Buenos Aires Jazz.17: Día 3

Buenos Aires Jazz.17: Día 3

Que pena, es mi último día en el festival, tengo que regresar por una cita infaltable, y apenas podré estar en el primero de los espectáculos del día: la presentación en solopiano del genial Mathew Shipp que asombrara la noche anterior junto a su trio en la Usina Del Arte. La cita es en el Salón Dorado del Teatro Colón, mucho más decente (según dos personas con quienes charlé en la cola a las que le consulté sobre sus características) y con mejor suerte para Shipp que la corrida por Copland cuando fué enviado a tocar su solopiano al subsuelo del teatro en un salón oscuro y con una acústica terrible.

Dos amplios pasillos con inspiración arquitectónica francesa en esquinero en cuyo vértice se ha colocado el piano, vitreaux de Gaudin, columnas talladas con detalles dorados y grandes arañas pendiendo del techo, otorgan un detalle fastuosidad y elegancia que atentaba con rivalizar con quien esperaba sentarse en el taburete frente al piano Steinway dispuesto en la sala. La boca abierta y la mirada atónita sobre los detalles arquitetónicos callaron apenas el pianista cruzó los pocos metros desde el acceso al piano, un breve saludo y a tocar.

Fue poco más de una hora de pura improvisación con una fórmula parecida a la noche anterior con el trio. Por ahí sonaban los acordes inconfundibles de Summertime pero apenas un respiro, casi inmediatamente su mente lo lleva por los caminos de la improvisación y nosotros intentando llevar su paso, maestro me repite éso último, por favor…!! imposible…, el tren toma más velocidad y nosotros cada vez más lejos. Por ahí de nuevo algo conocido, un respiro, nos acercamos mucho ahora, se escucha Days of Wine and Roses, por suerte para nosotros vuelve muy seguido sobre sus acordes casi como un dejo de bondad para quienes no pueden seguirle el tranco.

Y casi tan repentinamente como comenzó, terminó. Juntó sus manos sobre el teclado, se inclinó y así supe que había concluido el vertiginoso viaje, me acomodé rápidamente en un mejor lugar para poder sacar unas fotos antes de que se incorpore, salude y salga, muy atento frena su salida para permitirme hacerle unas tomas y espera afuera la salida de los presentes  los que atiende muy atentamente. Luego una de las chicas de la organización parece llevarlo de visita por el interior del teatro. Otra aventura increíble, que se repita maestro, por favor…

Mathew Shipp - Salon Dorado, Teatro Colon


 

Jarrett recargado…

El genial pianista Keith Jarrett visita nuestro país por tercera vez y en ésta oportunidad solo frente a su piano en el monumental Teatro Colón de Buenos Aires, las dos oportunidades anteriores lo hizo junto a su famoso trio que en 2009 cumplió los 25 años de vida festejandolos con la publicación de My Foolish Heart, una vieja grabación que el pianista reservó para un momento como éste. En algún lugar del teatro cuidado con mucho celo espera el piano ya afinado y listo, preparado por su afinador personal quien viaja con varios días de antelación a cada lugar de sus prentaciones para asegurarse que todo esté como debe estar para cuando llegue el maestro.

Keith Jarrett

Oportunidad insuperable de poder presenciar en semejante marco todo su talento improvisador en una única presentación el martes 12 que se anticipa memorable. Luego de un derrotero por los principales escenarios del mundo, le toca por fin a nuestro Colón que vestirá las mejores galas para recibir a una de las figuras de la música contemporánea más destacadas del siglo.., ojalá se haya previsto la grabación de la presentación, quién te dice por ahí surge de sus entrañas otro concierto memorable como The Köln Concert (1975) el disco más vendido de la historia de un concierto en solo piano de todos los géneros, tocado en el peor de los pianos que pudieran haberle ofrecido, quizá desde ése momento se volvió tan obsesivo con el sonido de su instrumento; o un Paris / London: Testament (2009) otro hito en la genial carrera del pianista.

Superada ya su dolencia, una fatiga crónica que lo alejó por tres años de la proximidad de un piano, «…no paraba de tocar. Simplemente no pensaba en que uno puede no tocar, hacer pausas», confesó el pianista quien a éstas alturas ya hasta le debe molestar que le pregunten por ése período de su carrera que rompió con la publicación de The Melody At Night, With You, una serie de composiciones que escribió como regalo de navidad para su esposa y que nunca pensó en publicar. Éstas canciones muy simples que demuestran el esfuerzo y la gravedad de su situación, se convirtió en un suceso de ventas algo que el maestro necesitaba para retomar fuerzas. Y no es nuestra intención volver una vez más sobre el asunto, solo lo traemos pues Jarrett durante sus largos momentos de meditación (solía sentarse en el hall de su casa por largas horas) llegó a la conclusión que sus trabajos no habían representado suficiente contribución a la historia del jazz, algo que puede tomarse como un pensamiento de alguien en estado depresivo o de alguien muy enojado y con la energía renaciente como para revertir la situación.

Pero no hablemos de un Jarrett enojado porque puede arruinarle la noche a muchos, se ha levantado y abandonado la sala en algunas oportunidades solo porque el público no prestaba la suficiente atención. Solo habrá que esperar que los abonados al Teatro Colón acostumbrados a las galas clásicas con repertorio clásico, no abandonen la sala ante un Jarrett improvisando en un lenguaje no conocido.

Tras cada concierto el pianista sufre fuertes dolores, secuelas de su grave enfermedad: «…uno toca distinto cuando sabe que el concierto puede ser ‘el último’. Bajo esas condiciones, algo nuevo tiene que ocurrir», confiesa Jarrett. Ojalá todo pueda darse para presenciar un concierto «como si fuera el último», uno de los muchos últimos por venir…

Los dioses del obelisco

Hace minutos concluyo la presentación del tenor español Plácido Domingo junto a la soprano argentina Virginia Tola, en un escenario montado en la avenida 9 de Julio de Buenos Aires ante más de 150 mil personas. Conmueve en un día como hoy la memoria del pasado que no cierra, pero frente a una sociedad que intenta, y debe además, mirar a futuro con esperanza, alegría y pasión (sin resignar ni negociar el olvido por el pasado), también conmueve la entrega de  los artistas junto a la orquesta y el coro del Teatro Colón bajo la dirección del estadounidense Eugene Kohn, cuyos integrantes llevan un litigio con el gobierno de la ciudad por mejoras salariales y condiciones de trabajo que impidió la presentación de Domingo y Tola en el mismo teatro.

Casi tres horas de espectáculo con un intermedio entre la primera parte con repertorio clásico y la segunda con repertorio latino, más un bis enorme que bien podría calificarse de Parte Tres con algunos tanguitos para finalizar con Mi Buenos Aires Querido, cerró éste magnifico espectáculo de fuerte contenido emocional que movilizó hasta las lágrimas seguramente a buena parte de ésa enorme cantidad de gente apostada a lo largo de la avenida, como de quienes como yo lo vivía sentado en el living de mi casa a cientos de kilometros del lugar pero con el corazón y el alma sobrevolando el escenario y el recuerdo de quienes hoy ya no están…

Por un país pujante, con alegría y esperanza en su gente, por un Nunca Más