Alrededor de medianoche ~ Ronald Lawrence Albert Simpson, conocido en el ambiente jazzero como Ronnie Jordan, nacido en Londres de padres inmigrantes jamaiquinos, falleció el pasado 14 de enero a los 51 años por causas no aclaradas. Ganó prestigio como el padre de la guitarra acid-jazz y se adentró largo dentro del terreno del Smooth Jazz que lo relegaron de la mirada de buena parte de criticos y público que veían en su música cierta ligereza improbable de convivir con lo «más serio».
Algunas pocas grabaciones de Jordan dejaron bien en claro que tenía lo necesario para llamar la atención de aquellos que lo negaban, deja apenas nueve discos publicados a su nombre, el último Straight-Up Street en 2012, su prematura muerte le niega la posibilidad de más Jazz Urbano como él nombraba a su música, como también la posibilidad de reconciliarse con el gran público dando más muestras de su talento y dejar en claro que el camino elegido fué impulsado por la estética personal y no por la falta de talento que el jazz «más serio» requiere.




Ronny Jordan, infravalorada guitarra del ‘acid jazz’
El músico británico se convirtió en un símbolo del súbgenero nacido a principios de la década de los noventa
El País | Chema García Martínez | 17 ENE 2014

El mundo del jazz ortodoxo tendía a mirarle por encima del hombro. Jordan, se decía, no es un “auténtico” músico de jazz; lo suyo es el smooth jazz, un jazz impuro, de segunda categoría… escuchándole tocar So what, el clásico de Miles Davis, en directo, en el Stranger Than Paranoia Festival de Tilburgo, Holanda (accesible en YouTube), resulta difícil entender los motivos que mueven a quienes, hasta hoy, siguen empeñados en negarle el pan y la sal a quien era capaz de dejar al oyente sin resuello interpretando una música que recoge el legado de los grandes guitarristas del jazz y el funk de la historia. Por donde, Ronny Jordan falleció el pasado 14 de enero en la ciudad que le vio nacer, Londres, por causas que no se han dado a conocer. Contaba 51 años de edad.
Ronald Laurence Albert Simpson había nacido un 29 de noviembre de 1962 en el seno de una familia de origen jamaicano. Su padre, predicador, le tuvo sometido a una rigurosa aunque variada dieta musical, de la que únicamente estaba excluido el “pecaminoso” reggae. A hurtadillas, Jordan escuchaba a Bob Marley, que terminó convirtiéndose en uno de sus primeros ídolos.
Sus primeros pasos musicales los dio como cantante de góspel. Con 13 años descubrió el jazz y a los guitarristas de jazz: Charlie Christian, Wes Montgomery, Grant Green y George Benson. Con paciencia y sin otra ayuda que los discos empezó a interpretar su música, primero con el ukelele, luego a la guitarra. Del jazz al funk: Jordan se subió al carro del género convertido en moda en la Inglaterra de los ochenta. Su estilo, por entonces, viajaba entre Wes Montgomery y Sly Stone hasta confluir en un punto común a ambos, lo que contribuyó a cimentar la leyenda del guitarrista que a poco estaría compitiendo con los mejores intérpretes del instrumento en su país y los Estados Unidos.
La explosión del acid jazz británico principiando los noventa le tocó de pleno. Jordan, por entonces un solicitado músico de sesión, se convirtió en portavoz de un movimiento definido menos por el contenido musical un tanto ambiguo, que por la actitud de quienes lo practican y sus seguidores. Con su primer single, After Hours, editado en 1992, el futuro astro de la guitarra ayudó a definir la mezcla de jazz, hip hop y rhythm & blues que distinguiría al acid jazz. Su posterior y no menos exitosa versión del tema de Miles Davis, So what, terminó de abrirle las puertas de las compañías discográficas, hasta entonces reticentes a su música. Ese mismo año publicó su álbum de debut, “Antidote”, en el que dejaba definitivamente sentada su condición de intérprete y compositor: «yo toco “jazz urbano”, insistía por entonces el guitarrista, una de cuyas mayores cualidades era la de estar en el lugar adecuando, en el momento oportuno.
