Fuente: www.impre.com| 17-12-08
Nueva York
Foto: Chuck Stewart. De músico frustrado a fotógrafo genial. Posa junto a la foto de John y Alice Coltrane (1966).
Ornette Coleman, Gil Evans, Bessie Smith y Mary Lou Williams, por su obra y su peso musical dentro del género del jazz fueron incluidos en el Nesuhi Ertegun Hall de la fama del Jazz del Lincoln Center, ubicado en el Frederick P.Rose Hall, en la avenida Broadway y la calle 60.
Su contribución con el género musical y la particularidad de su estilo los convirtieron en leyendas y el público puede ver esta instalación multimedia, donde el público tiene la oportunidad de aprender y acercarse a su obra de una forma incluso interactiva.
La exhibición está abierta de martes a domingo desde las diez de la mañana hasta las cuatro de la tarde.
Adicionalmente se exhibe una muestra fotográfica de Chuck Stewart, un melómano que a pesar de haber estudiado música durante ocho años, se sentía incapaz de tocar ni siquiera una pieza simple. Así que optó por convertirse en fotógrafo y atrapar en imágenes lo que sentía al escuchar la música.
Quienes quieran disfrutar las imágenes de Stewart pueden hacerlo en Frederick P. Rose Hall.
Chuck Stewart fue homenajeado en el Jazz at Lincoln Center, el mismo día que Smith, Evans, Williams y Coleman pasaron a formar de los famosos del jazz. Por cierto de éste último se exhibe una fotografía de Stewart.
Fuente: www.exonline.com.mx
Por: Luis Mario Rivera
El ganador más reciente de uno de los concursos más importantes y prestigiosas (si no es que el más) de jazz del mundo, el Thelonious Monk International Jazz Competition, Jon Irabagon, empezó a tocar el saxofón y el piano desde muy pequeño, pero no fue sino hasta sus años en el bachillerato que realmente decidió tomar con seriedad la posibilidad de formar una carrera en la música. Fue entonces que empezó a tocar regularmente de manera semiprofesional en el área suburbana de Chicago, ciudad donde creció y al poco tiempo estaría tocando todo tipo de música desde pop hasta jazz. Decidió inscribirse en la universidad DePaul, en el corazón de la ciudad, donde obtuvo su licenciatura en Music Business (no encontré la manera adecuada de traducirlo) con una subespecialidad en periodismo en 2000.
Durante estos años formativos de su carrera como músico tuvo la oportunidad de tocar con figuras importantísimas del jazz como el guitarrista John Abercrombie y el trompetista Tom Harrell al igual que al lado de estrellas de pop como Richard Marx y las Pointer Sisters —y para darle coherencia a todo esto, incluso formó parte de la banda del cantante que hoy en día más efectivamente ha mezclado el mundo del jazz con el mundo del pop, Michael Bublé. En 2001 uno recibió la oportunidad de estudiar una maestría en la prestigiosa universidad Manhattan School of Music en la ciudad de Nueva York; tras obtener su título de maestro fue invitado a que formara parte del recién formado departamento de jazz de quizá la universidad más importante de música clásica del mundo, Julliard, que tras el transcurso de dos años le otorgó un Artist Diploma en 2005. Ha sido galardonado por la revista DownBeat tanto por su ejecución del instrumento como por sus composiciones y ha sido invitado a varios programas educativos del mundo del jazz tales como Henry Mancini Institute de la ciudad de Los Ángeles que todos los veranos convoca a jóvenes músicos que muestren promesa en el campo de esta música o el Betty Carter Jazz Ahead Program que se lleva a cabo en Washington, D.C.
Su transferencia a la Gran Manzana se tradujo en recibir una mejor educación en cuanto a jazz y en música en general se refiere, pero eso no significa que dejó de tocar —al contrario; la lista de personajes de renombre con quien ha compartido el escenario o con quienes haya participado en grabaciones siguió creciendo y ahora incluyen a artistas como Billy Joel y el trompetista Wynton Marsalis.
En los últimos dos años, Irabagon ha sido relacionado más fácilmente con proyectos más avant garde, más modernos que se inclinan más al free jazz y a la improvisación libre. Es por esta razón que el hecho de que ganara el Monk Competition fue un poco sorprendente para muchos ya que la gran mayoría de los participantes que han obtenido un escalón en los primeros tres lugares se caracterizan por ser músicos más “tradicionales”. Eso no significa que no se lo merezca.
