ENTREVISTA: Quincy Jones
Fuente: www.elpais.com
Por: Iker Seisdedos – Madrid – 14/09/2009
Figura clave del panorama musical de los ultimos 50 años, ha producido los mejores discos de Jacko (Nota de Alrededor de Medianoche: Arreglador y conductor de bandas, trabajo con Thelonius Monk, Charlie Parker, Miles Davis y Ray Charles. Dirigio la orquesta de Frank Sinatra y produjo su ultimo album. Una de las figuras mas prestigiosas del mundo del jazz). A sus 76 años, sigue en la brecha. Mañana tiene una cita en el centro Niemeyer de Aviles para hablar del futuro de la cultura.
Es realmente dificil exagerar la importancia de Quincy Jones (Chicago, 1933) en la cultura popular del ultimo medio siglo. Productor, compositor, revolucionario del jazz, director de orquesta, magnate de television, dueño de revistas, hombre de cine. Ha ganado 27 grammys, un oscar y es doctor honoris causa por una decena de universidades. Como con los grandes jugadores de baloncesto, el pop retiro un buen dia la letra Q en su honor. Q solo puede ser Quincy, el influyente productor de Thriller, de Michael Jackson, el disco mas exitoso de la historia, con 110 millones de unidades vendidas.
Con su «hermano» Jacko, Jones, el exquisito jazzman que debuto a la trompeta en 1951 en la banda de Lionel Hampton, firmo algunas de las paginas mas brillantes de la historia del pop con la trilogia que forman, junto al mencionado Thriller, Bad y Off the wall. Cuando el 25 de junio Jackson murio, el mundo miro a Quincy Jones. «Parte de mi se va con el», declaro.
El musico es el plato fuerte del Foro Mundial de la Diplomacia Cultural que se celebra desde mañana en el Centro Cultural Niemeyer de Aviles (Asturias). Si la delicada salud de estos ultimos dias se lo permite, Jones participaro en una mesa redonda con Youssou N’Dour y Manolo Diaz. En la madrugada del sabado, respondio al telefono desde su residencia en Los Angeles.
Pregunta. ¿Hay algo que no haya hecho usted?
Respuesta. Claro. Lo que estoy haciendo ahora mismo. Dirijo mi primer programa de television.
P. ¿Y algo que le quede por hacer?
R. Un monton, hermano. Una opera, por ejemplo. Un ballet. Producir un disco de Tony Bennett y Stevie Wonder. Bueno, eso lo estoy haciendo ahora. El retiro no es para mi. Demasiadas cosas ocupan mi vida. Las fundaciones, mis siete hijos, mis novias.
P. ¿Se esperaba la muerte de Michael Jackson?
R. Nadie la esperaba. Me sorprendio en China. Me hinque de rodillas al enterarme. Fue duro.
P. ¿Le veia capaz de completar los 50 conciertos que pretendia dar Londres?
R. No. Recuerdo que estaba en Londres cuando se vendieron todas las entradas en un par de horas. Me llamo, estaba emocionado, fuera de si. Me dijo: «Lo hare por los chicos». Fue la ultima vez que hablamos.
P. ¿Solia hablar de sus hijos?
R. Siempre. Todo el tiempo.
P. ¿Que siente al ver cancelado el concierto de homenaje en Viena que su hermano Jermaine se esforzo en montar?
R. Me pidieron mi participacion. Todo el mundo parece organizar conciertos en recuerdo de Michael. Que no cuenten conmigo. El pasado no es para mi. En el fondo de mi corazon soy un musico de jazz y los musicos de jazz no se repiten.
P. ¿Aun toca la trompeta?
R. Ya me gustaria, hijo, pero tuve dos ataques cerebrales en 1974. Me estallaria la cabeza al soplarla. Toco el piano, aunque no necesito instrumentos, las melodias estan en mi cabeza. Las oigo, las compongo.
P. Se suele asumir que Michael Jackson resulto genial mientras trabajo con usted… Que luego perdii la magia. ¿Se atribuiria ese merito?
R. Juntos lo conseguimos. Nadie lo habia hecho antes ni nadie lo ha logrado despues. ¿A quien le importa lo demas?
P. Escuchar las tomas alternativas de Billie Jean incluidas en una reciente edicion de su primer disco juntos, Off the wall, sugiere que todas las ideas en esa cancion irrepetible eran en realidad del joven Michael…
R. El la escribio. Por supuesto que era su idea. Compuso un monton de temas maravillosos. Luego yo los cogi y los lleve adonde tenian que llegar. Ese es el trabajo de un productor.
P. ¿Existia competencia entre ustedes?
R. ¡Esa si que es buena! Claro que no. He trabajado con Louis Armstrong, Frank Sinatra, Nat King Cole, Billie Holiday, Aretha Franklin y, sobre todo, Ray Charles… ¿Cree que podria sentir celos de Michael Jackson? Michael no tenia tanto talento. Era grande, pero no jugaba en la liga de los que acabo de citar. He tenido siete hijos y participado en 40 peliculas. No tengo tiempo para perder en tonterias.
P. ¿Es cierto que tras su muerte declaro que Michael Jackson nunca quiso ser negro?
R. No me permito meterme en ese tema.
P. ¿Diria que murio por una negligencia medica?
R. Aun menos me pronunciaria sobre eso.
P. ¿Intento ayudarle?
R. Era imposible. Cuando te haces tan grande, dejas de escuchar. El gran problema es la gente que rodea a alguien asi. Se pasan las 24 horas diciendo lo maravilloso que es. No es ficil sobreponerse a eso.
P. ¿Cuando lo vio por ultima vez?
R. Le contare mejor la primera. El tenia 12 años. Estabamos en casa de Sammy Davis Jr.
P. Hay una anecdota en su mitologia, de esas que hacen avanzar la historia demasiado facilmente como para ser verdad, sobre como decidio convertirse en empresario cuando se quedo con su big band sin dinero, atrapado en Paris…
R. Habia que hacer algo por esos chicos y me juro que una situacion asi no se iba a repetir. Si para ello habia que ser dueño de la situacion financiera, yo iba a aprender como.
