Nos vemos luego a las 21hs…

Hola amigos…, que bueno es estar de vuelta, reunidos en torno a la música y compartir un rato entre amigos. Saben que estrenamos casa nueva, Raíces FM 97.1 la radio de CADEJUR, la radio de los jubilados rionegrinos donde esperamos estar un buen rato si es que no espantamos a nadie!!

Arrancamos con el ritual de cada inicio de ciclo recordando al «Duende» Michel Petrucciani fallecido el 6 de enero de 1999 y éste año lo haremos escuchando un tema de So What: The Best of  (Dreyfus | Jun 08, 2004), alguien que se incorporó hace pocos años a éste triste ritual es el saxofonista Michael Brecker fallecido el 13 de enero de 2007. A él lo recordaremos en la apertura de la semana que viene.

Seguimos con el jóven saxofonista y flautista estadounidense Brian Landrus desde Capsule (BlueLand Records | June 1, 2011) grabado en su propio sello al frente de su Kaleidoscope un quinteto donde lucen Michael Cain, el notable guitarrista Nir Felder y el no menos impresionante baterista Rudy Royston a quien escucharemos más adelante al frente de su propia formación. Más con el guitarrista John Abercrombie junto a Marc Johnson, Peter Erskine y John Surman desde November (ECM, 1993) un sabroso disco con partenaires de lujo.

El notable contrabajista danés Niels-Henning Ørsted Pedersen fallecido en 2005 fué el nexo ineludible de los músicos norteamericanos que caían por europa, rápidamente absorbido por su talento y versatilidad. El sello alemán ACT adquirió los derechos de dos conciertos en vivo y los publicó como The Unforgettable NHØP Trio Live (ACT | agosto 31, 2007), el álbum lo componen una presentacion en Dinamarca el 24 de marzo de 1999 y otra en Hamburgo, el 11 de marzo de 2005.

Tenemos dos voces femeninas la primera la cantante británica Norma Winstone desde Dance Without Answer (ECM | January 17, 2014) un bello disco en donde la cantante aborda repertorio variado desligandose de la primera alineación de cualquier cantante de jazz con el cancionero norteamericano, escucharemos una bella versión de una conocida canción popular latinoamericana. La otra es la también bella voz de Karen Souza, cantante argentina muy recientemente incorporada al mundillo del jazz, al frente de su agrupacion The Cooltrane Quartet desde Cool Jazz Blends (Music Brokers | 21 Feb 2014) con versiones jazzeadas de clásicos del rock y del pop.

El 4 de febrero último pasado el guitarrista Pat Metheny publicó Kin (Nonesuch | feb 4, 2014) al frente de su nueva agrupación Unity Group, que no es más que su última formación la Unity Band rebautizada y con sonido «nuevo y revolucionario» según el propio Pat. Para cerrar, el anunciado baterista Rudy Royston desde 303 (Green Leaf | Feb 04, 2014), un gran disco…

Puede que quede algo afuera pues, entre los anuncios (tenemos dos o tres) los saludos y el bla bla demás nos comeremos algunos minutos.

Y siguiendo con el blues…

Como todos los años, esta vez un poco más tarde, pero mas vale tarde que nunca, recordamos a uno de los primeros blueseros argentinos, Pappo, y como la radio es uno de nuestros amores que mejor que elogiarla con el tema «Buscando un amor»  del disco homónimo.

Son muchas las novedades, empezamos por el nuevo disco de Robben Ford, titulado, A Day In Nashville publicado el 3 de febrero pasado, para ello ha contado con la colaboración en la guitarra de Audley Freed (Black Crowes), con el batería de Sting, Wes Little, en los teclados Ricky Peterson (David Sanborn) y al bajo Brian Allen (Jason Isbell). El disco se enfoca en el blues con algún toque de jazz y baladas algo pegadizas. Escucharemos «Ain’t Drinkin’ Beer No More».

Nos vamos con el disco del sello Delmark publicado el año pasado para la celebración de sus 60 años de existencia, titulado justamente 60 Years of Blues, en el que reune a los mejores exponentes del blues que han pasado por esa discográfica, elegimos  el tema «Let’s Live It Up!» grabado por Mississippi Heat.

Los esperamos nuevamente a partir de las 21 hs en nuestra nueva casa.

