Scott Henderson, la vigencia del mejor guitarrista de fusion de todas las epocas

Scott HendersonHablar de Scott Henderson es hablar sin lugar a dudas, del mejor guitarrista de fusion que se haya escuchado, mas alla de los favoritismos que cada uno posea en cuanto a este o aquel musico o estilo. Para el que no lo conozca sepa que Henderson toca todo o casi todo lo se propone, poniendonos luego en un aprieto al comparar a nuestros guitarristas favoritos con la musica, el talento y la potencia de este genial musico. Nacido en West Palm Beach, Florida, el 26 de agosto de 1954, Scott crecio a la sombra del estilo imperante y de moda por aquellas epocas y por esos lugares, el Blues-Rock. Tocaba en los clubes de la ciudad y la zona bajo las influencias de Jimmy Page, Jeff Beck, Jimi Hendrix, Ritchie Blackmore, y los grandes guitarristas de blues Albert King y Buddy Guy. Aunque como el mismo lo afirmara, el descubrimiento del jazz le abrio las puertas para lograr esa fantastica fusion que hoy lo caracteriza. En 1984 con el bajista Gary Willis formo Tribal Tech la hoy ya legendaria banda con la que grabara nueve albunes y colocara su imagen y musica en el podio de los grandes

En este derrotero musical de sus años como sideman o lider, su ultima formacion la Blues Band, segun propias palabras la mejor formacion que haya liderado, vuelve a retomar el camino del blues de una forma como el mejor guitarrista de fusion de la historia podria hacerlo. A proposito de la Blues Band, Henderson comenta que el espiritu principal de la banda es la libertad de improvisacion, nada de ataduras ni rigidez, cada uno es libre de expresarse… Y esto si tiene mucho que ver con la impronta jazzera, la misma que lo condujo por los caminos hacia su reinado.

Quiza su paso por la banda de Chick Corea le haya enseñado lo que se debe hacer y lo que no. Quiza aprendio mucho de este genial pianista (que acaba de editar un album doble fenomenal con el vibrafonista Gary Burton: «The New Crystal Silence»), pero lo que si aprendio en su paso por la Elektric Band, es a evitar ser tan despotico, tan estructurado y soberbio como cuenta Scott del entonces lider de una de las mejores bandas electricas de los ’90, algo que seguramente busco evitar en la dinamica de sus formaciones. Definitivamente diferente fue su estadia junto a Joe Zawinul con el que estuvo cuatro años, dejando su marca indeleble en el «Sindicato» de Joe: The Zawinul Syndicate.

Tribal TechDe visita varias veces por nuestro pais, oportunidad en la que tuve el privilegio de verlo en vivo, lugar en el que parece sentirse muy comodo y reconocido. Contaba Scott en un reportaje lo dificil de llevar adelante un programa de presentaciones en su pais donde debe cubrir miles de kms para tocar ante un puñado de personas, cosa que por aca no sucede, aunque los miles de kms deben hacerse igual. A proposito de las giras, que son muchas y lo mantiene fuera de su casa gran parte del año, cosa que Henderson confiesa «mantiene vivo a mi matrimonio…», sus pasos por los estudios de grabacion son escasos, el ultimo album editado junto a Tribal Tech fue Rocket Science en el 2000 (ese mismo año grabo como sideman con Laree Gibson «Wakin’ Up To My Dreams» y con Carolyn Mark «Party Girl») y con la Blues Band «Well To The Bone», ahora el sello Tone Center publico Scott Henderson «Collection» (2007) que no es lo que esperabamos, un compilado de sus mejores temas no alcanza a cubrir las demandas de sus fans.

En la actualidad lidera un trio con John Humphrey en bajo y Alan Hertz en la baterí­a, con el que recorre de gira los EEUU, Europa, Sudamerica y el Japon, ademas es profesor en el Instituto de Músicos en Hollywood y publico tambien numerosos videos instructivos y libros.

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Nguyen Le, el sofisticado sonido oriental…

Nguyen Le

Nacido en Paris el 14 de enero de 1956, de padres Vietnamitas (lo que acreditan sus rasgos orientales) y luego de sus estudios superiores en Artes Visuales y Filosofia toma el camino de la música como vehículo de expresión de su rico mundo interno poblado de aires orientales. Tal vez sus conocimientos en filosofia volcados al análisis de mundos tan diferentes como el occidental y el oriental, tal vez el encuentro de un lenguaje común a cualquier cultura como lo es el de la música, tal vez el descubrimiento del jazz como concepto, como instrumento y vía de expresión, quiza todo o parte de eso haya favorecido ese espectacular encuentro cultural entre ambos universos.

