John Mayall: «La música es sanadora»

Mañana toca en Buenos Aires este inglés de 74 años que es una leyenda del blues blanco. Aquí­, desde su casona en Los Angeles, cuenta cómo sobrevivió tantas épocas creyendo en el poder expresivo del blues.

Fuente: Revista Ñ, Clarin, Bs As, Argentina.
Por: Silvia Maestrutti

John Mayall pela una guitarra a la hora de las fotos pero aclara que en su casa no trabaja. No tiene ahí­ su estudio ni su sala de ensayos. Dice que su filosofí­a de vida es la de separar la profesión y la vida familiar, y eso intenta en su casona de Woodland Hills, en las afueras de Los Angeles.

John MayallLa postal en su jardí­n de rosas es bucólica. Los patos visitan la zona de la pileta, donde un aro de basquet recuerda que su hijo menor, Sammy, de 13 años, es un fanático de los deportes. «Mi hijo mayor, Gaz, de mi matrimonio anterior, es el único que está en la música. Tiene una banda de ska y reggae y un club en Londres, en Wardour Street, el GAZ’s Rocking Blues», le cuenta el veterano blusero a Clarí­n.

Para llegar al lugar de su casa que eligió para hacer la entrevista, una sala de proyección de pelí­culas rodeada por telones negros, hay que pasar por una especie de pub inglés, sin ventanas. Las paredes son un collage en el que Mayall expresa su hobby de coleccionista. Hay un gran cartel de neón, muñecas y armas antiguas, plumas, postales y fotos, un violí­n, los pocos restos salvados del incendio que le quemó su famosa casa de Laurel Canyon y un set lleno de polvo de las afamadas armónicas Hohner.

Mayall cumplió 74 años en noviembre, pero no está pensando en retirarse. Por el contrario, el listado de su gira mundial, que lo lleva junto a su banda The Bluesbrakers mañana por tercera vez a Buenos Aires, no presenta muchos dí­as de descanso.

No deja dí­as libres entre los shows. ¿Cómo se entrena para el fogoneo de esos tours?

¿Entrenamiento fí­sico? Ninguno, bueno, salvo la natación. Se me hace muy fácil, lo vengo haciendo desde hace tanto tiempo. No tener dí­as libres en las giras te da un «momentum» y además hace que pases menos tiempo en la ruta. Prefiero dedicarle un tercio del año al trabajo y el resto del tiempo pasarlo en casa, con mi familia.

¿Se hace tiempo para hacer un poco de turismo en los lugares que visita?

Casi nunca. Hank (Van Sickle, el bajista) es fotógrafo y se la pasa sacando fotos de cada lugar al que vamos. Yo prefiero guardar mi energí­a y descansar para estar fresco para el show en la noche.

¿Recuerda algo de sus dos visitas anteriores a Argentina?

No te podrí­a contar una memoria de un show de la semana pasada (se rí­e). Francamente, hacemos tantos shows, vamos a todos lados. Lo importante es la reacción del público esa noche, la idea es conectar con todos y si lo hacemos ya estamos hechos. Y empezamos a pensar en el próximo show. Es emocionante que la gente recuerde tus letras.

En su primera visita, al festival Rock & Pop (1985), todaví­a habí­a en el paí­s un clima hostil hacia los británicos por la guerra de Malvinas. ¿Llegó a percibirlo?

Nunca tenemos ninguna clase de reacción de naturaleza polí­tica porque una vez que empezamos a tocar, lo único que importa es el blues. La música es sanadora, como decí­a John Lee Hooker en The Healing Game. La música levanta el espí­ritu de la la gente y la hace olvidarse de los problemas que tiene. Siempre ha sido así­.

En su afán por vivir el presente minuto a minuto, a Mayall se le perdió el recuerdo de Pappo pero, por suerte, tampoco registró a Miguel Mateos gritando el desafortunado «No me tiren barro, guárdenlo para los ingleses» aquella tarde en Vélez… Dice que no es una persona polí­tica pero se apasiona por un momento al hablar de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. «Nada va a ser peor que George Bush», se rí­e.

¿Obama o Hillary?

No puedo esperar; qué importa quién sea mientras no sea Bush. Es excitante que haya dos candidatos que nunca fueron presidentes, una mujer y un negro. Quien gane, y espero que uno de ellos dos gane, va a protagonizar un momento histórico.

Hay músicos como Bono que tratan de cambiar el mundo. ¿Usted qué piensa de eso?

