Fuente: lanacion.com
Por Adriana Franco
Tony Bennett, la banda de Count Basie y una Navidad a puro swing. Es que ¿hay algo más norteamericano que los discos de Navidad? Mirado bien es la continuación lógica de ese período excepcional que tiene su campana de largada consumista en ese day after Acción de Gracias , cuando todos salen, desenfrenados como en fiesta pagana, a comprar y comprar, todo lo que esté de oferta y, claro, discos navideños. Una tradición «norteña» que acá llega con cuentagotas, aunque cada año parece intensificarse un poco más. Así, para A Swinging Christmas , el crooner Bennett grabó en un teatro de Nueva Jersey canciones que hablan de que Santa Claus llegó al pueblo. Canta que lo que quiere «para Navidad sos vos»; asegura que estará en casa para entonces, y se da una licencia para sumar «My Favorite Things», tan novicia rebelde, apropiada por el jazz.
También Sony/BMG puso en bateas una nueva recopilación de Elvis Presley, Christmas Duets, en la que la voz del Rey se une a Martina McBride en «Blue Christmas», a Leann Rimes en «Here Comes Santa Claus (Righ Down Santa Claus Lane)», a Olivia Newton-John, con «O Come, All Ye Faithful», a Amy Grant, para «White Christmas» y otras voces más. Incluso, la de cualquier hijo de vecino (vecino de los Estados Unidos, eso sí) que entre al sitio www.singwiththeking.com y, cual karaoke, grabe su parte de «Blue Christmas» para luego ser enviada como original tarjeta navideña (premio consuelo, mandar una e-card sonora con «Blue Christmas»).
Entre la Navidad y las fantasías invernales, Sarah Brightman, la estrella de Broadway y ex de Andrew Lloyd Weber, armó Winter Symphony, que editó EMI y que incluye versiones recargadas y orquestadas de clásicos de estos días festivos, como «Silent Night» y «In the Bleak Midwinter», junto con infaltables, como «I Wish it Could Be Christmas Everyday», «I Believe in Father Christmas» y el inolvidable «Happy Christmas (War is Over)», de Lennon.
Siempre con la mirada en las músicas del mundo, el sello Putumayo acaba de lanzar otra serie de ediciones, dos de las cuales llevan la marca de la Navidad: A jazz Blues Christmas , con temas de B. B. King («Christmas Celebration») y Ray Charles («Rudolph the Red-Nosed»), entre otros, y Christmas Around the World , con temas de Haití, Cuba, Puerto Rico, Estados Unidos, Martinica y Francia (entre los otros lanzamientos de Putumayo sobresalen Acoustic Arabia, South African Legends y Swing Around the World , que no son navideñas, pero sí una buena opción para el arbolito).
También hay propuestas alocadas, refrescantemente corridas de lugar. Por un lado, los delirios estilísticos y juegos de humor que Bela Fleck les imprimió a las canciones navideñas en Jingle All the Way, un disco de horizontes amplios en los que el banjo va del bluegrass a Joni Mitchell y a versiones inesperadas, divertidas y sorprendentes de «Jingle Bells» y de «Dance of the Sugar Plum Fairies». El otro, lamentablemente sin edición local, es «Christmas on Mars», de Flaming Lips. Una desopilante fantasía de la banda de Wayne Coyne convertida en película editada en DVD y su correspondiente banda de sonido.
Fuente: 26noticias.com.ar
El Mejor Blues de Chicago otra vez en la Argentina. Un “lagrimón” eléctrico que se desatará el próximo martes 2 de diciembre en el Teatro IFT. Boulogne sur Mer 549, Abasto, Capital Federal.
Morris Holt nació un 7 de agosto de 1937 en la pequeña localidad de Torrence, Mississippi, Es el mayor de cuatro hermanos y una hermana. Siendo aún un crío comenzó ya a demostrar interés por la música lo que le hizo apuntarse al coro de la iglesia así como a construirse una guitarra de alambre que fijaba en una pared para tocarla.
Sistemas tan primitivos ya eran usados por los primeros bluesmen cuando comenzaban, se construían guitarras con cajas de tabaco o de zapatos y uno o más alambres. Existe una foto de principios del siglo XX en donde se observa a dos muchachos tocando unas guitarras slide caseras: una tabla de madera, un alambre fijado, y están sacando sonidos de la cuerda con el cuello de una botella («bottleneck); eso sí, la botella está intacta y los chicos miran a la cámara (si no te fijas bien, uno de los muchachos parece que esta haciendo un trabajo de carpintería).