P. En su Twitter ha escrito: «¿Que haremos con la musica cuando hayamos acabado con la industria?»…
R. Hay que hablar con valentia de lo que esta pasando con la pirateria. Cuando dejen de existir los estudios de grabacion y lo hayan conseguido, lo lamentaran.
P. ¿Niega que parte de la responsabilidad es de la industria?
R. No. Es un negocio que requiere reinventarse. Algo se me ocurriro.
P. ¿Que relacion tiene con el dinero?
R. Nunca hablo de dinero. No me meti en esto para ganar pasta. He hecho un monton, cierto, pero es secundario.
P. ¿Que queria ser de mayor?
R. Ganster. Vivia en Chicago, mi padre era carpintero para la mafia. Queria ser Dillinger o los Jones Boys, los gansteres negros mas grandes de la historia. Un buen dia vino mi padre y nos dijo, recogerlo todo que nos vamos al noroeste. Asi acabe en Seattle. Asi descubri el piano.
P. Cuando dejo el jazz para abrazar el pop. ¿Que opinaban sus colegas?
R. Algunos me criticaron. Y yo les decia: si no eres capaz de ver que en Baby be mine [cancion de Michael Jackson] esta la complejidad de
Giant steps, de John Coltrane, es que no has entendido nada.
P. ¿Apoya la reforma sanitaria de Obama?
R. No es mi terreno. Obama es un tipo especial, con un gran trabajo que hacer. No le envidio. Tiene la misma cierta cualidad que mi viejo amigo Martin Luther King. Son cosas que me preocupan; mantengo una fundacion en la que hay 89 de los mejores estudiantes del pais y se dedican a pensar soluciones a problemas como la violencia en Oriente Proximo.
P. ¿Y han llegado a alguna conclusion?
R. No definitiva. No soy de los que pierden el tiempo diciendo que iran a la luna. No digo nada hasta haber llegado alli. Asi que mejor seria no contarle mucho mas.
LUIS SALINAS
“Esto es lo que hay”
Presenta nuevos temas en el IFT y el primer pack de una serie con la grabación en vivo de Clásicos de música argentina. Historia, recuerdos y anécdotas en una conversación donde desnuda su pensamiento y personalidad. De Villa Diamante al latin jazz.
Fuente: www.elargentino.com | Revista Veintitres
Por: Raquel Roberti
Es una tarde gris y lluviosa en Buenos Aires, la gente pasa apurada por Corrientes, buscando un refugio, pero Luis Salinas camina pausadamente, erguido y con las manos en los bolsillos del pantalón. Disfruta del paseo y no muestra señales de molestia, ni con el agua ni con quienes lo saludan o le piden un autógrafo. “Si triunfaste como Marcela pero te llamás Susana, cuando salís a cenar con tu marido y te piden un autógrafo, puede molestarte porque dejaste a Marcela en otro lado. Si vivís un personaje estás muy cerca de la mentira”, explica este músico excepcional en un charla calma y placentera, como la fina llovizna.
Nació en Monte Grande, pasó la niñez en Villa Diamante, y ya adolescente volvió a su pueblo natal, pero si algo lo marcó desde su nacimiento fue la guitarra. Él no lo recuerda, pero cuando gateaba revoleaba todos los juguetes sin piedad, excepto una guitarrita de plástico que mantenía en un rincón. “Sigue todo igual”, dice entre risas al explicar cómo llegó a confundirse con ese instrumento a pesar de que compró el propio a sus 27 años. Para lograrlo, trabajó como sodero, en un frigorífico, y como tapicero.
Ahora tiene 52 años y un largo camino musical en el que compartió escenario y grabaciones con BB King, Tomatito, Dino Saluzzi y Chucho Valdés, entre muchos otros. En este presente cuenta que se va a España a cumplir las presentaciones pautadas, pero que vuelve rápido por dos razones. Por un lado, el viernes 24 y el sábado 25 de julio estará en el Teatro IFT con su banda (Javier Lozano en piano y teclados, Jota Morelli en batería, Matías Méndez en bajo y Pocho Porteño en percusión). Presentará temas de latin jazz y anunciará la salida de Luis Salinas en vivo. Clásicos de Música Argentina y algo más, el primer pack (DVD y dos CD) de una serie con los shows que brindó en el ND Ateneo en 2007. Por el otro, no soporta estar lejos de su hijo Juan, de diez años, del que cuenta anécdotas relacionadas con la música y dice varias veces que lo único importante es que sea feliz.
–Su mamá le decía: “Mirá que quiero un hijo feliz”, ¿por qué, qué lo contrariaba?
–Y… mi vieja es lo más grande que hay. Yo tendría doce años, y me vinieron a buscar para tocar en un cumpleaños. Al día siguiente me invitaron a otro y mi vieja, que con mi viejo y mi padrastro músicos no quería saber nada, no me dejó ir. Estaba en calzoncillos pero rompí la ventana y me escapé. Nunca más me prohibió algo, pero eso también me daba la responsabilidad de saber lo que hacía. La historia viene a cuento porque cuando empecé a viajar al centro a tocar, veía dos mundos. Uno era todo música y el otro, mi casa, de problemas económicos graves para sostener una familia con nueve hijos. Ya no trabajaba y me decía: “Tengo que hacer bailanta, cualquier cosa para ayudar”. En el medio de esas sensaciones encontradas, mi vieja se dio cuenta y me dijo: “Mirá que yo quiero un hijo feliz, ¿eh?, no quiero un hijo frustrado”. Fue como si me cayera un baño reparador.
–Música y dinero no van de la mano…
–Pocas veces lo hacen. Hay tres tipos de músicos: el que toca como trabajo, el que toca porque le gusta y el que si no toca se muere. Soy de los últimos. Por eso era tan fuerte la necesidad y al estar en ese mundo quería hacer la mejor música posible. A veces eso se contrapone con dónde está la plata.
–¿Su mamá le inculcó la cultura del trabajo?
