Que viva la libertad de expresion…, que viva el Free..!!

Atentos a la proxima visita del papa del Free, la leyenda viviente Ornette Coleman, hemos estado abriendo con su musica nuestras emisiones de los miercoles (y lo haremos los que vienen) a la vez que hemos espiado apenas en su historia y dando por sentado que nuestros oyentes conocen cuando hablamos del Free. Al menos en lo que a materia musical se refiere vale mas lo percibido a nivel de piel que el conocimiento mas o menos profundo que se pueda tener sobre ella, a menos que seamos criticos especializados y no simples fanas, y en lo que al Free se refiere pesa mas la experiencia que la teoria.

Y fue ella, la experiencia y su busqueda la que motorizo todo el movimiento actual. Alla por los comienzos de la era moderna del jazz Charlie Parker y Dizzie Gillespie enfrentaban a una comunidad enfurecida, ¿quienes podian tocar con ellos, quien se animaba a seguir a este be-bop…?, «no estan preparados aun para lo nuestro…», decia Charlie Parker cuando tocaban para apenas un puñado o cuando se le cerraban las puertas de los clubes obligando a sus creadores a ganarse la vida tocando lo que el desprevenido publico quisiera oir. Un publico habituado al swing, mas predecible, pausado, bailable y por cierto «mas blanco» eludia al nuevo sonido, que era tambien rechazado por muchos musicos quienes literalmente no podian con la velocidad, el rumbo incierto, la necesaria autonomia y virtuosismo que el movimiento requeria. El Be-Bop como tal no duro mucho pero sento las bases de todo lo que luego vendria.

El joven Miles Davis que que vivio la epoca del bop junto a Charlie Parker propone una linea diferente. En febrero de 1957  publico Birth of the Cool (Capitol) dando literalmente al nacimiento del Cool, un estilo bien diferenciado del BeBop, mas pausado y orquestal. Todos conocemos el sobrado talento de Miles como asi tambien las limitaciones que tenia con su instrumento, no era un virtuoso con la trompeta en el sentido de que no era su estilo el tocar mil notas por minuto, su virtuosismo y talento corrian por otros carriles. Esa limitacion fue tal vez una de las causas por la que se abrio del Bop siguiendo una busqueda personal.

Contemporaneo a Miles, Ornette Coleman, otro joven musico con motivaciones muy particulares, publicaba en 1959 «The Shape of Jazz to Come» (Atlantic), anunciando «la forma del jazz por venir» y ciertamente que su anuncio no paso desapercibido. Fue acusado de «asesinar al jazz», algo que Miles padeceria en persona cuando en 1970 publica Bitches Brew pariendo al Jazz-Rock. Como les ocurriera a Charlie y Dizzie, no habia lugar donde Ornette pudiera desarrollar su musica, como tampoco abundaban los musicos con los cuales tocar, se corria el peligro de ser proscriptos y convertirse en desocupados. Pese a todas las acusaciones y persecusiones Coleman lanza al año siguiente, 1960, Free Jazz (A Collective Improvisation) la declaracion definitiva  de sus intenciones confirmando el nacimiento de un movimiento que se conoceria hasta nuestros dias con ese mismo nombre, Free Jazz…, la libertad en el jazz.

El jazz de por si ya era un genero sin demasiadas ataduras y sobre todo luego del nacimiento del BeBop, lo que Coleman intentaba sintetizar era toda una nueva forma de ver las cosas, una insurreccion a lo establecido, un grito de esperanza y libertad. Los años sesenta fueron el banco de prueba de toda una generacion en su busqueda de la libertad, de expresion, de pensamiento, de determinacion, de igualdad… El saxo de Ornette Coleman rugio con fuerza inusitada mucho antes de que se oyeran en las calles los reclamos de justicia, libertad e igualdad.

Una vez alguien le pregunto a  Charlie Parker que significaba la palabra «BeBop». Charlie contesto que «…se les habia ocurrido porque aquella palabra sonaba igual que la cachiporra de un policia en el craneo de un negro!!».

Independientemente de la cantidad de «bebops» que habran sonado sobre las cabezas de los miles que reclamaban por sus derechos en aquellos tumultuosos y gloriosos años sesenta, no hace falta preguntarle a Ornette por el significado de la palabra Free Jazz…

Que viva por siempre la libertad de expresion…, que viva el Free.

El inventor del free jazz

ENTREVISTA A ORNETTE COLEMAN

Fuente: clarin.com
Por: Marcos Mayer

Es una leyenda del jazz moderno. Al borde de los 80, el revolucionario saxofonista estadounidense debutará el 7 de mayo en la Argentina.

Visita tardia, el veterano musico tocara con su grupo en el Gran Rex. Habla de la renovacion que encarno hace 40 años.

