SEPTIEMBRE 11

SEPTIEMBRE 11

Chip Wickham

SEPT 11 ::: Chip Wickham

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Chip Wickham - The Eternal Now
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1. Jon Secada & Gonzalo Rubalcaba - Fascination - Stardust

2. Christian McBride Big Band - Without Further Ado, Vol 1 - Murder by Numbers

3. Brad Mehldau - Ride into the Sun - The White Lady Loves You More/Ride into the Sun: Part I

4. Chip Wickham - The Eternal Now - Nara Black

5. Matias Formica - Absurdo - Persistente retorno

6. Nicholas Payton - TRIUNE - Let It Ride

7. Dan Wilson - Things Eternal - Eleanor Rigby

8. Dan Rosenboom - Coordinates - Coordinate 3- Syzygy

9. Nils Petter Molvær - Khmer Live in Bergen - Tløn

10. Trombone Shorty & New Breed Brass Band - Second Line Sunday - Good Time

11. Nate Smith - LIVE-ACTION - AUTOMATIC

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Amigos, cómo estan..., cada 11 de septiembre celebramos el Día del Maestro en nuestro país, así como en cada encuentro semanal celebramos la música de todos los maestros que nos la brindan. Así que de permanente festejo lo nuestro, la música que no cesa y la percepción personal de que uno, aún jubilado, no deja de ser Maestro. Abrazo a los colegas maestros del lugar que fueren y gracias por la entrega.

Arrancamos con un encuentro maravilloso de dos paisanos cubanos, Jon Secada & Gonzalo Rubalcaba desde Fascination (Peermusic | Agosto 29, 2025), ambos rindiendo homenaje a Nat King Cole con clásicos en español e inglés que popularizara la leyenda estadounidense. Ahora la Christian McBride Big Band con Without Further Ado, Vol 1 (Mack Avenue | Agosto 29, 2025) el contrabajista acompañado de celebridades como Sting, Andy Summers, Jeffrey Osborne, Samara Joy, José James, Cécile McLorin Salvant, Dianne Reeves y Antoinette Henry, recreando viejos éxitos con fenomenales arreglos del contrabajista.

Vajamos un poco el ritmo con Brad Mehldau desde Ride into the Sun (Nonesuch | Agosto 29, 2025), un sentido y emotivo álbum con canciones del fallecido cantante, compositor y guitarrista Elliott Smith, también acompañado de una gran orquesta dirigida por Dan Coleman y las voces de Chris Thile y Daniel Rossen.

EL CHICO DE TAPA: el saxofonista y flautista británico Chip Wickham desde The Eternal Now (Gondwana Records | Sept 5, 2025). Coproducido por Matthew Halsall, The Eternal Now cuenta con dos pilares de la escena de Manchester, el legendario baterista Luke Flowers, de The Cinematic Orchestra y el bajista Simon ‘Sneaky’ Houghton. Su álbum más progresista hasta la fecha, según la prensa local. Seguimos con el saxofonista platense Matias Formica desde Absurdo (Numeral | 2025), su última producción en trio con invitados. Todos temas de la pluma de Matías con la franca propuesta de ofrecerles a sus colegas e invitados la posibilidad de una creativa improvisación. Matías presenta el álbum mañana 12 de sept en el Centro Cultural Rojas, Avda Corrientes de CABA. Agradecemos a Matías el haber cedido su material para nuestra programación.

Ahora el trompetista estadounidense Nicholas Payton desde TRIUNE (Smoke Sessions | Agosto 29, 2025) acompañado por Esperanza Spalding y Karriem Riggins. “TRIUNE significa ‘tres en uno’, y es precisamente así como funciona este trío. Cada uno de nosotros es un líder por derecho propio, pero juntos nos combinamos para formar un sonido unificado”, comenta Payton. Un viejo (no tanto!) registro del guitarrista Dan Wilson, Things Eternal (Mack Avenue | Mayo 19, 2023). El guitarrista surje de la cantera apadrinada por Christian McBride quien además produce este su segundo álbum.