Jordan estuvo ahí, junto al proteico Gurú y su colección de all stars convocados al efecto (Lonnie Liston Smith, Branford Marsalis, Donald Byrd, Roy Ayers…), en su Jazzmatazz, Vol. 1, editado en 1993, y considerado unos de los discos fundacionales del “acid jazz”. Sería nuevamente convocado para participar en la colección Stolen Moments: Red Hot + Cool, publicada al año siguiente con no menor éxito, también con la participación de notables artistas del género y afines.
Sus discos como líder se sucedieron: Quiet Revolution, de 1993; Light to Dark, editado 3 años más tarde; o Brighter Day, del año 2000, por el que fue nominado a un premio Grammy al mejor álbum de jazz contemporáneo. Habitual de las listas de la revista Billboard, Ronny Jordan fue galardonado con el premio MOBO a la mejor actuación de jazz y con el premio Gibson como mejor guitarrista de jazz.


Tomando un poco (o todo!!) de la costumbre de muchos medios, gráfica, radio, tv, vamos nosotros a elaborar una pequeña guia muy personal por cierto de lo mejorcito del año en el panorama jazzero en lo respectivo a lanzamientos o presentaciones, más las noticias relevantes en el año que ya se va. No han sido muy nutridas las visitas del exterior (salvando la masiva concurencia de los músicos invitados al Festival Internacional de Buenos Aires), pero ha caído por éstos lares gente tan grosa como Ron Carter, que se presentó por acá muy cerca (en las distancias Patagonicas 500 km es relativamente cerca) en la ciudad de Neuquén, show increíble según la crónica al que no pudimos acudir perdiendonos la invaluable oportunidad de ver a una gloria del género de todos los tiempos. Vino con The Golden Striker su última formación donde lucen el guitarrista Rusell Malone y el pianista nicaragüense Donald Vega, fe-no-me-nal pianista que ocupa el lugar dejado por Mulgrew Miller al fallecer éste año muy jóven a los 58 años.
En ésta última etapa del año cayeron también Herbie Hancock con una súper banda: Vinnie Colaiuta (batería), Zakir Hussain (percusión) y James Genus (bajo); la bella contrabajista Esperanza Spalding presentando su último disco Radio Music Society con la presencia del pianista santafesino Leo Genovese miembro estable de la banda de la contrabajista desde hace tiempo y quien éste año publicó Seeds (Palmetto Records | Agosto 20, 2013) un impresionante disco como líder de banda. Estuvo presente además en el mencionado Festival de Buenos Aires con un homenaje al flaco Spinetta.
Otra enorme visita fué la del pianista Brad Melhdau con su trio: Jeff Ballard (batería) y Larry Grenadier (bajo) presentando Where Do You Start, su último disco. Completando la primer mitad del año se presentó el celebrado saxofonista John Zorn al frente de una de sus formaciones, Moonchild, proyecto vanguardista completado por Mike Patton (voz), John Medeski (Hammond), Trevor Dun (bajo) y Joey Baron (batería). La última visita fué la del bajista eléctrico Victor Wooten (a quien vimos en Neuquén) con un inolvidable show, impresionante…
Sin contar con las visitas de los invitados al festival internacional de Bs As donde destacan las participaciones de Jakob Bro (trompeta), Sylvain Luc (guitarra), Jean-Michel Pilc (piano), Frank Carlberg (piano), Tim Berne (saxo), Flavio Boltro (trompeta), Eric Legnini (Piano) y Jonathan Kreisberg (guitarra).
Entre las feas contamos las pérdidas del guitarrista argentino Walter Malosetti; el mencionado pianista estadounidense Mulgrew Miller; el enorme Bebo Valdés, el tecladista George Duke, el baterista Chico Hamilton y muy recientemente el fallecimiento del guitarrista Jim Hall y el saxofonista/flautista Yusef Lateef.
