Javier Malosetti: «Los artistas jóvenes son la esperanza del país»

Por pimera vez, el prestigioso bajista tiene una banda propia, Electrohope. Integrada por músicos Sub-30, habla del gran momento del jazz argentino y de su relación con los grandes, de Bob Dylan a Luis Alberto Spinetta.

Fuente Diario Clarin
Por: Gloria Guerrero

Con su metro noventaypico y sus zapatillas 49, tiene todo el aspecto de un basquetbolista profesional… luego de unas muy saludables vacaciones. El asunto de las «llantas» siempre fue un apocalipsis hasta que consiguió que una famosa marca le diera su apoyo (plantal) y se las hiciera a medida: «¡Me salvaron la existencia….!». Pero Javier tiene, de suyo, con qué pisar: es uno de los músicos más brillantes de la Argentina, lleva los genes de una leyenda del jazz local (Walter Malosetti) y cuenta con un historial abrumador que suma ocho discos como solista, muchos premios Clarines, Gardeles y Konex, y vínculos preciosos con gentes como Luis Alberto Spinetta (con quien grabó casi una decena de álbumes), Pappo, Divididos, Rada, Lito Vitale (sigue la lista) y hasta Bob Dylan, quien lo eligió como telonero de su concierto de 2008 en Rosario.

Figurón convocante del jazz de acá, experimentador y eterno propenso a la carcajada, Malosetti ha hecho casi todo. Pero siempre hay algo que alguien hace por primera vez. A los 43, tiene por fin banda propia: Electrohope, cuyo álbum debut sale a la venta este martes 30 de junio. El disco incluye composiciones propias y versiones de clásicos y rarezas (de Prince a León Gieco) y dos temas con dedicatoria especial: Waltz for Leloir (al Parque y al doctor) y Hymn for Mono, al gran baterista Norberto Minichilo, fallecido recientemente.

Javier Malosetti canta y se ocupa de bajos, guitarras, baterías y hasta panderetas. Y también del M2, un instrumento realizado por el luthier Mariano Maese compuesto por un doble mástil con bajo de cinco cuerdas y guitarra.

¿»Electrohope» es tu primera banda? ¿De verdad?
¡Yo nunca tuve una banda! Siempre toqué con algún solista, con algún cantante, en el grupo de otro… pero nunca formé parte de una banda. Entonces, me armé una yo.

Y con pibes.
Y con pibes, sí. Hay uno que es más jovato, aunque no llega a los 30 años: Nico Raffetta, organista y tecladista de Pappo; para mí es una pieza fundamental en el blues local. El baterista es Tommy Sainz (20 años); yo veía que no se soltaba, que no se soltaba y le dije: «Noto que, ante la duda, no tocás. Hacé al revés: ante la duda¿ ¡vos pegále!». Al final lo hizo, entendió todo, es perfecto (se ríe). En otros temas de este disco tocan Oscar Giunta o mi hijo (Julián, 17), o sea que las partes de batería siempre están buenísimas… salvo en dos canciones que la toco yo. Hernán Segret (22) es el guitarrista, un gran compositor; lo conozco desde que tenía 16 y era mi alumno de bajo… Mirá, éste es el primer disco de toda mi trayectoria en el que delego el lugar del bajista: en un tema toca Hernán, y en otro Mariano Otero… Pero el cambio fundamental de este disco radica en los chicos. En Electrohope lo de «Hope» (esperanza) es por ellos. Para mí son la esperanza del país, ni más ni menos: los artistas jóvenes

¿Y lo de «Electro»?
Porque tiene un sonido «un poquito más allá». No es que tocamos en las raves, entendés, no estamos hablando de música electrónica, pero tiene un destino más eléctrico que lo que yo venía haciendo. Remite más al sonido de un equipo puesto al palo, al sonido de un órgano con su Leslie girando hasta levantar vuelo… No interpreté mi propia música de este modo nunca antes.

