Serie documental sobre la Historia del Jazz

La serie de 10 episodios se emitirá, a partir del viernes 1° de octubre, todos los viernes a las 23 por Film & Arts.

Ken Burns497 piezas musicales, 2000 películas de archivo y 75 entrevistas son el material que Ken Burns editó, compaginó y montó en una monumental Historia del jazz. Durante 19 horas y bajo la conducción de Wynton Marsalis, traza un recorrido fascinante desde el nacimiento de esa música norteamericana como segunda voz de las leyes racistas en el siglo XIX, a través de la Primera Guerra Mundial, las revoluciones artísticas y científicas en el siglo pasado, y hasta las puertas de la era del entretenimiento. Después de sus trabajos sobre la Guerra Civil y el béisbol, Burns ofrece un viaje lleno de perlas y sorpresas al corazón del sonido norteamericano, erigido alrededor de la figura de Louis Armstrong.

Fuente: www.pagina12.com.ar | Suplemento Radar | sept 26, 2010
Por: Diego Fischerman

Ken Burns - JazzToda historia cuenta, a la vez, la historia de quienes la hacen. Ken Burns, en su tercera multipremiada serie de documentales, se enfocó en el jazz. Que las dos anteriores hayan estado dedicadas a la Guerra Civil norteamericana y al béisbol pone en claro, en todo caso, que esta música forma parte, para él, de una trilogía del imaginario estadounidense. De los mitos y construcciones de lo que ellos llaman “América”. La serie, titulada Historia del jazz, abarca diez capítulos y será emitida todos los viernes a las 23, a partir del próximo 1º de octubre, por Film&Arts. Allí, con abundante documentación fotográfica y un muy buen material fílmico, se cuenta, sobre todo, el origen del jazz y se hace hincapié, en particular, en el hecho de que ésa es la “música americana” –es decir norteamericana– por antonomasia. Abundantes comparaciones del tipo “Ellington es nuestro Mozart”, más que dar legitimar propia al jazz ponen en evidencia precisamente lo contrario: la necesidad de encontrar una legitimación externa.

La cuestión sobre la americanidad del jazz –o su africanismo, la otra cara del mismo mito– se relaciona con otra escena fundante: la doble mentira de Louis Armstrong acerca de su fecha de nacimiento y la de sus padres. Que asegurara haber nacido el 4 de julio de 1900 –en lugar del 4 de agosto de 1901– tenía que ver, más que con una cuestión de prestigio personal, aunque la hubiera, con un reclamo de identidad nacional para el jazz. Esa fecha doblemente simbólica, el primer día de la independencia estadounidense del siglo XX, tenía la intención de instituir como un icono nacional, junto a Armstrong, al jazz en su conjunto. Había en ese gesto un fuerte afán de integración. El jazz discutía su lugar como música americana y no como race music (que era sólo consumida por público negro) al mismo tiempo que reivindicaba su negritud. Y la otra mentira de Armstrong, la que falseaba la fecha de nacimiento de los padres, jugaba en ese sentido. Los padres de Armstrong habían nacido después de la abolición de la esclavitud pero, haciéndolos más viejos de lo que habían sido, Louis Armstrong podía decir que era hijo de esclavos. También en este caso, la fundación de una leyenda personal habla de cómo se constituyen las leyendas colectivas. No importa tanto la trascendencia que Armstrong quisiera darse a sí mismo a través de estas imposturas como la prueba que éstas proveen acerca de qué cosas podían otorgar valor simbólico al jazz. Las dos mentiras del trompetista que, en muchos aspectos, fue, para una porción considerable del público, la más perfecta personificación del jazz y que la historia de Burns llega a considerar casi como su sinónimo, remiten ni más ni menos que a los dos polos que conforman el origen reconocido del jazz: lo afro y lo americano. Como en las fechas de Armstrong, hay también allí una falsedad que, no obstante, resulta fundamental en cuanto al hallazgo de un mito de fundación. Lo afro ya era, en los finales del siglo XIX, afroamericano, en el sentido de que entre las fuentes del jazz no había músicas africanas puras sino géneros ya constituidos en Estados Unidos y, en muchos casos, con más de un siglo de antigüedad. Los fundadores del jazz no eran los esclavos recién llegados ni sus hijos, sino descendientes para quienes Africa era más bien una leyenda lejana.

