Tras más de veinticinco años grabando y publicando en el sello muniqués, el saxofonista vuelve a Blue Note para lanzar su proyecto Wild Man Dance a mediados del próximo mes de abril.
© Cuadernos de Jazz | febrero, 2015
El binomio Lloyd-Blue Note no es nuevo aunque sí lejano en el tiempo: el último registro del saxofonista para ese sello, A Night in Copenhagen, data de 1983. Y el primero para ECM, Fish out of Water, de 1989. Después, más de quince grabaciones para el sello de Manfred Eicher, muchas de ellas con las mejores críticas; por ejemplo, el registro con Jason Moran, Hagar’s Song, con Maria Farantouri, Athens Concert, o con su cuarteto en Mirror.
Para la vuelta a Blue Note ha elegido una grabación en directo: una suite creada por encargo del Jazztopad Festival de Breslavia, Polonia, interpretada allí en la edición de 2013. En paralelo a la salida del disco que marca su vuelta a Blue Note, la obra se presentará por primera vez en EE.UU. en el Metropolitan Museum Temple of Dendur, en Nueva York, luego en San Francisco y finalmente en el New Orleans Jazz & Heritage Festival, a primeros del mes de mayo.
Wild Man Dance Suite consta de seis movimientos: el concierto que dio lugar a su presentación y a esta grabación contó con el pianista Gerald Clayton, con Joe Sanders en el contrabajo y Gerald Cleaver en la batería, además del griego Sokratis Sinopoulos en lira y el húngaro Miklós Lukács en cimbalom.
En paralelo a la salida y presentación del proyecto, Charles Lloyd será galardonado con el NEA Jazz Masters en una ceremonia que tendrá lugar en el Jazz at Lincoln Center neoyorquino. Éste es uno de los mayores reconocimientos que se concede a los artistas de jazz, creado en 1965 por el Congreso de los EE.UU. a través de una agencia independiente del gobierno dedicada a promover la capacidad creativa de su comunidad facilitando la participación y oportunidades en el arte. Se ha otorgado a más de ochenta artistas hasta ahora, desde el recientemente fallecido Buddy DeFranco (1923-2014) a Carla Bley, por citar alguno.
Poéta, filósofo, músico exquisito y un luchador comprometido. Un grande de verdad…
La tristisima noticia sobre el fallecimiento del contrabajista estadounidense Charlie Haden enluta con el más negro de los negros posibles el ambiente jazzero. Hoy más leyenda que nunca su figura mítica luce en las estampitas de los devotos jazzeros y de aquellos que reconocían en él su compromiso político y social. Su música llena de expresividad y poesía conquistó el corazón de todos aquellos amantes de la bella música. Una larga enfermedad se lleva a una de las más grandes estrellas del firmamento jazzero…
Gracias por la música…


elpais.com | Chema García Martínez | julio 12, 2014
Tenía fama de neurótico, obsesivo, un tipo raro… ni siquiera se le consideraba un auténtico virtuoso de su instrumento. Y, sin embargo, el mundo del jazz estaba unánimemente rendido a sus pies: “tocar con Charlie Haden es distinto a todo”, aseguraba Pat Metheny, para quien el contrabajista era el mejor compañero de escenario con el que nadie pudiera soñar. “Charlie no es un contrabajista de jazz, es… otra cosa. No toca notas, hace filosofía”. El ilustre y filosófico pionero del free jazz falleció el pasado viernes en su domicilio de Los Angeles, después de una “larga enfermedad”, según reza el comunicado emitido por su sello discográfico, ECM.
La trayectoria vital y artística de Charles Edward Haden (Shenandoah, Iowa, 6 de agosto de 1937) aparece unida a la de aquellos con quienes compartió escenario y/o estudio de grabación: Keith Jarrett, Carla Bley y, antes que ningún otro, Ornette Coleman. Junto con el trompetista Don Cherry y el baterista Billy Higgins, Haden formó parte del controvertido cuarteto del saxofonista que conmovió los cimientos de la escena jazzística en los primeros años sesenta: “Ornette me enseñó a no pensar en categorías ni en géneros sino en belleza y en crear algo nuevo que no existía antes”.
Finalizando la década, creó la Liberation Music Orchestra, agrupación que introdujo al jazz en los terrenos de la agitación política sobre un repertorio que combinaba las canciones de la Guerra Civil española con los himnos pacifistas y las melodías revolucionarias latinoamericanas (La Pasionaria, We shall overcome…). Décadas más tarde, su fundador se vería “en la obligación” de retomar la iniciativa: “he vuelto con la Liberation porque seguimos viviendo en un mundo donde reina la crueldad, la avaricia y la devastación; un mundo gobernado por mentalidades cerradas, el ejemplo perfecto es Bush. Por eso, ahora más que nunca, necesitamos de la belleza”.
