Hola…, hay alguien por ahí….?

Hemos re-establecido contacto con nuestro blog, no podiamos acceder a él y por éso la falta de actualizaciónes, de todos modos siempre se pudo acceder al podcast para escucharlo y/o descargarlo. Aunque estamos muy vagos para escribir y comentar discos u otras noticias algo que no se ha modificado aún sin los inconvenientes mencionados, la imposibilidad de acceder al blog y estar al menos atentos a lo que ocurra se sintió. Esperemos retomar el ritmo pronto…

Hasta siempre…

Murió Bebo Valdés

Fué uno de los padres del movimiento Cubano, artista inagotable muy popular aún ante su avanzada edad. Murió en Suecia, tenía 94 años.

Bebo Valdés - octubre 9, 1918 | marzo 22, 2013

 

Fuente: EFE | 22 de marzo de 2013

Bebo Valdés, fallecido hoy en Suecia a los 94 años, fue una de las figuras más prominentes del jazz latino y un músico revolucionario, así como padre de otra gran figura de la música afrocubana, Chucho Valdés.

Ramón Valdés Amaro, verdadero nombre de Bebo Valdés, nació el 9 de octubre de 1918 en la localidad cubana de Quivicán, cerca de la Habana, en una familia humilde que le animó a recibir clases de piano gratuitas con Moraima González y pronto la experiencia empezaría a convertirlo en músico. Pianista, compositor y arreglista, Bebo Valdés fue uno de los músicos más emblemáticos e innovadores procedentes de la isla caribeña por su fusión del jazz y la música afrocubana, que destacó como promotor de «jam sessions» del jazz afrocubano.

Valdés era ya músico profesional en los años treinta, época de actuaciones con el padre de Paquito D’Rivera en clubes de jazz como el Rívoli, pero su primera orquesta fue Happy Happy de Ulasia y su primera gran colaboración fue con la orquesta de Curbelo. La popularidad le llegó en la década de los cuarenta, con sus singulares interpretaciones de ritmos bailables como mambos y cha-cha-chás, y su trabajo con leyendas cubanas como Cachao, Benny Moré, Mario Bauza o Ernesto Lecuona.

En 1945 se unió a la conocida orquesta de Julio Cueva, para quien compuso el mambo La rareza del siglo; en 1948 llegó a la Tropicana del director Armando Romeu, donde permaneció diez años y llegó a ser director musical. En 1952 el productor Norman Granz le encargó la grabación de la primera descarga de jazz cubano para satisfacer el interés que esta música despertaba en Nueva York y formó la orquesta Sabor de Cuba. Valdés, al que se consideró inventor del ritmo batanga, reacción cubana al mambo basada en los tambores de batá, participó en 1956 en la célebre Cuban Jam Session.

Exilio

Bebo Valdés tomó en 1960 la decisión de abandonar Cuba al negarse a denunciar a su amigo Humberto Suárez, como le exigían las nuevas autoridades surgidas tras el levantamiento de Fidel Castro, dejando allí un último gran éxito, Mucho sabor. Dos años después llegó por primera vez a España, donde realizó una gira con el cantante chileno Lucho Gatica, y en 1963 se estableció en Suecia, tierra natal de su esposa, en la que vivió 42 años.

Tras un larguísimo paréntesis de 30 años, Valdés volvió a la música en 1994, cuando su compatriota Paquito D’Rivera, a quien conocía desde niño porque era muy amigo de su padre, le llamó para que participase en una grabación. Así fue cómo salió su disco Bebo rides again.

Relación con Fernando Trueba

Años después el director de cine español Fernando Trueba le invitó a participar, con otras figuras del jazz latino, en su documental Calle 54 (2001) en el que aparece tocando Lágrimas negras junto al contrabajista Israel López «Cachao», en una participación que le abrió las puertas del éxito y la fama mundial.

En 2002 salió su disco El arte del sabor, que recoge el legado de este pianista a través de composiciones clásicas, también con «Cachao» (entonces ambos de 83 años) y con el percusionista Carlos «Patato» Valdés. A continuación se propuso hacer algo novedoso: mezclar el son, los boleros, el guaguancó y otros ritmos de su tierra con el flamenco, y así nacieron las Lágrimas negras flamencas en la voz rota de Diego «El Cigala».

Con «Lágrimas negras», trabajo distinguido con un premio Grammy Latino además de ser calificado por «The New York Times» como el mejor de aquel año, Valdés pasará también a los anales de al historia por su contribución a la fusión del flamenco y el jazz.

Bebo Valdés volvió a participar en un rodaje con Trueba, «El milagro de Candeal» (2004), el mismo año en que publicó su doble CD «Bebo de Cuba», mejor álbum de jazz y productor artístico (Trueba) de los Premios de la Música.

Entre sus colaboraciones, aparte de las citadas con «El Cigala» y también su «Blanco y negro» (2004), destaca la realizada con más de una docena de artistas en el recopilatorio «Más sabor flamenco» (2004).

Sus giras por España son habituales. En 2007 hizo la primera con su hijo Chucho, también pianista y compositor, uniéndose al quinteto de este en un recital trepidante y lleno de emoción que acogió boleros, jazz y el superventas «Lágrimas negras». Juntos, protagonizaron de nuevo «un duelo de pianos» en su gira de 2008 que, entre otros lugares, les llevó a abrir el Festival de Peralada (Gerona) con gran éxito, además de actuar en Madrid.