–Si tenés una condición natural, hay dos opciones: sos un vago porque podés hacer lo que quieras, o la desarrollás para no quedarte estancado. Si hay gente que trabaja ocho horas en algo que no le gusta, ¿por qué no trabajar en lo que gusta? Lo más difícil es encontrar el camino, pero una vez que lo encontraste hay que caminar hasta donde dé. La única manera que tengo de recorrerlo es tratar de ser el mejor Salinas posible, como persona y en lo que hago. El filtro es ser buena gente, es una cuestión de sensibilidad, mejor no estar con gente que puede hacer daño. Por eso dejé de enseñar música.
–¿Cómo fue?
–Vino un pibe con su guitarra, era una bestia tocando, tenía armonía, melodía, pero no tenía ritmo, que es para la música como los pies para caminar. Fue tan duro tener que decírselo, que decidí no dar más clases… Todos tenemos derecho a tocar una canción, pero en lo profesional… un día caés en una jam session con tipos que se tocan todo y si no estás preparado, quedás en offside, te pegás un golpe bárbaro.
–¿Técnica o sentimiento?
–El sentimiento primero. El que no practica nunca toca bien el día que está bien y el que está mal no puede tocar nada. La técnica evita eso. Anthony Jackson, un bajista maravilloso y uno de los que más me gustan, decía: “Tengo que estudiar porque si toco mal me doy cuenta yo primero, después los músicos y después el público, pero lo importante es que yo me doy cuenta primero”. Si uno se guía por lo que pasa acá, puede zafar, pero ahora voy a España y por ahí cae Tomatito y si no estoy en forma… Maradona es el más grande en el fútbol, pero en el último partido no la tocó porque estaba gordo, o sea: el entrenamiento es importante. Lo único que el entrenamiento no da es la inspiración, que llega cuando quiere.
–¿Una inspiración que recuerde?
–Una noche en el Callejón de los Deseos, no había nadie pero con la banda teníamos ganas de tocar y salían pajaritos. Veíamos a un tipo que aplaudía acá, al rato desde la otra punta. Era Miguel Ángel Solá. Cuando terminamos me dijo: “Mañana te lleno el teatro”. Estaba haciendo Cartas de amor en cassette y lo llenó, nomás. Me agarró tal responsabilidad de hacerlo quedar bien que tuve el control de todo y no pasó nada. Es tan fino el hilo que separa lo técnico del sentimiento. A los músicos les pido que el momento sea único e irrepetible. La música es maravillosa y te lleva a cualquier lado sin que te des cuenta.
–¿Tanto cuando toca solo y acompañado?
–Al estar solo hay más libertad, pero al tocar con otros hay que pautar y adaptarse, es más condicionante. Con Javier Lozano tuvimos épocas donde ya nos adivinábamos pero no es fácil encontrar músicos que toquen bien todas las ondas. Tuve la suerte de viajar y tocar con especialistas de cada onda, como Omar Hakim, que es la fineza absoluta, le da al plato y es un acorde. A John Scofield le preguntaron qué era tocar con Miles, y dijo: “Es el más malo de todos, pero con la música es extraordinario”. Miles tocaba con un trío y si no lo podían seguir, bajaba el nivel para que la música sonara pero después los echaba a la mierda. Es como una conversación, a veces tirás paredes todo el tiempo, a veces no. Para lograrlo hay que ensayar tres o cuatro veces por semana, como hace Hermeto, pero acá todos trabajan y no pueden hacerlo.
–Se volcó al latin jazz, ¿es su voz musical?
–Hace muchos años les pregunté a Adolfo Ábalos y a Hermeto si no estaba abarcando mucho y apretando poco. Los dos me dijeron lo mismo; que fuera sincero, que después iría para un lado u otro. El público no tiene por qué saber de ritmo, armonía, pero sabe cuando el músico es sincero. Hice el doble de música argentina cuando el país se estaba cayendo a pedazos; después tenía ganas de guitarra eléctrica, porque la agarro y me paro, es inevitable, entonces grabamos Ahí va. Cada cosa que hice fue porque lo necesitaba y por lo tanto era mi voz en ese momento. Después de Muchas cosas quise hacer música argentina y me salió una parida de cinco discos. Iba a ser de bombo y guitarra, bien puro, pero me empezó a caer mi historia de folklore, peñas, viajes al interior, los amigos y la volqué toda en esos discos. Ahora tengo necesidad de hacer otras cosas, iba a grabar boleros y salsa con Chucho Valdés pero no salió por dinero, quiero grabar con Jota Morelli… La creación viene de la libertad.
–¿Cómo es el proceso de composición?
–Hay dos formas, Henderson armaba un ritmo y sobre eso iba, pensaba y después existía. La otra es la que te sale, es mágico. Cuando entré a Oliverio me encontré con gente como el Mono Fontana o Francisco Rivero, que hablaban otro lenguaje, más intelectual si se quiere. Rivero me acercó discos de Henderson y Gambale. Por un lado tenía lo de Atahualpa, Santana, Joe Pass, Django Reinhardt, músicos autodidactas y naturales. Y por el otro Scofield, Henderson, McLaughlin. Y claro, al tener cierta facilidad cometí el error de pensar que podía hacer cualquier cosa, estaba un poco confundido. Un día tuve que tocar entre Rivero y Daniel “Alambre” González; Francisco se tocó todo en su onda, y Alambre lo mismo en la suya, yo toqué en el medio y lo hice ¡tan mal!, porque quería tocar como los dos. Me dio vergüenza, me fui a dormir completamente deprimido. Al otro día me desperté con una melodía en la cabeza, agarré la guitarra y puse el grabador, me salió ese tema y como diez más. Era como un mensaje claro: tu lenguaje es este, eso está bueno para escucharlo, pero no es tu camino.
–Es autodidacta, ¿cómo adquirió la técnica?