Más con Dan Rosenboom desde Coordinates (Orenda Records | Agosto 29, 2025), fenomenal álbum del trompetista estadounidense con fuerte influencia rockera pero con una muy interesante perspectiva que transforma el trabajo en un viaje intenso y emocionante. Y ya que estamos sobre la cresta de la ola nos quedamos con otro trompetista de similares características, podrá costar encontrar algunas pero las hay, hablamos de Nils Petter Molvær con Khmer Live in Bergen (Edition Records | Sept 12, 2025), versión en vivo grabado en el Nattjazz, Bergen el 25 de mayo de 2024, de su muy celebrado KHMER (ECM | 1997). El álbum se publica mañana, escucharemos uno de los tres sencillos ofrecidos.

Los dos últimos: Trombone Shorty & New Breed Brass Band con Second Line Sunday (Treme Records | Agosto 29, 2025), el sonido funky del trombonista neworlense con la banda local conmemorando los veinte años del huracán Katrina que desvastó la ciudad. Nos vamos con el bata Nate Smith desde LIVE-ACTION (Naïve | Agosto 29, 2025), una fenomenal muestra de su eclectisimo musical que abarca todos los géneros.

Nos vemos...

 

Victor Wooten ::: Sept 11, 1964

CORTINAS Palmystery
RECIENTES
M.T.B. ::: Solid Jackson

M.T.B. ::: Solid Jackson

Solid Jackson

M.T.B.

Criss Cross | Nov 29, 2024

NOVEDAD M.T.B. ::: Solid Jackson

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1. Solid Jackson (Brad Mehldau) 8:11
2. The Things That Fall Away (Peter Bernstein) 5:59
3. Angola (Wayne Shorter) 6:06
4. Soft Impression (Hank Mobley) 5:59
5. 1946 (Mark Turner) 8:09
6. Maury's Grey Wig (Brad Mehldau) 6:33
7. Ditty For Dewey (Peter Bernstein) 6:18
8. Ode To Angela (Harold Land) 6:41

 

Brad Mehldau - piano
Mark Turner - tenor sax
Peter Bernstein - guitar
Larry Grenadier - bass
Bill Stewart - drums

Recorded November 25, 2023 & November 26, 2023 in Astoria, NY, USA
Engineer: Michael Marciano (recording / editing / mixing / mastering)
Producer: Jerry Teekens (executive)

Cuando eminentes profesionales del jazz con historias compartidas se reúnen en el estudio sin ensayos ni conciertos preparatorios, el resultado suele ser una sesión superficial y rutinaria. Este no es el caso de Solid Jackson, cuyo personal, cuatro de los cuales participaron en el álbum de Criss Cross del día después de la Navidad de 1994 titulado Consenting Adults (Criss 1177), figura en el «top-five» de cualquier entendido en jazz. Esta segunda reunión de M.T.B. (titulada así por los apellidos de Brad Mehldau, Mark Turner y Peter Bernstein, y en alusión a la banda de «jóvenes leones» de finales de los 80 OTB) es un recital intenso y concentrado que refuerza la excelsa posición que cada miembro ocupa en el panorama jazzístico de 2024. Todos escuchan. Nadie sobreactúa ni va por «casa». El ambiente es de excelencia concentrada.

Consenting Adults (Criss 1177) no se publicó hasta 2000, seis años después de su realización. En las notas del liner se describía a los protagonistas (Larry Grenadier, entonces y ahora, tocaba el bajo; Leon Parker, el batería en 1994, da paso a Bill Stewart) como «jóvenes improvisadores de élite que estarán entre los impulsores y agitadores del jazz del siglo XXI al concluir su formación de postgrado».

En resumen, Mehldau declaró en una conversación por correo electrónico para este texto, que Turner, Bernstein y Grenadier -quien ha hecho siempre bellas elecciones en una amplia gama de contextos en las últimas tres décadas, sobre todo en el trío de Mehldau con Jeff Ballard; en el trío colectivo Fly con Turner y Ballard; junto a Stewart en tríos liderados por John Scofield y Pat Metheny; y en 15 álbumes anteriores de Criss Cross- «estaban completamente formados» en 1994, y «han perfeccionado la identidad que ya tenían entonces». Lo mismo puede decirse de Stewart, que hace su 26ª aparición con Criss Cross en Solid Jackson.