Tal vez nos parezca impresionante su música, que de hecho lo es, por su carácter exótico y como tal fuera de lo natural para nuestros oidos. Pasada esa primera impresión que puede no ser movilizadora para muchos, lo que viene, si nos permitimos continuar con la experiencia, es un universo sonoro lleno de matices, de melodias que penetran hasta el alma inundandonos de imagenes, colores y hasta aromas que aún exóticos y lejanos nos acercan y permiten una viva experiencia dada la universalidad de la música y lo que ella genera.

Tan pronto como tuvo en claro que lo suyo era la música, en 1983 formo el grupo Ultramarine, un grupo multiétnico con quienes grabara más tarde su segundo trabajo, disco que fuera considerado en 1989 el mejor álbum de World Music. Muy movedizo y curioso, su interés por distintas facetas musicales lo llevo a incursionar por el mundo del Rock y del Funk, por el jazz contemporáneo, la Música Improvisada, la Música Contemporánea y la Música Etnica.

En 1987 fue invitado por el director Antoine Hervé para tocar con el en la ONJ (Orquesta Nacional de Jazz de Francia) En ella compartio momentos con grandes del jazz como Johnny Griffin, Louis Sclavis, Didier Lockwood, Carla Bley, Steve Swallow, Randy Brecker, Toots Thielemans, Courtney Pine, Steve Lacy, Dee Dee Bridgewater, Gil Evans y Quincy Jones, donde además compuso una pieza, «Processor», que fuera grabada por la banda. Otra fenomenal experiencia con grandes bandas la vivió con la prestigiosa WDR Big Band de Colonia, dirigida por el talentoso Vince Mendoza.

Nguyen Le

En 1990 luego del mencionado álbum premiado con su grupo Ultramarine, publica «Miracles» su primer álbum como lider grabado en los EEUU junto a Art Lande, Marc Johnson y Peter Erskine. Por ésa época ya trabajaba con músicos de la talla de Michel Portal, Miroslav Vitous, Trilok Gurtu, JF Jenny Clarke, Aldo Romano, Daniel Humair, Dewey Redman, Andy Emler, Jon Christensen, Nana Vasconcelos, Glenn Ferris, Christof Lauer, Paolo Fresu, Kenny Wheeler, John Taylor.

Sus trabajos ligados a la fusión con la música étnica tiene como hitos su reciente Fragile Beauty un disco inquietante junto a Huong Thanh cantante Vietnamita con quien ya grabara antes y el Magreb & Friends, una exploración de las tradiciones musicales del Magreb (región del Norte de ífrica que comprende los paí­ses de Marruecos, Túnez y Argelia, aunque más modernamente se incluye también a Mauritania, Sahara Occidental y Libia) y una profunda colaboración con músicos de Argelia, resultado: un disco fenomenal con un agradable sabor jazzero… En marzo de 2005 publica Walking on the Tiger’s Tails, álbum con sus viejos amigos Art Lande, Paul McCandless y Jamey Haddad, donde explora el universo Vietnamita reflejado a traves de cuentos populares, pasando por «Homescape» (2006) junto a Paolo Fresu y Dhafer Youssef, como parte de la discografia recomendada de este genial guitarrista premiado por unanimidad con el «Django d’Or» 2006.

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Sueños de libertad

Luego de 5 años, uno de los mas importantes improvisadores del jazz vuelve a dar un álbum de estudio, «Sonny, please». Aquí, Rollins describe como lo influyeron la musica de Fats Waller, Coleman Hawkins y Charlie Parker. Ademas, Sergio Pujol analiza la trayectoria del saxofonista.

Por Ben Ratliff
Publicado en Revista Ñ, Clarin, Argentina
Traducción de Joaquin Ibarburu
(c) 2006 The New York Times y Clarin

Sonny Rollins llega a nuestra cita con la barba blanca prolijamente recortada y una gorra con visera. Viene del consultorio de su dentista, y esa debe ser en la actualidad la única razón que puede llevar a Rollins a hacer el viaje de dos horas y media hasta Nueva York.

A los 75 años, el saxofonista tenor a quien muchos consideran el mejor improvisador de jazz que sigue con vida, reside en una granja del condado de Columbia en Germantown, Nueva York, que compro en 1972 con su esposa Lucille. Hasta hace poco también tenían un departamento en el Lower Manhattan a seis cuadras del World Trade Center, pero después del atentado tuvieron que cerrarlo de forma temporaria. Su esposa, que también era su representante y productora discográfica, murio en noviembre. Este es para él un período de transición.