¿Ahora sí te va a perturbar que te premien sólo como músico de jazz?
A ver: en realidad estoy agradecido de que cada tanto alguien ponga un disco mío y piense: «vamos a reconocérselo». Eso está buenísimo. Y si me ven como «músico de jazz» también me halaga, porque es la música más grossa en este momento…

¿Creés que el jazz es la música más grossa…?
Y, para mí sí. Porque tiene los conceptos armónicos de la música clásica pero extendidos aún más: tiene la improvisación, el swing, el ritmo, el «áfrica, el humor, cosas que, a mi modo de entender, la convierten en la música más alta. Pero algunos apelan también a otros estados, claro. Como los «rockeros malos», todos pintados: son otras sensaciones que prefiero dejarlas en mi casa. Porque a veces las músicas heavies se llaman así porque están tocadas desde un modo pesado, pero musical y armónicamente tienen un mensaje muy inocente. Y después ponés el Pájaro de Stravinsky y decís: «¡Esto sí que es pesado, boludo…!» O la Danza de Maya de la Mahavishnu Orchestra: ¡ésas son cosas pesadas, que te dejan lleno de inquietudes y de miedo!… El jazz es una gran influencia para mí, aunque no la única. Fue lo que siempre más me gustó: no quiero darles la espalda a todos los años en los que escuché a Louis Armstrong. No el Armstrong de cabaret, sino el Armstrong joven, inquieto y compositor. Me gusta que eso aparezca en mi música de algún modo, en algún momento. Es una tradición. Y a mí me gustan las tradiciones. Como me gusta Prince, porque disfruta tanto de Duke Ellington: Prince ha escuchado mucho, es como un Duke moderno¿

En tu nuevo disco está Prince y también está Príncipi…
(Risas) ¡Sí! Grabé mi versión de Vicki Waiting: si hago un tema de un artistazo, prefiero que sea un lado B. Y Cachito campeón de Corrientes es un tema que me encanta de toda la vida. También incluimos esta versión en el disco homenaje a León Gieco, a beneficio de comedores de Buenos Aires, y Osvaldo Príncipi participa como invitado: es el relator de la pelea de Cachito. Príncipi, mirá vos, fue de gira por todo el mundo con mi abuelo materno, el periodista de boxeo Jorge Mórtola, quien tuvo las páginas Luces en el ring en Crónica durante medio siglo… Príncipi era algo así como «el pollo» de mi abuelo y todo el tiempo me cuenta cosas de él… a mí, que de boxeo no tengo ni idea. Y terminé haciendo un blues rural, aunque en el medio conservé un poco de chamamé. Porque el blues y el chamamé comparten el compás ternario: vos ponés un chamamé y un blues que estén al mismo tiempo y no tienen nada que ver estilísticamente, pero rítmicamente caminan juntos. Cachito… es fantástico, es una novela¿

Ahora vas a presentar «Electrohope» en La Trastienda y después en el interior. ¿Cómo se vive la crisis en las giras?
Sé que cerraron muchos lugares y que la cosa está difícil en los pubs, pero en el interior siempre tocamos en teatros hermosos… El del jazz es un fenómeno particular. En un país bastante incendiado y con poca guita, sin embargo hay boliches de jazz, un vasto catálogo, salen muchos discos, y todos tocan. La crisis argentina es innegable, pero tenemos laburo y a salas llenas. No sé, será que a la gente le gusta destinar parte de su erario a su esparcimiento artístico… cosa que celebro con felicidad.

De donde venís papá…?

de dónde venís papá..!!

Hace unos pocos dias mi hijo menor Isaias de 9 años me pidio que le pasara algo de jaz, (asi como suena y no como estamos acostumbrados a nombrarlo) o algo de "fusion" !!, antes de esto una vez de visita en nuestro programa radial dijo al aire muy suelto que el jaz es una porqueria y que el preferia a los Black and Peas (por los Black Eyed Peas). Tiempo atras el mayor de los varones Ivan Leon tambien habia quedado prendido de Alma y Vida, el grupo argentino pionero del jazz rock de los años '70 que vueltos a reunirse despues de treinta años de separados, habian revuelto mis memorias y agitado mi alma.

