Una historia de Amor entre el Jazz y el Son

Fuente: elveraz.com | San Juan, Puerto Rico

En noviembre de 1992, apenas unos meses antes de su muerte, tuve el privilegio de conversar varias horas con Mario Bauzá, el más mítico, importante y sabio de los músicos cubanos radicados en Nueva York. En la larga entrevista tocamos diversos temas relacionados con su actividad musical, pero dedicamos especial atención al fenómeno del llamado jazz latino o latin jazz, también conocido como afrocuban jazz, un género mestizo y trascendente cuya paternidad ha sido justamente atribuida a Bauzá. En aquella ocasión, al pedirle la definición más precisa sobre esta música de fusión, «el padre de la criatura» me dio esta insuperable receta de amor:

«Mira — me dijo—, es como un matrimonio perfecto: uno va arriba y otro abajo, no importa quién. O como un árbol, que tiene la misma raíz, el mismo tronco (que viene de Africa) y dos ramas distintas, que fue Chano Pozolo que yo uní: el son y el jazz…»

Encuentros y noviazgo

Más allá de las relaciones de origen —obviamente africanas— existentes entre los ritmos cubanos y el jazz norteamericano, la fusión previsible entre estos dos complejos musicales —quizás los más trascendentes de todo el siglo— ocurrió como un proceso lento y de mutuo reconocimiento en el que cada cual parecía mirar con recelo al viejo pariente que devendría futuro complemento matrimonial.

Ya a fines de la segunda década del siglo, en pleno período cubano de las «vacas gordas» creado por los altos precios del azúcar, comienzan a viajar a La Habana agrupaciones jazzísticas norteamericanas que dejan su semilla en la isla, tocando en lo fundamental un jazz imitativo y «blanqueado» —así siempre interpretado también acá por músicos blancos— que tiene como escenario los grandes salones de la sociedad de entreguerras. Surgía así un gusto por el jazz que se adentraría en la memoria auditiva de los cubanos, ya fueran músicos o bailadores.
Paralelamente, comienza un proceso inverso: en la década del 20 varios músicos cubanos viajan EE.UU., en especial a la magnética Nueva York, en busca de mejores condiciones de trabajo, y allí integran orquestas y pequeñas agrupaciones que van haciendo familiares los ritmos cubanos en boga por entonces: el son, el danzón, el bolero…

Pero no es hasta principios de los 30 que comienza, en Nueva York, la relación definitoria entre estos dos universos sonoros, a través de la personal relación de Mario Bauzá con el jazz.

Aquel joven que llega a la Gran Manzana en 1930, poco después de cumplir los 19, llevaba ya una notable experiencia sonera y danzonera adquirida en Cuba (donde tocó con las orquestas de Felipe Valdés, Raimundo Valenzuela y Juanito Zequeira), además de una sólida formación musical que lo llevó a ejecutar el clarinete en la importante Orquesta Filarmónica de La Habana, donde se codeó con figuras como Pedro Sanjuán, Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla. En Nueva York, el joven Bauzá ingresa en varias agrupaciones cubanas —entre ellas el cuarteto de Antonio Machín—, hasta que devenido trompetista, entra en la banda de Noble Sissle, de donde pasará a la más importante agrupación jazzística de negros de aquel momento: la orquesta de Chick Webb, de la que en apenas un año, llegaría a ser director musical. Este aprendizaje meteórico, luego continuado en la magnífica bandade Cab Calloway —donde permanece hasta 1940, también como director musical—, permitió a Mario Bauzá dos pasos indispensables en la concepción de lo que luego se llamaría jazz latino: primero, familiarizarse con la sonoridad del jazz y hacerlo con agrupaciones de vanguardia; y, segundo, concluir que desde dentro del jazz era imposible realizar la fusión que ya en su mente comenzaba a producirse. Por eso, en 1940, funda junto a su cuñado Frank Grillo, el célebre Machito, una agrupación en la que, con toda libertad, daría rienda suelta a sus experimentos y lograría, al fin, el matrimonio perfecto del jazz y el son: así nace, en 1940, Machito y sus Afrocubanos, la orquesta a la cual Bauzá se suma un año después y donde fungiría como director musical hasta 1975.