 

crisscrossjazz.com 
bradmehldaumusic.com 
Mark Turner 
peterbernsteinmusic.com 
larrygrenadier.com 
billstewartmusic.com 

 

Peter Bernstein ::: Better Angels

Peter Bernstein ::: Better Angels

Better Angels

Peter Bernstein

Smoke Sessions Records | Sept 27, 2024

Peter Bernstein - Better Angels
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1. Perpetual Pendulum 6:28
2. Ditty for Dewey 6:11
3. You Go to My Head 6:17
4. Born to Be Blue 2:54
5. Better Angels 5:53
6. Hazel Eyes 6:08
7. No Problem 5:53
8. Lament 3:47

 

Peter Bernstein - guitar
Brad Mehldau - piano
Vicente Archer - bass
Al Foster - drums

Recorded on April 1, 2024, at Studio A, Power Station, NYC

Produced by Paul Stache & Damon Smith
Recording by Chris Allen
Recording Assisted by Ben Miller
Mixing by Chris Allen & Paul Stache
Mastering by Chris Allen
Photography by Christopher Kayfield
Liner Notes by Shaun Brady

Brad Mehldau appears courtesy of Nonesuch Records
Piano provided courtesy of Steinway & Sons

Executive Producers: Paul Stache & Molly Johnson

 

Bernstein reúne a un cuarteto de estrellas por primera vez para su impresionante lanzamiento, Better Angels, con el pianista Brad Mehldau, el bajista Vicente Archer y el legendario batería Al Foster.

El elemento más importante en la creación de un gran jazz no es la práctica, el virtuosismo o la brillantez compositiva, aunque todos son importantes, sino las relaciones. Peter Bernstein se ha convertido en un experto en crear música extraordinaria a partir de los vínculos que ha forjado a lo largo de sus tres décadas y media de carrera.

La maestría de Bernstein se refleja en la lista de artistas de renombre para los que ha sido el guitarrista elegido a lo largo de los años, desde leyendas como Sonny Rollins, Lou Donaldson, Jim Hall, David «Fathead» Newman y Dr. Lonnie Smith, hasta colegas como Christian McBride, Joshua Redman, Eric Alexander y Nicholas Payton.

Así pues, cuando llega el momento de reunir a un cuarteto de estrellas, Bernstein dispone de una lista incomparable de nombres a los que recurrir. No es que la estima en que se tenga a sus colaboradores sea nunca el motivo principal en la mente de Bernstein; como siempre, el discreto guitarrista está simplemente impulsado a hacer la mejor música posible.

La inspiración comienza con esas relaciones, pero las formas en que éstas convergen difieren de un proyecto a otro. Better Angels es una reunión cumbre única de cuatro artistas venerados: Bernstein, el pianista Brad Mehldau, el bajista Vicente Archer y el legendario batería Al Foster. Sus esfuerzos de colaboración bajo la dirección de Bernstein producen una interacción sorprendente y una energía en la cuerda floja derivada de adentrarse en lo desconocido. El álbum extiende esa combinación de lo cómodo y lo desconocido a la elección del repertorio de Bernstein, que combina estándares trillados con nuevas y audaces composiciones originales.

Si bien es cierto que este grupo de estrellas nunca habían tocado juntos antes de grabar Better Angels, todos sus miembros comparten relaciones profundas y duraderas.

El resultado es lo mejor de ambos mundos: una interacción asombrosa que no puede sino prosperar gracias a la química generada por las diversas conexiones, combinada con la energía en la cuerda floja derivada de adentrarse en lo desconocido. Better Angels extiende esa combinación de lo cómodo y lo desconocido a la elección del repertorio de Bernstein, que combina estándares cuidadosamente seleccionados con nuevas y audaces composiciones originales.

«Como era la primera vez que tocábamos juntos, quería tocar algunas cosas que fueran comunes para todos», explica Bernstein. «Pero también quería documentar algunos temas nuevos cuando aún están frescos. Escuchar a estos chicos reaccionar ante música que es nueva -y luego reaccionar a sus reacciones- es realmente lo divertido para mí.»