Que difícil es hacer un listado de mejores álbunes del año ya que hay mucho del gusto personal, pero ahí van algunos:
- Lage Lund – Foolhardy (Criss Cross | May 21, 2013)
- Magnus Ostrom – Searching For Jupiter (ACT | agosto 30, 2013)
- Vijay Iyer & Mike Ladd – Holding It Down: The Veterans’ Dreams Project (Pi Records | sept 24, 2013)
- Leo Genovese – Seeds (Palmetto Records | Agosto 20, 2013)
- John Abercrombie – 39 Steps (ECM | sept 30, 2013)
- Robert Glasper Experiment – Black Radio 2 (Blue Note | oct 29, 2013)
- Mozdzer Danielsson Fresco – Polska (ACT | oct 25, 2013)
- Adrián Iaies – Small Hours, Late At Night (Live) (Sony | Agosto 5, 2013)
- Keith Jarrett – Concerts – Bregenz / München (ECM | nov 15, 2013)
- Geri Allen – Grand River Crossings (Motema | sept 10, 2013)
La lista es más larga pero con ésto basta.
Salute y muy felíz comienzo de año. Nos veremos, nos escucharemos el año próximo. Gracias por seguirnos y aguantarnos, a uds les debemos nuestras salidas y dedicación, sigamos juntos contribuyendo a la difusión de lo que amamos, si es bueno para nosotros, también podría serlo para muchos más…
Nuevamente gracias y hasta prontito….

Leo Caruso & Club Mondrian es una propuesta de género pero con mirada de autor
Con un especial énfasis sobre las sonoridades del piano de blues, Leo Caruso, (pianista, vocalista, arreglador y alma mater del trío), conjuga los colores de los after hours blues, el West Coast y el cool jazz, en personalísimas versiones de artistas que van de Nat King Cole, Ray Charles, Charles Brown, George Gershwin, hasta The Beatles, The Doors o Manal entre otros, más composiciones propias.
Colores Primarios (editado por el sello RGS) incluye invitados de lujo como el maestro Claudio Gabis, (quien dejó registrada su guitarra en la versión del tema Avellaneda Blues), y artistas de la talla de Alfredo Piro, Juan Cruz de Urquiza y Daniel Raffo.
Un viaje por la transversalidad ideológica y estética del blues
El sonido de Club Mondrian no es el de aquellos blues de la esclavitud y de los campos de algodón; más bien, es el blues de la generación de los descendientes de aquellos esclavos, que llegan a las grandes ciudades y descubren que el futuro no es tan distinto al pasado, que aquella vieja opresión ahora se llama trabajo precario, miseria o segregación.
Por eso está enfocado en las décadas de los ‘40s, los ‘50s y los ‘60s, y el sonido exquisito de la Costa Oeste (West Coast Blues), que refleja a esa generación que sueña con el futuro a pesar de todo; esos nuevos-viejos blues que cargan la intangible elegancia de un repertorio de hipnótica y austera sensualidad, embriagados, cada tanto, por el contagioso ritmo del Boggie Woogie a piano solo.
Al igual que el tango -la otra música nacida en la cultura africana esclavizada en América-, el blues tiene en su caudal poético mucho para contar de su visión del mundo
o por lo menos, también al igual que el tango, acompaña con elegancia el melancólico sabor de la existencia.
Sobre los disparadores estéticos:
¿Cuál puede ser la relación entre aquel genial pintor holandés nacido en el siglo XIX –el padre del neoplasticismo-, y un grupo de blues/jazz del extremo sur del mundo?
La vida -y la obra- de Piet Mondrian funcionan como un disparador estético permanente en el proyecto Club Mondrian.
En primer lugar, porque Piet Mondrian en un determinado período decidió pintar exclusivamente con colores primarios y figuras geométricas; coincidentemente, Caruso se planteó un criterio similar desde la música: trabajar con los colores primarios de la orquesta, la sección rítmica (piano, contrabajo y batería). A su vez, el blues, es una música, construida por un sistema de doce u ocho compases, y tres acordes (colores) básicos; esa es la otra analogía que entra a jugar en la propuesta.