No quise dejar pasar la oportunidad de contarles mi derrotero desde aquellos pioneros a mi presente jazzero, cosa que ya me habian preguntado y que ya les habia comentado esto de donde vengo y donde desemboco mi preferencia musical. Con algo mas de atencion de su parte, me dispongo a contarles de mis aventuras con estos (y otros) mis " heroes y sus hazañas", y ansioso por no perder la oportunidad de contarles y hacerles escuchar algo de aquellos años de gloria, me dispuse a mostrar lo que aun conservaba y a buscar lo que ya no tenia.

Asi aparecieron agolpandose en mi memoria, apretujando el corazon y humedeciendome los ojos viejas y actuales glorias del rock: Deep Purple, en ocasion de su nueva visita a nuestro pais hace pocas semanas; Yes, que los estoy gastando estos dias asi como varios de los mas destacados discos solista del increible cantante del grupo Jon Anderson; su tocayo Ian Anderson con los Jethro Tull, por supuesto Pink Floyd y la carrera solista del "guitarrista sentimiento" David Gilmore (nada de Roger Waters solista!!); King Crimson, Jeff Beck, Wather Report, Billy Cobham (confieso que la Mahavishnu nunca me convencio del todo), los accesibles Steely Dan y la carrera solista de su voz cantante Donald Fagen..., tampoco nada de los Rollings que nunca me movieron un pelo, aunque supongo que si preguntan tendre que hacerles escuchar algo, claro que si de The Beatles y especificamente de la carrera solista de Paul McCartney, George Harrison y John Lennon..., no quiero olvidarme del flaco Spinetta, por favor!!, quien mas..., Carlitos Santana..., ZAPPA!!, me olvidaba de Zappa...!!, y mucho, mucho mas atras en el tiempo recuerdo la figura larga y esbelta de un flaco movedizo tocando la guitarra en un programa de tv (yo era un purretito!!), recuerdo el impacto que me produjo, era el genial guitarrista chaqueño Oscar Aleman, mamita!!, me acuerdo como si fuera ayer...

Y ya que preguntan, en mas de una oportunidad les debo haber contado de aquellas epocas en las que ibamos al cine a ver los conciertos de rock como "Woodstock, tres dias de paz, amor y musica", el "Concierto para Bangladesh" de George harrison, Tommy (1975) la primera opera rock con musica de The Who y protagonizada por Oliver Reed y la bellisima Ann Margret, mas los integrantes de The Who, Eric Clapton y alguno mas que se me escapa..., mas algun que otro recital que no recuerdo, o las bandas de sonido de peliculas como aquella del agente 007 "Vivir y Dejar Morir" por Paul McCartney y que debo haber visto una docena de veces nada mas que para escuchar su musica.

Y luego si aparecieron los jazzeros propiamente dichos: Miles con su maravilloso invento y todos sus discipulos, mas todos aquellos que de alguna manera se plegaron al movimiento, por alla por el año '76 aparece la genial figura del ahora considerado "mejor guitarrista de jazz vivo" Pat Metheny que expande mi atencion a todo su entorno, al mismo tiempo que exploraba la veta mas lirica del jazz: Bill Evans, Keith Jarrett, etc, etc...

Claro que todavia no llegue tan lejos con ellos, mis hijos, recien nos vamos entendiendo sin apurar ni imponer gustos o preferencias.

He programado algo de algunos de los mencionados para la ocasion en nuestro programa de los miercoles, pero es en la seleccion musical que preparamos con Gervi para un programa periodistico diario de dos horas en nuestra radio donde suelo darle rienda suelta a esto de compartirlo con otros tan nostalgicos como uno, y ahora, aunque en menor medida, con mis hijos.

No importa donde desemboque esto, ya es bueno que los pibes se abran a otros mundos...

Para resumir y volviendo a la pregunta original, ya lo dijo no hace mucho el genial Carlitos Santana "...el rock es un espejo de agua, en cambio el jazz es un mar inmenso", sintetizando en esta grafica frase esa sensacion de una busqueda mayor...