–Si hablamos de la técnica de la guitarra, fue muy bueno que hasta los 27 años tocara con guitarras prestadas. Entendía que debía sacarle sonido al instrumento, que sonara lindo, de modo que fue muy bueno aprender a tocar con cualquier guitarra, porque el sonido está dentro de uno. Después los mejores maestros fueron los discos, tocar con mucha gente y sobre todo, saber escucharse. Como había acompañado a mucha gente, cuando empecé a tocar en Oliverio no podía parar, y encima escuchaba a Charlie Parker, Coltrane, todos esos tipos. Estaba en un ataque y no podía parar, incluso hubo algunas críticas por eso, pero en ese momento el comentario de Benson fue: “¡Qué de cosas tiene para decir este chico!”, como diciendo que con el tiempo… es un paso para llegar a lo otro. Esa es mi escuela, y practicar lo que no me sale.
–¿La guitarra es un embrujo, como dice Tomatito?
–Si tengo una cita y agarro la guitarra, llego tarde seguro. Pero tiene que estar fuera del estuche, hay una relación física con el instrumento. Una cuestión importante es no dejarse llevar por las modas sino tocar lo que a uno le gusta. La primera vez que lo vi a Benson me pidió que tocara algo, imaginate los nervios, que uno de tus ídolos te diga eso… Éramos tres, Dizzie, Benson y yo. Me salió un tango y no me acuerdo lo demás, hasta que me pidió que tocara temas suyos; cuando hacía una frase bien aprendida le resultaba simpático, pero cuando dentro de esa onda me salía algo diferente, me señalaba con el dedo, asombrado. Es como mirar a los ojos a alguien, es decirle: “Esto es lo que hay”. Parece una debilidad pero es un acto de valentía, porque a alguna gente le gustará y a otra no. En Oliverio había tocado con Gambale, la gente iba a escuchar lo rápido, y cuando presenté el primer disco, sin pre-producción, a muchos no les gustó porque no era lo que escuchaba. Después la historia te juzga. ¿Viste cuando te preguntan qué pondrías en tu epitafio? Bueno: “Era un tipo que quiso hacer siempre lo que sentía”. A veces acertás, a veces no.
Entrevista:
WINTON MARSALIS
Fuente: elpais.com
Por: Jose Maria Garcia Martinez
El trompetista cierra hoy (18-07-09) el Festival de Jazz de Vitoria con su suite dedicada a la ciudad, que grabará los próximos días junto a Chano Domínguez, que lo acompaña en su gira, y Paco de Lucía. «El País Vasco me recuerda mucho a Nueva Orleans», afirma.
Concertar una cita con el director artístico de Jazz at Lincoln Center (JALC) no es cualquier cosa. El trompetista Wynton Marsalis tiene tasado el tiempo del que dispone para sus encuentros con la prensa hasta un máximo por año y ni un segundo más. El músico que le cambió el pathos al jazz y devolvió la fe en el género a la industria está hoy al frente de una maquinaria de proporciones colosales. Cincuenta mil metros cuadrados en el corazón de Manhattan dedicados a la promoción y difusión de esta música. El jazz, asegura el amigo y colaborador del presidente Obama, es una metáfora de la democracia frente a la mediocridad cultural que impera en Estados Unidos.
Wynton Marsalis (Nueva Orleans, 1961), 47 años, recibió a EL PAÍS en una sala de reuniones de JALC, vigilado por los grandes vocalistas de la historia del jazz, cuyos retratos cuelgan de las paredes, y la mirada atenta de su relaciones públicas, sentada a una distancia prudencial. El responsable de que los jóvenes músicos de jazz gasten americana y corbata predica con el ejemplo en la intimidad. Si alguna vez tuvo fama de hablar demasiado, hoy elige sus palabras cuidadosamente. Mantiene, eso sí, el mismo fulgor en la mirada y esa ambición desmedida que le ha llevado a donde está. Este año vuelve a nuestro país para interpretar y grabar Vitoria suite con la Jazz at Lincoln Center Orchestra y la colaboración de Chano Domínguez y Paco de Lucía. El disco se grabará en el aula magna del Conservatorio de Música Jesús Guridi de Vitoria entre los próximos días 20 y 22, y contará con la producción de Javier Limón y la participación estelar de Paco de Lucía. Además, Chano y Marsalis, junto a la LJO, actuarán en el Barbican de Londres el día 24 interpretando la Vitoria Suite.
La relación del trompetista con Vitoria y el festival de jazz viene de lejos: «El País Vasco me recuerda mucho a Nueva Orleans: buena comida, buena música, un deseo de libertad, un amor por lo propio…, los vascos son gente muy expresiva, como somos en Nueva Orleans. La suite pretende ser un reflejo de todo eso; un homenaje a la ciudad de Vitoria y a sus gentes y al propio Iñaki Añúa, el director del festival. Fue él quien me pidió escribir una pieza de quince minutos, pero soy incapaz de hacer algo así. No sé por qué, todo lo que me sale es enorme, será porque una de las cosas que más me divierte en este mundo es juntar cosas muy diferentes y combinarlas entre sí a ver qué pasa, y para eso se necesita un tiempo…».
¿Cómo recuerda la noche en que apareció de improviso en el Café Central de Madrid para tocar con Chano Domínguez?
Fue algo inolvidable. Ahí conocí a Chano y desde entonces no he dejado de tocar con él… Ahora, lo que necesito es que me dé algunas lecciones sobre cómo introducir el flamenco en el jazz porque, créame, es muy difícil. Soy consciente de que no soy lo suficientemente bueno tocando flamenco y él es un maestro. Sobre todo, me gusta el espíritu que tiene, es un músico natural.
¿Cuáles son esas dificultades con las que se encuentra a la hora de combinar el jazz y el flamenco?
Sobre todo, las formas. Ser capaz de sentir la forma de una música no es una cuestión de conocer un ritmo o una melodía sino algo más profundo. Tiene que ver con la armonía y la lógica. No digo nada si, además, pretendes improvisar por encima de ello. Entonces, la música tiene que ser como una segunda naturaleza tuya, no vale con que la hayas estudiado, no es algo que puedas racionalizar, se siente y ya está. Terminas tu solo y dices: «Esto funciona», o no. Para mí, la bulería o la seguirilla son formas totalmente nuevas a la que debo enfrentarme y me resulta muy difícil tocar sobre algo que no entiendo. Con suerte puedo salir vivo pero, tocar algo que realmente valga la pena, eso es otra cosa. Por eso, en Vitoria suite, hemos buscado un punto en común que nos permite sentirnos a gusto a nosotros y a ellos [los flamencos] aunque ninguno estemos tocando en nuestro nivel óptimo. Porque lo gracioso del caso es que el flamenco y el jazz son muy parecidos, tocamos los mismos acordes, tenemos una relación parecida con el tempo, sin embargo, los significados de uno y otro lenguaje son totalmente diferentes. Y eso que yo tengo una ventaja, y es que soy de Nueva Orleans y Nueva Orleans fue española.