El es muy famoso, en una escala del 1 al 10, yo soy un 2 y él es un 10. El es lo suficientemente famoso como para intentar que la gente lo escuche. Yo estoy muy lejos de eso. Tengo un solo hit en mi carrera, The Turning Point, y eso fue en 1969. Igual, hago mi aporte a través de las canciones.

Hablando de «The Turning Point», se mudó a California en 1968. ¿Se puede decir que ese es uno de los momentos decisivos en su vida?

Es muy probable que así­ sea. Y la razón de mudarme a California no tuvo nada que ver con la música, fue por el clima. En Inglaterra está siempre lluvioso, aquí­ es fantástico. Cada ciudad tiene su vibra y me enamoré de Los Angeles. Para reflejar eso fue que escribí­ el disco Blues from Laurel Canyon. Otros momentos claves en mi vida fueron cuando Eric Clapton entró a los Bluesbrakers, hacer The Turning Point sin baterí­a, usar músicos de jazz. Por suerte, hubo muchos momentos excitantes.

¿Cambió algo su rutina tras haber recibido La Orden del Imperio Británico de manos del prí­ncipe Carlos?

No cambia nada, es un lindo reconocimiento de mi trabajo. Me permitió ver que hay detrás de las puertas del Palacio de Buckingham, porque toda la vida uno lo ha visto desde afuera. Dicen que ahora puedo bautizar a mis nietos en la catedral de St. Paul. Pero la verdad es que no me imagino haciéndolo.

La BBC hizo un documental sobre usted recientemente llamado «El Padrino del Blues» («The Godfather of Blues»). ¿Le gusta ese tí­tulo?

Se ha dicho durante tanto tiempo que uno se acostumbra (se rí­e). Creo que intentan halagarme, hay gente que necesita darte esos tí­tulos. De todos modos, es lindo ser reconocido por ser un abanderado del blues…

Cuenta que ha logrado sobrevivir tantos años haciendo su música, sin seguir las modas, gracias a su público. «Toco música que es real: la gente me responde porque soy honesto» . Y por supuesto que no cree eso de que el rock and roll, o el blues, puedan morir en cualquier momento. «El rock, el blues y el jazz es música creativa que no tiene ver con los hits, con la cosa del momento. Son parte de nuestra cultura, tienen que ver con la emoción, con los instintos; es una voz que está siempre y nos dice qué nos pasa».

Mecenas abandonado

Por las filas de su banda, The Bluesbrakers, pasaron músicos que luego harí­an leyenda por su cuenta como Mick Taylor, Mick Fleetwood, Peter Green y, más notoriamente, Eric Clapton. Este lo dejó para unirse a Cream, Mick Taylor se fue a los Rolling Stones, mientras Peter Green y Mick Fleetwood formaron su propia banda, Fleetwood Mac.

¿Cómo se sintió ante esas partidas? «No fue una sorpresa, fue muy natural. Cuando alguien decide partir uno se da cuenta y lo mejor que puede hacer es estimular a esa persona para que se vaya en su propia dirección. Y como lí­der de la banda eso te permite traer nuevos elementos y eso es excitante en sí­ mismo. Cada vez que alguien se va podés hacer cosas diferentes», cuenta.

¿Se siguen viendo con Eric Clapton?

No realmente. El es de otro planeta. Yo soy de más bajo perfil, pero él es una estrella gigantesca. Eric mantiene su vida privada separada del resto. La última vez que lo vi fue en un concierto que se organizó cuando yo cumplí­ mis 70 años. Y aunque no lo habí­a visto por 10 años, una vez que empezamos a tocar juntos fue como si el tiempo no hubiera pasado en absoluto.

Un pionero del blues inglés

A sus 75 años, John Mayall sigue siendo garantí­a de música de alto nivel. A poco de su tercera visita al paí­s, un recorrido por la carrera, discos y legado de uno de los fundadores del blues británico.

Fuente: Revista Ñ, Clarin, Bs As, Argentina
Por: Alfredo Rosso

ARTESANO DE UN SONIDO. La voz de Mayall puede sonar punzante, irónica o asertiva, pero nunca deja de fascinar al oyente. En la foto, al recibir la Orden del Imperio británico en 2005.

