Fuente: gentedigital.es/Marcos Blanco

- Javier Vargas
Javier Vargas es uno de los grandes virtuosos de la guitarra eléctrica a nivel mundial. Lo ha demostrado durante 35 años sobre los escenarios, en decenas de álbumes y compartiendo canciones con estrellas tan deslumbrantes como Santana o Prince. Madrileño de nacimiento, bien podría considerarse un ciudadano del mundo, ya que emigró con sus padres a Argentina, vivió en Venezuela y se dejó tentar por el sueño americano tras llegar a Nashville.
En la actualidad, mantiene su carácter nómada para ofrecer ‘Flamenco Blues Experience’, el nuevo trabajo discográfico de la banda que dirije. Antes de ofrecer un gran recital en la sala Heineken de Madrid, con esa voz rasgada por la ginebra y el tequila del esparcimiento nocturno, Javier alterna con nosotros para dialogar sobre lo que más le gusta: la música. Por un momento, cuando habla, uno puede imaginar que las sílabas se convierten en notas guiadas a través de su fiel compañera de batallas: la guitarra.
¿A qué se debe esta ‘Flamenco Blues Experience’?
Pues mira, quería hacer blues-rock con pinceladas de flamenco. Es un álbum muy en mi línea, pero tenía ganas de trabajar con Raimundo Amador, Rey Morao, Angélica Leiva… Eso sí, manteniendo la música negra y el blues que me caracteriza. Ha vuelto a colaborar con nosotros Devon Allman (hijo de de Greg, miembro de los Allman Brothers), están las voces de Tim Mitchell, de Booby Alexander… Hicimos doce canciones, que acabé en Memphis rodeado por la gente que me viene acompañando desde ‘Texas Tango’ (el disco que editó en 1995).
Como siempre, un disco es la excusa perfecta para tocar de aquí para allá…
Claro, el disco es una carta de presentación, llega a muchos sitios donde tú no has tocado, se cuela a través de internet o sirve para marcar una época en tu trayectoria, ya sea personal o profesional. Cada uno tiene su propio significado. Me encanta grabar, componer temas, pero lo que más: mostrarlos desde arriba.
¿Es tan importante exprimir el talento personal como saberse rodear por buenos músicos para alcanzar el nivel deseado tanto en las producciones como en las actuaciones?
Por supuesto, es muy importante. Podríamos compararlo con un partido de tenis. Si eres bueno y el otro no te devuelve la pelota, acabas jugando solo. Personalmente, busco aquellos que sepan tocar todas mis influencias: blues, soul, Hendrix, Black Sabbath, Ten Years Ater, B.B.King… Empecé a tocar a finales de los 60, esa es la música que me ha enganchado y no sé porqué los músicos con los que toco suelen ser mayores. Hay jóvenes muy buenos pero entiendo que no sólo es importante practicar, sino oír mucha música. Si hablamos de jazz, gente como Chariie Parker o George Benson, B.B.King. ¿Blues? Entonces, tienes que entregarte a B.B.King. Deep Purple. Cream o Black Sabbath son temas obligatorios en el caso de que hablemos sobre rock. ¡Son los clásicos!
La pregunta de siempre, ¿para saber tocar como usted hay que llevarlo en la sangre o toca machacarse día tras día con su querido instrumento?
Esto se lleva dentro, es genético, manda la necesidad, pero tienes que practicar para estar en forma porque puede llegar un día en que te estanques, más a la hora de tocar las notas que a nivel intelectual. En mi caso, la situación es sencilla: me gusta lo que toco y cómo lo toco».
En el podio de los grandes especialistas de la guitarra eléctrica, ¿a quiénes colocaría?
Está complicado, si sólo puedo elegir tres, pero si no queda otra: Steve Ray Vaughan, Jeff Beck y Jimi Hendrix.
¿Cuál es la música que le emociona?