[audio:Pat Metheny – Ornette Coleman- Video Games.mp3|titles=Video Games – Song X|artists=Pat Metheny & Ornette Coleman]

En el mismo tiempo en que Miles Davis generaba una revolución con Kind of Blue, hace cuarenta años, en los boliches de la calle 52 de Nueva York, alguien iba un paso más adelante y se atrevía además a decirlo explícitamente. Ornette Coleman titulaba su disco The Shape of Jazz to Came (la forma del jazz que viene) y desarrollaba disonancias con sus grupos sin piano que no fueron fácilmente aceptadas en su tiempo y que aún hoy exigen auditorios atentos y dispuestos a las aventuras sonoras.

Con casi ochenta años, pero con el ánimo experimental de siempre, este saxofonista encandilado en su tiempo por Charlie Parker va a dar su primer recital en Buenos Aires. La cita será en el Gran Rex el 7 de mayo y es una oportunidad única de toparse con una de las grandes leyendas del jazz moderno, a quien un crítico bautizó con motivo de su música poco encasillable como el «Samuel Beckett del jazz». Y que, a juzgar por su último disco, Sound Grammar, mantiene el talento intacto.

La conversación con Ornette Coleman no es una experiencia fácil. Habla muy bajo y para adentro, como si constantemente estuviera manteniendo un diálogo interior en torno a ciertas cuestiones que lo siguen preocupando. Hay una palabra que se repite: sonido.

Por allí pasa la búsqueda de este jazzman poco devoto de los límites, que ha tocado con Jerry García, el líder de Grateful Dead, y que es admirado hasta la devoción por Lou Reed. De lo que se trata es de poder «tocar con todos los lenguajes y sonidos que siento disponibles en el mundo.» Esa obsesión lo ha llevado por diferentes caminos a lo largo de cuarenta años de carrera: la creación del free jazz, nombre inaugurado por él en un vinilo de 1960, cuyas dos caras reproducían una jam session tocada por dos cuartetos diferentes; la exploración en los formatos más disímiles, desde el blues a la sonata clásica; la fundación de la teoría de las harmolodics, que intenta borrar las fronteras entre ritmo, melodía y armonía; la investigación permanente en el terreno de la improvisación.

Hoy lo sigue sosteniendo: «La improvisación es la forma más aventurera y placentera de hacer música. Al hablar con usted, cuando improvisamos esta conversación, veo que tenemos algo en común, la música.»

Coleman ha teorizado más de una vez alrededor de esa apuesta por la improvisación: «Cuando se piensa en la raza humana, en la capacidad para manejarse en el mundo, se ve que su cerebro funciona de una manera especial que le permite comprender antes de poder pensar en las cosas. A esa comprensión le doy el nombre de idea, y tener ideas es lo que me ha permitido componer música sinfónica sin haberla estudiado previamente. No sabemos las cosas antes, sólo las sabemos hacer cuando las hacemos», plantea desde su departamento en Nueva York. Y, aunque no abandona el tono pausado, desafía a quienes dicen que su música significa una exigencia demasiado dura para sus oyentes: «Creo que están equivocados, que mi música es escuchable, puede que quienes me escuchan tal vez no entiendan lo que hago, pero lo disfrutan, al fin y al cabo la música es la más democrática de las artes.»

La presentación en Buenos Aires lo mostrará acompañado por su hijo Denardo en batería («Empezó a tocar sin que le enseñara a los diez años y cuando grabó conmigo su primer disco se sorprendía que las críticas hablaran de él como si fuera una persona mayor»), además de dos bajistas: Tony Falange y Al Macdowell.

«Uso dos bajos -aclara el músico- porque el bajo marca el tono de mi saxofón, sostiene el ritmo, marca el principio. Es como cuando debemos escribir una carta, hay que saber cómo empezarla. Da el sonido. Esa es la diferencia entre el sonido y el conocimiento, tu lenguaje es el sonido que generas.»

Aunque tiene su propio sello, hace tiempo que Coleman graba poco, en verdad Sound Grammar es el registro de un recital que tuvo lugar en Alemania durante 2005 y en el que toca, además del saxo, trompeta y violín. «Si lo que vamos a hacer es siempre el mismo disco, no tiene demasiado interés, por eso grabo poco. Hay que tener una idea.»

De manera elegante y previsible, Ornette cuenta que no puede adelantar la estructura de su recital porteño. Pero quienes se le animen asistirán a una experiencia irrepetible porque, como demuestran sus años de carrera, esa permanente improvisación tiene mucho menos que ver con el caos que con la belleza. Y seguramente va a demostrar que «he encontrado un camino de compartir lo que hago, para inspirar a la gente a que llegue a lugares que yo no he alcanzado aún. Nada hay en mi corazón que quiera ocultarles.»