

Se largó nomás el festival de jazz más imponente del planeta, el Montreal Jazz Festival por donde se paseará la locura y la premura por abarcar todo lo posible en éstos 11 días en donde pocos afortunados foráneos podrán soportar el coste de la estadía más entradas y gastos varios, porque no todo es música en el festival.
A la ya conocida mezcla de estilos musicales y de personajes de otras dimensiones más o menos cerca o lejos del motivo primigenio de encuentro: el jazz (saben quién abrió el festival en su apertura?…, Prince !!) debemos sumarle otras atracciones como actividades variadas en torno a la música. La calle de Sainte-Catherine se transforma en una galería de arte a cielo abierto, del 29 de junio al 3 de julio con el Festival International en Arts (FIMA), que reúne cerca de 300 artistas con las que el público podrá convivir y adquirir de primera mano sus obras, además de poder verlos trabajar. El programa incluye cortometrajes, performances multimedia e instalaciones, conciertos de DJ, exposiciones de arte contemporáneo, talleres, creación de graffitis y más, como el espectáculo multimedia Gypsy Roma Urban Balkan Beats (GRUBB), en el que el director quebequense Serge Denoncourt utilizará danza, teatro, fotografía y rap para recrear la vida de los gitanos de hoy.
De aquella mezcla ya cotidiana al festival como también sucede en Montreaux, donde figuras como Prince o Sade se entremezclan con las conocidas y emergentes figuras del ambito jazzero, se suceden encuentros y asociasiones durante el festival muy propias de éstos eventos como el dueto Brad Mehldau-Joshua Redman o la recreación del legendario Return To Forever mítica agrupación de Chick Corea quien reúne a el bajista Stanley Clarke y el baterista Lenny White, miembros originales a quienes se les unirán el violinista Jean-Luc Ponty y el guitarrista Frank Gambale.
La media de asistencia a los diferentes espectaculos pagos como gratuitos, como así también a los diferentes atracciones concurretes a las principales, supera la friolera de más de 2,5 millones de personas, lindo para poner un carrito de choripan…!!!
Nos vemos allá el próximo año…
Más info: www.montrealjazzfest.com

WAYNE SHORTET QUARTET
Wayne Shorter | Danilo Pérez | John Patitucci | Terri Lyne Carrington
9 de junio | 21:30hs
Teatro Gran Rex