No faltarán quienes comparen Vitoria suite con Sketches of Spain, de Miles Davis, de cuya grabación se cumplen cincuenta años.
Sin embargo, mi planteamiento es completamente diferente. En Sketches of Spain, Gil Evans puso a Miles a tocar sobre la forma del flamenco mientras que yo busco un modo de escapar del jazz, pero no pretendo acercarme a la música española, sobre todo porque no creo que sea capaz de hacerlo. Me limito a expresar mis impresiones acerca del flamenco y la música vasca.
¿Componer una pieza compleja como Vitoria suite es un acto de soledad?
En algún sentido, sí lo es. Pero, sobre todo, lo mejor de componer algo así es que puedes hacer lo que te dé la gana cuando te da la gana. Si te apetece quedarte a trabajar por la noche, no hay nadie que te diga que no puedes hacerlo. En el caso de Vitoria suite, ha sido un trabajo meticuloso hasta cierto punto, porque hay una parte que está totalmente escrita, pero hay otra que se escapa a mi control, yo he querido que sea así. He querido dejar un espacio a los músicos para improvisar y que la sección rítmica pueda moverse con libertad.
¿Qué se le pasa por la cabeza cuando acude a un festival de jazz y se encuentra con un grupo de música africana o con Eric Clapton o Elton John?
Es como si voy a un restaurante español y me dan a elegir entre paella y una hamburguesa o sushi. El peligro es que la excepción termina por convertirse en la norma, que es lo que está ocurriendo con los festivales de jazz. Y no es que haya nada malo en las otras músicas. El jazz no está en contra la diversidad, sería absurdo, pero que los llamen festivales de música sin más. Es una cuestión de proporciones. Que haya paella y jamón y unas buenas tapas y si, además, hay un plato de pasta, bien, siempre que la cosa no pase de ahí.
Lo dice alguien que ha prologado un recetario de soul food. Al final, es usted un pozo de sorpresas.
Es que hago muchas cosas al mismo tiempo. Toco, compongo, a veces escribo, tengo mis hijos, mi familia…, ésta es mi vida. Organizar mi día a día como músico y como padre y como director musical de JALC es muy complicado, pero no me quejo. Estoy en esto porque quiero y hago las cosas que me gusta hacer.
Ningún lugar más apropiado que el JALC para preguntarle su opinión acerca de quienes, desde Europa, afirman que el jazz ha dejado de ser una música americana.
Es una afirmación tan arrogante que resulta hasta gracioso. Es como si voy a Chano y le digo que el flamenco es lo que nosotros tocamos. Tendría que ser muy arrogante para plantarme delante de él y exhibir semejante falta de respeto, es algo que me resulta inimaginable. ¿Dónde está la prueba, quién te crees que eres? Por todo esto me gusta dejar claro que no toco flamenco.
Se le considera un guardián de la tradición del jazz. ¿Es la tradición un bien intocable?
No existe ninguna tradición intocable, lo que hay es gente que está empeñada en que lo sea, pero eso es algo que atenta contra la propia naturaleza del concepto. Recuerdo una cosa que me dijo Paco de Lucía una vez: «La mente pide innovación, el corazón pide tradición». Es perfecto. Tradición e innovación no se contradicen. El alma permanece atada a las raíces, pero existe la necesidad imperiosa de descubrir cosas nuevas. Ése ha sido siempre mi punto de vista. Cuando grabé The Majesty of the blues puse por un lado un bloque de canciones de corte moderno y del otro música de Nueva Orleans. Pues bien, cuando salió el disco, la primera parte simplemente no existió para los críticos, todo lo que les interesaba era la segunda. Siempre es así. Lo único que importa es atacar a la tradición del jazz, y es una cuestión puramente racial, no tiene que ver con nada real. No se dan cuenta de que, en realidad, siempre estamos tocando música nueva y, al final, todos venimos de la tradición, de Bunny Berigan o Bunk Johnson. La moraleja es que todas las formas artísticas que existen miman su tradición, excepto el jazz.
Después de sus aireados desencuentros con su primer ídolo Miles Davis y su propio hermano Branford, cuando se unió al grupo de Sting, sorprende ver en la programación de JALC a Cecil Taylor y a John Zorn.
Tocaron aquí, ¿y qué? No hubo ninguna manifestación a la entrada, nadie salió herido, tocaron, se fueron y ya está. Jazz at Lincoln Center ha programado conciertos de pop, gospel, bluegrass… aunque, por supuesto, nuestro principal interés es el jazz. De nuevo es una cuestión de proporciones.
Dígame la verdad, ¿le gusta Cecil Taylor?
Algunas cosas sí y otras no tanto, lo que no me gusta es que llamen jazz a lo que es música improvisada. Es lo que hablábamos antes, si cojo un poco de arroz y le echo una salsa será cualquier cosa pero no una paella. Ahora, si usted me dice que Cecil Taylor es jazz, yo le pregunto: «Entonces, ¿qué es el jazz?». El jazz no es eso.
Ha tocado muchos palos, incluyendo música india americana; sin embargo, no parece tentarle el rap ni el hip hop.
No realmente. A lo mejor un día se me presenta la oportunidad de trabajar con un rapero y me pongo a ello, pero no constituye un objetivo de mi música. En realidad, estoy preparado para trabajar con cualquiera, es sólo que donde realmente me siento a gusto es tocando en la tradición de la cual provengo que es lo que conozco, el jazz, el blues, el swing. Pero eso no significa que no me gusten otras músicas, por supuesto.
Su relación de cordialidad con la música de concierto europea no es algo tan frecuente siendo un músico de jazz.