Una boda en el cielo del jazz

Los años iniciales de la década del 40 serán, pues, los de la realización del acto de amor entre el jazz y la música cubana, y el lecho donde se produce tal conjunción fue la orquesta de Machito y sus Afrocubanos. Mario Bauzá, ya conocedor del ámbito jazzístico, puede entonces lograr el milagro de acercar dos sistemas musicales abiertos y en plena evolución ascendente (el jazz y, fundamentalmente, el son), que por sus propias características morfológicas permitían diversas contaminaciones sin que se afectara su célula originaria o, cuando más, dando lugar a la semilla dicotiledónea que fue —y es— el jazz latino.
A lo largo de los 40 Bauzá y Machito propician el acercamiento definitivo que daría origen al latin jazz, cuando la nueva banda comienza a interpretar música cubana en la que, sabiamente, se asimilan sonoridades del jazz. Es la época de piezas como «Sopa de pichón», «El Niche», o «Llora, timbero», pero sobre todo, de la creación por Bauzá de la suite «Tanga» (1943), «… primera pieza del jazz afrocubano o latino», al decir de Leonardo Acosta.

La importancia de este «matrimonio» sería decisiva para el futuro del jazz y la música cubana, pues la conjunción lograda por Mario Bauzá abría enormes brechas de enriquecimiento para ambas escuelas musicales, que desde entonces ya no serían las mismas. Para el jazz —y luego para el rock, el pop y hasta la música disco— significaba la entrada definitiva de la percusión cubana con toda su riqueza rítmica, mientras que para los géneros cubanos la brillantez de los metales del jazz traía cambios notables sin los cuales hubiera sido imposible la creación de un híbrido tan importante como el mambo de Dámaso Pérez Prado o la sonoridad novedosa del son de Benny Moré.

Por eso, ya en el ocaso de la vida de Bauzá, en uno de los múltiples homenajes que se le rindiera por su labor de tantos años, el entonces alcalde de Nueva York, Ed Koch, sintetizó brillantemente el aporte musical del cubano al afirmar: «Cuando la maraca se encontró con el saxo tenor, fue un flechazo. Llámenlo latino, llámenlo afrocubano, llámenlo como quieran. Esa boda se celebró en el cielo del jazz. Y es un matrimonio que se mantendrá a lo largo de los siglos».

El hijo pródigo

En aquella fructífera década del 40, el jazz habíase adentrado ya en la tendencia del bebop, donde militaban figuras tan connotadas como Charlie Parker o Dizzy Gillespie (al cual, años antes, Bauzá hizo ingresar en la orquesta de Calloway), quienes muy pronto descubren la importancia de los experimentos de los Afrocubanos. A ellos se acercan con respeto e interés y comienza a surgir así una serie de colaboraciones, fusiones, mezclas y decantaciones que darían origen, incluso, a la vertiente del cubop —bebop a la cubana— que tendría su más brillante culminación en 1947, cuando a la banda de Gillespie entra el excepcional tamborero cubano Luciano Pozo González, el inmortal Chano Pozo.

Esta colaboración es, sin duda, la más célebre de toda la crónica del jazz latino porque con ella, de un solo golpe, alcanzó su máximo relumbrón el experimento patentado unos años antes por Bauzá y Machito. La breve unión de Chano Pozo con la orquesta de Gillespie (propiciada ni más ni menos que por Mario Bauzá y trágicamente cerrada con la muerte del tamborero cubano), permitió la definitiva entrada de la percusión cubana en el jazz.

Juntos, en 1947, Chano y Gillespie montan la «Afro-Cuban Drum Suite» en el Carnegie Hall e interpretan piezas que serían clásicas del nuevo estilo cubop. Obras de Chano como la célebre «Manteca» y «Tin tin Deo»; de Pozo y Gillespie como «Algo bueno»; o la no menos extraordinaria «Cubana Be, Cubana Bop», orquestada por George Rusell, son claro testimonio de una fecundidad musical que alcanza por esta fecha uno de sus puntos culminantes y provoca la mirada definitivamente interesada de los cultores del jazz que aún se mantenían distantes de «la criatura» fecundada en Nueva York.

No es casual que apenas un año después de este providencial encuentro se concreten importantes colaboraciones entre el más grande músico del bebop, Charlie Parker, y la agrupación de Machito, para grabar piezas como «Okidoke», «No Noise» o «Mango Mangüé», que conducirían hacia otra cima de madurez con la «Afro-Cuban Suite», del arreglista Chico O’Farril.