Aunque escucho cosas actuales relacionadas con el chil out o la electrónica, he mamado mucho rock sureño y ahí están mis principales emociones. Cuando llegué a Nashville me hizo con un ejemplar de ‘Tres hombres’ de ZZ Top, discos de Eagles, ya en Los Ángeles Van Halen… Fíjate, recuerdo que les ví en Sunset Boulevard, en la misma propia de un local donde estuve. Pero sigo comprando mucha música. Morphine y SofT Machine son dos de mis devociones, últimamente.
¿Algún concierto que haya resultado inolvidable y no precisamente por el éxito obtenido?
Podría contarte unos cuántos. Por ejemplo, hace dos años en Escocia, cerca de Aberdeen, en un sitio perdido de la campiña. Llegamos dos días antes del concierto, nos habíamos alojado en un ‘bed&breakfast’ y nos consiguieron una actuación en un pub donde no había ni equipo de voces. Empezó a llover, se unieron a nosotros unos músicos de folk y allí estaban apenas 10 personas para vernos. También por aquellos lares, nos perdimos con el coche por el monte y acabamos recreando algún videoclip de Joe Satriani o Rainbow campo a través. Lo recuerdo como si fuese ayer. No se me olvidará nunca un directo que hicimos en Leeds… Pero la cantidad de gente que va a verte no implica calidad, porque cuando fuimos al segundo aniversario del Topos music club en Leverkusen (Alemanía) aquello fue acojonante. Apenas 150 personas. No cabía un alma ni en los camerinos. Y por aquel lugar pasaron Bob Geldof, Santana…
Ha sido usted muy viajero, ¿no?
Sí, sí, sin quererlo. De pequeño me tocó viajar mucho con mi familia y era un apasionado de los trenes y de los barcos. Conforme me fui haciendo mayor, entendí las razones.
Por último, Javier, ¿qué ha significado el blues en su vida?
Sin tocar historias místicas, de formas de mujer, sentimientos o esa capacidad para sacar los diablos de nuestro interior… Creo que es la música que ofrece los mejores riffs para desarrollar tu estilo con la guitarra eléctrica. Es una constante fuente de inspiración…
¿De dónde parte un tema como Tierra del Vino?
Me gusta el vino (risas). Que quede claro, creo que el mejor vino del mundo es el español.
¿Tiene límites la fusión en la música?
No los tiene, pero la música en sí misma tampoco, la verdad. Creo que es la sencillez es lo más difícil de conseguir, es la clave.
¿Y hay que tener muchas guitarras para lograrla?
(Risas) Fíjate qué casualidad, resulta que suele coincidir que mis guitarristas favoritos son los que tocan con una sola guitarra, aunque hay excepciones. Yo tengo varias, aunque no demasiadas. A veces, dependiendo de la acústica del local, tengo ahí un par de Stratocaster para ver cuál de ellas suena mejor, pero nada más. Pero, si la gente se fija, verá que los grandes guitarristas tocan con una guitarra casi siempre. Porque la conocen bien y le sacan todo su sonido. Sólo hay que ver a gente como Jeff Beck, Clapton o el propio David Gilmour, que tiene una colección de más de 200 guitarras, pero toca con una casi siempre.
¿El sonido depende más de la guitarra o del guitarrista?
El mejor sonido llega a través de los dedos y de los sentimientos que llegan a ellos, eso seguro.
¿Qué opina de la música en la actualidad?
Cada vez hay mejores bandas y también creo que los jóvenes ahora tocan de lujo (risas). En serio, ves a veces a un chaval de doce años tocando una batería y es que no te lo crees.
¿Por qué es tan difícil que esa gente viva de la música?
Realmente siempre ha sido muy complicado. Mi finalidad no era vivir de esto, sólo tocar, hacer música. Ese concepto puede ser que sí haya cambiado ahora.
¿Sigue siendo clave su fórmula: honestidad + trabajo + amor por la música?
Creo que la honestidad es ser fiel a lo que sientes. He tenido la oportunidad de hacer ‘hits’ y muchos me decían que siguiera por esa línea. Es sencillo, no puedo hacer una música que no me salga del corazón.
¿’Hits’ como ‘Sangre Española’?