Sin embargo, el jazz proviene en buena parte de Europa. Por ejemplo, algunos conceptos del ritmo llegaron a través de la música de violín irlandesa. La síncopa es africana pero el modo de tocar los acordes menores viene de Richard Wagner. Los románticos influyeron en las progresiones armónicas; el concepto de la melodía y el gusto por embellecer las melodías vienen también de Europa. El propio Jelly Roll Morton habló acerca de la influencia de los lieder en la fundación del jazz. Puedo seguir: el concepto del virtuosismo instrumental fue traducido en América por los primeros solistas de corneta como Francis Johnson y Patrick Gilmore, quienes instauraron la tradición de la que proviene Louis Armstrong. James Reese Europe estudió con el director de la orquesta de John Philip Sousa. Duke Ellington y Count Basie tenían formación clásica; Miles Davis fue a Juilliard, John Coltrane estudió en la Ornstein School of Music…
Me pregunto si su doble carrera como músico de jazz y concertista clásico le produce algún tipo de esquizofrenia.
Yo no siento que exista tanta diferencia en el hecho de tocar una u otra música, aunque sí es cierto que la forma en que debe prepararse una interpretación clásica y una de jazz no tienen nada que ver. Al final es como un matrimonio: se trata de ver lo que existe en común en lugar de fijarse únicamente en las diferencias. Así es como se llega a una colaboración exitosa. Yo trato de ser un símbolo de eso.
«Ya no soy una jovencita que intenta encontrar un marido. Soy una mujer madura y estoy disfrutando»
Fuente: elmundo.es
Domingo, 5 de abril de 2009
[audio:Diana Krall-Quiet Nights- I’ve Grown Accustomed To His Face.mp3|titles=I’ve Grown Accustomed To His Face – Quiet Nights|artists=Diana Krall]

Dice que atraviesa un momento maravilloso. La pianista que acercó el jazz a nuevos públicos goza de su papel de esposa y madre. Con 44 años, dos premios Grammy, un doctorado honoris causa y varios millones de discos vendidos, recibe a Magazine con motivo de la publicación de Quiet Nights, su décimo álbum de estudio. Acaba de producir el próximo trabajo de Barbra Streisand y va a salir de gira llevándose a sus dos hijos gemelos. «He descubierto de nuevo mi sensualidad», afirma.
Sobre el carácter de Diana Krall circulan dos versiones. Según la más común, la cantante y pianista es una mujer lánguida y aburrida que habla para el cuello de su (lánguida y aburrida) camisa. La segunda viene a decir que se trata de una rubia de hielo, sexy pero distante. Ambas ideas son falsas.
El hotel Pestana Palace es un palacete sensacional, medio escondido en el barrio lisboeta de Belém. A la señora Krall le gusta por su exquisito mobiliario del siglo XIX, por su ambiente agradable y porque pide una suite de 2.500 euros la noche y le hacen una considerable rebaja. «¿Sabes lo que te digo?», exclama de repente en medio de la entrevista, que se desarrolla en un gran salón barnizado por el sol, «estoy pensando seriamente robar esa silla y llevármela a mi casa. ¡Me encanta esta habitación!». Y sigue y sigue hablando, imparable, socarrona, con pleno dominio de la situación. «Colecciono arte, estoy muy metida en ello, tanto en comprar piezas como muebles. Lo hago desde que era una cría: compraba pequeños objetos antes de tener un coche».
Diana Krall es la jefa. Se mueve con desenvoltura y a su alrededor circula una pequeña brigada de asistentes discretamente enrollados que curiosean sin descanso en sus ordenadores portátiles y sus silenciosas BlackBerries. Es una mujer de complexión atlética que habla rápido, de cutis mimado (su piel atópica la convirtió en una adicta a la cosmética de marca desde pronta edad) y un sentido del humor que salta de repente como una pulga. Nacida en la ciudad canadiense de Nanaimo –en la Columbia Británica– hace 44 años, en 2003 se casó con el artista británico Elvis Costello y desde 2006 es madre de dos hijos gemelos.
Quiet Nights es el título de su décimo disco de estudio, una obra que aparece en tres semanas y que repite la fórmula de adaptar clásicos del cancionero norteamericano, aunque en esta ocasión también incluye cuatro composiciones brasileñas de bossa nova, todo ello mecido en una dulce música aterciopelada.
P. Su nuevo disco es muy tranquilo, agradable y romántico. ¿Era lo que buscaba?
R. ¡Qué va, salió así por el camino! Siempre hay muchos caminos que puedes tomar y, cuando entras en el estudio y empiezas a trabajar, todos van convergiendo en uno. Luego sales para escuchar lo que vas haciendo y exclamas: «Oh, de manera que así es como estoy ahora». Funciona como un espejo que de repente te muestra cómo te encuentras [ríe]. Sí, este disco es lo que soy ahora mismo y el momento maravilloso que atravieso en la vida, como esposa, como madre y como artista, y redescubriendo mi sensualidad, porque es también un disco muy sensual, de madrugada.
P. ¿Se siente una persona nueva?
R. Sí, también tras la muerte de mi madre [en 2002], bueno, oh… [suspira], ya sabes, intentaba redefinirme tras toda aquella devastación. Tuve a mis hijos y me tomé seis meses libres de todo el trabajo. Volví a mi hogar en Canadá y me dediqué a esquiar todos los días y a recuperar mis raíces en mi tierra, en la Columbia Británica, que es el lugar adonde pertenezco y donde también están creciendo los niños. Ahora vuelvo a la carretera y me los llevo conmigo, porque realmente me encanta ayudarles y acompañarles. Este disco está muy vinculado a todos esos sentimientos. Me veo en retrospectiva y me parece una situación maravillosa después de siete años. He hecho muchas giras, varios discos y es como si buscara el equilibrio. He descubierto de nuevo mi sensualidad: ya no soy una jovencita que intenta encontrar un marido [ríe], soy una mujer madura y estoy disfrutando de nuevo de estar profundamente enamorada, de estar casada y con niños. Ahora soy una mamá y una artista también.