Mañana 9 de junio se presenta en nuestro país el genial saxofonista Wayne Shorter, una de las figuras emblemáticas del movimiento, uno de los Enfants Terribles que reclutara Miles para llevar adelante sus fechorías, aventuras que el propio Wayne proseguiría en el futuro.
Su aspecto jovial y despreocupado no dan indicios claros de sus casi 80 años, gran parte de ellos al frente de cuanta revolución musical lo atrayera, no parece haber huellas de fractura o cansancio, más bien la tranquilidad y seguridad que deja el deber cumplido victorioso. ¿Qué le queda por recorrer, probar o demostrar…?, fué director musical de los Jazz Messengers de Art Blakey desde 1969 al ’64, metiendo sus manos en buena parte de lo mejor de los Messengers; fué integrante del segundo gran quinteto de Miles (Wayne Shorter (ts-ss), Herbie Hankcock (p), Ron Carter (b) Tony Williams (d)) donde ingresó por especial recomendación de John Coltrane, que abandonaba el quinteto, entre los años 1965/68 época en la que compuso gran parte del repertorio del grupo; a su salida del grupo co-fundó Weather Report la legendaria banda de fusión en compañia de otro Miles Boys, Joe Zawinul, al tiempo que recorría su propia senda como sideman ya desde aquellas lejanas épocas.
Nadie se querría perder la presentación de ésta leyenda en el Gran Rex, el mejor «Club de Jazz» de nuestro país, ni siquiera sus partenaires todos estrellas con lúz propia quienes aún luciendo en sus carreras solistas no dudan un solo instante en bajar a los pies de su majestad, la gran leyenda viviente responsable en buena parte del recorrido que lograra el movimiento hasta la fecha, éstos son: Danilo Pérez (piano), John Patitucci (contrabajo) y Terri Lyne Carrington (batería), músicos que han tocado junto a Shorter los últimos 10 años como grupo «estable» solo reunidos para las giras, ¿de dónde entonces surge ésta increíble comunión entre ellos?, no solo se debe a que hablamos de grandes músicos todos ellos…
«El escenario es el lugar donde sale el trabajo interior de cada uno de nosotros (…), es lógico, no podría suceder de otro modo. Como no ensayamos, todo lo que ocurre es nuevo incluso para nosotros. Se disfruta más de esta manera, sin que hayamos pasado horas hasta alcanzar lo que otros llamarían perfecto. La música que surge en el escenario está más acorde a los tiempos que corren: nadie sabe qué va a suceder el próximo minuto. Tenemos que encontrar nuevas maneras de enfrentarnos a lo desconocido, a que suceda lo inesperado, algo de lo que no se tiene experiencia previa. Hay que enfrentar con coraje y nobleza la experiencia de la eternidad, todo es frágil, todo es temporario, en la aventura de estar vivo…», explica Shorter sobre el secreto de la fórmula de su cuarteto en una entrevista telefónica previa a su presentación.
En otra nota telefónica Shorter confiesa con respecto a lo esperable para su presentación de mañana jueves 9, que… «Nunca sabemos qué va a pasar, no estamos atados a nada, nuestra música es celebrar lo que hay de sagrado en la condición humana…», para cerrar con «…¡Nos gusta hacer música! Para nosotros, el desafío el celebrar la vida y eso en que la gente no cree: la eternidad. Hay que celebrar la eternidad a pesar de las incertidumbres, la economía, las guerras y la esclavitud de niños.»

Un día como hoy hace 112 años (29 de abril de 1899) nacía el caballero del jazz, el Duque, Duke Ellington…
Fuente: intereconomia.com
Por: Antonio Castillejo

