Navidad amarga para el jazz… A la triste noticia sobre la muerte del guiatrrista Jim Hall (ver nota aparte) ocurrida hace unos días el 10 de diciembre pasado (noticia que me llegó en las últimas horas debido a un corte de internet de muchos días, por qué otro medio podría haberme enterado si sabemos que éstas noticias no recorren la tv ni la radio), se le suma la partida del saxofonista Yusef Lateef quien pereció de cáncer a los 93 años el pasado 25 de diciembre.


El País | Chema García Martínez | dic 26, 2013
“Yo no toco jazz, sino música autofisiopsíquica”
Yusef Abdul Lateef, nacido como William Emanuel Huddleston (y rebautizado como William Evans) en 1920 en Chattanooga, Tennessee, fue vencido por el cáncer a los 93 años. El hombre que pudo ser John Coltrane en el lugar de John Coltrane: “Él y yo éramos amigos y a veces tocamos juntos; era un ser humano fuera de lo común, una persona extremadamente inteligente y perceptiva”. Pero Emanuel Huddleston prefirió apartarse del camino y vivir al margen del mainstream jazzístico, entregado a su música autofisiopsíquica “que brota del ser espiritual, físico y emocional”.
En sus primeros años, conocido entonces como Will Evans, hizo buenas migas con los jazzmen de Detroit (Milt Jackson, Paul Chambers, Kenny Burrell, Elvin Jones…), ciudad a la que se había trasladado de niño junto a su familia: “Mi música entonces era el bebop, que era lo que todo el mundo tocaba”. El tiempo terminaría haciendo de Lateef un pionero de lo que hoy se conoce como “World Music”: “Era el año 1955 y acababa de grabar mi primer disco con Savoy. De repente, me di cuenta de que, si quería continuar en esto, debería encontrar una estética más personal. En aquel período trabajaba en la Chrysler y tenía un compañero de origen sirio que me habló del rabab, un instrumento con 5.000 años de historia que tocaba el Rey David. Acabé formando un grupo junto a Curtis Fuller y Louis Hayes en el que se mezclaba el rabab con el saxo tenor.” Consecuencia de ello, Lateef dejó de ser un saxofonista y flautista al uso para convertirse en un “multiinstrumentista”, uno de los primeros en la historia del jazz. Su arsenal de instrumentos incluía el shenai, el shofar, el argol y el koto, además del oboe y el fagot: “Esos instrumentos me ayudaron a encontrar mi propia voz dentro de la música”.
En 1961 daría rienda suelta a su particular visión de un jazz “multicultural” con Eastern Sounds, éxito de ventas gracias a la versión en swing del tema de amor de la película Espartaco, incluida en el disco. Cannonball Adderley le llamó al año siguiente para su quinteto. Fue el canto del cisne del multisaxofonista como músico de jazz (relativamente) homologable. Durante los años que siguieron Lateef permanecería sumido en el más insondable marasmo creativo; su música viajó del blues y el góspel a una suerte de espiritualidad fofa difícilmente catalogable. Hasta que le perdimos la pista.
Su actuación, junto a Eternal Winds, en el Festival del Mar del Norte de La Haya, en 1992, marcó un antes y un después en su carrera. El regreso del ya veterano instrumentista a los escenarios europeos tras décadas de ausencia se vio correspondido por una afluencia masiva de aficionados ansiosos de escuchar a una de las últimas leyendas vivas del jazz, a lo que siguió la deserción en masa de los allí presentes según el venerable intérprete se adentraba en las aguas de una música compleja y densa hasta lo impenetrable… Lateef mostraba la auténtica cara del jazzman como un creador insobornable y ajeno a cualquier otro interés que no sea su propia obra. Para el bis, el número de supervivientes acaso no superara la veintena. Yusef Lateef había conseguido lo que muy pocos consiguen: vaciar por completo un patio de butacas.
Su colaboración con los hermanos Lionel y Stéphane Belmondo, saxofonista y trompetista, respectivamente, le trajo de vuelta a Europa y a una música más amable, en el buen sentido de la palabra: “Un día me llamaron a Nueva York para grabar un disco y yo accedí. Me gustaron desde el primer momento”. Novelista, ensayista, filósofo, doctor en música, galardonado con un premio Grammy en 1987 por su Pequeña Sinfonía, fue nombrado miembro honorario de la Fundación Ben Webster, radicada en Copenhague, el 10 de julio de 2009. El protocolario acto de entrega del nombramiento tomó un cariz inesperado, cuando el homenajeado tomó el micrófono para recordar al viejo amigo en su incesante e infructuosa búsqueda de la felicidad, que le trajo hasta tierras escandinavas. La voz quebradiza de por sí de Lateef se rompió en mil pedazos al momento de evocar el encuentro con su compatriota en el legendario café Jazzhus Montmartre de la capital danesa. Reaparecería esa misma tarde sobre la escena del Pabellón de Cristal del parque Tivoli para ofrecer un concierto cargado de emoción y significado; esta vez, nadie se movió de su asiento.
Lateef profesaba la religión islámica desde 1948: “Sigo los mandamientos del Corán, pero no soy un fanático. Ante todo, creo en la coexistencia pacífica de los pueblos”.

