga y Greg Cohen, a quien en esta gira reemplaza Al McDowell, el mismo que ya había estado en el doble trío (à la King Crimson) que acompañaba a Ornette en Prime Time, el grupo con el que grabó parte del extraordinario In All Languages (1987) y Tone Dialing (1995). Y también hubo dos contrabajos (y dos de todo lo demás) en el doble cuarteto de Free Jazz, ese disco que terminó bautizando toda una estética y donde, en la grabación estéreo de la época, sonaban Coleman, Cherry, Scott LaFaro y Billy Higgins en un parlante, y en el otro Eric Dolphy, Freddy Hubbard, Charlie Haden y Ed Blackwell. Coleman habla una y otra vez de “harmolodic”. Es otra de las palabras con las que el jazz se pronuncia acerca de sí mismo. Y lo que dice es que la melodía y los acordes (la armonía), esa monodia acompañada que llega desde Monteverdi y, antes, desde infinidad de músicas populares, no son distintas cosas sino, apenas, lo que está adentro y lo que está afuera. Uno y su doble.