«Veamos qué pasa cuando juntamos estos elementos», fue el espíritu de la sesión expresado por Bernstein, la emoción de la experimentación aún evidente en su voz mucho después de que la cita se completara con tanto éxito. «Siempre es una experiencia de aprendizaje».

 

 

peterbernsteinmusic.com 

Brad Mehldau ::: Après Fauré

Brad Mehldau ::: Après Fauré

Après Fauré

Brad Mehldau

Nonesuch Records | Mayo 10, 2024

Brad Mehldau - Aprés Fauré
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1. Nocturne No. 13 in B Minor, Op. 119 (1921) 06:28
2. Nocturne No. 4 in E-Flat Major, Op. 36 (c. 1884) 06:39
3. Nocturne No. 12 in E Minor, Op. 107 (1915) 06:20
4. Prelude 03:31
5. Caprice 03:40
6. Nocturne 02:43
7. Vision 02:03
8. Nocturne No. 7 in C Minor, Op. 74 (1898) 08:39
9. Piano Quartet No. 2 in G Minor, Op. 45 (c. 1887): III. Adagio non troppo (Extract) 02:46

 

Brad Mehldau - piano

En Après Fauré, Brad Mehldau interpreta cuatro nocturnos, de un lapso de treinta y siete años de la carrera de Gabriel Fauré, así como una reducción de un fragmento del movimiento Adagio de su Cuarteto para piano en sol menor, junto con cuatro composiciones de Mehldau que inspiraron a Fauré presentadas en grupo, sujetas por dos secciones con obras del compositor francés.

La producción tardía de un compositor puede ser un testimonio de su incesante creatividad ante el declive físico y la inminencia de la muerte. Si no es una victoria absoluta sobre la mortalidad, ofrece consuelo, en un parentesco que traspasa la frontera del tiempo y la muerte. El oyente y el gran fantasma se comunican en silencio: "Tú estás allí; yo estoy aquí, pero estamos unidos". Hay una silenciosa justicia poética.

El vínculo, por supuesto, es la trascendencia perdurable de la propia música. Por un lado, puede respirar la belleza que afirma la vida; por otro, puede transmitir lo sublime: un contrapeso a la belleza que afirma nuestra fugacidad. En este tipo de música y de arte, percibimos una presencia eterna, grande e insondable, que puede aterrorizarnos por su capacidad de aniquilación o, al menos, sacudirnos de nuestras fáciles creencias. Si, ante esta aprehensión, buscamos el consuelo de la belleza, éste sigue ahí, pero atenuado por el asombro. La belleza afirma la vida, pero la belleza es temporal, porque somos temporales. La muerte ya está en ella. Dependiendo de nuestras inclinaciones metafísicas, podemos llamar a eso "justo" o no, pero una cosa es segura: esta mezcla de belleza y muerte es fuertemente poética.

En la negociación entre belleza y sublimidad, ciertas obras tardías pueden inclinarse por esta última, en lo que parece una renuncia. Si ya conocemos la producción anterior del compositor, y la amamos de corazón, podemos sentirnos perplejos, o incluso traicionados: ¿dónde está ese gran fantasma soleado que me consolaba? Lo que tenemos en cambio es música que respira austeridad y rareza a la vez. El modelo más conocido de ese fenómeno inquietante es Beethoven, en músicas como sus últimos Cuartetos de cuerda. La música tardía de Fauré comparte esta cualidad.

He optado por presentar aquí los cuatro Nocturnos de forma contraintuitiva, confrontando al oyente con el lenguaje tonal radical al que Fauré llegó casi al final de su vida en su último ensayo de la forma, el nº 13 en si menor. De este modo, se puede escuchar su música anterior bajo una luz diferente. El Nocturno nº 4 que sigue, el más antiguo de los cuatro, es un buen ejemplo. A pesar de su solaz acogedor, su sección central en tono menor presagia la atmósfera escasa y a veces desolada de la obra posterior.