Precisamente. Este tema lo hice junto a mi amigo Manolo Tena y, de hecho, lo hicimos en muy poco tiempo. Sin embargo, salió así, nada más. No sabría hacer muchos temas de ese estilo que llegaran a ser un éxito, como sí ocurrió en ese caso.
¿Es cierto que usted nunca rechaza una colaboración?
(Risas) A mí me encanta tocar, meterme en un estudio, en directo… siempre que puedo colaboro con todo el mundo: la música es gratis, sólo cobro por el viaje. Creo que las colaboraciones enriquecen la música y siempre que se juntan músicos de un lado y de otro salen cosas distintas e interesantes.
Ha tocado con muchísima gente importante pero, ¿hay alguna colaboración que le habría gustado hacer especialmente?
A mí me gustaría conocer a Jeff Beck, pero no ya por tocar con él en un disco, sino por verle y aprender. Sin duda, es uno de mis favoritos.
¿Cómo se lleva con Internet?
Digamos que estoy aprendiendo (risas). Me llevo un par de portátiles porque recibo muchos mails e intento contestar. Me encanta Internet para buscar información y tengo varias webs, pero la verdad es que llevo bastante tiempo metido con la gira y no las puedo actualizar todo lo que querría. Creo que Myspace o YouTube son páginas increíbles como publicidad para los grupos, sería impagable una publicidad así.
El blues ha influido en innumerables estilos, pero sigue siendo algo maldito, minoritario…
La base del blues clásico la ha tocado gente que, por lo general, ya ha fallecido. Probablemente esa parte maldita y minoritaria tiene algo que ver con la forma en que se vendió en su momento, pero yo creo que tiene que ser así, porque la gente tiene que descubrir el blues, es algo que hay que indagar. Los clásicos del blues son como los de la música clásica, por poner un ejemplo. La gente nunca se olvidará de artistas como Bo Didley, Muddy Waters, Chuck Berry, BB King… son gente que siempre seguirá influenciando a la música.
Hijo de emigrantes españoles en Argentina, Javier Vargas nació en Madrid poco después de que sus padres dejaran Buenos Aires. Nueve años más tarde la familia regresa a Argentina. Vivió en Mendoza, San Luis, Buenos Aires y en Mar del Plata, donde Javier empieza a tocar la guitarra: la primera que tuvo, regalo de su padre, era una guitarra española de cuerdas de naylon. Cuando consiguió su primera guitarra eléctrica tenía tan sólo 12 años.
La década de los 60 termina con el traslado de la familia a Venezuela, donde Javier reside hasta que toma la decisión de viajar a los EE.UU. Javier Vargas Javier se trasladó primero a Nashville -Tennessee- cuna del Country y del Rockabilly, lugar de paso obligado para las bandas de rock sureño. Dos años después se mudó a Los Angeles. Allí tocaba en clubs y colaboraba en grabaciones como guitarrista de sesión. Cada noche participaba en jam sessions con artistas americanos e ingleses y conoció a músicos de la categoría de Alvin Lee, Roy Buchanan, Cannet Heat, etc. que también influenciaron su estilo.

Javier Vargas
En 1972, en una visita a su familia en España, le ofrecieron trabajar como guitarrista en un crucero que partía de Vigo hacia Southampton (Gran Bretaña) para recorrer el después el Caribe, con escalas en Aruba, Jamaica, Curaçao..
El crucero iba lleno de jamaicanos que regresaban a su tierra, muchos de ellos músicos, con los que se organizaban Jam Sessions. Además de ser una gran experiencia por el viaje en sí mismo, el crucero suposo una toma de contacto con otras influencias musicales como el Reggae.
En su regreso a España desde EE.UU, Javier formó parte de la banda de Miguel Rios y participó en varios de sus álbumes, más tarde colaboró con La Orquesta Mondragón y trabajó como músico de sesión y compositor. Durante toda la década, Javier pasó temporadas en Londres -tocando en clubs- , París – trabajando como músico de sesión- y Nueva York -moviéndose en los circuitos de Jazz y Blues con su colega el guitarrista Ray Gómez. Tras pasar por varias formaciones (RH+, Entrega Inmediata, Blues Express…) y al finalizar la década, Javier empieza a perfilar su propio proyecto.