Entrevista a Joachim Kühn

«Es importante estar atento a la belleza, venga de donde venga»

Fuente: www.elpais.com
Por: Chema Garcia Martinz – Ibiza – 26/08/2009

Joachim Kühn abandonaba cada cierto tiempo su refugio en el corazón del parque natural de Ses Salines, para llevar su música por los escenarios del mundo y regresar al anonimato de su plácida existencia ibicenca. Quince años después de su aterrizaje en nuestro país, el pianista y compositor va a ser, por fin, profeta en su tierra de adopción. Kühn será hoy la gran estrella de la sesión inaugural del festival Eivissa Jazz junto a sus inseparables Majid Bekkas y Ramón López, al laúd y la batería, respectivamente.

Joachim Kühn ha recorrido un largo camino para terminar aquí. Hijo de artista circense –«Mi padre funambulista me inculcó el gusto por el riesgo»– y hermano de un conocido clarinetista de jazz 15 años mayor que él, Kühn creció bajo la sombra alargada de su paisano Johann Sebastian Bach: «Vivíamos en el número contiguo a la casa natal de Bach en Leipzig, a pocos metros de la Iglesia de Santo Tomás, de la cual Bach fue director musical y donde se halla enterrado». En 2001, el pianista tuvo la oportunidad de rendir tributo a Bach sobre el mismo instrumento empleado por el maestro pero su carrera de concertista se torció el día en que se cruzó en su camino el primer disco de free jazz: «Uno desarrolla una sensibilidad muy especial hacia la palabra libertad cuando se ha nacido en la Alemania del Este».

En 1966, el joven pianista solicitó asilo político en la RFA. Ese mismo año, acudió con su cuarteto al Festival de Jazz de Berlín: «Éramos la nota estrafalaria en un programa lleno de grandes nombres venidos de América. Y, sin embargo, arrasamos». Al año siguiente, Wein invitó a los Kühn a tocar en el festival de Newport. En esta ocasión, los hermanos estuvieron acompañados por Jimmy Garrison, el bajista de Coltrane, en lo que estaba previsto fuera el paso previo al encuentro con el saxofonista: «A los días recibí la noticia de que Coltrane acababa de morir».

En el año 1974, Joachim Kühn visitó España con un grupo de jazz-rock progresivo, Association PC. Para entonces, el pianista cultivaba una imagen andrógina inspirada en el emergente glam rock: «Supongo que para un músico de jazz era algo extraño salir al escenario con las uñas pintadas». En su transitar por el lado salvaje de la existencia, el pianista se convirtió en todo un especialista levantando novias ajenas. Entre sus víctimas se cuentan numerosas estrellas del jazz y el pop del momento. Como tantos otros, experimentó con las drogas y, a diferencia de muchos, salió vivo del intento: «Probé todas las disponibles hasta que llegué a la conclusión de que lo mejor es no tomar nada. Es la postura honesta para con uno mismo y quien te escucha».

Tras residir en las ciudades de Leipzig, Hamburgo, París, Los Ángeles, Nueva York y, de nuevo, Hamburgo y París, en el año 1993 Kühn fijó su residencia en Ibiza, en el domicilio de su hermano Rolf: «Siempre había deseado vivir en un sitio donde pudiera vivir como me diera la gana y lo encontré».

Quien ha sido reconocido como «una de las voces más poderosas del jazz contemporáneo» lleva una existencia al margen de los acontecimientos sin horario, sin teléfono móvil, sin televisión, ¡sin Internet!… el piano gran cola, una caja de amplificación para guitarra-bajo decorada por él mismo, discos, cientos de ellos (Kühn es un comprador compulsivo de música) dispuestos sin ningún orden preciso. El corazón musical de Kühn late non stop las 24 horas al día: «Si fuera por mí, publicaría un nuevo disco todas las semanas». De J. S. Bach a Chet Baker o Eartha Kitt; Kühn ha tocado con el who’s who del jazz de las últimas cuatro décadas. Y, sobre todos ellos, un nombre: el de Ornette Coleman. A sus 65 años, apura la copa de la eterna juventud. Sus fuentes de inspiración varían: puede ser un atardecer en el desierto o una bañista en top less: «Lo importante es mantenerse siempre atento a la belleza venga de donde venga».

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