Su idea de un jazz descentralizado le llevó a tocar a dúo con el guitarrista de fado Carlos Paredes y con el pianista cubano Gonzalo Rubalcaba. “Me encantaría tocar con Paco de Lucía”, declaraba con ocasión de su última visita a Madrid, “pero tengo entendido que es muy difícil”. Su participación en el primer Festival de Jazz de Cascais el 20 de noviembre de 1971 junto al cuarteto de Ornette Coleman, terminó con su detención y posterior traslado a la Direcção-Geral de Segurança de la policía salazarista, después de que el contrabajista dedicara una de sus interpretaciones “a los movimientos de liberación en Angola y Mozambique”. Haden fue “invitado” a plasmar su arrepentimiento en un documento firmado, tras lo que se le expulsó del país llevando consigo la grabación de la pieza en cuestión —Song for Che— oculta en un bolsillo de la gabardina. Ésta vería la luz en su disco Closeness.
En el año 1989, el Festival de Jazz de Montreal dedicó al contrabajista 8 jornadas seguidas, con un programa distinto cada noche y los músicos y el repertorio a la libre elección del homenajeado (The Montreal tapes). En junio de 2007, Haden se presentó en nuestro país con la más clásica de sus formaciones, Quartet West, celebrando el 20º aniversario de su fundación: “me acababa de mudar a Los Ángeles después de 20 años viviendo en Nueva York y a mi esposa se le ocurrió que sería una buena idea crear una banda con músicos de la ciudad”. Ese mismo año viajó a Nashville para grabar un sorprendente homenaje al country & western: Rambling boy. Haden y Metheny volvieron a reunirse en 2013 para la grabación de la B.S.O. de Vivir es fácil con los ojos cerrados, la película de David Trueba que se alzó con un Goya a la mejor música original.
Fuente: latimes.com
Por: Jocelyn Y. Stewart (frag)
Horace Silver, el pianista de jazz y compositor prolífico que cofundó los legendarios Jazz Messengers, fue pionero en el género conocido como hard bop y decenas de músicos mentor, ha muerto. Tenía 85 años.
Silver murió el miércoles en su casa de New Rochelle, Nueva York, por causas naturales, según su hijo, Gregory.
A través de composiciones clásicas como “Song for My Father”, “Nica’s Dream” y «Señor Blues», Silver ha influenciado a generaciones de músicos con un estilo que abarcó el gospel, blues y ritmos latinos. Sus obras también mantuvieron lo mantuvieron vigente, un puente entre los grandes del jazz de su generación y músicos que ni siquiera habían nacido cuando comenzó a grabar.
«En cuanto a su manera de tocar, sus composiciónes, las agrupaciones que lidero, sus arreglos, Horace Silver tiene que ser uno de los músicos más influyentes de la historia del jazz», dijo el bajista Christian McBride. «No importa qué estilo de jazz tienda a gravitar ahora, Horace Silver siempre te toca.»
«No sólo era prolífico, fue un compositor único», dijo Phil Pastras, editor del libro sobre Silver publicado en 2006, “Let’s Get to the Nitty Gritty: The Autobiography of Horace Silver”. «Incluso un simple blues de 12 compases en sus manos se convertia en algo mágico «.
Silver nació 02 de septiembre 1928, en Norwalk, su padre, John Tavares Silver, era un inmigrante de Cabo Verde, un grupo de islas frente a la costa occidental de África. De niño Silver escuchó la música tradicional de la tierra natal de su padre y el gospel negro de la iglesia de su madre. Pero escuchar a la banda de Jimmie Lunceford en un parque de atracciones local cuando tenía 11 años de edad pusoa Horace de lleno en el camino de la música.
«Cuando escuché a ésa banda tocar me dije, éso es para mí. Quiero ser un músico’ «, escribió en su autobiografía.
De vez en cuando él abandonó la escuela y se sube a un tren a Nueva York para disfrutar de la escena musical de la ciudad. Oyó el pianista Art Tatum tocar en el Downbeat Club y más tarde escribió que era «como ver y escuchar a un milagro en curso.»
Durante la década de 1950 y 60 de plata produjo un cuerpo de trabajo que años más tarde le gana el reconocimiento como uno de los fundadores del hard bop, generalmente descrito como la música que se basa en los principios rítmicos y armónicos de bebop, pero con fuertes influencias del gospel, blues y R & B .