P. ¿Es difícil equilibrar ambas cosas?
R. No… Bueno, sí [ríe]. A ver, es lo que quiero. No me podría imaginar trabajando de la mañana a la noche, yo quiero estar con ellos a todas horas. Me los llevo de gira y, si estoy en el estudio, les dejo de ver sólo unas horas. Estoy mucho tiempo con ellos y me hacen muy feliz.
P. ¿Es usted una persona romántica?
R. Por supuesto. Disfruto con las pelis de chicas [ríe]. Soy fan de Woody Allen, me encantan sus historias de amor y su visión del romanticismo. Incluso a veces me siento como un personaje suyo [sonríe], muchas veces me ha pasado. ¡Y estuve en una película con él! (Todo lo demás, 2003). ¿Has visto Vicky Cristina Barcelona? A mí me recuerda bastante a Almodóvar… Viajamos el año pasado a España y fue fantástico [dice enfática], realmente genial. Estuvimos en algunos lugares maravillosos y nos dimos la gran vida. Comiendo estupendamente, bebiendo más vino de la cuenta [ríe].
P. Si pudiera cambiar algún aspecto de su personalidad, ¿cuál sería?
R. [Largo silencio]. ¿Estás seguro de que es una pregunta válida? [Ríe]. No sé, si hubiera cosas de mi personalidad que quisiera cambiar no creo que fuera justo que las compartiera con el resto del planeta. Como cualquier ser humano, hay aspectos que me encantaría corregir (sonríe), pero creo que en general está OK. Ahora me gusto más que antes… y realmente adoro mi vida. Un camarero trae una gran tetera de porcelana. Ella la coge con cuidado y me sirve una humeante taza. Comento que es la segunda vez que un artista me pone un té durante una entrevista y que el primero fue Lou Reed. «¡Ah, Lou, le adoro! El otro día, precisamente, estuvo junto a Julian Schnabel en el programa de televisión que tiene mi marido, y luego fuimos a cenar». Diana Krall pertenece a la más alta aristocracia de la música anglosajona. Su boda con Elvis Costello se celebró en una finca de su amigo íntimo Elton John, y en su círculo se cuentan Tony Bennett, Bruce Springsteen, James Taylor y tantos otros gigantes. Sus padres eran músicos aficionados, de manera que la Krall pulsó las 78 teclas de un piano por primera vez a la edad de 4 años. Ya nunca dejaría de hacerlo. Estudió, becada, en la prestigiosa Universidad de Música de Berklee, en Boston. En los años 80 se instaló en Los Ángeles y, en 1990, en Nueva York, curtiéndose en cafeterías, clubes pequeños y todo tipo de actuaciones hasta que logró un contrato discográfico que le permitió grabar su debut en 1993.
P. ¿Cuál cree que es el gran logro de su nuevo disco?
R. Lo que siempre me preocupa es mantener sólida mi integridad artística. Mi gran conquista sería combinar el arte con lo popular, con lo que puede comprender y disfrutar cualquier persona. Debería ser fácil para todo el mundo acceder a ello, aunque para nosotros fuera difícil hacerlo. Nunca he tenido una mentalidad integrista de que el jazz es para una gente escogida. El jazz no nació así. Era música para el pueblo, no para una elite.
P. ¿Se siente una embajadora del jazz?
R. No [categórico].
P. ¿Por qué?
R. ¡Porque soy una artista! [Ríe]. Sólo soy una simple pianista y cantante.
P. Bueno, no tan simple. Es muy popular entre personas que no están familiarizadas con el jazz, de manera que muchos se acercan a ello gracias a sus discos.
R. Eso espero. Pero no es mi misión.
P. Disfruta de un enorme éxito desde hace una década…
R. Sí, aunque yo creo que todavía le debo un dineral a mi padre [ríe], porque me fui de casa y durante bastante tiempo no gané mucho.
P. ¿Cuál es el secreto del éxito?
R. Amar lo que haces.
P. Bueno, hay mucha gente que ama lo que hace y no…
R. Vale, a lo mejor también es importante ser bueno. O, no sé, igual llegué en el momento oportuno en el lugar indicado. El mundo se derrumbaba, The Look of Love se publicaba el 18 de septiembre de 2001 y la fiesta de presentación en Londres fue el día que cayó el World Trade Center. Supongo que la gente quería escuchar aquel tipo de música. En realidad, el éxito ya se vislumbraba en 1996, cuando su tercer álbum fue nominado a un premio Grammy y logró un muy decente impacto comercial en EEUU. Desde entonces, dos premios Grammy, un doctorado honoris causa (Universidad de Victoria), el nombramiento como oficial de la Orden de Canadá y un inagotable caudal de millones de ejemplares vendidos. Un auge que discurría paralelo al drama familiar, pues a su madre se le diagnosticó un mieloma múltiple, precisamente en 1996. Falleció en 2002 y, meses después, también murieron dos de sus grandes padrinos musicales, el contrabajista Ray Brown y la cantante Rosemary Clooney.
P. Su vida parece devotamente consagrada a la música. ¿Ha pensado alguna vez cambiar de rumbo?
R. La verdad es que no me gusta la idea de mi vida reducida a la música. Yo dedico mi tiempo a ser artista, pero también a mis niños, a cocinar, a irme de compras y a tener una vida divertida en general. Elvis, por ejemplo, es mucho más obseso de la música y, con todo, es también un buen padre y disfrutamos con muchas otras cosas. Cuando trabajo, me concentro muchísimo y no me gusta recrearme en bobadas, eso es cierto. Soy muy firme tomando decisiones y grabo muy rápido. Si hago un solo de piano que me gusta, lo dejo y paso a lo siguiente. Así ha sido siempre el jazz. ¡Ve y hazlo! [Ríe]. Si improvisas una cosa y la dejas intacta, mantienes su espíritu único. A mí no me gusta sonar como un puzzle, con canciones hechas de pequeños trocitos que vas grabando durante mucho tiempo. Habrá errores, pero tendrá un sentimiento. Tomo decisiones muy firmes y me fío mucho de mi intuición: me sucede como intérprete, trabajando y en la vida. Tengo sentimientos muy fuertes y los sigo… No sé, igual son poderes de bruja [ríe], pero tengo intuiciones muy fuertes y soy muy sensible a ellas.