Siguiendo con nuestro músico, el primer instrumento que más le apasionaba era el piano, pero debido a un accidente que sufrió trabajando en los campos de algodón, a causa del cual perdió el dedo meñique de su mano derecha, se decantó definitivamente por la guitarra. De esta forma, durante la semana trabajaba de sol a sol y los fines de semana tocaba blues en las fiestas que se hacían en las casas («house parties»).
A la edad de 11 años se trasladó con su familia a la ciudad de Grenada, también en el estado de Mississippi. Allí se hizo rápidamente amigo de uno de sus vecinos, Samuel Maghett (Magic Sam), quien le enseñó algunos pequeños trucos con la guitarra. Slim recuerda «nos sentábamos debajo de un árbol y tocábamos nuestras guitarras acústicas los domingos por la tarde. Magic Sam me decía que no intentara imitarle ni que imitara a nadie, que intentara conseguir mi propio estilo».
En 1955, con 18 años, realizó su primer viaje a Chicago en donde ya estaba su amigo Magic Sam. Slim recuerda de sí mismo que nadie quería tocar con él porque no lo hacía demasiado bien, sin embargo con quien primero tocó, y además el bajo, fue con Jimmy Johnson y actuaban en el Seeley Club desde las 2 de la tarde del domingo hasta las 2 de la mañana del lunes por 8 dólares. Magic Sam, por supuesto, le ofreció su ayuda, y estuvieron también de acá para allá tocando juntos aunque entonces Samuel Maghett era aún un desconocido.
Sam comenzó a llamarle «Magic Slim» (Morris Holt era alto y de buena presencia, pero no tan enorme como ahora) hasta que un día le dijo que conservara ese apodo pues sería famoso con él algún día. Después de dos años más en Chicago y superado por la enorme competencia que existía en la escena del blues para poder hacerse un hueco así como porque sus recursos a la guitarra eran bastante limitados decidió regresar, descorazonado, a su Mississippi natal para perfeccionar su técnica, una decisión dura en su momento, pero que evidentemente y gracias a su terquedad habitual le dio sus frutos más adelante.
Los cinco años siguientes Slim se los pasó mejorando su estilo a la guitarra y enseñando a sus dos jóvenes hermanos, Nick y Douglas «Lee Baby», a tocar el bajo y la batería respectivamente. Durante cuatro años estuvieron tocando juntos mientras que Slim se ganaba la vida de conductor de camiones. En el año 1965, ya seguro de sus posibilidades, regresó a la ciudad del viento con sus dos hermanos. Se juntó a la banda de Robert «Dancing» Perkins (Mr. Pitiful & the Teardrops) y llegaron a actuar juntos a lo largo de un año y medio aproximadamente. Robert Perkins era un bajista que ejecutaba unos excéntricos movimientos de baile a la par que tocaba el bajo y de ahí el apodo «Dancing». Slim quiso convencer a Perkins para hacer una gira por Inglaterra pero éste se negó debido a su miedo a los aviones y más adelante dejó la banda, permitiendo a Magic Slim mantener el nombre de los Teardrops como sigue siendo conocido actualmente (Magic Slim y los Lagrimones).
Todavía hoy, Perkins sigue actuando en Chicago con un grupo llamado Mr. Pitiful & the Blues Busters. Slim grabó un par de sencillos a 45 rpm para el sello Ja-Wes en 1966 (su primer tema grabado fue «Scufflin’) y comenzó a hacerse un nombre en el South Side consiguiendo actuar en el Boll Weevil Club. En 1972 empezó a tocar con cierta regularidad (al principio solo los domingos) en un pequeño club del South Side llamado Florence’s. En este garito hacía sus pases Hound Dog Taylor y Slim y su banda hacían «jam sessions» con los Houserockers de Hound Dog, pero cuando éste dejó de actuar en el club decidido a elegir una recompensa más lucrativa lanzándose a la carretera, los Teardrops se quedaron como dueños y señores de las actuaciones en el Florence’s.
La verdad es que cuando en 1974 Brewer Philips, el otro guitarrista de los Houserockers abandonó la banda, Hound Dog le ofreció a Slim quedarse con él. La obstinación de nuestro músico por mantener y continuar con los Teardrops le hizo rechazar la oferta a pesar de que su situación económica iba a mejorar sensiblemente.