John MayallCorrí­a el año 1953 y a un muchacho inglés alto y flaco, de veinte años, le tocaba hacer la conscripción, como se estilaba en aquellos tiempos. Nativo de Macclesfield, un pueblo cercano a Manchester, el joven John Mayall paliaba el tedio del cuartel tocando la armónica y una guitarra desvencijada y acababa de hacer un descubrimiento clave para su vida: el blues. Un género musical que en aquel lugar y en aquel momento era ciertamente un rito para unos pocos iniciados. Los raros discos 78 rpm, de artistas de blues más raros todaví­a, eran muy difí­ciles –cuando no imposibles- de obtener. Habí­a que encargarlos a alguna de las pocas disquerí­as estadounidenses que por entonces vendí­an por correo y rogar que los frágiles discos de pasta soportasen el ajetreado viaje transoceánico sin terminar en pedazos. Discos de artistas misteriosos: Bukka White, Charlie Patton, Leadbelly, Big Bill Broonzy, Elmore James, Robert Johnson…

John los consiguió y pasó años descubriendo la obra, los padecimientos y la visión de mundo de aquellos bluesmen rurales itinerantes que tocaban en los juke-joints, aquellas chozas precarias que funcionaban como bares, clubes y verdaderos centros cí­vicos de los trabajadores negros en las plantaciones del Delta del Mississippi. Los hubo también, como Muddy Waters y Howlin’ Wolf, que cambiaron el overol de los algodonales por el frenesí­ de una urbe como Chicago, donde aquel blues cansino y acústico adquirió el pulso eléctrico de la gran ciudad, con sus bares llenos de humo, bullicio y adrenalina.

John Mayall absorbió todo ese bagaje y le dio una expresión propia, afirmada en su destreza en los teclados, su feeling para la armónica y una voz de singular poder expresivo. Su primer aliciente lo recibió de otro pionero que -siendo europeo de sangre austriaca, griega y turca- sentó bases en suelo británico: Alexis Korner fundó la Blues Incorporated a principios de los ’60 y a su alrededor se congregó un puñado de músicos que muy pronto habrí­an de gestar bandas decisivas en el curso del rhythm and blues inglés, como The Rolling Stones, The Pretty Things y la Graham Bond Organisation. El ejemplo de Korner persuadió a John se radicarse en Londres y poner la piedra basal de la fascinante aventura de los Bluesbreakers.

Con una Inglaterra copada por la Beatlemaní­a, no era sencillo allá por 1964 convencer a un sello grabador de grabar a un conjunto de blues, pero John Mayall consiguió entrar en la poderosa Decca. Su disco debut, John Mayall Plays John Mayall mostraba a un artista en formación, pero con el segundo álbum la situación cambió completamente. El gran catalizador fue la presencia del Eric Clapton quien, con apenas veintiún años, ya tení­a una considerable reputación como guitarrista virtuoso. A esta altura, Eric era un ortodoxo del blues. Habí­a renunciado a los Yardbirds cuanto éstos decidieron grabar el tema «For your love» ¡una canción pop! El lógico rumbo a tomar fue irse con los Bluesbreakers, que a esta altura eran Mayall, el bajista John McVie y el baterista Hughie Flint. El álbum que hicieron los cuatro, Bluesbreakers with Eric Clapton, bajo la delicada tutela del productor Mike Vernon, estaba destinado a marcar un antes y un después en la historia del blues británico. La habilidad de Clapton deslumbra, pero también impresiona la personalidad del lí­der: Mayall canta con autoridad; se mete de lleno en el dramático meollo que siempre yace en el centro de un blues que se precie, y sus intervenciones en piano, armónica y guitarra tienen el mismo sello de autenticidad de sus cuerdas vocales.

Inspirados por Korner y Mayall, entre 1963 y 1966 surgió toda una nueva camada de grupos británicos con una raí­z común en el rhythm and blues. De Birmingham salió el Spencer Davis Group, destacando a Stevie Winwood en teclados y voz. De Newcastle brotaron los Animals, con el gran vozarrón de Eric Burdon. Cruzando el mar irlandés, en Belfast estaba Them, donde resaltaba como figura central el cantante Van Morrison. Londres se llevaba la parte del león porque, además de los Stones, Pretty Things y Yardbirds, crecí­an las carreras de los Who y los Kinks y otras bandas destacables, como los Downliners Sect, con las que la historia no fue tan generosa.

Pero la historia nunca se detiene y poco después de grabar Bluesbreakers, el inquieto Clapton partió una vez más, tentado por el desafí­o de formar un trí­o de blues con mayores ambiciones junto a la exbase rí­tmica de la Organisation, es decir Jack Bruce en el bajo y Ginger Baker en la baterí­a. Eran los mejores en sus instrumentos, eran la crema y lo sabí­an. Por lo tanto la naciente banda fue bautizada Cream.