Tras el éxito de Chano Pozo y de los Afrocubanos de Machito y Bauzá, vendría el también importante influjo de Dámaso Pérez Prado, quien pese a no triunfar en Nueva York como le correspondía —allí Machito detentaría la corona de Mambo King—, lleva a la música norteamericana la moda del mambo y lo introduce en el jazz, que a su vez, previamente, había enriquecido la concepción original del mambo. Piezas históricas como «Viva Prado», de Stan Kenton, o «Mambo a la Kenton», del cubano Armando Romeu, son testimonio de esta interinfluencia que provocaría un verdadero furor en el Nueva York de los 50, cuando el famoso Palladium es tomado por los ritmos cubanos (afrocubanos) y se crea el imperio de las tres grandes jazz band latinas del momento: la de Machito y sus Afrocubanos, con su impresionante permanencia; la de Tito Puente, el hombre que había iniciado su carrera en los 40 bajo la égida de Bauzá y que ya era el Rey del Timbal; y la de boricua Tito Rodríguez, uno de los grandes cantantes de la música latina.

El hijo cubano

Pero mientras en Nueva York los experimentos de fusión continuaban y nuevos nombres importantes se agregaban a la lista de cubanos vinculados al latin jazz (Chico O’Farril, Chano Pozo, René Hernández…), en La Habana de los 50, con más discreción pero no menos creatividad, un músico formado en orquestas danzoneras daba otra vuelta de tuerca al matrimonio cubano-jazzístico y dejaba una estela que después seguirían agrupaciones y figuras tan importantes (de acá y de allá) como Irakere, Chick Corea, Dave Valetín o el propio Tito Puente… Me refiero, por supuesto al gran Cachao, Israel López, que organiza una serie de «descargas» jazzísticas en los clubes habaneros de la época, con músicos de diversas agrupaciones que comparten con él similares inquietudes por el jazz. Afortunadamente, parte de estas improvisadas descargas jazzísticas de los músicos habaneros fueron grabadas y se conservan en discos como «Cachao y su ritmo caliente» (de la Panart), en la que el rey del contrabajo comparte pista con Gustavo Tamayo, el Negro Vivar, Rogelio Iglesias, y uno de los grandes percusionistas cubanos de todos los tiempos: Guillermo Barreto.

A partir de aquí la historia se diversifica, para llegar hasta hoy. El latín jazz se convierte, definitivamente, en parte integrante de las músicas cubana y norteamericana, donde convive con una privilegiada doble ciudadanía heredada de sus padres, y gozando de una salud que hace válida la frase de Ed Koch, pues todo parece indicar que el jazz latino es «un matrimonio que se mantendrá a lo largo de los siglos»

Bobby Carcasses: el gurú cubano del Jazz

Fuente: Cañasanta.com
Por: Toni Basanta | Entre La Habana y Vermont
para la Revista Cañasanta en Toronto, Canadá.

Sí, conocimos a Bobby Carcassés a finales de los años 70 en el Club Johnny´s Dream, hoy conocido como Río Club en los tiempos en que allí tocaban Nicolás Reynoso y su Grupo Sonido Contemporáneo, Lucía Huergo, Toni Valdés, Angelito López y Manolito Docurro, entre otros grandes y olvidados jazzistas de La Década Prodigiosa.

Fue también en el Johnny´s Dream donde comenzó a gestarse el inolvidable proyecto del Grupo Afrocuba con veteranos y estudiantes del Conservatorio “Amadeo Roldán”.
Desde entonces siempre hemos seguido a Bobby Carcassés en sus actuaciones en el Teatro Musical de La Habana, el Hubert de Blanck, La Casa de la Cultura de Plaza, el Teatro Mella, La Casa de la Cultura Checoeslovaca, La Sala Covarrubias, el Café Cantante, el Maxim y otros predios donde él y sus seguidores acostumbraban a hacer jazz en la capital habanera.

Años más tarde, de su propia Peña en La Casa de la Cultura de Plaza, surgió el Festival Jazz Plaza, el cual desde 1984 alcanzó la categoría de Internacional con la presencia de la pianista brasilena Tania María y otros artistas de Rusia, los Estados Unidos, Chile, Australia, Yugoslavia, México, Francia, Suecia y Gran Bretaña, hasta convertirse en uno de los eventos más aplaudidos del mundo.