En 1991 da el paso más importante de su carrera y crea su propia Banda. All Around Blues, es el primer álbum que graba Javier Vargas como líder de la Vargas Blues Band. Colaboraron Elena Figueroa y Philip Guttman entre otros. En 1992 aparece Madrid-Memphis. En este segundo álbum Javier Vargas contó con la colaboración de los bluesman Carey Bell y Lousiana Red, el guitarrista flamenco Rafael Riqueni y las voces de Philip Guttman y Jeff Espinoza. Los dos álbumes -All Around Blues y Madrid-Memphis- de gran repercusión, consiguieron en España cifras récord de ventas para un disco de blues.
En febrero de 1994 sale a la calle, Blues Latino. Para este trabajo Javier Vargas contó con la colaboración de Flaco Jiménez, Chris Rea, Junior Wells y Andrés Calamaro. El álbum tuvo una extraordinaria aceptación entre una gran diversidad de público. Se publica también en Argentina y a raíz de la magnífica acogida del álbum en aquel país, la Vargas Blues Band actúa en Buenos Aires con rotundo éxito de público y crítica. El tema “Blues Latino” de Javier Vargas fue grabado por Carlos Santana y publicado en todo el mundo dentro de su álbum Santana Brothers. Santana intrepretó “Blues Latino” en Woodstock, 1994.
En mayo de 1995 en los estudios Ardent de Memphis y en Austin (Texas) se graba Texas Tango. Producido por Jim Gaines, el álbum contó con las colaboraciones de Double Trouble (la banda de Stevie R. Vaughan), Larry T. Thurston (Blues Brothers) y Preston Shannon. Ha sido publicado en España, Francia, Suiza, Colombia, México y Brasil.
En 1996 la banda presenta su directo en París, en festivales de Francia y Portugal y en el festival de Jazz de Montreux (Suiza). En julio del mismo año es invitado por Carlos Santana a tocar junto a él dos temas del concierto celebrado en el Zenith de París. La pasión y feeling que transmitía el dúo de guitarras enardeció al público francés. La invitación se repetiría en 1998, durante los conciertos de Santana en Madrid (Conde Duque), París (Bercy) y en 2000, en la gira “Supernatural” por España.
Gipsy Boogie (1997), repite producción de Jim Gaines. Se grabó entre Madrid y Memphis, fue mezclado en Florida y masterizado en Nueva York. Tuvo colaboradores de la talla de Raimundo Amador, Carles Benavent, La Chonchi, el cantante cubano David Montes, Chester Thomson, Lonnie Brooks, Larry McCray, Little Jimmy King, David Allen y Larry Graham (de Sly & The Family Stone). Este álbum fue nominado en los Premios Amigo, se editó en un total de 24 países y la banda extendió sus giras a Francia, Italia, Alemania y Portugal.

Vargas Blues Band
Feedback/Bluestrology (1998), es el sexto álbum de Vargas. Editado en formato de CD doble, se grabó en Checkendon (Inglaterra), con la coproducción de Ian Taylor (productor de Gary Moore, etc.) y con la participación de sus colaboradores habituales de Memphis: Steve Potts, Dave Smith y Ernest Willianson y los vocalistas de la banda Bobby Alexander y David Montes. Bluestrology se editó también por separado a principios del año 2000.