Mayall tení­a a la fortuna de su lado, ya que el valiente músico que se calzó los zapatos de Clapton era Peter Green, otro erudito del blues; sin el tono agresivo y avasallador de Eric pero con un timbre más dolido y desgarrante, ideal para complementar el plañidero registro vocal de John. Todo eso puede apreciarse en el álbum A Hard Road y también en un puñado de singles de la época. Quiso el destino que el pasaje de Green por los Bluesbreakers también fuese breve, ya que en 1967 también le picó el bichito del combo propio y se marcho para fundar Fleetwood Mac, una de las bandas fundacionales de la segunda etapa del blues inglés.

Una vez más la suerte le sonrió a John Mayall, ya que el reemplazante de Green, un jovencito llamado Mick Taylor, era otro precoz iluminado del blues, con una digitación y una confianza que desmentí­an sus escasos años. Antes que lo sedujera el canto de sirena de los Rolling Stones (urgidos de reemplazar a un ya errático Brian Jones) en 1969, Taylor aportó su sapiencia en las seis cuerdas a Crusade, Bare Wires y Blues From Laurel Canyon, tres álbumes cruciales de esta etapa de consolidación de los Bluesbreakers, que para entonces habí­an engordado el sonido básico de guitarra, bajo, baterí­a y teclados con una potente sección de bronces.

En el filo de los ’70 John Mayall realizó un cambio radical en su música y en su carrera. Se radicó en los Estados Unidos –donde pasarí­a los siguientes quince años- y alteró la instrumentación de su grupo. Decidió prescindir de la baterí­a y reformular los arreglos de sus composiciones para dotar a su blues de una amplitud y una libertad propias del jazz. Lo apreciamos en discos claves de esta era, como The Turning Point y U.S.A. Union. Este último fue así­ bautizado porque los acompañantes son de origen estadounidense, con una mención especial para el notable violinista Don «Sugar Cane» Harris. Entretanto, en Inglaterra, ex músicos y discí­pulos generan la segunda ola de blues británico, a través de nuevas bandas como Savoy Brown, Ten Years After, Chicken Shack, Keef Hartley Band y Colosseum, entre otras.

El creciente perfil jazzí­stico de Mayall se tornó explí­cito en el álbum Jazz Blues Fusion y al promediar los años ’70, mientras el mundo musical desprevenido era asaltado por la horda iconoclasta del punk, Mayall matizaba su base estable de blues con elementos de soul y funk, cambiando músicos e incorporando coros femeninos. Sin embargo, no eran años de apogeo para el blues en general y para Mayall en particular, y en la primera mitad de los ’80 John mantuvo un perfil bajo. Hacia mediados de la década, no obstante, el retorno de los Bluesbreakers se hizo realidad. Esta vez tení­a una formación con dos primeras guitarras, Walter Trout y Coco Montoya, con la que visitó por primera vez nuestro paí­s hacia fines de1985 para actuar en el Festival Rock & Pop. Los ’90 comenzaron auspiciosamente con un nuevo contrato discográfico, esta vez con el sello Silvertone, y el mundo musical pudo comprobar que el nativo de Macclesfield seguí­a en gran forma. Aunque esos Bluesbreakers produjeron discos destacados, como Wake Up Call y Padlock on the Blues, pocos hubieran imaginado que el veterano bluesman era capaz de acuñar nuevos clásicos como sus recientes Road Dogs, del 2005, y In the Palace of the King, editado el año pasado. ¿Qué los hace tan especiales? Pues la sabidurí­a existencial de las letras y esa mezcla de aplomo y know-how en lo musical. Una base rí­tmica sólida y maleable a la vez, un guitarrista como Buddy Whittington, que sabe cuando atacar y cuando administrar sus notas sutilmente, al tiempo que Mayall despliega las diversas facetas de su personalidad: su voz puede sonar punzante, irónica o asertiva, pero nunca deja de capturar la atención del oyente.

En pleno 2008 John Mayall es un prodigio de permanencia; el artesano de una música relevante, que enaltece. Uno se siente bien después de escucharlo, como si la vida de pronto se hubiese vuelto más amplia, más rica. Y eso cuenta mucho, hoy dí­a.

John Mayall en Argentina

Fecha: Miércoles 21 de mayo
Lugar: Teatro Gran Rex (Av. Corrientes 857)
Entradas: En el teléfono 5237-7200 y el las boleterí­as del Teatro.