En ese sentido, y más allá de una postura ideológica que está lejos de brindar una lectura única o más o menos abarcadora pero aporta datos notables para ser confrontada con otras historias, el documental brinda una cuidadosa reconstrucción del sur estadounidense en los finales del siglo XIX, del crecimiento de Nueva Orleáns y, aun cuando el origen del jazz en esa ciudad sea discutible –las fuentes más confiables permiten aventurar que, más bien, el jazz era una forma de interpretar bastante común en todo el sur del territorio y que se extendió con gran velocidad hacia otras ciudades– el panorama resulta sumamente enriquecedor. En particular resultan reveladoras las abundantes fotos de negros y blancos juntos y los documentos que hablan del racismo de los mestizos “criollos de color”, que formaban parte de la pequeño-burguesía local, aún mayor que el de los blancos proletarios que eran tan pobres como sus compañeros de trabajo negros. Las escenas, en algunos casos fotos sobre las que un acercamiento revela algún detalle en especial, son comentadas por músicos de jazz actuales y críticos del género como Larry Giddins o Stanley Crouch, que podrían ser considerados algo así como los ideólogos del marsalismo. Y es justamente Wynton Marsalis quien coprodujo el documental y aparece a lo largo de los diferentes capítulos comentando lo que se ve en escena, hablando del estilo de algún músico y, en algunas ocasiones, ejemplificando él mismo, con su trompeta, el efecto de wah wah realizado por los músicos de Kansas al tapar y destapar los pabellones de las trompetas con sus sombreros.

“En el comienzo de mi film sobre béisbol, el escritor Gerald Earley decía que cuando se estudiara nuestra civilización americana dentro de 2000 años seríamos reconocidos sólo por tres cosas: la Constitución, el béisbol y el jazz”, afirma Burns, en consonancia con los temas elegidos para sus documentales. “Creo que lo que él estaba diciendo es que el genio americano está en la improvisación. Se trata de cuatro hojas de papel, escritas al final del siglo XVIII, que alcanzan a los problemas más complicados del siglo XXI; de un simple juego de chicos, con un palo y una pelota, pero que funciona con infinitas combinaciones casi ajedrecísticas; y de una música, creada por afroamericanos, un conjunto de personas que tenía la única, extraña experiencia de no ser libres en un país supuestamente libre. ¿Y qué podían crear? La única forma de arte que los americanos han inventado: el jazz. Fuera de él, casi cualquier música entre las que disfrutamos en la actualidad remite de alguna manera al jazz: rap, hip-hop, rhythm & blues, soul, rock. No puedo imaginar que alguien que tenga interés en nuestro país no tenga interés en el jazz. Es la banda de sonido de América.” La cuestión de la pertenencia del jazz a los Estados Unidos –y tal vez también de lo contrario– es central en el film de Burns. En rigor, la crítica principal que puede hacérsele es su afán de demostración. Hay una ideología que el film comparte con Marsalis según la cual el jazz es el correlato exacto de la Democracia Americana. La interpretación es, desde ya, bastante optimista tanto acerca del jazz como de la llamada Democracia Americana. “En el jazz –explica Burns–, uno no puede tocar lo que tiene ganas. Tiene que escuchar al otro y saber qué es lo que está diciendo. Uno toca lo que tiene ganas pero respetando, necesariamente, lo que tocan los otros. Eso es la democracia.” Allí donde, en cambio, con sencillez la cámara muestra a los músicos tocando y se deja oír el sonido de la trompeta de Armstrong o el de la orquesta de Ellington, el documental cobra vuelo.