En Noviembre de 1999 la Vargas Blues Band se desplazó a los EE.UU. para grabar su primer álbum de directo, en el club “Buddy Guy´s Legends” de Chicago. Participaron como artistas invitados Larry McCray, el armonicista Sugar Blue y la cantaora flamenca Elena Andújar. El concierto se grabó en una unidad móvil bajo la supervisión de Ian Taylor. Javier también subió al escenario del Legends invitado por el guitarrista tejano Chris Duarte. En Diciembre del mismo año secompletó la grabación en los estudios Kirios de Madrid, ante cientos de invitados y con notables colaboraciones: Elena Andújar, David Montes, el guitarrista flamenco Juan Gómez “Chicuelo”, el percusionista Gino Pavone, el bandeonista argentino Jorge Lema, y el cantaor “Marchena”. Una vez más Ian Taylor se hizo cargo de la grabación. En esta grabación participaron David “Lads” Sánchez en los teclados, Jota Marsán a la batería, y Fran Montero en el bajo
El disco Madrid-Chicago Live y un video-documental sobre la grabación, salieron a la venta en Mayo de 2000. Last Night incluye todos los temas grabados en “Legend´s” y un DVD con el concierto de Madrid y escenas grabadas en Chicago. Fue editado en 2002, y ha recibido excelentes críticas tanto en España como en Europa y EE.UU.
En 2003 se edita el primer álbum enteramente instrumental, Chill Latin Blues, en el que cobran protagonismo la guitarra de Javier Vargas, y la fusión de sus influencias musicales.
En 2004 comienza la grabación de “Love, Union, Peace” en los estudios Ardent de Memphis con el «Equipo A» de musicos de Tennesee: Steve Potts a la batería, David Smith al bajo, Ernest Williamson y Reese Wynans -Double Trouble- a los teclados. Como ingeniero de sonido se contó con el ya legendario John Hampton (ZZ-Top, Sound Garden, SRV Live in Mogambo, …).Jack Bruce (Cream), Glenn Hughes (Deep Purple), Alex Ligertwood (Santana), Elliot Murphy, Devon Allman, Jaime Urrutia, “Chicuelo”… son algunos de los artistas que participan en el álbum. También se grabaron voces en Madrid, Los Ángeles, y en la Isla de la Palma.
Actualmente La Vargas Blues Band está haciendo una gira de presentación de su nuevo trabajo «Flamenco Blues Experience» (editado en mayo de 2008), una explosión de sonidos donde fusiona sus raíces de blues rock con el flamenco. Grabado en Ardent Studios (Memphis, TN, USA) con el ingeniero John Hampton (The White Stripes, The Racounters.), mezclado por Jason Latshaw y masterizado por Brad Blackwood de Euphonic Masters en Memphis, TN, USA. La espectacular portada de «Flamenco Blues Experience» está realizada por Bob Masse, genial diseñador de posters de rock, entre otros, para actos en el Fillmore West de San Francisco (Cream, Grateful Dead, Jimi Hendrix, Bob Dylan, U2.) . En este caso las colaboraciones son importantísimas con artistas de la talla de Frank Marino, icono canadiense de la guitarra blues rock, Devon Allman hijo de Greg Allman miembro de los Allman Brothers, Raimundo Amador, artista de renombre de la guitarra flamenca y blusera que, en el tema «Blues para Lucía», entabla un diálogo de guitarras con mucho duende junto a Javier Vargas; encontramos también al dúo Rey Morao, el toque especial de Mauri Sanchís al Hammond, el funk fusion de The Cherry Boppers o dentro de sus habituales cantantes y colaboradores, Tim Mitchell, Bobby Alexander y las bases rítmicas del batería Steve Potts (Crossroads Guitar Festivals) con el bajista David Smith.
El compositor y cantante de La Mississippi Blues Band acompañado por la banda Sopa Negra se presenta por primera vez el viernes 7 de Agosto en Sala Venice (Dentesano y Urquiza) Club Atletico de Rafaela, Santa Fe a las 23.00hs.
Autor, guitarrista y cantante de La Mississippi, una de las bandas más reconocidas y prestigiosas del país, con cuatro discos de Oro, y 20 años recorriendo la Argentina de punta a punta, con reconocimiento en países como Colombia , Brasil Uruguay y España en donde son recibidos como locales.