Fue por estas fechas cuando Slim ya había creado su estilo propio y el guitarrista Coleman Pettis (también conocido como Junior Pettis o Daddy Rabbit o Alabama Junior) se unió a los Teardrops. Ambos tocaban sus guitarras como ninguna otra banda de Chicago hacía en esos momentos acompañados al bajo por el hermano de Slim, Nick Holt, que además siempre se ha mantenido como miembro fijo de los «Lagrimones». El batería Steve Cushing que se había incorporado en 1975 (su hermano Douglas Holt ya no formaba parte de la banda debido a que sus caracteres eran demasiado fuertes y la convivencia no era fácil), llevó al grupo a los estudios Ter-Mar de la casa Chess y grabaron tres temas: «Wonder Why» de Mel London, el instrumental «Teardrop» compuesta por Morris Holt y «If you need me» de Coleman Pettis.
Las dos primeras canciones se publicaron en un sencillo por el sello Mean Mistreater. Como dato anecdótico, los miembros de la banda en aquel entonces sobrevivieron a un tiroteo, aunque Slim, a causa de una bala, tuvo que guardar cama durante 110 días y le auguraron que ya no podría volver a andar nunca más.
Aunque las cosas parecían empezar a marchar bien, Slim todavía simultaneaba la música con el desempeño de diversos oficios, como lavaplatos u obrero de la construcción. Aún no era el momento de vivir únicamente del blues.
Su primer trabajo en álbum fue «Born under a bad sign» grabado en 1977 con el sello francés MCM (él dice que le puso este nombre a causa de lo mal que le iban las cosas en sus comienzos, aunque este título es un famoso tema de Albert King) y al año siguiente grabó «Highway is my home» para otro sello francés, Black & Blue, en el que a la batería se encontraba Fred Below, junto a Slim, Nick y Coleman. En el año 1979 Bruce Iglauer, el alma mater de la compañía Alligator, incorporó cuatro temas del grupo en el volumen II de la serie Living Chicago Blues con el único cambio de Fred Below por Joel Poston a la batería.
Los Teardrops han sido siempre una banda sin demasiados cambios de personal teniendo en cuenta que de cuatro miembros siempre dos han estado juntos durante casi 40 años, Magic Slim y su hermano Nick. Slim considera que la mejor manera de mantener una banda sin demasiado trasiego de personal es «pagarles y ser honesto con ellos». Cuando Coleman Pettis falleció en 1983, se unió al grupo John Primer como segundo guitarra y se mantuvo durante unos 12 años, siendo luego reemplazado por Jake Dawson y últimamente por Michael Dotson. En la batería, a principios de los años 90 se incorporó Earl Howell que sustituyó a Michael Scott siendo a su vez sustituído más tarde por Allen Kirk.
Hasta 1982 o 1983 no empezaron a vivir totalmente de la música. Actualmente Magic Slim & the Teardrops son una de las mejores bandas de blues de Chicago y de las que mantienen vivo el espíritu de esta música, que comenzó a ser escuchada en los albores del siglo XX como algo que refleja los sentimientos más profundos del ser humano enfrentado a su vida cotidiana. Como ha dicho Magic Slim «Yo confío en que los músicos ya consagrados les den a los jóvenes que empiezan algo para que continúen tocando blues, porque el blues nunca morirá, pero alguien tiene que mantenerlo vivo, ya que, como la demás gente de mi edad, yo ya no estaré en este mundo para seguir haciéndolo.»
Martes 2 de diciembre en el Teatro IFT. Boulogne sur Mer 549, Abasto, Capital Federal.
A los 83 años recién cumplidos, el legendario guitarrista B. B. King parece no querer poner freno a su agitada vida profesional. Coincidiendo con la presentación de su último álbum de estudio, One kind favor, y los preparativos de su inminente gira norteamericana, el músico ha sido homenajeado en su pueblo de adopción en el Delta del Misisipí (Indianola) con la inauguración del B. B. King Museum and Delta Interpretive Center, un espacio dedicado a su vida, su obra y, sobre todo, a la música que lo ha hecho mundialmente famoso, el blues.
Este es un privilegio al alcance de muy pocos artistas y aún menos de los que siguen en activo. Pero B. B. King hace mucho tiempo que juega en una Liga aparte, la de los que han trascendido la leyenda musical para convertirse en iconos. «He oído decir que el cielo es precioso», dijo emocionado el músico en el acto inaugural del museo, el pasado 11 de septiembre. «Pero si el cielo es más bonito que lo que siento en este momento, entonces estoy preparado para irme mañana mismo».