Murió Jim Hall. Fué uno de los decanos de los guitarristas contemporáneos, admirado y copiado por generaciones de jóvenes guitarristas a lo largo de los últimos largos años. Tenía 85 años.


El País | Chema García Martínez | dic 11, 2013
Había nacido en 1930 en la localidad de Buffalo, Nueva York. Pasó su infancia en Cleveland, ciudad a la que se había trasladado con su familia. Sus estudios clásicos en el Cleveland Institute of Music le ayudaron a forjar un estilo que redondeó mediante la escucha atenta de los grandes guitarristas de jazz, comenzando por Charlie Christian y Django Reinhardt. Sorprendentemente, o no tanto, Hall se reconocería menos influido por ellos que por los saxofonistas como Zoot Sims o Bill Perkins, cuyos discos devoraba con fruición. A los 13 años comenzó a actuar como músico profesional en diversas orquestas locales. En 1955 se instaló en Los Ángeles para completar sus estudios de guitarra clásica con Vicente Gómez. Al cabo de poco entraría a formar parte del quinteto del baterista Chico Hamilton, fallecido muy recientemente, con el que saborearía las mieles de un éxito que muy pocos pudieron predecir.
Pese a ello, la propuesta musical no exactamente asequible del conjunto encontró acomodo en los gustos de una mayoría de aficionados. Hall aprovechó la ocasión para grabar su primer disco como líder, Jazz guitar, editado en 1957. El ya popular guitarrista seguiría transitando por los caminos de la experimentación cercana al free jazz, como miembro del trío del multisaxofonista Jimmy Giuffre, y en sus diversas colaboraciones con el pianista John Lewis, que le acercaron a la denominada Tercera Corriente en la confluencia ente el jazz y la música clásica de concierto. Con ocasión de una gira por Sudamérica junto al trompetista Roy Eldridge, Jim Hall descubrió la bossa nova: sería uno de los primeros músicos en introducirla en los Estados Unidos. Y uno de los primeros en abandonarla, por puro aburrimiento.
En 1962 entró a formar parte del cuarteto de Sonny Rollins. Difícil imaginar dos intérpretes más alejados en lo estético, ni tan bien avenidos en la práctica. Hall fue a Rollins lo que Bill Evans a Miles Davis: el perfecto contrapunto, allá donde la sonoridad mate del guitarrista que hizo de la discreción su marca de identidad se fundía con la expresión apasionada y visceral del saxofonista. Rollins y Hall grabarían dos obras maestras indiscutibles: The bridge y What’s new?
Llevado por su recién ganada fama, el guitarrista pasaría a alternar con la crema y nata de la profesión, de Art Farmer a Gerry Mulligan, Paul Desmond o su primer maestro, Zoot Sims. Su complicidad con el pianista Bill Evans dio lugar a dos nuevas obras maestras: Undercurrent e Intermodulation. En 1965 su frágil salud le obligó a retirarse de los escenarios. Regresó a los dos años envuelto en el mayor de los olvidos. El crítico y productor musical alemán Joachim Berendt le llamó para actuar en el Festival de Jazz de Berlín, haciéndole grabar su segundo disco en 10 años: “Parecía como si de pronto los productores y organizadores de conciertos descubrieran a Jim Hall” (Jean-Paul Ricard).
Olvidado, o casi, en su propio país, Hall pasará a centrar su actividad en Europa y Japón, actuando en conjuntos de pequeño formato, en trío o a dúo. Al poco tiempo crearía su propio grupo de colaboradores habituales, entre los que se encontraban los pianistas Michel Petrucciani y Enrico Pieranunzi, los guitarristas Bill Frisell y Óscar Castro-Neves y el contrabajista Ron Carter. Con George Mraz, Dave Holland, Christian McBride, Scott Colley y Charlie Haden grabó Jim Hall and basses, en 2001. Un año más tarde tocaría a dúo con el último en nuestro país. Federico González escribió sobre ambos en EL PAÍS: “Con todos los años que llevan al servicio de Hall y Haden, los respectivos diapasones de guitarra y contrabajo no saben todavía ni dónde ni cómo les van a poner encima los dedos. De hecho, el de Hall debe de estar convencido a estas alturas de que su dueño está un poco loco, describiendo esas líneas intrincadas e imprevisibles que hacen meditar al oyente como si le acabaran de exponer el acertijo más enigmático”. En 1975, grabó para el sello CTI una versión comprimida del Concierto de Aranjuez, considerada una de sus piezas magistrales, para la que contó con la colaboración de, entre otros, el trompetista Chet Baker.