Estamos de vuelta…!!!

Hola gente, nos agrada informarles que el próximo jueves 27 de marzo estamos de vuelta con la «mejor música del mundo…», la que más nos gusta, la que nos convoca cada semana desde hace 23 años.

También les comentamos que estrenamos casa nueva, nos mudamos a FM Raíces 97.1 (http://fmraices.com.ar) de CADEJUR, con una interesante penetración en la comarca como en el interior de la provincia dada su buena salida por internet (http://www.cadejur.com.ar/player.php). Esperamos hacer nuevos amigos de entre los habitues de Raíces que sumados a la compañia de ustedes nuestros viejos amigos seguramente hará crecer el grupo como también nuestro compromiso de hacer las cosas cada día un poco mejor.

Que más podemos decir…, que estamos ansiosos de compartir nustra música un rato cada semana con ustedes y un poco más también. Este año re-lanzamos una vieja propuesta que tuvo poca vida al aire debido principalmente a dificultades con los horarios de programación, se trata de los «Martes de Disco Completo» que, como su nombre lo indica, no es mas que la difusión de una obra completa seleccionada.

Nuestro agradecimiento a los responsables de la radio quienes nos abrieron las puertas de su casa amigablemente, también muy especialmente a Adrián Hernández responsable de FM Atlántica quien también nos abrió sus puertas desinteresadamente. De nuestra anterior casa VyP FM nos llevamos las mejores imágenes dejando obviamente nuestro agradecimiento por todos éstos últimos años.

Saludos, están invitados…, los esperamos…

Falleció Amira Baraka, autor de Black Music

Jazz fundido en negro

Se publica en español ‘Black Music. Free jazz y conciencia negra (1959-1967)’.
Es una compilación de ensayos jazzísticos del recientemente fallecido Amiri Baraka

Amira Baraka

linea

elmundo.es | Pablo Sanz | Madrid |

Amiri Baraka se entregó a la oscuridad definitiva nada más arrancar el año. La muerte del escritor, poeta, novelista, dramaturgo y ensayista noqueó los cimientos de la intelectualidad estadounidense más progre, así como convulsionó a la gran familia del jazz, la música que amó y admiró. Precisamente la editorial Caja Negra edita estos días ‘Black Music. Free jazz y conciencia negra (1959-1967)’, una compilación de artículos, críticas y reseñas biográficas que son prolongación de su magnífico ensayo ‘Blues people. Música negra en la América blanca’ (1963, reeditado después por Nortesur). El libro (224 páginas; 110 euros) constituye un magnífico relato, más que del jazz, sobre la vida del jazz, porque Baraka ante todo miraba cara a cara y pensaba en las personas.

Amiri Baraka (1934-2014), que nació con el nombre equivocado o, como afirmaba él, con el nombre de esclavo LeRoi Jones, ha sido uno de los líderes intelectuales de la comunidad artística negroamericana, que reivindicó de manera orgullosa y radical. Se inició en el denominado «nacionalismo negro»; fue el hermano afroamericano de la Generación Beat; se convirtió al Islam tras la muerte de Malcolm X y acabó siendo marxista con conexiones con el comunismo cubano, perseguido e investigado por el FBI, más aun cuando discutió sobre la verdadera autoría de los atentados del 11-S (llegó a sugerir en un poema que Israel estaba detrás). Eso, sí, el jazz fue siempre la banda sonora de toda su vida.

La postura de Baraka acerca del jazz es rotunda desde las primeras páginas de este título: «La mayoría de los críticos de jazz han sido hasta ahora americanos blancos, mientras que los músicos más importantes no.» Nadie puede rebatir la afirmación, por cuanto el jazz, surgido a finales del siglo XVIII del abrazo encadenado de los esclavos africanos y la cultura occidental sobre suelo americano, siempre estuvo gestionado por el hombre blanco. Y hasta no hace mucho, vaya, sabida como es la existencia e implantación del racismo en Estados Unidos hasta hace cinco décadas.

Siendo originalmente una música hecha por negros, el primer disco de jazz lo grabó la Original Dixieland Jazz Band en 1917, compuesta por músicos blancos; las primeras y glamurosas estrellas del género también fueron músico blancos como Paul Whiteman o Benny Goodman; en el club neoyorquino más famoso de los años 20, el Cotton Club, los músicos negros entraban por la puerta de atrás; y hasta en la primera película sonora, ‘El cantor de jazz’, el actor Al Jolson interpretaba a un cantante pintándose la cara de negro. Sí, la industria jazzística siempre fue rentabilizada por empresarios blancos.