Gabriel Fauré, nacido en 1845 y fallecido en 1924, compuso 13 Nocturnos a lo largo de 36 años, el primero en 1875 y el último en 1921. En el nº 4 se puede oír que ya despliega su propia voz, pero sentimos la presencia de Chopin, quizá recordando el famoso Nocturno Opus 9, nº 2 en la misma tonalidad de mi bemol. Fauré se aleja de su gran predecesor, pero de una manera diferente a la de algunos de sus contemporáneos que también escribieron música para piano que se extendía a partir del lenguaje de Chopin. A saber, nunca escuchamos un sistema con Fauré. El escritor Italo Calvino postuló "un método lo suficientemente sutil y flexible como para ser lo mismo que la ausencia de método alguno". Fauré lo consiguió en sus dos últimos Nocturnos aquí incluidos. Son piezas únicas, irrepetibles.

Al considerar su música en el año del centenario de su muerte, esto invita a preguntarse: ¿Cuál es el legado de Fauré? Es un tema que he tratado más de una vez con otros músicos apasionados por su música, y hemos comentado con cierta perplejidad que Fauré parece a veces un "compositor de músicos". No es un nombre tan familiar como el de sus coetáneos más jóvenes, Debussy y Ravel. De hecho, hay un puñado de clásicos muy conocidos, como el querido Réquiem, la Pavane y canciones como "Après un rêve" y "Clair de lune". Sin embargo, por lo que he observado en conciertos durante varias décadas, su música para piano no aparece en los programas con regularidad. En parte puede deberse a que su producción pianística no es abiertamente virtuosística y carece de efectos pianísticos novedosos.

Otra razón puede ser que Fauré ha sido lo que a veces se llama "históricamente desafortunado". Aunque ambos rechazaron la designación en referencia a su música, Debussy y Ravel son considerados ejemplos del Impresionismo francés en su campo, que se presenta ahora como una entidad singular, un momento en el que la música y las artes visuales se alinearon en un lugar cultural concreto. La posteridad favorece el paraguas de una narración histórica tan clara, que nos presenta una ruptura limpia con el pasado, una ruptura seguida de un nuevo lenguaje revolucionario que lo cambió todo a partir de entonces. Sabemos que el desarrollo real de la historia creativa nunca funciona así, que se parece más a una serie de corrientes perpetuamente superpuestas.

Sin embargo, podemos dejarnos seducir por la edificación en forma de bocado de un relato de este tipo, y sirve para hacer buenas notas de programa. En este caso, invoca una cualidad que llamamos "modernismo". Asociamos esa cualidad con Debussy y Ravel, y no tan fácilmente con Fauré. Debemos tener cuidado de no romantizar nuestras nociones de modernismo, porque al hacerlo corremos el riesgo de perdernos lo que es moderno, es decir, perpetuamente moderno, moderno aún hoy para nuestros oídos, si prestamos atención. Hay mucho que encontrar, en este sentido, en la música de Fauré.

Se ha considerado a Fauré como una figura puente, con un pie en el Romanticismo alemán de Schumann y Brahms. No se puede determinar con certeza hasta qué punto esto es cierto. En general, es un juego peligroso afirmar la influencia de una gran figura sobre otra, hasta el punto de que resulta presuntuoso. El fenómeno de la influencia es un proceso misterioso, que continúa tras el encuentro inicial, no un momento fijo, y a menudo tan misterioso para el artista como para su público. A menudo, la presunción de un oyente es una apreciación errónea: se trata más bien de las conexiones que establece entre compositores y músicos que ama, en su canon personal.

Sin embargo, es fácil escuchar un parentesco armónico, si se puede llamar así, en particular entre Brahms y Fauré. Tomemos como ejemplo el segundo Sexteto de cuerda de Brahms (1865) y el segundo Cuarteto para piano de Fauré (1886). En ambas obras, la relación tonal mediante entre Sol, Si y Mi bemol es fundamental y constituye un principio formal organizador de la obra de varios movimientos. Como son las mismas tres tonalidades, me gusta pensar que Fauré se encontró con la obra de Brahms, anterior en unos treinta años, y que le impactó, aunque, por supuesto, se trata de mi propia conexión como oyente.