Otro de los disparadores, es el contacto de Piet Mondrian, con los grandes pianistas neoyorkinos de Blues y Boggie Woogie (Pete Johnson, Albert Ammons y Meade “Lux” Lewis), de los que se transformó en un entusiasta seguidor, a tal punto que varios cuadros de esa época llevan títulos tales como: Broadway Boogie-Woogie o Victory Boogie Woogie.
Club Mondrian es:
Leo Caruso: Piano/Voz
Pablo Leone: Contrabajo
Demián González Premezzi: Batería
Sobre Leo Caruso:
Leo Caruso -pianista, vocalista, compositor y arreglador- comenzó su carrera profesional a los 19 años, como pianista de Marikena Monti; trabajó como arreglador y sesionista con varias figuras del rock local (Pelvis, Orions Beethoven, Lalo de los Santos), y colaboró en varias producciones discográficas.
Fue columnista de la revista El Musiquero; actualmente, compone bandas sonoras para producciones de cine -ficción y documental- americanas y europeas, entre ellas The Message docudrama exhibido en el Kansas City’s 18th & Vine Blues Festival y en el Black Harvest Film Festival.
Es docente de la Escuela de Blues del Collegium Musicum de Buenos Aires. En 2009 fue pianista del bluesman de Chicago Lorenzo Thompson, en su gira por Argentina.
Videos e info:
http://www.clubmondrianweb.com.ar/videos.htm
http://www.leocaruso.com.ar/blog/

Navidad amarga para el jazz… A la triste noticia sobre la muerte del guiatrrista Jim Hall (ver nota aparte) ocurrida hace unos días el 10 de diciembre pasado (noticia que me llegó en las últimas horas debido a un corte de internet de muchos días, por qué otro medio podría haberme enterado si sabemos que éstas noticias no recorren la tv ni la radio), se le suma la partida del saxofonista Yusef Lateef quien pereció de cáncer a los 93 años el pasado 25 de diciembre.


El País | Chema García Martínez | dic 26, 2013
“Yo no toco jazz, sino música autofisiopsíquica”
Yusef Abdul Lateef, nacido como William Emanuel Huddleston (y rebautizado como William Evans) en 1920 en Chattanooga, Tennessee, fue vencido por el cáncer a los 93 años. El hombre que pudo ser John Coltrane en el lugar de John Coltrane: “Él y yo éramos amigos y a veces tocamos juntos; era un ser humano fuera de lo común, una persona extremadamente inteligente y perceptiva”. Pero Emanuel Huddleston prefirió apartarse del camino y vivir al margen del mainstream jazzístico, entregado a su música autofisiopsíquica “que brota del ser espiritual, físico y emocional”.
En sus primeros años, conocido entonces como Will Evans, hizo buenas migas con los jazzmen de Detroit (Milt Jackson, Paul Chambers, Kenny Burrell, Elvin Jones…), ciudad a la que se había trasladado de niño junto a su familia: “Mi música entonces era el bebop, que era lo que todo el mundo tocaba”. El tiempo terminaría haciendo de Lateef un pionero de lo que hoy se conoce como “World Music”: “Era el año 1955 y acababa de grabar mi primer disco con Savoy. De repente, me di cuenta de que, si quería continuar en esto, debería encontrar una estética más personal. En aquel período trabajaba en la Chrysler y tenía un compañero de origen sirio que me habló del rabab, un instrumento con 5.000 años de historia que tocaba el Rey David. Acabé formando un grupo junto a Curtis Fuller y Louis Hayes en el que se mezclaba el rabab con el saxo tenor.” Consecuencia de ello, Lateef dejó de ser un saxofonista y flautista al uso para convertirse en un “multiinstrumentista”, uno de los primeros en la historia del jazz. Su arsenal de instrumentos incluía el shenai, el shofar, el argol y el koto, además del oboe y el fagot: “Esos instrumentos me ayudaron a encontrar mi propia voz dentro de la música”.
