Bo Diddley, leyenda del rock y el blues, ha muerto a los 79 años el pasado lunes 2 de junio en su casa de Florida como consecuencia de un fallo cardíaco después de haber sufrido en agosto pasado un ataque al corazón y verse muy deteriorada su salud.
Oriundo de Misisipi, estaba considerado como uno de los creadores del rock’n’roll. Su música inspiró a gigantes como Elvis Presley, los Rolling Stones, Jimi Hendrix, Bruce Springsteen, U2, David Bowie y The Police, entre otros.
El denominado ‘arquitecto’ del ‘rock’n’roll’ era reconocido por su característica guitarra rectangular, sus gafas y sombrero negro con el que solía aparecer en sus conciertos.
Aunque a lo largo de la historia no se llevó tan bien con los rankings como al principio de su carrera, Diddley fue tremendamente influyente en la gestación del rap, el rock and roll y un estilo guitarrístico propio. En 1999 recibió el premio Grammy en reconocimiento a toda una vida de logros.
Suerte en el más allá…
John Scofield, considerado uno de las mas relevantes figuras de la guitarra jazzera contemporanea, vuelve a presentarse en nuestro pais el proximo miercoles 28 de mayo en el teatro Gran Rex de Buenos Aires, con su ultimo registro This Meets That, su primero para el sello Emarcy. Lo hace con un Power Trio de viejos amigos de largas aventuras, el genial bajista Steve Swallow y el joven y talentoso baterista Bill Stewart, con quienes había registrado en 2004 el exitoso “En Routeâ€, grabado en vivo en el mítico Blue Note de Manhattan.
El grupo se completa con una sesion de vientos, The ScoHorns, a cargo de Phil Grenadier (hermano de Larry Grenadier integrante del Brad Mehldau trio) en trompeta y flugelhorn, Eddie Salkin en saxo, tenor y flauta y Frank Vacin en saxo barítono y clarinete bajo. En recientes apariciones en escenarios europeos Scofield presento otra formacion, pero aqui en Bs As lo hace con la original, oportunidad que tendran los asistentes de ver en escena a un trio fenomenal.
El ex Miles Boys dueño de un inconfundible sonido, tal vez siguiendo los pasos del maestro se mete sin miedo al desaire con propuestas dispares, del post-bop, al funk, al rythm & blues, al blues, al rock. En este disco recrea con personalidad Satisfaction tema emblematico de los Stones, ademas de tocar junto a su colega Bill Frisell The House of the Rising Sun, el conocido tema con aire de western. En cuanto a la incorporacion de la sesion de vientos explica Scofield «Cuando compongo una tonada, por lo general escucho más partes de las que termino tocando en la guitarra, por eso en esta grabación agregué los vientos. Aún mantenemos nuestra cosa de trío intacta, pero el sonido se amplió y cobró matices. Ellos embellecieron lo que hacemos…»
Swallow y Scofield convivieron musicalmente los ultimos quince años participando en tanto en trabajos propios como sideman en otros proyectos, en tanto que su relacion con Stewart no es tan añeja pero que ya lleva un buen recorrido, los tres mas el guitarrista Pat Meheny grabaron en 1993 I can see your house from here, una de las colaboraciones mas celebradas.
Una excelente oportunidad de ver y escuchar al trio en compañia de The ScoHorns por primera vez juntos y en nuestro pais…
En su tercera visita a la Argentina, el legendario músico británico homenajeó a Freddie King y, fiel a su rol de descubridor de talentos (Eric Clapton, Mick Taylor o Peter Green), presentó a un guitarrista de lujo: Buddy Whittington.
Afuera, rugen bocinazos por el triunfo de Boca en México. Llueve. Adentro, ajeno al delirio futbolero del argentino tipo, John Mayall –una eminencia, diría la abuela– inicia su tercer recital aquí, en la pampa húmeda. El Gran Rex no está lleno: hay huecos visibles en las filas traseras de la platea y en los pullman de arriba. Muchos están, incluso, porque su primer arribo –1985, Festival de la Rock & Pop– había sido un fracaso. “Me decepcionóâ€, dice alguien, al paso. En verdad, aquel “sapo†se debió a una pésima organización que le boicoteó el sonido nada menos que al padre benefactor del angloblues. Poco registro emotivo hay también de su segunda visita a fines de los ’90, tal vez cierta laguna en la memoria selectiva, pero esta vez parece ser la vencida. Puntual, como buen inglés, Mayall presenta a su Bluesbreakers más duradera (15 años) y arranca. El tema pertenece a su última placa (In the palace of the King). Se llama “You know that you love me†y lleva la firma de una dupla estupenda: Freddie King-Sonny Thompson. Indudablemente es la vencida.