Visitar el B.B. King Museum supone emprender un viaje en el tiempo en busca de los orígenes del blues. La primera parada es una sala de cine, donde un filme presenta al músico e introduce al espectador en la cultura tradicional del Delta del Misisipí. A partir de aquí se suceden las distintas salas de exposición, donde su vida se mezcla con todo lujo de detalles con el trabajo en las plantaciones de algodón, las primeras emisoras de radio, el movimiento por los derechos civiles y los antiguos estudios de grabación que marcaron su camino hacia la fama.
LA GUITARRA ‘LUCILLE’
Los visitantes no solo podrán ver sus guitarras (entre ellas, la emblemática Lucille), las imágenes de sus actuaciones más legendarias y su impresionante colección de 14 Grammy, sino que también tendrán la oportunidad de descubrir la persona que se esconde detrás del mito y podrán seguir paso a paso la historia de una música que surgió de la nada y cambió la cultura americana para siempre.
Pero no todo han sido facilidades a la hora de poner en marcha este ambicioso proyecto. Muchos de los inversores privados cuestionaron su emplazamiento, ya que el museo queda muy alejado de las rutas turísticas y comerciales de la zona. Pero sus responsables tenían claro que la vida del músico y la historia del blues están arraigadas al Misisipí y que ningún otro lugar podía albergarlo. «Aquí es donde están mis raíces», explicó un sonriente B.B. King en la concurrida rueda de prensa. «Por este motivo cada año vuelvo a Indianola para dar un concierto benéfico y espero que el museo también contribuya a la educación de los chicos del Delta del Misisipí».
Este compromiso educativo y la voluntad de dar a conocer la leyenda del blues fueron los motivos que convencieron al famoso cantante y guitarrista para prestar su nombre y ceder parte de su patrimonio al proyecto.
Ahora que la popularidad de la música de raíces negras parece medirse por las ocurrentes rimas del hip-hop y el éxito de las nuevas divas del soul, es importante recordar que nada de esto sería posible si no hubiera sido por el fenómeno del blues en la primera mitad del siglo XX. Una música cruda y pasional que se convirtió en el sonido negro por excelencia en una sociedad rural, marcada por las tensiones raciales, y que encumbró el mito de la taberna, la guitarra y ese cruce de caminos en el que uno podía vender su alma al diablo por un puñado de buenos acordes.
B. B. King está considerado el rey del blues, pero el éxito y la fama nunca han eclipsado su carácter humilde, que le ha mantenido siempre cerca de sus orígenes. «El Delta del Misisipí ha sido como un guía para mí», reconoció el músico a los periodistas cuando le preguntaron sobre sus años de juventud. «Muchas veces he pensado que si tuviera que vivir de nuevo mi vida, no cambiaría nada excepto la experiencia de la segregación racial. Y puede que ahora también acabara el instituto y fuera a la universidad para estudiar informática».
Por David Moreu
Vuelve el Rey del Blues: B.B. King
Fuente: 10music.com
“One kind favor” sale el 26 de agosto. Lo asiste un grupo de colaboradores estelares.
El inagotable B.B. King está nuevamente entre nosotros: el 26 de agosto sale One kind favor, disco con el cual el Rey del Blues vuelve a las raíces del género.
El octogenario músico no está solo en la aventura: el productor es nada menos que T-Bone Burnett, mientras que la banda que lo acompaña está integrada por el tecladista Dr. John, el baterista Jim Keltner y el bajista Nathan East.
El tracklist está repleto de joyas que homenajean a los grandes del blues, como Big Bill Broonzy («Backwater Blues»), Lonnie Johnson («Tomorrow Night»), Blind Lemon Jefferson («See That My Grave Is Kept Clean») y T-Bone Walker («I Get So Weary»).
“Vi a B.B. en el Central Forest Ballroom de Dallas en el ’65. Me acuerdo exactamente como me sentí en ese momento, así que quería recrear ese sonido en vivo. Intenté ser fiel a lo que King era la primera vez que lo escuché y a esa energía. En otras palabras: no intenté aggionarlo de ninguna manera”, dijo Burnett, productor, pero sobre todo fan.