Productor discográfico de Blues del Sur, Acolitos Anonimos, Viejos Sordos, Productor ejecutivo de las grabaciones que Duke Robillard realizo en Argentina con los King Size. La Mississippi compartió escenarios con John Mayall, , Albert Collins, james Cotton, Ronnie Earl, Coco Montoya, y fue telonero de BB King, Eric Clapton, Creedence Revisited, y muchas otras figuras del Blues internacional.
En el 2008 el disco «Amor y Paz» estuvo nominado al Premio Gardel como Mejor Album de rock .
Murió a los 33 años ejecutado por su volcánica exuberancia. Bob Woodward traza un despiadado y meticuloso retrato del actor en ‘Como una moto’
Fuente: diariovasco.com
Por: Oskar L. Belategui

Joe Belushi
No hay mejor antídoto contra la depresión. «Desmadre a la americana» permanece como la madre de las comedias estudiantiles, germen de un humor bestia y un espíritu anárquico que llega hasta nuestros días. Los campus universitarios de Estados Unidos vivieron una rebelión en el verano de 1978. El estreno del filme de John Landis desencadenó actos de hedonista barbarie, a semejanza de las aventuras que viven un grupo de estudiantes novatos de la hermandad Delta House, la covacha de los crápulas y repetidores.
Desmadre a la americana también elevó a la categoría de mito de la cultura popular a John Belushi, que tenía su primera aparición orinando con una copa en la mano. Cuatro años más tarde, moriría de una sobredosis de speedball en el bungalow número 3 del hotel Chateau Marmont, en pleno Sunset Boulevard. Tenía 33 años.
Un solo personaje secundario bastó para alcanzar la inmortalidad. Bluto Blutarsky apenas hablaba. Arrasa el self service al ritmo de Sam Cooke, vacía de un trago una botella de bourbon y destroza la guitarra de un melifluo cantautor. Un icono del desenfreno y el exceso que alienta guerras de comida al grito de «¡toga! ¡toga!». Belushi casi se interpretaba a sí mismo. Era «una letal combinación de Harpo Marx y el Monstruo de las Galletas», en atinada definición de John Landis, cuya vida al límite retrata Bob Woodward, mítico redactor jefe del Washington Post y ganador del Pulitzer por los reportajes que condujeron al escándalo Watergate y la caída de Richard Nixon.
«Como una moto. La vida galopante de John Belushi» (Editorial Papel de Liar) es, en realidad, la tardía traducción al castellano de Wired, un clásico del moderno periodismo de investigación publicado en 1984. Woodward describe con apasionante meticulosidad el camino hacia la autodestrucción de un ser de apetitos insaciables. Maneja un heterogéneo aluvión de materiales: diarios, cartas, facturas, diagnósticos… Entrevista a casi 300 personas que conocieron al mito, desde yonquis a celebridades como Steven Spielberg y Jack Nicholson.
Pero «Como una moto» es algo más que la biografía del protagonista de media docena de películas y mitad de los Blues Brothers. Fotografía la voraz industria del espectáculo con todas sus miserias. Belushi quiso ser el salvaje inocente en un universo y unas ciudades -Los Ángeles, Nueva York- con ilimitadas posibilidades de inmolación para quienes poseen más de lo que pueden gastar. Siempre quería más: comida, bebida, drogas, mujeres, risas, acción. La cocaína irrumpió en su vida como el perfecto combustible. Las malas compañías fueron personajes secundarios de una alucinada tragedia americana.
Cocaína y heroína
En sus últimos días, una jornada cualquiera podía comenzar paseándose por Hollywood en su Mercedes rojo descapotable y con los Dead Kennedys sonando a todo volumen. Tras unos tiritos de coca con Ron Wood, visita al palacete del editor de Playboy Hugh Heffner. La noche terminaba en un aparcamiento de Los Ángeles arrojando hamburguesas a los perros callejeros.
Su fallecimiento rubricó el fin de una década prodigiosa en el cine americano y fue un aviso a navegantes. El protagonista de 1941 y Granujas a todo ritmo había recibido la noche de su muerte la visita en su habitación de Robert de Niro y Robin Williams. La negativa del primero a hablar con Woodward alimentó los rumores.