De todo ello se reflexiona en este libro, cuyo capítulo ‘La avant-garde del jazz’ se antoja como lo más jugoso de todo el lote. El autor refleja todo lo que supuso el ‘free jazz’ en los años 60, como música representativa de la protesta, la rebeldía, el orgullo y la afirmación del pueblo negroamericano ante el racismo y por los derechos civiles, la guerra de Vietnam, la eclosión de libertad que supuso el movimiento hippie, etcétera. Luego, musicalmente, la ‘great black music’ supuso una respuesta contundente a los modos jazzísticos academizados y consolidados en fórmulas y estereotipos previsibles, recuperando la verdadera esencia del jazz, una música creativa en estado permanente.

‘Black Music’ incluye por otro lado perfiles biográficos muy interesantes sobre jazzistas admirados como Roy Haynes, Sonny Rollins, John Coltrane, Billie Holday, Thelonious Monk, Cecil Taylor, Archie Shepp, Don Cherry o Wayne Shorter, cuyos retratos subrayan ese orgullo de lo negro y su correspondiente réplica blanca. El volumen concluye con una selección discográfica elaborada por el propio Baraka y una entrevista realizada por Calvin Reid.

linea

Pat Metheny: «La música es un destino completo para mí…»

El guitarrista Pat Metheny a horas de publicar su nuevo álbum, Kin con la United Band previsto para mañana martes 4 de febrero, concedió una entrevista telefónica donde, entre otras cosas, habla de su inminente y revolucionario disco, muy diferente a todo lo conocido en él según sus propias y misteriosas palabras. Esperamos con ánsias poder escucharlo, mientras tanto acá la nota.

linea

Pat Metheny

EFE | 2.2.2014

Incansable aventurero musical y uno de los guitarristas más respetados del jazz, Pat Metheny repite con la Unity Band en su nuevo disco, Kin, el número 43 de una carrera que ha visto compensada con 20 Grammy que casi nunca, salvo en una ocasión, ha ido a recoger.

«Por supuesto, estoy muy agradecido por el reconocimiento», dice en entrevista telefónica desde Nueva York, pero no le gusta mucho la parafernalia de los premios. «Si no fuera un músico reconocido, estaría encerrado en un sótano en algún lugar pensando en Si bemol. De eso se trata para mí», resume.

La excepción ocurrió el año pasado, cuando fue premiado por su primer disco con la Unity Band (el saxofonista Chris Potter, el percusionista Antonio Sánchez y el bajista Ben Williams) y acudió a la gala porque se lo pidieron sus hijos. «Estuvo bien porque me vieron subir a recogerlo, mereció la pena por eso», señala.

A esos músicos se ha sumado ahora el multiinstrumentista Giulio Carmassi, para grabar un álbum que, según explica orgulloso, no tiene nada que ver con el anterior. «Es irreconocible que sea la misma banda, y ese era mi objetivo».

Las diferencias: más orquestación, más elementos electrónicos y en general, más complejidad, aunque a él no le gusta esa palabra. «Si el anterior disco era como un documental sobre una banda en un estudio, el retrato de un momento, éste sería más la versión Spielberg de lo que esa banda puede ser», explica.

«Pero sobre todo, Kin (una palabra inglesa poco usada que significa ancestros, familia, conexión) es la representación honesta de dónde estoy ahora mismo», un lugar privilegiado como músico, en el que ha recibido influencias de otros, pero también ha dejado su huella en cientos de guitarristas más jóvenes.

«Wes Montgomery es el hombre para mí, pero hay otros que se inspiran en mí, está claro», asume con naturalidad.

Desde que editó su primer álbum en 1976 junto al genial Jaco Pastorius, Pat Metheny no ha dejado nunca de experimentar: ha mezclado lo culto y lo popular; ha probado solos, tríos o cuartetos; fue de los primeros en enchufar su guitarra a un sintetizador; ha inventado instrumentos y hasta ha tocado con una orquesta de robots.