Brahms construye misterio y mezclas emocionales conmovedoras a partir de estas tres tonalidades en su primer movimiento, pero siguen siendo entidades separadas. Fauré las une de una forma sin precedentes. He aquí un momento crucial del primer movimiento (con la arpegiación del piano reducida a acordes). Las cuerdas tocan la melodía en octavas al unísono:

Es un momento puente, si los hay, y es también lo que podríamos señalar como una faceta del "sonido" de Fauré, lo más cerca que llega a estar de un sistema en el sentido de un recurso armónico que explota con maestría también en otras obras. El centro tonal no es ni Sol, ni Mi bemol, ni Si mayor, pero es todos ellos. En la lógica circular de los tonos mediantes comunes, uno podría empezar esta frase en cualquier punto y el oyente tendría el mismo tipo de experiencia, que es una sensación de vértigo y resolución a la vez. Por un lado, la música que sigue se siente romántica en el mejor sentido, por momentos ensoñadora y tempestuosa, como pueden serlo los tres Cuartetos para piano de Brahms. Sin embargo, esos tres tonos, sol, mi bemol y si, forman una de las dos tríadas aumentadas que componen la escala tonal completa: una hilera de notas que se convierte en indispensable para los compositores franceses que siguen a Fauré. Debussy construirá piezas enteras en torno a ella; Messiaen la denominará "primer modo" en su libro sobre composición y teoría.

La singularidad de Fauré consistió en llegar a su enfoque prototonal en el contexto de una tradición tonal bien establecida. Esas relaciones de mediación aún se manifiestan en la tensión y la resolución de las voces cromáticas, y se enmarcan en un movimiento en forma de Sonata-Allegro, con su historia más amplia de tensión y resolución, de disonancias que se resuelven en consonancia. Esto es muy distinto a empezar una pieza en la escala de tonos enteros y "pasar el rato" en ese modo, como diría un músico de jazz, que es lo que Debussy hace de forma tan evocadora en una pieza como el Preludio, "Voiles":

Desde un punto de vista, podemos entenderlo como un momento propio del siglo XX: el compositor anterior, todavía a caballo entre el anterior, ha llegado a un punto de ruptura, y el último empieza desde ese punto. (De nuevo, no especularé sobre la influencia, pero los Preludios de Debussy se compusieron en 1910). Sin embargo, debemos especificar esa ruptura. No es que Fauré llegue a un punto de no retorno cromático y Debussy rompa por completo con la armonía funcional, como hemos llegado a considerar (reductivamente) la relación entre Wagner, Mahler y Strauss, los mayores, y Schoenberg, que les sigue. Debussy sigue siendo un armonista del más alto nivel, pero su innovación aquí es permitirse la estasis, precisamente en ese punto de ruptura, de tal manera que toda la escala tonal ya no es discordante y desestabilizadora. Se ha convertido en la tonalidad del hogar.

Sin embargo, cuando se elige un enfoque, se renuncia a otro, y lo que abandonamos en este enfoque es la gran narrativa de la tonalidad que comenzó a fracturarse a finales del siglo XIX: la tensión y la resolución a través del movimiento armónico, frente a la inmovilidad. En el siglo XX, la ruptura con esa narrativa constituyó el modernismo. Cabe preguntarse retóricamente qué es más "moderno" para nuestros oídos del siglo XXI: ¿el movimiento o la inmovilidad?

Puede que esta pregunta no tenga respuesta, pero al pasar a considerar la obra posterior de Fauré, podría ayudarnos a encontrar otra forma de entender su particular innovación. Si queremos otra palabra que no sea "moderno", con todo su bagaje de historicismo, podríamos llamarla libertad, entendida en el sentido que Calvino imaginó: libertad de la estricta adhesión a las reglas de la tonalidad, pero, al mismo tiempo, libertad de la obligación de suspender o renunciar a una tonalidad que modela una narrativa sin palabras a través de su flujo de tensión y resolución. Tal renuncia se convirtió en ortodoxia en el siglo XX.