Sonny RollinsRollins acepta mi propuesta de elegir música para que ambos escucháramos y analizáramos juntos. En lo que respecta a música que no es la suya, que es la base de nuestro encuentro, se muestra locuaz. Rollins eligió una breve lista de temas para la reunión, cuya consigna era escuchar a través de la sensibilidad. Se preocupa por contextualizar las respuestas, pero se mantiene abierto a explorar cualquier idea. Sus contestaciones son sinceras: lamenta no haber escuchado mucha música durante 20 años, decisión que tomo con la intención de protegerse de un exceso de información.

«No es saludable», admite. «Me gustaría poder escuchar CD. Es algo que disfruto.» Su ultimo disco en vivo fue Without a Song (2005), la grabación de un concierto en Boston cuatro días después de los atentados del 11 de setiembre. Carl Smith, un abogado retirado de 66 años que colecciona grabaciones de jazz, localizo (y en algunos casos, entre ellos el concierto de Boston, grabo de forma subrepticia) mas de 350 presentaciones de Rollins que se remontan a la grabación de un solo de tres minutos en saxo alto de 1948. Si se tuviera acceso a esas interpretaciones, se las tomaría muy en serio en el mundo del jazz, sobre todo porque los discos de estudio de Rollins no reflejan con justicia la magnitud de su talento.

Rollins es un gran improvisador que suele necesitar media hora o mas para expresar lo que quiere y alcanzar su mejor momento. Su improvisación es un ejemplo de estructura. Sonny Rollins fascina a casi todos los músicos de jazz modernos.
Sin embargo, dice que tiene aversión a escucharse tocar. Tuvo que obligarse a escuchar la grabación del concierto de Boston, un proceso que califica de «parecido a Abu Ghraib.» «Es posible que oiga algo mio y diga: Si, me gusta», admite Rollins. «Pero nunca algo completo, tal vez una parte de algo o un solo.»
Rollins creció en Harlem, primero en la zona de la Calle 135 y la Avenida Lenox, y luego, a partir de los nueve años, en el barrio de Sugar Hill, que en aquel entonces concentraba a los músicos de jazz. Asistió a la Escuela Secundaria Benjamin Franklin, en lo que en aquel momento era la parte italiana de East Harlem, y vivió un primer experimento neoyorquino de traslado de estudiantes negros a barrios blancos: recuerda que había gente que lanzaba objetos contra las ventanillas del ómnibus. Sin embargo, fue un caso tan publicitado de integración escolar, que Frank Sinatra y Nat King Cole cantaron ante los alumnos en el auditorio del colegio para impulsar las buenas relaciones interraciales.

Sonny RollinsAl pensar en su infancia, Rollins quiere escuchar la grabación de I»m Going to Sit Right Down and Write Myself a Letter que hizo Fats Waller en 1934. Desde el comienzo del tema, Rollins da la impresión de haberse sumergido en un baño tibio. El clarinetista Rudy Powell inicia un contrapunto de improvisaciones, con la voz y el piano de Waller. «Recuerdo haber escuchado ese tema en casa, en la radio», dice Rollins. «Hace muchos años que no escuchaba ese disco. Es uno de mis primeros recuerdos de jazz. Creo en cosas como la reencarnación, y ese tema pulsa una cuerda de algún lugar de mis vidas pasadas o algo así.»
«Esto evoca todo el panorama de Harlem, de la época en que nací. Su forma de tocar el piano, que, por supuesto, hereda de otros, es algo que me anonada. Cuando lo escucho siento que lo dice todo. Es el espíritu del jazz y lo abarca por completo.»

Luego pasamos a Coleman Hawkins. Si Waller representa la infancia de Rollins, Hawkins representa su maduración. Cuando Rollins empezó a interesarse seriamente por el saxo, en la adolescencia, a mediados de los años 40, Hawkins era el músico de moda. A fines de 1943 acaba de levantarse la prohibición de hacer grabaciones comerciales que habia impuesto la Federación Americana de Músicos, y Hawkins, que tenia casi cuarenta años y era muy competitivo, trataba de recuperar el tiempo perdido y colaboraba con beboppers mas jóvenes. (En 1963 Rollins grabaría un disco con su Ídolo donde demuestra un estilo audaz y moderno.)