Roberto Arturo Carcassés Cusa, mejor conocido como Bobby Carcassés, nació en Kingston, Jamaica, el 29 de agosto de 1938. Su abuelo fue cónsul de Cuba en Jamaica y por tal motivo vivió en la Isla del Reggae sus primeros cuatro años de vida.
La familia Carcassés regresó a Cuba en 1942, y el niño adoptó la ciudadanía cubana inscribiéndose en Camajuaní, provincia de Villa Clara. En la adolescencia, cantaba canciones italianas, arias de ópera y zarzuelas; y se presentaba como aficionado en la estación de radio CMHW de Villa Clara. Su debut profesional tuvo lugar en el Teatro La Caridad como artista invitado del humorista Enrique Arredondo.

Infancia y adolescencia

Desde pequeño, Bobby Carcassés sintió que el arte era su camino y así lo ha demostrado. Su entrada a los escenarios fue casi paralela a la del mundo musical y pictórico.
En 1959, Bobby Carcassés fue delegado al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes celebrado en Viena, la capital austriaca, como vocalista del coro A Capella dirigido por Nilo Rodríguez.
Desde la patria de Mozart, viaja a la antigua Unión Soviética, Bulgaria y París, actúa con Pacolo y la orquesta del baterista trinitario Benny Bennett.

Sous les tois de Paris

En París, conoció al gran pianista Bud Powell, al baterista Kenny Clark y al organista Lou Bennet con los que compartió diversas actuaciones. Con Benny Bennett, recorrió Europa durante un año y visitó la República Popular Democrática de Argelia.
En París, también compartió la escena con el showman cubano Pepín Baillant en los predios de El Elefante Blanco. Nuevamente, en la Isla, Bobby Carcassés se encuentra entre los fundadores del Musical de La Habana, una epopeya del teatro moderno en Cuba.

Todavía hoy Teatros difuntos

Del Musical pasa al Teatro Martí, donde perfecciona sus dotes como comediante musical junto a Alicia Rico, Candita Quintana, Carlos Moctezuma y Enrique Santiesteban con quienes representa obras del teatro vernáculo. En ambas compañías, aprendió danza y pantomima, y poco a poco fue enriqueciendo sus espectáculos con el uso del fliscorno, el contrabajo, las tumbadoras, el mangerófono y el recorder.

Comediante, actor, deportista

Paralelo a su trabajo como comediante, Bobby Carcassés, continuó su carrera como deportista en la que establece récord nacional bajo techo en salto alto y obtiene así la medalla de oro.
Convertido en hombre espectáculo de altos kilates, Bobby Carcassés actúa en el desaparecido Cabaret Nocturnal con la Banda Gigante de Obdulio Morales. Por esos días, también integró el combo Los Armónicos de Felipe Dulzaides, y Los Cinco de Armandito Zequeira.

Internacional Jazz Plaza

En 1979, se van cimentando las bases del Festival Jazz Plaza de La Habana, del que es su primer Presidente. Al año siguiente, se produce la premiere con carácter nacional.
En 1984, asisten entre otros (la pianista brasileña Tania María) el trompetista checoeslovaco Laco Decsy, con su trío, el saxofonista norteamericano Richie Cole  y el contrabajista Charlie Haden, con su Orquesta Liberación.

Del Maxim a El Cocodrilo

En 1986, se reanima el Club Maxim, también bautizado como Club Chano Pozo a instancias de Dizzy Gillespie.
Durante los años que permaneció activo el “Nuevo Maxim” pasó por allí lo mejor de la juventud musical cubana: César López, Gonzalito Rubalcaba y su Grupo Proyecto, Jesús Fuentes, Orlando Valle “Maraca”, Angelito Bonne, Julito Padrón y Miguel Angá, quienes alternaban felizmente con figuras establecidas como Frank Emilio, Rolando Pérez Pérez, el bajista Pedro Luis Martínez y “El Joe”.

Increíble

El Maxim pasó a ser el Club Cocodrilo, donde en vez de incrementarse como una Casa de Jazz, bautizada por Frank Emilio en sus anos mozos y luego por «El Joe» y sus 3 + 1 se transforma en un Club de Humor, a pesar del éxito alcanzado por su animadores del Jazz.