La semana pasada tuve la oportunidad de verlo tocar en vivo con su quinteto y mostró una gran gama de habilidades que lo hacen, a mi parecer, uno de los saxofonistas más versátiles de la escena actual. En cuanto a técnica, pocos se comparan con él; su conocimiento de la tradición es excepcional como lo mostró en un par de temas originales que siguen más o menos las convenciones de algún estándar de jazz; su sonido, aunque no mi favorito en el sax alto (por lo que tengo entendido, es sumamente difícil obtener un gran sonido en ese instrumento), es definitivamente muy personal e inconfundible; sus composiciones, inventivas, apuntando hacia el futuro sin perder el piso del pasado. Pero como un crítico del NYtimes lo dijo: tiene el equivalente en el jazz de problemas de compromiso. En todo momento tiene la capacidad de recurrir a cualquiera del sinfín de recursos musicales que posee —pero algo importantísimo en esta música le sigue faltando: concepto.
En el intermedio, la presentadora se tomó un par de minutos para hacerle un par de preguntas a Jon Irabagon. Una de ellas, para mí la más importante, fue “qué significa el haber ganado el Monk para la dirección que tomará su carrera como músico”. En el momento que le hicieron la pregunta Jon hizo una expresión de “me está cayendo el 20”: “¿y ahora que?”. Y contestó tranquilo, aunque seguramente no seguro al 100%; tendrá que tomar una decisión —mantener toda esa versatilidad o comprometerse a “un sonido” a “un concepto” en específico. El haber ganado el Monk lo pone bajo la lupa tanto de los críticos como de sus contemporáneos. Su respuesta fue: “Ahora tengo muchísimo menos tiempo para decidir qué es lo que quiero decir a través de mi música”.
Esperemos que no tarde mucho en tomar la decisión y que en poco tiempo realmente pueda considerarse uno de aquellos que formarán la nueva cara del jazz. Vaya con swing.
El cineasta Español Gutiérrez Aragón coordina una serie documental sobre la música de la isla
Fuente: elpais.com
Por: Mauricio Vicent – La Habana – 01/12/2008
Manuel Gutiérrez Aragón regresa a las pantallas de TVE con una serie documental sobre la música cubana que propone un viaje muy libre por los ritmos y la historia musical de la isla, con especial acento en géneros y estilos poco habituales, como el jazz afrocubano, el filin o la fusión. Gutiérrez Aragón dirige el proyecto -concebido y realizado antes de que el cineasta anunciara su retirada-, que consta de cuatro capítulos de 50 minutos, cada uno dirigido por un realizador cubano, y un quinto documental más íntimo y testimonial del propio Gutiérrez Aragón, Música para vivir, que parte de la tesis de que en Cuba la música es mucho más que música. «Es un alimento; casi una forma de vivir y entender la vida», explica.
Los tres primeros capítulos de la serie, producida por Antillana de Comunicación, TVE y el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica , serán presentados durante el 30 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, que comienza mañana en La Habana. TVE emitirá la serie el año próximo.
Los personajes centrales de la historia de Gutierrez Aragón son los bailadores de Santa Amalia, un grupo de amigos que desde hace 60 años se reúnen periódicamente a bailar jazz. El cineasta rodó en La Habana en febrero y contó con colaboraciones de lujo, como la del pianista Chucho Valdés y el cantante Pablo Milanes, si bien el corazón del filme son los integrantes de la peña de bailadores.
«Ellos mantuvieron esa tradición incluso en momentos duros, a principios de los años sesenta, cuando la música norteamericana fue considerada en Cuba un ‘instrumento de penetración imperialista». Juan Picasso y Roberto Manzano, dos de sus protagonistas, ya septuagenarios, funcionan como hilo conductor de una historia que recrea la memoria de aquellos fabulosos lugares donde solían reunirse -la mayoría desaparecidos-, pero que es sobre todo el símbolo de una amistad tejida alrededor de la música.
La serie ha sido concebida de forma libre para tratar de atrapar historias de la música cubana, sin caer en tópicos. La joven Patricia Ramos dirige Ampárame, capítulo que indaga en las relaciones entre la música y la religiosidad en Cuba, y en el que intervienen artistas como Juan Formell, Chucho Valdés o José María Vitier. Arturo Soto se ocupa del documental sobre la fusión, y parte de una sobremesa en la que participan los músicos Sergio Vitier, Zenaida Romeu, Cesar Lopez y Yusa, en la que se concluye que en Cuba todo es fusión. Rebeca Chávez realiza el capítulo dedicado al filin, en el que desfilan las glorias del género: José Antonio Méndez, Cesar Portillo de la Luz o Elena Burke. Pavel Giroud traza el perfil del jazz afrocubano y rescata la memoria de genios como el pianista Frank Emilio, ya fallecido, que ahora además de ser reconocido en Cuba lo será en el exterior. Es una de las grandes riquezas de la serie de Gutiérrez Aragón.