El otro reparo tal vez se saldaría si esta historia hubiera sido titulada “Los orígenes del jazz”. En rigor, de los diez capítulos uno sólo, el último, va más allá del swing y del proyecto de modernidad asimilable con la orquesta de Ellington en los ‘40. Y ese décimo capítulo presenta una especie de visión apocalíptica sobre lo que vendría. En palabras de Branford Marsalis, “muchos músicos jóvenes de jazz comenzaron a hacer otra música, cosa que hasta ese momento no había sucedido nunca”. En este planteo, obviamente, el jazz-rock, las distintas amalgamas con músicas de otros géneros, mucho del free jazz más politizado, quedan afuera o son, más bien, los síntomas de la llegada de los bárbaros que causarían la caída del imperio. La historia del jazz de Burns es una historia parcial. No debe –ni puede– tomarse como la historia sino, en todo caso, como un panorama sumamente ideologizado pero maravillosamente documentado acerca de cómo el jazz creció y se convirtió en la música de un país. Los estilos de Armstrong, Ellington, Fletcher Henderson, Dizzy Gillespie, Charlie Parker, el primer Miles Davis, son profusa y minuciosamente explicados. Mingus, Dolphy o Bill Evans, en cambio, apenas son tenidos en cuenta. Y tampoco se reconoce la importancia de alguien como Nat Cole, que entre otras cosas fue pianista de Lester Young, tal vez porque la perspectiva moralista de Burns –y su machacada idea del jazz como “forma del arte”– no le permite perdonar su conversión en estrella pop. Eso es lo que no está. Y no tendría sentido buscarlo allí. Lo que sí está, en cambio, es un relato en el que el jazz va funcionando como segunda voz de las leyes racistas de trabajo en el siglo XIX, de la Primera Guerra Mundial, las revoluciones artísticas y científicas de los años veinte en el siglo pasado: Picasso, Freud, Einstein. Acierta, en todo caso, en la certeza acerca de que el jazz fue parte de una transformación radical del mundo. Y que parte de esa transformación, en la que los medios de grabación del sonido y su difusión –primero la pianola y luego el disco y la radio– fue a su vez aprovechada por el jazz como su material preferente. Burns se sorprende, según dice, de haber descubierto la importancia de Armstrong en el arte del siglo XX, más allá de la propia historia del género. Se sorprende, más allá de cualquier catequismo, con el sonido de su trompeta. Y este film, con sus 19 horas de duración, con las 497 piezas musicales incluidas, sus 2000 películas de archivo, algunas nunca antes difundidas, intercaladas con 75 entrevistas, es el portador, al fin y al cabo, de las imágenes de Armstrong, Coleman Hawkins, Thelonious Monk o Charlie Parker. Y, sobre todo, de sus sonidos. Y allí es donde estará, siempre, la sorpresa.

Dora, la encantadora…

Extraña coincidencia…, curiosa y de sentimientos encontrados…, ésto último por la memoria de mi abuela Dora; lo primero por que me encuentro escuchando Secret Story de Pat Metheny y especialmente el corte 12, The Truth Will Always Be, un bellisimo tema, muy desgarrador que Pat compusiera en un momento muy doloroso para él. Todo ésto se conbinó de una manera especial dado que hoy hace tiempo ya, fallecia mi entrañable abuela y por esos días le dedicamos en nuestra emisión éste tema de Pat que me encuentro escuchando en éstos momentos…

Bella música que refresca bellos recuerdos de una hermosa viejita tan alegre y con tanto amor por la vida, la música, la familia… Sus alegres «versiones» de conocidas canciones, sus dichos, sus cuentos, su comida…

Ojalá mi presente no haya defraudado tus esperanzas sobre mi fufturo…

Los cinco trios de Chick Corea

Chick Corea - Five Trios[audio:FiveTrios-DrJoe-M.M..mp3|titles=M.M.|artists=Chick Corea ]

Five Trios
Chick Corea

Date: December 18, 2007
Label: Stretch Records

Five Trios - Dr JoeEl legendario pianista Chick Corea grabó una serie de conciertos en trio con diferentes formaciones durante los años 2005/6/7 que fueron compiladas por el sello japonés Stretch y publicadas en diciembre de 2007 en una lujosa caja con cinco discos que contienen cinco diferentes conciertos más un sexto cd con algunos bonus tracks. Corea reunió a un grupo magnifico de músicos con quien compartir éste proyecto conocido como Five Trios. Con el primero de los trios formado con John Patitucci (bass) y Antonio Sanchez (drums) grabó Dr Joe, un homenaje a Joe Henderson grabado el 13-14 de abril de 2007 en Mad Hatter East, Clearwater, FL. Así cuenta Corea sobre éste primer disco:

«Con mi viejo compadre de la Elektric Band y de la Akoustic Band, John Patitucci, y con mi baterista amigo, Antonio Sanchez, a quien conocí y me inspiró recientemente, hemos tocado juntos varias veces, pero esta es la primera vez como trío para nosotros. La diversión tuvo lugar en Mad Hatter East (mi estudio casero en Clearwater, Florida). Durante dos días reimos a montones y tocamos temas que nunca habíamos tratado juntos antes – John, el animador, y Antonio, el hombre recto con su humor inteligente y seco. Yo compuse «Dr. Joe» para Joe Henderson hace como cinco años, pero nunca lo toqué ni lo grabé. El espíritu de Joe estuvo tan presente durante la grabación que decidí dedicarle el projecto entero de este trío a él, en agradecimiento por toda la inspiración que me ha dado.»

Five Trios - From MilesSiguen los homenajes ésta vez a su mentor Miles Davis con From Miles, para éste trio convocó a otros ex Miles-Boys Eddie Gomez (bass) y Jack DeJohnette (drums) con quienes compartió escenario el 14 de enero de 2006 en Hilton Ballroom, New York, NY. Comenta Corea:

«Miles ha apadrinado a una cincuentena de músicos que salieron de sus grandiosas agrupaciones. Jack y yo tocamos en el transitorio quinteto de Miles del ’68 al ’71, junto con Dave Holland y Wayne Shorter. Eddie tocó con Miles a finales de los ’60s. Así que, los tres tenemos nuestro propio y particular cariño por Miles y por lo que hizo por nosotros y por todo el mundo de la música. Este es el trabajo que tocamos juntos como trío. Fue una ocasión emocionante para mí, especialmente porque no había hecho música con Jack desde hacía mucho. La tendencia natural fue regresar a temas de Miles, dos de los cuales los compuso él, «Solar» y «Milestones».»

Five Trios - Chillin' In ChelanEl Trio 3 Chillin’ In Chelan grabado el 27 de agosto de 2005 en Tsillan Cellars Winery, Chelan, WA, lo completa con dos grandes figuras de la escena actual, músicos jovenes de gran talento: Christian McBride (bass) y Jeff Ballard (drums), a proposito de ellos y del disco sigue Corea:

«Desde «Remembering Bud Powell» a «Origin» hasta el «New Trio», equipararme con dos genios, bajo y batería, ha sido siempre mi pasatiempo favorito, especialmente cuando bajista y baterista en cuestión nunca antes han tocado juntos, como en este caso. Lo «escalofriante» de esto fue la increíble comida y la refrescante, hermosa y aireada parte del Estado de Washington. La audiencia sentada en el pasto y degustando las delicias de la viña, un escenario perfecto para las dos noches de improvisación con temas que todos conocíamos y que habíamos tocado antes.»

Five Trios - The Boston Three PartyThe Boston Three Party es el resultado de la cuarta formación grabado el 28 de abril de 2006 en Berklee Performance Center, Bost, MA., junto a Eddie Gomez (bass) y Airto Moreira (drums, percussion, voice). Comenta Corea el disco:

«Este se convirtió en uno uno de los más salvajes emparejamientos con bajo y batería que he tratado. Ambos son estimados amigos e improvisadores listos-para-atacar, ambos con un amplísimo alcance musical. Tuve que agregar algunos teclados eléctricos para poder tocar la música que Airto y yo creamos en la primera formación de Return To Forever. También aproveché esta oportunidad para profundizar en el repertorio de Bill Evans, sacando ventaja de los 11 años de Eddie junto a uno de mis pianistas favoritos de todos los tiempos. La presentación, frente a una audiencia que incluía a mi familia y amigos de secundaria, en mi ciudad natal en el Berklee Performance Center, fue una verdadera Fiesta de Tres en Boston.»