«La música es un destino completo para mi y en ese sentido me siento igual hoy que cuando empecé con 11 o 12 años. Amo el proceso de lo que supone ser mejor músico. Es algo que siempre está ahí y que incluso ahora siento más que nunca. No podría vivir sin la pasión por descubrir nuevas formas de pensar la música», asegura.

United Band

Y en ese compromiso vital, lo de menos son las etiquetas. «Jazz, rock, pop, son términos políticos para mí, no me interesan, no tienen nada que ver con la música. Sólo me interesa cómo ir de Si bemol a Fa. Me da igual si lo hace Bartok o Daft Punk».

De todas sus facetas como músico, reconoce que lo que más le gusta es tocar en directo, y de hecho el lunes mismo arranca su nueva gira. Lo más duro, escribir unas partituras que no son precisamente «de las que pueden anotarse en la parte de atrás del autobús mientras viajas de una ciudad a otra».

Un ejemplo, la primera canción del disco, One day one, son 34 páginas de escritura, y aparte la improvisación. «Normalmente me tomo 5, 7 u 8 semanas para concentrarme en escribir, es la única forma de hacerlo».

En ese proceso estaba precisamente cuando le llegó la propuesta para hacer la banda sonora de «Vivir es fácil con los ojos cerrados», la película de David Trueba por la que está nominado a los Goya como mejor música original.

A pesar de que llevaba décadas sin componer para el celuloide y de que suele rechazar las múltiples peticiones que recibe, en este caso aceptó.

«Es una gran película, me encantó cuando la vi y de alguna manera sabía que si no lo hacía lo iba a lamentar», asegura. La implicación en el proyecto del contrabajista Charlie Haden, uno de sus mejores amigos, también ayudó. Pero insiste en que se trata de un caso excepcional.

«Las bandas sonoras consumen mucho tiempo y si haces un buen trabajo de verdad, lo mejor que puede pasar es que nadie se de cuenta. Ese es el fin en una película, es como tocar en el disco de otro», concluye.

linea

La estética musical de Adrián Iaies

El jazz bajo la lupa de Adrián Iaies

Qué fue lo mejor de 2013 y a qué habrá que prestar atención este año, según el director del festival de buenos aires.

Newsweek Argentina | Cristian Savio | 08.01.2014

linea

Adrian Iaies

Adrián Iaies tuvo un 2013 por demás movido y productivo. No sólo por su trabajo en el Festival Internacional de Jazz de Buenos Aires, que dirige desde 2008, y por los dos discos que editó: Goodbye, solo piano dedicado a standards de jazz; y Small Hours Late at Night, grabado en vivo. Además, Iaies viajó. Mucho. Y lo disfrutó tanto que planea subirse a varios aviones este año que comienza. «Quiero salir más seguido», dice a Newsweek. Son los últimos días de diciembre y el verano porteño no da tregua, con su ola de calor y sus cortes de luz y ese malestar que nos hace intratables. «El clima acá por momentos pesa, y no me refiero al calor», explica Iaies. «Salir me carga las pilas y me oxigena».

Oxigenado y con las pilas bien cargadas, entonces, encontró 2014 al pianista y compositor nacido hace 53 años en esta capital. Acaba de regresar de una gira por Europa, que lo llevó por el norte italiano y Roma, a París y un par de días idílicos en Poitiers, centro-oeste de Francia, «un lugar precioso a orillas del río Clain, en el castillo de un hombre que me conoció cuando actué en el Lincoln Center. Construyó un estudio en el granero del castillo, compró un Steinway y me invitó a grabar. Escribí un montón de música original y grabé material como para hacer un disco doble».

Grabar. Iaies le tomó el gusto y no hace caso a las supuestas reglas marketineras de la industria discográfica, que marcan tiempos distintos y según las cuales conviene sacar un disco cada dos años. Él se acostumbró a sacar dos por año. Con el agregado de que entre placa y placa no repite formación ni género. En 2012 había presentado Conversaciones desde el arrabal amargo, un repertorio de música popular a dúo con Horacio Fumero; y Melancolía, en cuarteto. Tiene la idea de que un trabajo nuevo defiende al anterior, y es conciente de que disco a disco, al cabo de los 18 que ha grabado, siempre aparece gente que lo escucha por primera vez y va en busca de lo anterior.