Puesta austera. Detrás, con parsimonia típica de baterista de blues, emerge la figura calva de Joe Yuele. Su tempo es exacto, jamás se desorbita. A la derecha, un bajista (el más joven de la banda) al que no se le mueve un pelo: Hank Van Sickle. Toca parado. Hace una marca en el piso de tanta quietud y nunca se equivoca. Base sólida, apta para pasear cómoda por todos los subgéneros del blues. A la izquierda, un gordazo con cara de bueno que toca como atravesado por una magia divina. Su nombre es Buddy Whittington. Escuchar cualquiera de sus solos, en especial el de “Help me than the dayâ€, otra gema de King pero incluida originalmente en Life in the jungle (1993) o el jazzeado “Congo Square†(Sense of palace, 1990), acerca una primera impresión. Si él (Whittington) hubiese nacido 20 años antes, seguramente Mayall lo hubiese sumado a su pléyade de futuras estrellas. Dicho de otra manera, si hubiese merodeado los pubs de Londres a fines de los sesenta, seguramente habría corrido la suerte de todas aquellas luminarias que Mayall impulsó: Eric Clapton, Mick Taylor o Peter Green, por nombrar alguno de sus nenes. Sin exagerar: el gusto, la versatilidad, la profundidad y el feeling de Whittington lo ubican entre los mejores guitarristas del género en los últimos –largos– años.
Y, cómo negarlo, deja bien parado a Mayall. Tiene 74 años, está poblado de canas, pero su olfato como rastreador de genios sigue intacto. Siempre lo ha sido. En los sesenta y hoy. Borracho o lúcido. En Londres o en Los Angeles, el viejo militante de la causa negra, el padrino, el “inventor†del blues blanco –junto a Alexis Korner– aún sabe cómo rodearse. Y entonces, cuando se sabe elegir buenas compañías, hay medio problema resuelto. Son muchos los pasajes en los que, incluso, Mayall se corre de la escena y, generoso, le cede el protagonismo a su guitar-hero. Sabe que sus punteos erizan, duelen en el alma, emocionan. A los que escuchan debajo, y a él. Porque si hay otra conclusión, esta noche, es que Mayall sigue disfrutando de lo que hace. Se ríe, luce un impecable estado físico, interactúa con la gente. A veces canta –con su habitual tono agudo–, otras toca el sintetizador –clave en su repertorio–, o la armónica. O hace las tres cosas juntas sin necesidad de tubos de oxígeno (Lemmy Kilmister, Hangar) o de largos descansos con la banda librada al azar (Ian Gillan, Luna Park). Y a veces –aunque no haga falta– empuña la guitarra. El set, salvo excepciones, es más festivo que desgarrador; más up que épico, más relajado que intenso. Más pasado reciente que lejano. De los tardíos sesenta, Mayall reflota el sentido “Hideway†(Bluesbreakers with Eric Clapton, 1966), también perteneciente a la dupla King-Thompson; “Room to moveâ€, una de sus piezas más conocidas, que vio la luz por primera vez en aquel resumen en vivo del período (The Turning Point, 1969); “Somebody’s acting like a childâ€, séptimo track de Blues from Laurel Canyon, según la flamante reedición de Universal casi 40 años después de la original. El resto se reparte entre material de los noventa (“Eye for an eyeâ€, de Cross country blues; “One life to liveâ€, de Life in the jungle; “Ain’t no Brakemanâ€, de Sppining Coin; o el mismo “Congo Squareâ€), otra demostración de que Mayall siempre vivió el blues con el sabor de la espontaneidad. Presente. Natural y fluido, como cuando se le ocurrió armar la primera gran escuela y la llamó, premonitorio, Bluesbreakers.
Fuente: Página 12. Viernes, 23 de Mayo de 2008