Five Trios - Brooklyn, Paris To ClearwaterEl quinto y último trio produjo Brooklyn, Paris To Clearwater grabado los días 17-18 de abril de 2007 en Mad Hatter East, Clearwater, FL., junto a Hadrien Feraud (bass) y Richie Barshay (drums), nuevamente Corea comenta el disco:

«Este último de los 5 trios fue una manera de conocer y tocar con dos músicos jovenes, ambos plenos veinteañeros, a quienes solo había escuchado en sus cd’s y en Youtube. Esta ha sido la brecha generacional más grande que he intentado en una sección rítmica, después de tocar con mis dos talentosos nietos, Aidan y Declan (5 y 3 años, respectivamente). Esta reunión de dos días en Mad Hatter East fue realmente refrescante para mí. Cada uno un maestro improvisador y compositor completamente formado, lanzaron nuevas y brillantes notas hacia mí. Enfoques para tocar los temas que les mostré, que yo nunca hubiese imaginado, aparecieron de la nada. Encontramos un piso común rápidamente y logré nuevas ideas y composiciones. Aprendí un montón de este encuentro.»

Info muy completa en: 5trios.com

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Próximo Recomendado: Vladyslav Sendecki – Solo Piano at Schloss Elmau (2010)

Hoy sin emisión…

Hola amigos…, ésta noche no estaremos al aire debido a la transmisión de una fecha más del Basquet local. Así que nos estamos encontrando la semana que viene y muy Felíz comienzo de Primavera !!!!

Saludos…

Entrevista a Sonny Rollins

«Aún sigo aprendiendo»

Fuente: lavanguaria.es
Por: Francesc Peirón | Nueva York | 16/09/2010 |

Sonny RollinsEste hombre pausado que abre la puerta acaba de cumplir los 80 años. Está solo en la habitación del hotel neoyorquino. Aprieta la mano acogedor y deja una sonrisa sin rastro de arrogancia, aunque sea un genio. Una leyenda llamada Sonny Rollins, el coloso del saxofón, que el próximo 3 de noviembre abrirá otra edición del Festival de Jazz de Barcelona. De su pelo blanco ha desaparecido el cumulonimbo que coronaba su cabeza hace 48 horas cuando se subió al escenario del Beacon Theatre. Allí celebró el pasado día 10 su cumpleaños rodeado de amigos. De otras figuras irrepetibles, como los también octogenarios (más o menos) Ornette Coleman (saxo), Roy Haynes (batería) y Jim Hall (guitarra).

Desde la platea nadie adivinaría su edad, por su vitalidad… La música me hace sentir joven.

Entre el público, muchos hablaban de concierto histórico, por su música y sus invitados. Fue la primera vez que en un escenario toqué con Coleman. Los dos tenemos 80 años, ja, ja. Pronto nos reuniremos otra vez. La otra noche fue muy bonita, con invitados maravillosos, una noche especial, pero todas lo son. Cada noche es importante.

Le insisto en lo de histórico. Lo he oído. Tengo suerte. Para mí lo histórico es tocar junto a Ornette tantos años después, porque lo habíamos hecho fuera del escenario. Esto es bueno para el jazz. Lo realmente histórico fue el buen feeling. Todos tuvimos buenas sensaciones.

¿Aún disfruta con el jazz? El jazz es mi vida, lo amo. Tengo 80 años pero esto no significa nada. Pienso en el jazz como pensaba cuando tenía ocho. Sólo era más joven. Si uno no mira al calendario, es el mismo sentimiento, el mismo entusiasmo.

¿El secreto?
No tengo ni idea. Pienso que tengo un talento especial. Trabajo, practico cada día, pero tengo un don para esto desde que nací. Mi talento es la música.

¿El significado de lo que hace sigue siendo comparable? Sí. El jazz significa para mí algo vivo. Nunca toco igual la misma pieza. Sé que mucha gente ama el jazz porque es muy libre, te hace sentir libre. El jazz es libertad completa en el buen sentido. No hay nada incorrecto en él.