En 1961 daría rienda suelta a su particular visión de un jazz “multicultural” con Eastern Sounds, éxito de ventas gracias a la versión en swing del tema de amor de la película Espartaco, incluida en el disco. Cannonball Adderley le llamó al año siguiente para su quinteto. Fue el canto del cisne del multisaxofonista como músico de jazz (relativamente) homologable. Durante los años que siguieron Lateef permanecería sumido en el más insondable marasmo creativo; su música viajó del blues y el góspel a una suerte de espiritualidad fofa difícilmente catalogable. Hasta que le perdimos la pista.
Su actuación, junto a Eternal Winds, en el Festival del Mar del Norte de La Haya, en 1992, marcó un antes y un después en su carrera. El regreso del ya veterano instrumentista a los escenarios europeos tras décadas de ausencia se vio correspondido por una afluencia masiva de aficionados ansiosos de escuchar a una de las últimas leyendas vivas del jazz, a lo que siguió la deserción en masa de los allí presentes según el venerable intérprete se adentraba en las aguas de una música compleja y densa hasta lo impenetrable… Lateef mostraba la auténtica cara del jazzman como un creador insobornable y ajeno a cualquier otro interés que no sea su propia obra. Para el bis, el número de supervivientes acaso no superara la veintena. Yusef Lateef había conseguido lo que muy pocos consiguen: vaciar por completo un patio de butacas.
Su colaboración con los hermanos Lionel y Stéphane Belmondo, saxofonista y trompetista, respectivamente, le trajo de vuelta a Europa y a una música más amable, en el buen sentido de la palabra: “Un día me llamaron a Nueva York para grabar un disco y yo accedí. Me gustaron desde el primer momento”. Novelista, ensayista, filósofo, doctor en música, galardonado con un premio Grammy en 1987 por su Pequeña Sinfonía, fue nombrado miembro honorario de la Fundación Ben Webster, radicada en Copenhague, el 10 de julio de 2009. El protocolario acto de entrega del nombramiento tomó un cariz inesperado, cuando el homenajeado tomó el micrófono para recordar al viejo amigo en su incesante e infructuosa búsqueda de la felicidad, que le trajo hasta tierras escandinavas. La voz quebradiza de por sí de Lateef se rompió en mil pedazos al momento de evocar el encuentro con su compatriota en el legendario café Jazzhus Montmartre de la capital danesa. Reaparecería esa misma tarde sobre la escena del Pabellón de Cristal del parque Tivoli para ofrecer un concierto cargado de emoción y significado; esta vez, nadie se movió de su asiento.
Lateef profesaba la religión islámica desde 1948: “Sigo los mandamientos del Corán, pero no soy un fanático. Ante todo, creo en la coexistencia pacífica de los pueblos”.

Murió Jim Hall. Fué uno de los decanos de los guitarristas contemporáneos, admirado y copiado por generaciones de jóvenes guitarristas a lo largo de los últimos largos años. Tenía 85 años.


El País | Chema García Martínez | dic 11, 2013
Había nacido en 1930 en la localidad de Buffalo, Nueva York. Pasó su infancia en Cleveland, ciudad a la que se había trasladado con su familia. Sus estudios clásicos en el Cleveland Institute of Music le ayudaron a forjar un estilo que redondeó mediante la escucha atenta de los grandes guitarristas de jazz, comenzando por Charlie Christian y Django Reinhardt. Sorprendentemente, o no tanto, Hall se reconocería menos influido por ellos que por los saxofonistas como Zoot Sims o Bill Perkins, cuyos discos devoraba con fruición. A los 13 años comenzó a actuar como músico profesional en diversas orquestas locales. En 1955 se instaló en Los Ángeles para completar sus estudios de guitarra clásica con Vicente Gómez. Al cabo de poco entraría a formar parte del quinteto del baterista Chico Hamilton, fallecido muy recientemente, con el que saborearía las mieles de un éxito que muy pocos pudieron predecir.