Iaies inició el año con un ciclo en Café Vinilo los sábados de enero: los dos primeros en trío junto a Juan Manuel Bayón (contrabajo) y Pepi Taveira (batería), con un repertorio de Small Hours… y Melancolía, así como adelantos de composiciones que formarán parte del nuevo álbum que prepara para mediados de 2014. Y los dos últimos sábados, estuvo a dúo con el contrabajista Horacio Fumero, con las versiones jazzísticas del repertorio popular argentino, en especial del tango, de Conversaciones desde el arrabal amargo. En mayo volverá a Europa para presentarse en Italia y Francia, irá al Festival de Tel Aviv junto a Roxana Amed; y para octubre fue invitado a México, aunque aún no definió con qué formación irá.

Considerado por muchos como el pianista más importante del país, el hombre que ha compartido escenario con figuras como Brad Mehldau, Ron Carter y Bebo Valdés, entre otros, es el indicado para hacer un balance jazzístico del año que se fue y una previsión de lo que vendrá.

El Festival

«Este año tomé una apuesta muy grande: por primera vez decidimos no abrir con un artista estadounidense, del mainstream, de los que tienen cierta chapa por estar en tapas de revistas o en las radios. Invitamos a la ICP Orchestra de Holanda, que trajo la vanguardia de lo que se llama el sonido europeo, algo que no existía antes de ellos. Fue un verdadero evento cultural para la ciudad. La receptividad del público fue sorprendente».

«Yo tengo un gusto particular por el jazz europeo, y probablemente profundicemos la línea ahí este año, pero el desafío es subir un poco más el perfil a la programación internacional, manteniendo la idea de traer a músicos que no hayan venido. Y nuestra gran obsesión es agregar áreas en la parte pedagógica, que está funcionando muy bien. Se llena de pibes, se puede hacer bien sin quedar en la superficialidad».

El show internacional

«El otro evento que me gustó es el concierto del trío de Brad Mehldau en el Gran Rex. Lo que vimos allí fue una clase de interacción, swing y dinámica de lo que se puede hacer con un trío de jazz escapando a esa referencia tradicional tan fuerte. Un trío que tiene algo nuevo para decir en materia de jazz y de interacción en lo que hace al género».

El plano local

«Hay que remarcar la cantidad de músicos jóvenes, de 23 a 26 años, los sub-30, que están tocando muy bien, con proyectos originales y una proyección de futuro tremenda. En ese sentido me parece que nos podemos quedar tranquilos, que más allá de que los músicos más experimentados siguen dando batallas y discos, hay un par de generaciones para abajo pidiendo pista. Personalmente, de lo que vi lo que más me impresionó es Leo Genovese, su concierto en el Festival. Es alguien medio mítico, un santafesino de 34 años residente en Estados Unidos desde los 18, cuando fue a estudiar al Berklee College de Boston, que no había venido nunca a tocar a Buenos Aires. Su concierto en La Trastienda en homenaje a Luis Alberto Spinetta sorprendió a todos, que lo conocían de nombre pero no lo habían visto tocar».

Discos

«En el ámbito local, el que hizo Mariano Loiácono con su noneto (Hot House) para mí es el disco del año. Nunca se había hecho un disco con esta estética en Buenos Aires, que sonara como suena, grabado y producido así, tocado como está tocado y pensado y escrito como lo hizo Mariano. Y me gusta mucho el disco que hizo Rodrigo Agudelo, guitarrista, de lo más interesante si me tengo que ceñir al jazz».

Lo que viene

«Hay que prestar atención a un fenómeno buenísimo por el lado de las cantantes, que históricamente fue el rubro más flojo en la ciudad. Cualquier músico de jazz instrumentista local de primera línea –Ernesto Jodos, Pepi Taveira, Ricardo Cavalli, Loiácono, por nombrar a algunos– puede llamar mucho la atención y gustar en cualquier escenario del mundo. Empieza a haber una generación de cantantes de jazz jóvenes y estudiosas que vienen de un lugar distinto, no de la comedia musical ni la música publicitaria, sino que se asumen ellas mismas como músicas, estudian armonía, improvisación, un instrumento. Lo vemos en el workshops coordinados por Roxana Amed en el Festival: se anotan cada vez más, vienen muy formadas».

linea