Entrevista a Diane Schuur

«El jazz pasará la prueba del tiempo mejor que el pop»

Fuente: www.nortecastilla.es
Por: V. M. Niño | Valladolid | 03.04.09

[audio:Diane Schuur – They Say It’s Wonderful.mp3|titles=They Say It’s Wonderful – Some other time|artists=Diane Schuur]

Creció con los discos de jazz de su padre, también músico, fue autodidacta para estudiar después en la Escuela de Músicos ciegos de Washington. Diane Schuur (Tacoma, 1953) es la ‘primera dama del jazz’, título que ostenta además de por su versátil voz y su expresividad al piano, por ser la artista que más ha frecuentado la Casa Blanca.

-¿Qué vamos a oír en Valladolid, qué interpreta en esta gira?

-Cantaré con mi director musical Scott Steed al contrabajo y el extraordinario pianista y arreglista Randy Porter que me acompaña en este viaje a España. Randy hizo todos los arreglos de mi último disco ‘Some other time’, así que interpretamos buena parte de los temas de este disco en Europa. Estoy muy contenta de que Randy me acompañe en esta ocasión, lo estábamos deseando ambos. Pero además sacaré algunas sorpresas de mi sombrero, interpretaré al piano algunos temas. Aunque realmente lo que para mí es todo un regalo es tener a Randy conmigo.

-¿Hay diferencias entre el público de jazz americano y el europeo?

-Creo que sí, que los públicos de jazz fuera de Estados Unidos son en cierta manera más devotos, más fieles al jazz. Pero hay que ser cuidadoso, tengo maravillosos fans en EE. UU., y estoy segura de que muchos coincidirán conmigo en que el jazz no es tan promocionado, tan mimado en Estados Unidos como lo es en los escenarios de Europa o de Japón, por ejemplo. El circuito europeo de jazz parece más vivo, especialmente en verano cuando se programan festivales. Me parece que hay más energía concentrada en el jazz durante los meses de calor.

-Ha crecido musicalmente en el jazz clásico. ¿Cómo ve la evolución del género?

-Me gustan todo tipo de músicas contemporáneas, siendo el jazz la raíz de todos mis intereses. Pero me gustan mucho los cantautores, aunque creo que el jazz soportará mejor la prueba del tiempo que la música comercial de masas como el pop. De todas formas es una pregunta difícil, quizá la repiense con la almohada, (ríe).

-¿Cómo fue su experiencia en el Caribbean Jazz Project?

-¡Oh! ¡Me encanta el CJP! Ayer mismo hablé con mi manager sobre él y quedamos con Dave Samuels en futuros conciertos. Me encantan esos chicos y me encantaría venir a Europa con ellos.

-¿Cuál es el secreto para ser la ‘primera dama del jazz’? ¿Es la única estadounidense que aúna a republicanos y demócratas?

-¡Whoa!!!! Intentaré ser clara con respecto a la política pero no es ningún secreto que soy una de las incondicionales de Barack Obama. Hago todo lo que puedo para decir a cualquier que quiera oír que el puede elevar la imagen de América a su máxima expresión. Los americanos tenemos suerte de vivir esta gran oportunidad de reconstruir nuestro país y nuestro futuro. Es conocido mi voto a Obama, aunque quizá esto moleste a los republicanos.

-¿La gente ciega desarrolla una capacidad especial para la música?

-Los ciegos somos discapacitados pero no creo que porque pierdas la vista haya una capacidad mayor para al música. Soy ciega y mi mente procesa la música de forma distinta a un vidente pero a la hora de la verdad, todos estamos en la misma página. Y no todos los ciegos tienen habilidad musical, quizá reciban otros dones especiales, esos que nos hacen personas al final del día de modo diferente.

Murió el músico de jazz Tito Alberti

El baterista de 86 años falleció luego de una larga dolencia cardíaca. Era el padre de Charly Alberti.

Fuente: Agencia DyN

El notable músico de jazz Tito Alberti falleció ayer a los 86 años a causa de una insuficiencia renal derivada de una larga dolencia cardíaca, informó su agente de prensa, Amelia Alvarez.
El deceso del reconocido artista, nacido bajo el nombre de Juan Alberto Ficicchia, se produjo en la Fundación Favaloro, donde había sido internado diez días atrás.

El veterano jazzero, padre de los también destacados músicos Charly, baterista de Soda Stereo y ahora de Mole, y del guitarrista Andrés Alberti, fue poseedor de una carrera artística admirable. De hecho, fue sin dudas uno de los más grandes bateristas de jazz de la historia argentina y latinoamericana.

También se distinguió como compositor, al grado de haber sido el creador de más de 100 obras que fueron editadas por sellos del fuste de Philips, RCA y Music Hall.
Una de sus creaciones más populares fue El Elefante Trompita, canción infantil de 1947 que forma parte del imaginario colectivo de todos los argentinos y que a su vez fue considerada como el tema para chicos más popular de la historia.

Nacido en Zárate, provincia de Buenos Aires el 12 de enero de 1923, Tito fue un consumado director de orquestas, arreglador, animador de carnavales colosales y creador de composiciones clásicas.

Web: www.titoalberti.com.ar

El siglo del Jazz

El Jazz y el arte del siglo XX

Fuente: Museo Quai Branly

Del 17 de marzo al 28 de junio de 2009

El jazz constituye, con el cine y el rock, uno de los principales acontecimientos artísticos del Siglo XX. Esta música híbrida marcó la cultura mundial con sus sonidos y sus ritmos.
La exposición, creada por el filósofo y crítico de arte Daniel Soutif, presenta de manera cronológica la relación entre el jazz y las artes gráficas a lo largo de todo el Siglo XX.
De la pintura a la fotografía, del cine a la literatura, sin olvidar el grafismo ni los cómics, la exposición muestra esencialmente el desarrollo del jazz en Europa y Francia en la década del 30 y 40.