El efecto Carcassés

Desde 1988, hasta la fecha, Bobby Carcassés ha recorrido un amplio circuito de Festivales, Teatros, Clubes en los cinco continentes, regresando siempre a La Habana, a su querido Festival Jazz Plaza.
Por su amplio caudal histriónico, ha compartido escenarios con Eddie Palmieri, Dave Valentin, Tito Puente, Giovanni Hidalgo, Anthony Carrillo, McCoy Tyner,  Hugh Fraser, Steve Turre, Don Pullen y el percusionista sudafricano Vusi Kumalo, entre otros.
En Nueva York, cantó a dúo con el gran Fellove, el co-autor por derecho interpretativo de “Mango Mangüé”. Fellove es otro Rey indiscutible del scat cubano, actuación que quedó grabada en CD/DVD, por el sello TropiJazz.
Como actor, Bobby Carcassés ha participado en varios filmes cubanos y extranjeros: Un día en el solar, De cierta manera, Robinson Crusoe y The Cuban Odyssey, con la saxofonista canadiense Jane Bunnett.

Artista de la plástica

Como dibujante y pintor ha exhibido sus obras en los Estados Unidos de Norteamérica, España, Alemania, Canadá y Sudáfrica. En fecha reciente, ilustró la segunda edición del Diccionario de la Música Cubana de Helio Orovio, editado por la discográfica británica TUMI MUSIC. Como conferencista ha impartido Clases Magistrales en Boston y Nueva York.
Entre las composiciones de Bobby Carcassés sobresalen: ·»El amor llegará con el tiempo”, “Como pompas de jabón”, “Son de Cuba a Puerto Rico” y el “Blues Guanguancó”.

Discografía

Su discografía cuenta con diez  discos en colaboración con Emiliano Salvador, Enrique Jorrín, Mario Bauzá, Chucho Valdés, Alfredito Rodriguez y Los Asereko, Peruchin III y Malanga Amarilla, Jane Bunnett, su hijo Roberto, Julio y la banda Intercativo.
A su nombre ha grabado cuatro álbumes: Recordando a Benny Moré, La Esquina del Afrojazz, el Jazz Timbero y Bembé Doble.
A partir del  Vigésimo Festival Internacional Jazz Plaza de La Habana, Bobby Carcassés se viene presentando con su Grupo Afrojazz más una Big Band Todos Estrellas, en homenaje a Armando Romeu y Frank Emilio Flynn; con artistas de Cuba, los Estados Unidos, Gran Bretaña y Japón.
Pero lo mas reconfortante de esta Big Band es que siempre se alimenta con el elemento joven que surge de las Escuelas de Arte y de los Concursos JoJazz.

GILLESPI: “La trompeta puede engañar a todos”

“Si yo fuera guitarrista sería un rockero, pero la trompeta genera desconcierto”

Fuente: Pagina/12 – Sábado, 23 de Agosto de 2008
Por Roque Casciero

Hay algo imposible de transmitir al papel de lo que sucede en una entrevista con Marcelo Rodríguez, más conocido como Gillespi: será el lector, entonces, quien deba imaginar los tonos de voz del entrevistado, su permanente juego alargando las palabras para conseguir efectos hilarantes, sus supuestos enojos, que desmiente la sonrisa de oreja a oreja. Y también, a los efectos de que la nota tenga más fluidez, colocar en el lugar correcto las carcajadas del entrevistador. Porque, a pesar de que se había pactado el encuentro para hablar de música y de su show de esta noche (sabado 23) en La Trastienda, con Gillespi cualquier conversación será invadida por la risa.

Ejemplo:

Su nueva banda es más rockera.

Eso me parece una simplificación tan burda que es una falta de respeto.

¡Pero si lo dijo usted en una entrevista!

¿De dónde lo sacó? Ah, bueno, si lo dice esta nota, está bien.