P. Su padre le inculcó la afición a la música. ¿Es importante para usted su opinión?
R. Digamos que, cuando le mando un disco y lo escucha y hablamos por teléfono, sé inmediatamente si le ha gustado o no [ríe].
P. ¿Cuál es la cualidad que más aprecia en una persona?
R. Un genuino sentido del humor y que sea honesta consigo misma. Tengo unos cuantos de ésos alrededor.
P. Dice que tiene una vida plena. ¿Le quedan sueños por cumplir?
R. Claro, un montón. Quizás haga un disco infantil con composiciones propias, por ejemplo. Y acabo de terminar de producir el próximo disco de Barbra Streisand. Además, estoy preparando mi gira: me muero por volver a tocar.
P. ¿Qué puede contar del disco con Barbra Streisand?
R. Es una personalidad muy, muy imponente, que sabe lo que quiere a la perfección y que me enseñó mucho de ser una artista y de ser productora. Grababa con los músicos en la misma sala, a la antigua, y muy involucrada en todo el proceso. Realmente ha sido una experiencia maravillosa. Por ejemplo, es la primera vez en toda su carrera que ha hecho una canción únicamente acompañada de un piano, sin nada más, y suena increíble. Va a ser un disco sorprendente.
P. ¿Cómo surgió todo?
R. ¡Ella me lo pidió! [Ríe]. Yo dije que tenía que pensarlo, pero insistió y pensé que podía ser una experiencia inolvidable, como así fue. Ella canta de un modo impresionante; yo pensaba: «Ya me gustaría a mí lograr eso».
P. ¿Cuál es su momento favorito del día?
R. Cuando veo a mis hijos, claro. Aunque yo, en realidad, no soy tanto de momentos del día como de estaciones del año. Mi favorita va desde agosto hasta febrero. La primavera me produce ansiedad.
P. ¿Por qué?
R. Probablemente porque mi madre murió en primavera y me han sucedido otras cosas desagradables en esa época. Me gusta el aire y el calor de agosto, la calma; también el final del año y adoro las navidades y el frío. Quizá soy una criatura siniestra [ríe]. Me encanta la lluvia, la oscuridad, la luz de las velas…
El nuevo disco de Diana Krall, Quiet nights (Verve Universal) sale a la venta el próximo 21 de abril.
«El jazz pasará la prueba del tiempo mejor que el pop»
Fuente: www.nortecastilla.es
Por: V. M. Niño | Valladolid | 03.04.09
[audio:Diane Schuur – They Say It’s Wonderful.mp3|titles=They Say It’s Wonderful – Some other time|artists=Diane Schuur]
Creció con los discos de jazz de su padre, también músico, fue autodidacta para estudiar después en la Escuela de Músicos ciegos de Washington. Diane Schuur (Tacoma, 1953) es la ‘primera dama del jazz’, título que ostenta además de por su versátil voz y su expresividad al piano, por ser la artista que más ha frecuentado la Casa Blanca.
-¿Qué vamos a oír en Valladolid, qué interpreta en esta gira?
-Cantaré con mi director musical Scott Steed al contrabajo y el extraordinario pianista y arreglista Randy Porter que me acompaña en este viaje a España. Randy hizo todos los arreglos de mi último disco ‘Some other time’, así que interpretamos buena parte de los temas de este disco en Europa. Estoy muy contenta de que Randy me acompañe en esta ocasión, lo estábamos deseando ambos. Pero además sacaré algunas sorpresas de mi sombrero, interpretaré al piano algunos temas. Aunque realmente lo que para mí es todo un regalo es tener a Randy conmigo.
-¿Hay diferencias entre el público de jazz americano y el europeo?
-Creo que sí, que los públicos de jazz fuera de Estados Unidos son en cierta manera más devotos, más fieles al jazz. Pero hay que ser cuidadoso, tengo maravillosos fans en EE. UU., y estoy segura de que muchos coincidirán conmigo en que el jazz no es tan promocionado, tan mimado en Estados Unidos como lo es en los escenarios de Europa o de Japón, por ejemplo. El circuito europeo de jazz parece más vivo, especialmente en verano cuando se programan festivales. Me parece que hay más energía concentrada en el jazz durante los meses de calor.
-Ha crecido musicalmente en el jazz clásico. ¿Cómo ve la evolución del género?
-Me gustan todo tipo de músicas contemporáneas, siendo el jazz la raíz de todos mis intereses. Pero me gustan mucho los cantautores, aunque creo que el jazz soportará mejor la prueba del tiempo que la música comercial de masas como el pop. De todas formas es una pregunta difícil, quizá la repiense con la almohada, (ríe).
-¿Cómo fue su experiencia en el Caribbean Jazz Project?
-¡Oh! ¡Me encanta el CJP! Ayer mismo hablé con mi manager sobre él y quedamos con Dave Samuels en futuros conciertos. Me encantan esos chicos y me encantaría venir a Europa con ellos.
-¿Cuál es el secreto para ser la ‘primera dama del jazz’? ¿Es la única estadounidense que aúna a republicanos y demócratas?
-¡Whoa!!!! Intentaré ser clara con respecto a la política pero no es ningún secreto que soy una de las incondicionales de Barack Obama. Hago todo lo que puedo para decir a cualquier que quiera oír que el puede elevar la imagen de América a su máxima expresión. Los americanos tenemos suerte de vivir esta gran oportunidad de reconstruir nuestro país y nuestro futuro. Es conocido mi voto a Obama, aunque quizá esto moleste a los republicanos.
-¿La gente ciega desarrolla una capacidad especial para la música?
-Los ciegos somos discapacitados pero no creo que porque pierdas la vista haya una capacidad mayor para al música. Soy ciega y mi mente procesa la música de forma distinta a un vidente pero a la hora de la verdad, todos estamos en la misma página. Y no todos los ciegos tienen habilidad musical, quizá reciban otros dones especiales, esos que nos hacen personas al final del día de modo diferente.