Al parecer, De Niro podría haberle sugerido que se inyectara heroína para meterse en el papel de un yonqui en su próxima película. Cathy Smith, una groupie que había estado ligada con músicos como Gordon Lightfoot y Rick Danko, fue la encargada de suministrarle durante días la letal mezcla de cocaína y heroína.
Su escasa pero rentable filmografía, los álbumes millonarios de los Blues Brothers y los sketches del Saturday Night Live disponibles en Youtube dan testimonio de su inmenso talento. Cuando en su funeral Dan Aykroyd hizo sonar en la catedral de San Patricio las chillonas guitarras de los Ventures -una vieja promesa hecha a su amigo- el corazón de toda una generación se quebró.
(N del A de la entrada: Muchos han llegado al blues por escuchar la radio, otros por medio de amigos, hermanos u otros parientes, yo llegué de la mano de la película «The Blues Brothers», gracias a Joe Belushi y Dan Akroyd, una obra maestra del humor, de la acción intensa y sobre todo de lmúsica espectacular, en la que reflotan a grandes del blues como James Brown, Ray Charles, J. L Hooker, Aretha Franklin entre otros, además e la increíble banda que formaron con musicos inigualables. En su corta vida publicaron tres discos formidables, repletos del mejor blues y soul. Ese film es una verdadera joya cinematrográfica del blues y de la buena música, recomiendo a todos disfrutarla. Recientemente pude comprar la version ampliada, formidable, traer escenas que no entraron en la versión original y entrevistas muy suculenta ).
Ayer 3 de junio de 2.009 a los 80 años falleció la legendaria cantante, reina del blues, Koko Taylor en su casa de Chicago como consecuencia de una serie de complicaciones luego que el 19 de mayo fuera operada por un problema gastrointestinal.

Koko Taylor
Taylor falleció ayer en el hospital Northwestern Memorial, unas dos semanas después de ser operada a raíz de una hemorragia gastrointestinal, dijo Marc Lipkin, director de publicidad de su sello de grabación, Alligator Records, que formuló el anuncio.-
La carrera de Taylor se extendió durante más de cinco décadas. Aunque no tenía un gran éxito a nivel del público, era venerada y amada por aficionados al blues. También obtuvo aclamación a nivel mundial por sus interpretaciones, que incluyeron su famosa melodía «Wang Dang Doodle» y otras como «What Kind of Man is This» y «I Got What It Takes».
Taylor apareció en numerosas ocasiones en la televisión de Estados Unidos y fue protagonista de un documental de PBS. También tuvo un pequeño papel en la película del director David Lynch «Wild at Heart».
En el curso de su carrera Taylor fue nominada en siete ocasiones para premios Grammy, y ganó uno en 1984.
«Ella era hasta hace un mes la mejor cantante de blues en el mundo entero», dijo Jay Sieleman, director de The Blues Foundation, con sede en Memphis. «En la década del cincuenta, en Chicago, ella era la mujer que cantaba blues. A los 80 años de edad, ella era todavía la reina de los blues».
Nacida con el nombre de Cora Walton en los suburbios de Memphis, Taylor dijo en una ocasión que su sueño de convertirse en cantante de blues fue alentado al observar la actividad en los campos de algodón. Su padre era recolector de algodón.
En el año 2004 recibió el National Heritage Fellowship Award, que es el máximo honor dado a un artista estadounidense. En el 2007 fue nominada al Grammy por su discoOld School , premio que ya había ganado en 1984 por su aparición como invitada en el disco compilado «Blues Explosion» para el sello Atlantic. Recientemente, el 7 de mayo pasado la crítica la aclamó otorgándole en la vigésimo novena edición del Blues Music Award por Artista del Año en el rubro Catante Tradicional Femenina, siendo a la fecha la que mayor galardones por ese premio a recibido en la historia.
Visitó nuestro país varias veces y fue siempre ovacionada por el público local.-
Que en paz descanse y que siga su éxito en el más allá… si lo hay.-