The Man I Love, de diciembre de 1943, es una de las mejores interpretaciones de jazz, si bien se vio eclipsada por Body and Soul, una de las grabaciones mas famosas de Hawkins. Salió a la venta en un disco de 30 cm y 78 rpm detalle que recuerda Rollins ” porque Hawkins tenia mucho que decir y hacia un segundo estribillo que terminaba a los 5.05, por lo cual resultaba demasiado largo para el formato habitual de 25 cm.

Escuchamos los dos voluminosos estribillos de Hawkins, ambiciosos desde la primera nota: un mi natural contra un mi bemol. «Es muy audaz en este tema. Coleman era un tipo que tocaba los cambios en un sentido y en otro. Tocaba todos los cambios, por así­ decirlo. Tenla una frase para cada cambio. En ese solo no se limita a tocar los cambios, sino que también toca todos los acordes, y esa es otra cosa en la que fue pionero. Hacía avanzar la intensidad del jazz. Es una obra de arte», concluye.

¿Cuando conoci a Coleman Hawkins? «Bueno, Body and Soul se escuchaba en todo Harlem. Como me mude a una zona mas prospera, donde vivían muchos de esos tipos, tuve la oportunidad de verlo pasar en su auto. Muchos de los héroes de Rollins vivían en ese barrio, pero era difícil llegar a conocerlos. «Había un gran fotógrafo llamado James J. Kriegsman que hacia fotos de músicos. Hay una excelente fotografía suya de Coleman. Sabia donde vivía, en la Calle 153, y un día supe a que hora iba a llegar a su casa. Me firmo un autógrafo. Yo debía tener trece o catorce años.» «De joven era un pesado», recuerda. «Ahora me da vergüenza recordarlo.»

La hora de Parker

Es inevitable que Charlie Parker este en la lista de Rollins. La pieza, sin embargo, «Another Hair Do», de 1947, es una elección poco común. Se trata de un blues de doce barras. Al comienzo, Parker y un Miles Davis muy joven tocan una linea que se repite durante los primeros cuatro compases, después de lo cual Parker suelta amarras e improvisa a doble velocidad durante los siguientes cinco, antes de que la parte escrita se reanude y concluya esa parte del tema. Este tema no es nada canónico en la historia del jazz, pero lo es para Rollins. «Lo que tiene ese tema es que su forma era revolucionaria hasta para el bop», señala.

«En primer lugar, el ritmo de ese tipo era de otro planeta. No había gente que hiciera lo que hacía él. La melodía tenla una buena cuota de improvisación libre.» (Por melodía, Rollins entiende la apertura de doce barras del tema.) «Cuando Parker vuelve a tocar el tema, le comento, no toca esa parte rápida de la misma manera. «No», dice Rollins. «Es un espacio abierto. Miles también trata de hacerlo, aunque en menor medida, pero todavía no lo consigue. De todos modos, Miles era un genio. Estaba tocando con Charlie Parker y no dominaba parte de la técnica, pero sonaba como un par.» Silba y se ríe. Luego vuelve a Parker.

«No se trata de una computadora que dice cuatro notas contra dos notas. Lo que importa acá es lo que Charlie Parker hace con eso. Es música que no puede escribirse. Hay que sentirla para hacerla. Lo que logró Charlie Parker fue hacer un tema abierto que no era abierto. No equivalía a tocar cualquier cosa, pero en su interior había una enorme libertad para tocar lo que se quería tocar, y el hacia que sonara como un verdadero blues.»

Rollins compuso algunos temas abiertos, como «The Bridge». «Seguramente lo tome de mi ídolo», responde. «La gente que hace jazz tiene que tratar de entender de donde sale, emular y absorber todo eso. Eso es el jazz: el jazz es libertad. No creo que siempre haya que tocar a tiempo. Hay dos formas diferentes de tocar. Se puede tocar sin tiempo o se puede tener un tiempo fijo y tocar contra eso. Eso me parece tocar el cielo con las manos. Lograr ser tan libre, tan espiritual, tan musical, es un ideal que suele subestimarse.»

Aquí parece sentir que se esta metiendo en aguas turbulentas. «Me refiero a tocar con libertad, sin tiempos estrictos. No tiene nada de malo. No digo que sea inferior, pero supongo que me estoy poniendo viejo y, por lo tanto, incorporándome a la tradición de Fats Waller y todos esos músicos que estamos escuchando hoy, que tocan con tiempo. A buena parte del público actual le sigue gustando. Yo soy de la época en que el tiempo era un elemento importante del jazz, y también me sigue gustando.»

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