Como ejemplo de esa libertad, consideremos el 12º Nocturno de Fauré, incluido aquí, escrito en 1915, casi tres décadas después del Cuarteto con piano antes mencionado. En cierto sentido, también podemos decir que Fauré fue históricamente afortunado, ya que vivió una larga vida. Empezó como predecesor de Debussy, Ravel y Satie, pero en este momento es su contemporáneo. Ahora, utiliza toda la escala tonal de una manera directa y descarnada, permitiéndonos deleitarnos con su sonoridad desestabilizadora porque sí:

Este pasaje llega como una vorágine de tensión exacerbada en el Nocturno, pero Fauré está coqueteando con el tipo de estasis de Debussy: en la mano derecha, la escala de tonos enteros empieza a sentirse como en casa por un momento. La mano izquierda, mientras tanto, se acerca en su forma a la melodía de Epistrophy de Thelonious Monk", y para este oyente, tomada sola, tiene un carácter de blues. Fauré me impactó tanto cuando lo descubrí por primera vez por la libertad maximalista que exhibe aquí. Prolonga la tradición pianística romántica de Chopin, Schumann, Liszt y Brahms, y al mismo tiempo anuncia un modernismo inconfundiblemente francés, que anticipa la armonía del jazz. Hay tanto en esta pieza.

El 13º Nocturno es un género en sí mismo. Su página inicial nos presenta un paisaje armónico que no tiene corolario, ni siquiera en su propia obra. He aquí un pasaje particularmente cautivador:

Con su mezcla de cromatismo crujiente y tríadas ascendentes no del todo paralelas, esta música no nos recuerda a nada más, ni siquiera a la producción anterior del propio Fauré. Pero lo más sorprendente es que no nos ha llevado a ninguna otra parte, en un sentido inmediatamente discernible. Lejos de ser una afirmación peyorativa, esta cualidad encarna la revolución silenciosa que Fauré logró. Ningún compositor posterior a él escribió música para piano que sonara así, del modo, por ejemplo, en que Chopin se hace eco en Scriabin, Rachmaninov y el propio Fauré. Si la grandeza de un compositor se mide comúnmente por lo evidente de su influencia, aquí sucede lo contrario: la música es demasiado singular, y permanece inasimilable, afirmando su genialidad.

El Intermezzo de Brahms de su último conjunto de cuatro Klavierstücke (en la misma tonalidad de si menor y, como corresponde, con el mismo número de Opus 119) comparte esa cualidad de cerrado/eternamente abierto. En ambos casos, el aislamiento se ve reforzado por la austeridad de la textura musical, que huye del modelo pianístico romántico normativo de melodía cancioneril que planea claramente sobre la figuración de acompañamiento. La melodía y la armonía están estrechamente fusionadas, más próximas a un modelo bachiano. Hay un nuevo enfoque en la economía del material, y con ello, una cierta majestuosidad, que para el intérprete, no debe colapsar en rigidez. La sección de apertura de Fauré se atiene estrictamente a una textura a cuatro voces, y se desarrolla con una solemnidad coral, incluso cuando aterriza en un acorde de séptima de Do menor en el último compás, sonando como jazz modal por un instante.

Aquí está esa rareza. Sin embargo, en esta obra tardía, la rareza nunca es trivial, y la austeridad nunca es restrictiva. Si lo sublime presagia nuestra mortalidad, esta música podría comunicar la austeridad de la muerte: la de Fauré cuando se acercaba a él, pero también la aprehensión de la nuestra. Finalmente, encontramos un parentesco con el compositor, en forma de una pregunta que él lanzó hacia el futuro, hacia nosotros.

He compuesto cuatro piezas Après Fauré para acompañar la música de Fauré, para compartir con ustedes, los oyentes, la forma en que me he comprometido con la pregunta de Fauré. Este formato es similar al de mi proyecto Después de Bach. Las conexiones son menos evidentes, pero la huella armónica de Fauré está presente en las cuatro. También hay una influencia textural, en términos de cómo presentaba su material musical pianísticamente: explotaba la sonoridad del instrumento de forma magistral, como medio expresivo. Así, por ejemplo, en mi primer "Preludio", la melodía está soldada a una arpegiación continua, que a la vez forma parte de ella y se cierne sobre ella; en mi "Nocturno", es posible escuchar el planteamiento acordal de la apertura del nº 12 de Fauré.

El disco termina con una reducción de un fragmento del movimiento Adagio del mencionado Cuarteto para piano en sol menor. Esta música es la quintaesencia de Fauré, en su capacidad para arrastrar al oyente a lo que parece un sueño despierto, un ensueño consolador que sólo gana fuerza expresiva en su delicada efimeridad. Es misteriosa y hechizante.