B.B. King, de 82 años, se mantiene activo: sigue de gira por los Estados Unidos y en septiembre comenzará a conducir un programa de radio.
«El Blues es la madre de todas las músicas»
Fuente: Eldiariomontanes.es
Por: Juan Jesus Garcia
«Johnny Winter es toda una leyenda viva del rock y del blues, con compañeros de viaje que dejan la boca abierta. A pesar de su precaria salud, no para de tocar y tocar. La semana próxima lo hará en Santoña. Una cita histórica».
A sus 63 años y tras una vida muy intensa y ajetreada y una salud siempre precaria, el tejano Johnny Winter es toda una leyenda viva del rock y del blues. A pesar de lo ya bailado y de que habitualmente tiene que tocar sentado, el albino lo hace una media de veinte noches al mes durante todo el año, y las imágenes no engañan: en Internet se comprueba que sus largos y huesudos huesos mantienen todo el feeling del mejor blues, el que asombró al mismísimo Muddy Waters, y conservan la energía de sus años de rock star casi intacta. Su presencia en Santoña el próximo miércoles, día 23, es un todo lujo, gustosamente aderezado con la presencia invitada de Los reyes del K.O., una gran realidad de la música blues española hecha desde lo más profundo que ha trasladado su base de operaciones de Madrid a Berlín.
En plena gira por España, el risueño Johnny Winter atiende las preguntas de ‘De Marcha’ y adelanta las claves de su histórico concierto en Santoña.
-Con el tiempo fue cambiando el circuito del rock por el del blues. ¿Qué recuerda de aquellos años, mitad de los setenta, de rock star?
-Fueron tiempos muy excitantes y alocados, demasiados excesos: tocando con Jimi Hendrix ¿alguien puede imaginarnos?, con Allman Brothers en Woodstock he hecho muchas cosas; en demasiados momentos, mi vida ha sido muy intensa, y aún hoy lo sigue siendo, pero ahora es sólo blues; esa es mi vitamina.
-Usted es de las pocos personas que ha podido frecuentar a sus maestros, ¿cómo fue su relación con M. Waters?
-Tocar con Muddy fue uno de los éxitos de mi carrera, tuve la suerte de no sólo tocar con él, sino, además producir muchos de sus discos que ganaron Grammys. Muddy fue un gran profesional y un caballero siempre, con él he compartido lo mejor de la música, y creo que él conmigo también creció musicalmente. Adoro el estilo de Muddy, su forma de grabar era primitiva, auténtica, el sabía coger una canción y darle la vuelta. La música le debe muchísimo a la herencia de Waters.
-Siempre han elogiado sus versiones. Hasta los propios autores han dicho que usted es capaz de mejora el original, ¿qué ha sentido cuando se lo han dicho?
-Para mí es un orgullo el hecho de que un músico te diga eso sobre una de sus creaciones. Me lo dijo Keith Richard, que me prefiere a mi tocando ‘Jumpin Jack flash’ (risas), y he oído decir que Bob Dylan ya no toca ‘Highway 61’ porque dice que esa canción ahora me pertenece a mí. Tiene gracia (risas), porque mi vida aparece siempre ligada a alguna de ellas ¿desde hace casi 50 años!
-El blues es de los pocos estilos musicales en los que se valora la experiencia. ¿Qué me dice de los jóvenes? ¿llega savia nueva al blues?
-Creo que el blues está sano y estará con nosotros y los nuestros para siempre. Ya se ha establecido como un genero de música viable y con aceptación de público nuevo. Muchos artistas jóvenes se acercan a los viejos discos de blues para encontrar esa chispa que les haga componer una buena canción. Creo que el blues es la madre de todas las músicas, así que mientras existan las canciones, las bandas o los guitarristas, existirá el blues. ¿Jodeeeeeeer, cómo me encanta el blues!
–¿En el blues, qué prefiere, técnica y virtuosismo o pasión con menos notas?
-Hace falta poder hacer ambas cosas (risas), un poco de sentimiento y otro rato de velocidad, pregúntale al público que venga a verme, seguro que ellos también lo prefieren así.
-Es usted uno de los artistas con más discos en directo, tanto oficiales como piratas, y hay meses que no baja de las 15 actuaciones al mes. ¿Necesita como Dylan el contacto continuo con el público?
-Sí, me encanta tocar en directo. Honestamente creo que sueno mejor que nunca y, por cierto, ¿pienso seguir así hasta el día que muera!