El Jazz, banda sonora de las vanguardias artisticas del siglo XX

Fuente: ABC.es
J. P. Q. | PARÍS
Martes, 24-03-09

«Sicle du jazz/El siglo del jazz» (Museo Quai Branly) cuenta los jalones de una gran historia por escribir: las relaciones entre el jazz, el arte, la fotografía y el cine del siglo XX.

Historia que se confunde con el hundimiento de un mundo antiguo y la floración de nuevos mundos que apenas comenzamos a explorar. Los orígenes del jazz se pierden a primeros y mediados del siglo XIX, en los Estados Unidos.
Pero, quiere la leyenda que la palabra jazz se utilizase por vez primera, en 1913, en un artículo publicado en California, en «The San Francisco Chronicle», titulado: «A Futurist World»… Ese «mundo futurista» que, anunciado por el cronista californiano, es indisociable de uno de los primeros aldabonazos subversivos del siglo XX: el Futurismo artístico italiano/europeo. Ese primer vínculo semántico, nada accidental, se estaba ramificando de manera vertiginosa. El «arte negro», que irrumpe en el arte occidental contemporáneo a través de Picasso y André Breton, entre tantos otros, establece una hondísima relación original.

Irrumpe en Harlem

Con una brizna de hipocresía cínica, Picasso le contaba a Senghor, uno de los dos patriarcas fundadores del concepto poético y cultural de la Negritud, que el arte moderno estaba llamado a dinamitar el mundo antiguo, para beber en los pozos de agua virginal (Joan Maragall dixit) del «arte negro».
«Arte negro», justamente, el jazz, irrumpía musical, cultural y socialmente en un Harlem neoyorquino en cuyo renacimiento participaron grandes artistas de la época. «Arte negro» que fecunda todas las artes de nuestra civilización y abre una formidable ruta trasatlántica.
El jazz irrumpe en los cabarets de Berlín, Londres y París, al mismo tiempo que estalla el fabuloso castillo de juegos artificiales de unos «ismos» historiados como nadie por Ramón Gómez de la Serna, a caballo entre París, Madrid y Buenos Aires.

Un cuadro legendario de Mondrian, «Broadway Boggie-Woogie», sellaría de manera emblemática la fecundación mutua del jazz y las artes plásticas del siglo XX. Warhol estuvo fascinado por Dalí. Basquiat adoraba a Charlie Parker, una de cuyas biografías canónicas (la de Ross Russell) relataba sistemáticamente a sus mejores amigos. Los surrealistas, Picasso, Van Dongen, Picabia, Kupka, Matisse, Pollock, Tàpies, entre muchísimos otros grandes maestros, tuvieron un diálogo íntimo con el jazz. Movimientos importantes, musicales y artísticos, como el pop crítico y el free jazz.

Las relaciones entre el jazz y el cine también tienen algo de «concubinato» original. Baste recordar «The Jazz Ginger», de Alan Crosland (1927), que un puesto tan capital tiene en la historia del cine sonoro. La magna historia de la comedia musical americana ocupa por sí sola grandes capítulos de esa historia de amor, inconclusa. De Astaire y Louis Armstrong a Clint Eastwood; de Ella Fitzgerald, Duke Ellington, Billie Holiday, Charlie Parker o Coltrane a Warhol (cineasta), a «Paris Blues» (Martin Ritt) o «Round Midnight» (Bertrand Tavernier), buena parte de la historia del cine pasa por ese hondísimo diálogo entre el jazz y grandes creadores cinematográficos.

Jazz y fotografía

Un capítulo aparte, por sí solo, también lo merecen las relaciones entre jazz y fotografía. La obra y retratos de Carl van Vechten (albacea testamentario de Gertrude Stein), entre los que figuras varias obras maestras consagradas a Billie Holiday y Ella Fitzgerald, ocupan un puesto eminente. Se trata de un capítulo vastísimo y por explorar, en bastante medida. Toda la gran fotografía en blanco y negro estadounidense está «tocada», en cierta medida, por la «negritud» de una presencia visible o invisible («El hombre invisible» fue el título de una novela legendaria de Ralph Ellison) del jazz y su «arte negro».

¿Cómo pudieron influirse mutuamente el jazz, las artes plásticas, la fotografía y el cine?
Parece palmario el diálogo entre músicos y artistas, creadores. Quizá sea evidente que la eclosión del jazz coincide en la historia de las artes del siglo XX con un gigantesco proceso de hundimiento de todos los valores del arte florecido con el Renacimiento. ¿Cuál es la relación íntima, si es que existe, entre tales procesos? Comisariada por Daniel Soutif, la muestra ayuda a fijar algunos jalones esenciales.

Por el contrario, insiste poco en otro gigantesco océano por explorar: las relaciones entre jazz y literatura… Sólo recordaré, en castellano, la obra magna de Ramón Gómez de la Serna, que confería al jazz una dimensión de música profética, sacra, a la altura de las profecías del Nuevo Testamento: «El jazzbandismo cambia la ilusión del fin del mundo y habréis de saber que cuando llegue su último día no serán trompetas lo que suenen, sino más el enorme jazz, el jazz triturante y resurrectante, a cuyo son caerán las ciudades y se despertarán los muertos…» Nadie como Ramón ha hecho en la literatura universal una apología literaria tan honda, esperanzadora y mesiánica del jazz.

Mas: Museo Quai Branly

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