Pese a ello, la propuesta musical no exactamente asequible del conjunto encontró acomodo en los gustos de una mayoría de aficionados. Hall aprovechó la ocasión para grabar su primer disco como líder, Jazz guitar, editado en 1957. El ya popular guitarrista seguiría transitando por los caminos de la experimentación cercana al free jazz, como miembro del trío del multisaxofonista Jimmy Giuffre, y en sus diversas colaboraciones con el pianista John Lewis, que le acercaron a la denominada Tercera Corriente en la confluencia ente el jazz y la música clásica de concierto. Con ocasión de una gira por Sudamérica junto al trompetista Roy Eldridge, Jim Hall descubrió la bossa nova: sería uno de los primeros músicos en introducirla en los Estados Unidos. Y uno de los primeros en abandonarla, por puro aburrimiento.
En 1962 entró a formar parte del cuarteto de Sonny Rollins. Difícil imaginar dos intérpretes más alejados en lo estético, ni tan bien avenidos en la práctica. Hall fue a Rollins lo que Bill Evans a Miles Davis: el perfecto contrapunto, allá donde la sonoridad mate del guitarrista que hizo de la discreción su marca de identidad se fundía con la expresión apasionada y visceral del saxofonista. Rollins y Hall grabarían dos obras maestras indiscutibles: The bridge y What’s new?
Llevado por su recién ganada fama, el guitarrista pasaría a alternar con la crema y nata de la profesión, de Art Farmer a Gerry Mulligan, Paul Desmond o su primer maestro, Zoot Sims. Su complicidad con el pianista Bill Evans dio lugar a dos nuevas obras maestras: Undercurrent e Intermodulation. En 1965 su frágil salud le obligó a retirarse de los escenarios. Regresó a los dos años envuelto en el mayor de los olvidos. El crítico y productor musical alemán Joachim Berendt le llamó para actuar en el Festival de Jazz de Berlín, haciéndole grabar su segundo disco en 10 años: “Parecía como si de pronto los productores y organizadores de conciertos descubrieran a Jim Hall” (Jean-Paul Ricard).
Olvidado, o casi, en su propio país, Hall pasará a centrar su actividad en Europa y Japón, actuando en conjuntos de pequeño formato, en trío o a dúo. Al poco tiempo crearía su propio grupo de colaboradores habituales, entre los que se encontraban los pianistas Michel Petrucciani y Enrico Pieranunzi, los guitarristas Bill Frisell y Óscar Castro-Neves y el contrabajista Ron Carter. Con George Mraz, Dave Holland, Christian McBride, Scott Colley y Charlie Haden grabó Jim Hall and basses, en 2001. Un año más tarde tocaría a dúo con el último en nuestro país. Federico González escribió sobre ambos en EL PAÍS: “Con todos los años que llevan al servicio de Hall y Haden, los respectivos diapasones de guitarra y contrabajo no saben todavía ni dónde ni cómo les van a poner encima los dedos. De hecho, el de Hall debe de estar convencido a estas alturas de que su dueño está un poco loco, describiendo esas líneas intrincadas e imprevisibles que hacen meditar al oyente como si le acabaran de exponer el acertijo más enigmático”. En 1975, grabó para el sello CTI una versión comprimida del Concierto de Aranjuez, considerada una de sus piezas magistrales, para la que contó con la colaboración de, entre otros, el trompetista Chet Baker.

Alrededor de medianoche ~ No basta con la sola idea de pensar que nos quedamos con el frondoso legado que supieron construir a lo largo de décadas de insesante creación, casi 7 en el caso de Hall, muchas menos en el caso de Michel Petrucciani, Michael Brecker, el mismo Charlie Parker, Coltrane que murió a los 40 años o Esbjörn Svensson a los 44, como también el portugués Bernardo Sassetti a los 42, más la reciente partida de Yusef Lateef…, por solo mencionar algunos que me cruzan la mente.
De más está decir que los queremos ahí sobre sus instrumentos y no con el arpa y sus alas…, quizá lo veamos diferente cuando estemos nosotros frente a ellos literalmente en las nubes, paseo que solemos dar escuchando sus músicas para luego retornar a los pies sobre la tierra.