Alrededor de medianoche ~ No basta con la sola idea de pensar que nos quedamos con el frondoso legado que supieron construir a lo largo de décadas de insesante creación, casi 7 en el caso de Hall, muchas menos en el caso de Michel Petrucciani, Michael Brecker, el mismo Charlie Parker, Coltrane que murió a los 40 años o Esbjörn Svensson a los 44, como también el portugués Bernardo Sassetti a los 42, más la reciente partida de Yusef Lateef…, por solo mencionar algunos que me cruzan la mente.
De más está decir que los queremos ahí sobre sus instrumentos y no con el arpa y sus alas…, quizá lo veamos diferente cuando estemos nosotros frente a ellos literalmente en las nubes, paseo que solemos dar escuchando sus músicas para luego retornar a los pies sobre la tierra.


Arrancó el BAJ.13 (Buenos Aires Jazz 2013) con una frondosa programación y la presencia de destacadas figuras internacionales que, como ha decidido la organización del festival, propone a músicos y grupos que nunca tocaron en nuestro país. Abrió hace apenas unas de horas la ICP (Instant Composers Pool) Orchestra, una banda holandesa de vanguardia dentro del circuito europeo con un recorrido de 40 años cuya formación estable data de los años 80. La banda fué formada en 1976 por el baterista (y actual líder) Han Bennink y el pianista Misha Mengelberg, hoy reemplazado por Guus Janssen.
La jornada de hoy se completa con los llamados «Cruces», nombre criollo a las conocidas jam sessions, entre músicos locales y los internacionales. A partir de mañana parte de las actividades de los músicos participantes en el festival será la de las oportunas clínicas, infaltables cuando de aprovechar la visita de destacados se trate. La mayoría de los integrantes de la ICP Orchestra brindará clases abiertas a precios mas que accesibles.
Siguiendo con los visitantes del exterior se podrá escuchar al ascendente guitarrista estadounidense Jonathan Kreisberg, un músico proveniente de las filas del rock y de la fusión con una actualidad musical que lo posiciona a la vanguardia de la escena americana. Otro de la partida es el trompetista italiano Flavio Boltro quien será el encargado del cierre del festival junto al cuarteto del pianista belga Eric Legnini.
Otro visitante ilustre es el guitarrista francés Sylvain Luc una de las referencia ineludibles dentro del panorama europeo y poseedor de un refinado estilo, tocará el viernes junto al pianista también francés Jean Michel Pilc. Recordemos que entre las propuestas del director de festival, el pianista argentino Adrian Iaies, se destaca la interesante posibilidad de recibir las visitas de músicos nunca antes vistos por éstas tierras, otro de ellos es el guitarrista danés Jakob Bro, hombre reclutado por el fallecido baterista Paul Motian con quien debutó internacionalmente y miembro estable de la actual banda del trompetista polaco Tomasz Stanko. Acaba de publicar December Song junto a Bill Frisell y Lee Konitz, un álbum con un delicado sonido. Lo acompaña en su viaje a éstas latitudes su compañero de banda el bajista Anders Christensen.
Entre los locales de visita por casa, ya que residen en el exterior, destaca la participación del contrabajista rosarino Horacio Fumero (radicado en Barcelona) quien hace varios días está en nuestro país por las comprometidas actuaciones previas al festival donde presentara su última producción Vuelos. El otro «extrangero» es el pianista santafesino Leo Genovese, uno de los músicos preferidos de la bella contrabajista Esperanza Spalding quien devuelve favores y participa del muy celebrado último disco Seeds, aplaudido por la crítica estadounidense.
Completan la grilla de ilustres visitantes el saxofonista estadounidense Tim Berne uno de los músicos más destacados dentro de la vanguardia, tocará junto al trio del pianista argentino Ernesto Jodos. Los músicos locales no desentonan, participarán los destacados que en los últimos años han inflado las velas de la armada nacional, como los mencionados Jodos, Fumero y Genovese, más Juan Cruz de Urquiza, Mariano Loiácono, Jerónimo Carmona, Roxana Amed, Pipi Piazzolla, Gustavo Bergalli, Ricardo Cavalli y Paula Shocron entre otros.
Más info: buenosaires.gob.ar/festivales