Unánimemente considerado como uno de los músicos y compositores más influyentes de la historia del Jazz, Edward Kennedy Ellington, universalmente conocido como «Duke» Ellington, nació en Washington D.C., el 29 de abril de 1899.
Su padre era mayordomo de la Casa Blanca y su madre procedía de una familia acomodada, de forma que el crecer en un ambiente confortable y próspero le llevó a estudiar piano desde los siete años y más tarde a comenzar a componer, aún adolescente. Fue precisamente la educación que le dieron sus padres y su refinada elegancia en el vestir lo que le valió el apodo de «Duke» («Duque»), que le acompañaría durante toda su vida.
A los 19 años decide dejar sus estudios de diseño para contraer matrimonio con una amiga de la infancia y dedicarse por completo a la música. Una música influenciada por el estilo más popular de principios del pasado siglo XX, el ragtime. Con su característico sentido del humor, cuando se le preguntaba por esto al Duque solía contestar: «¡Cuidado con eso del ragtime, que puede parecer que nos remontamos a tiempos antediluvianos!».
En 1923 el pianista se traslada a Nueva York con su quinteto, «The Washingtonians», que anteriormente había sido «The Duke’s Serenaders», y rápidamente se convirtieron en la banda titular del «Hollywood Club» de Times Square y grabaron sus primeros discos con distintos seudónimos para poder trabajar con diferentes compañías a la vez. Pero cuando la fama de Ellington comenzó a tomar proporciones inmensas fue a partir de su debut, el año 1927, en el mítico «Cotton Club» de Harlem, propiedad del conocido ganster Owney Madden, donde trabajó durante cuatro años.
Al quinteto original que debutó en el club neoyorkino se le fueron sumando paulatinamente otros grandes músicos como el clarinetista, Sidney Bechet o el saxo barítono, Harry Carney, hasta formar una big band de doce miembros que, bajo la batuta de Ellington, interpretaba desde las propias composiciones del pianista, temas como «Mood Indigo» o «Sophisticated lady», hasta música de George Gershwin para el musical «Show Girl», en Broadway.
Tras haber popularizado durante casi dos décadas su particular estilo musical conocido como «jungle» («jungla»), durante la primera mitad de la década de los cuarenta, ya en plena madurez artística, Duke Ellington da un giro a su manera de componer con temas mucho más formales al estilo de «Black, Brown and Beige», «Frankie and Johnnie» o «Deep South Suite». Eran los años en los que la época dorada de las orquestas de swing comenzaba a languidecer y el público se fijaba más en los solistas que en el conjunto como consecuencia de la revolución que para el jazz supuso la llegada del be bop.
Sin embargo, Ellington siguió fiel a sus grandes formaciones, y si los contratos escaseaban, el mantenía unida su orquesta pagando a sus músicos con los ingresos que obtenía por derechos de autor. Eso sí, el Duque reaccionó ante los nuevos gustos musicales introduciendo en sus actuaciones numerosos solos de los virtuosos músicos que le acompañaban, músicos como el trombonista Quenti Jackson, los trompetistas Cootie Williams, Cat Anderson o Clark Terry, los clarinetistas Barney Bigard o Russell Procope, o los saxofonistas Johnny Hodges, Ben Webster, Paul Gonsalves, Sonny Sttit o Jimmy Hamilton.
A mediados de los cincuenta, la música de Duke volvió a cobrar especial protagonismo dentro del panorama jazzístico gracias, en buena medida, a sus composiciones para las bandas sonoras de películas como «Anatomía de un asesinato» o «Un día volveré», pero sobre todo, a su histórica participación en el Festival de Jazz de Newport del año 1956, cuando interpretó unidos dos viejos temas de los años treinta, «Diminuendo in Blue» y «Crescendo in blue», apenas separados por un tan impresionante como irrepetible sólo de Paul Gonsalves. Una actuación que devolvió a Ellington las increíbles cotas de popularidad alcanzadas durante «la era del swing».
En los años sesenta la música de Ellington se vuelve mucho más espiritual y casi litúrgica con temas como «In the beggining of God», que presentó en publico el año 1965 en la catedral de San Francisco. Al mismo tiempo, Duke también sacó tiempo para realizar numerosas grabaciones junto a los jóvenes músicos que, como John Coltrane, Max Roach o Charlie Mingus, estaban explorando nuevos caminos dentro del jazz y muy pronto pasarían a convertirse ellos mismos en leyenda dentro de este tipo de música.
Los últimos años de su vida fueron una constante sucesión de premios y reconocimientos como los títulos de Doctor Honoris Causa en Harward y Yale, la Medalla de Honor de la Presidencia, o su incorporación al Instituto Nacional de las Artes y las Letras de Estados Unidos y a la Real Academia de la Música de Estocolmo. Además, a los 66 años estuvo nominado para recibir el Premio Pulitzer, y cuando su candidatura no fue admitida simplemente respondió, con su tradicional humor, «El destino es amable conmigo y no quiere que yo sea famoso demasiado joven».
De Ellington se dice que llegó a componer más de 2.000 temas a lo largo de su vida, si bien, como solía hacerlo en servilletas o trozos de papel que encontraba en cualquier parte, a quien sostiene que el número de sus composiciones podría alcanzar las 5.000. Duke Ellington se mantuvo al frente de su orquesta hasta su muerte, en Nueva York, víctima de un cáncer pulmonar, el 24 de mayo de 1974, y tras su desaparición fue su hijo, Mercer Ellington, quien tomo la antorcha del relevo de su irrepetible padre, uno de los más grandes creadores de la historia del siglo XX.

Cuánto te gustó?




Cargando...