Entonces, la charla arranca por las diferencias entre el rock y el jazz, que Gillespi considera que no son tantas, y dice que él se maneja “en un terreno indefinido” que también habitan Javier Malosetti, Mariano Otero o el nuevo trío de Machi Rufino, entre otros: “Somos varios de una generación que no escuchó a Cole Porter sino al Flaco Spinetta, a King Crimson, a Yes, a los Rolling… Si yo fuera guitarrista, sería directamente un rockero, pero la trompeta genera desconcierto: ¿cómo puede haber un trompetista rockero? Pero, por otra parte, en los festivales de rock termino pensando que debo ser de otro palo. O he estado con bandas cuando componen y dicen ‘¡Qué bueno que está este tema!’ mientras yo pienso ‘A este tema le faltan diez acordes, por lo menos’. Eso es una mentalidad jazzera, así que estoy en el medio”.

Bueno, pero su nuevo disco (que saldrá el mes próximo y que adelantará esta noche), ¿es más rockero que los anteriores o no?

Sí. Pero, para mí el rock es un masacote y está el Flaco Spinetta como una especie de península. Desde ese punto de vista, este nuevo disco es como si fuera un disco de Spinetta Jade, claro que con unas composiciones mucho más precarias.

¿Por qué siempre se tira a menos?

No me tiro a menos, digo la verdad. Me da cosa mentir descaradamente, si la gente no me hizo nada, ¿qué necesidad tengo de hacerme el espléndido?

Bueno, pero tocó con Sumo, Divididos, Las Pelotas, Soda Stereo…

Claro. Pero, ¿cómo toqué? ¿Qué notas toqué? Nadie sabe nada de trompetas, por eso se puede engañar a todo el mundo. Es lo mismo que tocar un carburador: “Subite y tocá, después vemos”. El día que se haga una revisión del rock nota por nota, quedo afuera. Me sacan digitalmente, posta. De todos modos, tengo algo, aunque no sé qué es. Soy honesto, no soy envidioso… Y eso está bueno, vale algo. Además, así como conozco mis limitaciones –aunque usted trate de levantarme el ánimo para que la nota conduzca hacia algún lugar–, también le digo que cuando estoy con un grande no me siento poca cosa: hago lo mío, no tengo un rollo en la cabeza que me impide tocar. Tengo un lindo sonido de trompeta, cosa que tiene que ver con el modo en el que se encara el instrumento, y eso tampoco lo tiene cualquiera. Pero no puedo vender que soy el campeón olímpico de cien metros con trompeta.

Además de la música, hizo televisión, y actualmente conduce Falso impostor por Rock & Pop y participa de La venganza será terrible, el programa de Dolina por Radio 10. Cuando llena un formulario, ¿qué pone en el casillero que dice profesión?

Empleado. Siempre pongo eso. No sé, debe ser miedo de la época de la dictadura, porque todo lo que hago está mal. Debe ser esa paranoia. ¿Qué pongo? ¿“Conductor de la Rock & Pop”? Aparte, me gusta pasar inadvertido, de verdad.

Cosa que no se condice con pararse arriba de un escenario ni hacer radio y televisión.

Y bueno, ¿qué quiere que haga? ¿Quién es usted? ¿Mi vieja?

Es que si le gusta pasar inadvertido, debe sufrir mucho.

No sé, debe ser una tara, porque me gusta andar por la calle todo el tiempo, pero también tocar en La Trastienda. Me gusta ser uno más y cuando tengo ganas, vestirme de Moria Casán. Igual, tengo que replantearme mi vida, porque tengo cero misterio, no puedo ser tan sencillo.

¿Se considera sencillo?

No, mentira, si soy un enfermo… Me enrosco en cada cosa… Ahora, por ejemplo, estoy tratando de decodificar lo que pasa en la sociedad.

No está mal para pasar el rato.

Claro, ¿cuánto tiempo podrá llevarme, más o menos? Las mías son misiones fáciles. En mi blog hago reflexiones sobre la actualidad, sobre los lugares que transita la gente, y noto que éste es un momento de un gran vacío, sobre todo cultural. En la música no pasa nada y lo que pasa es choreado de algo que pasó hace treinta años y de lo cual quedan pocos testigos. En el rubro de la trompeta, ni hablar: los grandes monstruos ya pasaron.

Entonces, ¿qué le queda por hacer en la música?

Queda el placer de tocar, ya no de descubrir. Lo que me queda es recrear, hacerme un poco el loco, el Don Cherry o el Miles Davis, pero ya sucedió y mejor. Queda seguir combinando condimentos como en una especie de ensalada, pero los elementos ya están inventados.

ME SUSCRIBO...!!!

GRACIAS POR TU TIEMPO...