¿En qué piensa cuando interpreta uno de sus solos? No pienso en nada. Cuando toco un solo no quiero pensar, porque si pienso en algo, entonces se interrumpe el movimiento natural. No puedo pensar. Debo dejar que la música fluya por sí misma.

Un concierto de cumpleaños la víspera del trágico 11-S.
Tenía las dos fechas. Elegí el 10 porque el 11 la gente tiene otras cosas en las que pensar. Yo estaba allí el 11-S, ¿lo sabía?

Lo evacuaron de su piso, del que sólo tomó su saxo.
Correcto, en mi maletín. Es lo más importante de mi vida. Recuerdo que todo el mundo se comportaba de forma amigable, musulmanes, cristianos, judíos, blancos o negros, todos amigos. Era increíble, todos abrían las puertas. Nunca había visto nada igual.Alos dos meses la gente volvió a la normalidad, a odiarse.

Y ahora el conflicto de la mezquita cerca de la zona cero… La amistad duró dos meses. Sé que hay problemas. Es difícil. Creo que la mezquita debería estar ahí, pero se ha de explicar. Los cristianos matan a gente, los judíos matan a gente por cualquier razón, los musulmanes, estos radicales, matan a gente. ¿Qué hacer? No lo sé.

¿La culpa es de la religión o de las personas? De ambos. En cualquier momento sientes que tu religión es la única. Es una locura, es estúpido. La gente todavía no ha alcanzado el escenario del desarrollo. Los humanos actuamos como idiotas.

¿El jazz es un antídoto?
Sí, pero uno ha de ser introducido por el camino correcto. Hay gente que dice que es terrible, incluso en la comunidad negra los hay que lo consideran la música del diablo. Sin embargo, al escucharlo bien, reconocen que nunca habían oído algo igual. Es una fuerza positiva. Hace que la gente sea natural, no sometida a control. Y es importante porque mucha música procede del jazz. Esos jóvenes haciendo hip-hop, tal vez no lo saben, pero es jazz, como tantas canciones populares.

Alguna vez ha hablado de que es una pieza integradora y hoy su país tiene un presidente negro, un logro en ese objetivo. Sí y no. Sí, la gente se siente un poco mejor con Obama, pero él todavía no está haciendo nada realmente porque no puede. Ningún presidente de Estados Unidos puede hacer nada porque se impone el sistema, que es el que garantiza que no puedan hacer nada. Obama sí, simboliza algo, es un bonito símbolo y hace que el resto del mundo nos admire, ¡un presidente negro! Pero también respondo no porque el sistema impide hacer nada diferente.

Cinco días después del 11-S del 2001, al arrancar un concierto en Boston, afirmó que «la música puede ayudarnos». La música puede ayudar, aunque no cambia el mundo. Ayuda en lo individual. Tú puedes ser mejor persona, o tu familia. No podemos cambiar el mundo. Lo único que podemos cambiar somos nosotros. Las personas hemos de preocuparnos de mejorar.

Pronto regresará a Barcelona. Será su sexta visita. En la del 2007 salió aclamado. En su línea de pensamiento, ahora afronta un reto de superación. Así es. El próximo concierto será mejor. Aquel concierto no fue perfecto y yo quiero ser perfecto, que la gente sienta algo fuerte. Vivo en un tiempo diferente, esto es el 2010. Han pasado casi tres años y he aprendido más. El jazz, al ser una música viva, no es un cuadro colgado en un museo, se impregna de lo que pasa.

Ya fue una de las figuras del primer festival, en 1966…
Barcelona es una ciudad maravillosa. A mi mujer le gustaba más Madrid y a mí, Barcelona.

¿Cómo se explica? Creo que mi mujer (falleció en el 2004) era más conservadora y la gente de Madrid le parecía más disciplinada. Para mí, Barcelona era más de la gente, el catalán, la cultura, más libre.

Una curiosidad, el otro día estaban juntos usted y Roy Haynes, dicen que los últimos músicos vivos que tocaron con el mítico Charlie Parker. Es posible, pero nunca lo he pensado. Parker fue mi profeta.