Bebo Valdés fue distinguido con cuatro Grammy Latinos, cuatro Premios de la Música y cinco Premios Amigo, una larga lista de galardones a la que se suman las llaves de Miami, que le fueron concedidas la víspera de su concierto de 2006 junto a la Lincoln Center Afrolatin Jazz Orchestra. También logró el Premio Latino de Honor en la XIV edición de los Premios de la Música de la SGAE (2010), además de ser investido doctor «honoris causa» por el Berklee College of Music de Boston (2011).

Casado desde 1963 con Rose-Marie Pehrson, una joven de entonces 19 años (él tenía 45), ambos residían en Málaga desde noviembre del 2005.

Dave Brubeck, uno de los músicos más influyentes del movimiento

Dave BrubeckFalleció a pocas horas de arribar al 6 de diciembre, fecha de su cumple 92.

Fué uno de los pocos sobrevivientes que fuera testigo y activo animador de la historia contemporánea de uno de los movimientos culturales más prodigiosos de la historia.

 

Fuente: elpais.com
Por: Iker Seisdedos | Madrid 5 dic 2012

La engañosa apariencia de saltarina facilidad que convirtió a Take Five en el tema más célebre del cuarteto de Dave Brubeck (y en uno de los más famosos de la historia del jazz) persiguió para siempre a la figura del pianista y compositor californiano, que falleció ayer (por el 5 de dic), precisamente un día antes de cumplir 92 años. Murió víctima de un paro cardíaco mientras iba camino de un hospital de Norwalk, Connecticut, para someterse a un reconocimiento, según informó Russell Gloyd, su productor durante más de tres décadas.

El apabullante éxito de la canción, compuesta en un ritmo de 5/4 por el saxofonista Paul Desmond, su compañero en el liderato del cuarteto hasta su disolución en 1967, condujo a malinterpretar a menudo a Brubeck y a su forma de comprender el jazz. La composición devino en estándar adorado por las masas, reclamado para sintonías televisivas y multitudinarios eventos deportivos, aunque visto con recelo por el sector más purista por su efectismo, cuando lo cierto es que aún hoy, con su mezcla de experimentación y comercialidad, perdura como una de las canciones más fascinantes del género.

Publicado por Columbia en 1959 dentro del disco Time out, convenientemente adornado en su portada con una pintura de aire vanguardista, ingrediente idóneo para completar la sofisticación intelectual capaz de seducir a la América previa a la revolución jipi, fue el primer álbum de jazz en alcanzar el millón de copias vendidas. También marcó la culminación de las aspiraciones del grupo que Brubeck había fundado a principios de los cincuenta junto a Desmond.

Asociada a la corriente del jazz de la costa Oeste, que vino a ofrecer desde California un contrapunto fresco y soleado a las escenas, nocturnas y fuertemente influidas por el blues, de ciudades como Nueva York y Filadelfia, la banda se hizo un nombre gracias a sus giras por las asociaciones estudiantiles de universidades de todo el país, antes de que el jazz perdiese definitivamente en favor del rock and roll su poder de influencia en la juventud.

Algunos de aquellos conciertos, recogidos en álbumes como Jazz at Oberlin o Jazz at the College of the Pacific (ambos en el sello de San Francisco Fantasy), relucen hoy como joyas para los aficionados atentos. Si bien quedaron ensombrecidas por su obra posterior, le sirvieron para convertirse en el primer músico de jazz moderno (y uno de los pocos de todos los tiempos y categorías) en ocupar en noviembre de 1954 la portada de la revista Time.

Nacido en Concord (cerca de San Francisco) en 1920 como el hijo de un ganadero y una directora de coro, interrumpió sus estudios para servir durante la II Guerra Mundial. Su acercamiento cerebral y meticuloso a la composición fue tanto herencia de sus años de estudio junto al francés Darius Milhaud como consecuencia de su inagotable afán por conocer nuevas formas rítmicas en sus giras por Japón, Europa o Asia. Como prueba de su gusto por la contaminación estilística se erige otra de sus inmortales canciones Blue Rondo à la Turk, cuya inspiración le llegó paseando por las calles de Turquía, durante uno de los viajes que emprendió la banda financiados por el Departamento de Estado, en los lejanos tiempos de la guerra fría en los que el jazz era visto como arma propagandística.

Los años a caballo entre los cincuenta y sesenta fueron tremendamente prolíficos para Brubeck y los suyos: de Ellington a West Side story, de la puerta de Brandeburgo a Walt Disney, cualquier pretexto parecía en aquel tiempo suficiente para armar un repertorio y grabar un disco en los estudios de Columbia.

El ímpetu optimista del músico se mantuvo intacto, ya sin Desmond (fallecido en 1977) y hasta el final de sus días, tanto en su faceta de compositor jazzístico como de piezas orquestales, divertimentos barrocos o cantatas. Se mantuvo activo sobre los escenarios hasta 2010. Tampoco cesaron las distinciones: Bill Clinton le concedió la Medalla de las Artes, mientras que Barack Obama lo incorporó al Centro Kennedy por su aportación a la cultura estadounidense. Cuenta con una estrella en el paseo de la fama de Hollywood y el Grammy a toda una carrera.

Un documental, titulado Dave Brubeck: in his own sweet way, en homenaje a una de sus más célebres composiciones y auspiciado por la producción ejecutiva de Clint Eastwood, celebró sus logros de una vida de dedicación al jazz. Un compromiso que en cierta ocasión definió así en The New York Times: “Una de las razones por las que creo en esta música es que en ella la individualidad del hombre halla su camino a través del ritmo del corazón. Y ese latido retumba por igual en todas partes. Es lo primero que escuchas al nacer y el sonido con el que la vida te despide”.

Llegado el momento de definitivo su adiós, le sobreviven su mujer, Iola (con la que trabajó en decenas de proyectos), así como cuatro hijos músicos y una hija.

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