Brad Mehldau

 

bradmehldaumusic.com

Chris Potter ::: Eagle’s Point

Chris Potter ::: Eagle’s Point

Eagle's Point

Chris Potter

Edition Records | Marzo 8, 2024

Chris Potter - Eagle's Point

 

 

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1. Dream of Home 5:39
2. Cloud Message 7:05
3. Indigo Ildiko? 7:18
4. Eagle's Point 7:35
5. Aria for Anna 6:14
6. Other Plans 7:40
7. Ma?laga Moon 8:28
8. Horizon Dance 6:39

 

Chris Potter - Tenor saxophone, soprano saxophone, bass clarinet
Brad Mehldau - Piano
John Patitucci - Double Bass
Brian Blade - Drums

Music composed by Chris Potter

Produced by Chris Potter
Co-produced by Louise Holland
Executive producers Dave Stapleton and Louise Holland

Recorded by John Davis at The Bunker Studio
Mixed by John Davis at Strange Weather Studio
Mastered by Alex DeTurk at the Bunker Studio
Album artwork by Oli Bentley, Split

Brad Mehldau appears courtesy of Nonesuch Records

 

Chris Potter se ha consolidado como una figura destacada de la escena mundial del jazz, célebre por su profundo impacto e innovación como saxofonista. Con una carrera marcada por la maestría técnica y un enfoque audaz e imaginativo de la composición y la improvisación, la versatilidad y creatividad de Potter no sólo le han valido el reconocimiento de la crítica, sino que también han influido en una generación de músicos. Su nuevo álbum de estudio, "Eagle's Point", publicado por Edition Records, es un testimonio de su brillantez como compositor, instrumentista y director de orquesta, y reúne a cuatro luminarias incomparables del género, Brad Mehldau, John Patitucci y Brian Blade.

Se trata de un álbum que lleva mucho tiempo gestándose y que ha sido un placer hacer, como explica Chris: "Brad, John y Brian han sido tres de mis músicos favoritos desde que los conocí y toqué con ellos a principios de los noventa. Fue un placer reunirlos para tocar en este proyecto, fue un álbum muy divertido de hacer. La profundidad de su arte y la calidez de sus sentimientos en cada nota que tocan son una gran inspiración para mí".

Cada músico, una fuerza dominante por derecho propio, contribuye con humildad y respeto mutuo, lo que resulta en una comunicación y musicalidad entre los miembros que es nada menos que excepcional. El álbum, que consta de ocho composiciones originales de Chris Potter, es una muestra de su excepcional habilidad para crear melodías y un sonido que le son propios.

"Dream of Home", que da el pistoletazo de salida al álbum, prepara el terreno con sus acordes de piano etéreos y minimalistas, que nos introducen de inmediato en un mundo inconfundiblemente propio de Potter. El tema se desarrolla con una vibrante estructura melódica, rica en juegos y matices. A medida que la pieza evoluciona, las voces únicas de los legendarios artistas que participan en ella se hacen sentir gradualmente. Cada artista aporta su toque distintivo, pero juntos crean un tapiz sonoro armonioso y perfectamente integrado. Esta sutil maestría, nunca exagerada, combina una sensación de diversión con una profundidad y seriedad que exige y mantiene la atención del oyente.

"Cloud Message" avanza con determinación, con un sonido de saxo tenor audaz y carismático que llama la atención. En cambio, "Aira for Ana" es un despliegue de maestría y matices. Esta pieza personifica la expresión total y el aplomo, ofreciendo una profundidad de ejecución, comunicación y expresión que simplemente no tiene parangón.

En la intimidad de un pequeño grupo, la narrativa musical de Potter florece, marcada por momentos de virtuosismo, ritmos contagiosos y melodías típicas de Potter. Cada tema es un testimonio de su genio colectivo, una confluencia de talento sin parangón, brillantez virtuosa y expresión artística del más alto calibre.

 

chrispottermusic.com 
editionrecords.com 

 

Mehldau, Potter, Patitucci, Blade