Discografí­a

1966 – Bluesbreakers with Eric Clapton (Decca)
1967 – A Hard Road (Decca)
1967 – Crusade (Decca)
1968 – Blues From Laurel Canyon (Decca)
1969 – The Turning Point (Polydor)
1970 – U.S.A. Union (Polydor)
1972 – Jazz Blues Fusion (Polydor)
1993 – Wake Up Call (Silvertone)
2005 – Road Dogs (Eagle)
2007 – In the Palace of the King (Eagle)

Recopilaciones:

1964-1969-1992 – London Blues (Deram)
1969-1974-1992 – Room to Move (Polydor)

Programación 19 de mayo

Hola gente, saludos…, abriendo hoy, en su tercer semana, el guitarrista Nguyen Le junto a la cantante vietnamita Huong Thanh, desde su ultimo trabajo editado Fragile Beauty, donde recrean ambos canciones populares de Vietnam. El tema The Swallow’S Bridge, el disco un recorrido fantastico sobre la musica etnica del lejano pais mas los arreglos y la tipica fusion de Nguyen Le. Luego el bajista israeli Avishai Cohen, presentado la semana pasada, con un tema de Unity grabado junto a The International Vamp Band en el año 2001. Cohen me recuerda por momentos a E.S.T. pero sin confusiones, su estilo y creatividad han generado un aluvion de expectativas y grandiosas criticas.

Mas tarde el fallecido pianista Mal Waldron uno de los proceres del free, quien en sus comienzos transito por la musica clasica para recalar mas tarde en el jazz en un brinco que muchos podrian catalogar de suicida. Con un estilo muy introvertido, a la vez ritmico e intimo, se lo significo como el sucesor de Monk, pero pronto su talento y estilo particulares borraron las comparaciones y generaron el respeto de sus colegas. El disco One More Time (2002), el tema, All alone. Seguimos con el trompetista holandes Eric Vloeimans, joven musico con un estilo y un sonido tan propio de los jazzmens europeos, con climas especiales, atmosferas calmas e introspectivas, donde destaca ademas como compositor. Lo escucharemos desde Summersault, con el tema Mon Petit Prince. Mas con el trompetista italiano Fabio Morgera de merecido reconocimiento mundial, muy inquieto ademas integrando movidas culturales y uno de los fundadores de GROOVE COLECTIVE, recientemente nominado al Grammy 2006 al Mejor Album de Jazz Contemporáneo. Lo escucharemos desde Colors, un magnifico disco del año 2002.

Seguimos con el fenomenal Dave Holland Quintet y Prime Directive, un disco muy celebrado y premiado, junto a una formacion de lujo: Chris Potter, Robin Eubanks, Steve Nelson y Billy Kilson (sin difundir por reestructuracion de la programacion). Luego Dave Valentin & Herbie Mann con Two Amigos, un disco (el unico) que grabaran juntos estas dos leyendas de la flauta en el jazz. El exitoso violinista clasico Nigel Kennedy, quien ya grabara el fenomenal The Blue Note Sessions, un disco de jazz junto a las primeras figuras del sello, un sueño que arrastraba de pibe, esta vez con un disco anterior y no muy jazzero, Kafka, con aires rockeros (sin difundir por reestructuracion de la programacion). Y si da el tiempo Antonio Sanchez, el baterista ultimo de Pat Metheny con su reciente primer disco como lider…

Pasando al blues…

Terminando con la rápida recorrida por la discografí­a de Popa Chubby, luego del disco internacionalmente ponderado titulado «Electric Chubbyland» (en el que versionara temas del gran Jimi Hendrix), en el año 2.007 publicó «Delivery After Dark», su último trabajo con temas propios, el que comienza en sus tres primeras canciones a puro rock and roll, encontrándonos con acordes que evocan a bandas como AC/DC y Led Zeppelin. También contiene una versión del tema principal de la pelí­ucla El Padrino. A partir de la mitad del disco podemos decir que comienza a desplegar su mejor blues-rock. Escuchamos un muy buen tema instrumental 2nd Avenue Shuffle.-

Little Charlie & The Nights Cats es una banda de swing y jumping-blues de la costa californiana liderada por el guitarrista Charlie Baty y el armonicista Rick Estrin. La historia de esta banda comienza alla por el año 1.970, cuando estos dos musicos eran estudiantes en Berkeley. En 1986 la banda envió un demo a Alligator Records, recibiéndolo el presidente de la compañí­a quien voló a Sacramento para ver a la banda en Vivo contratándolos inmediatamente. Su album debut se tituló ALL THE WAY CRAZY, el que tuvo muy buena crí­tica, luego se sucedieron otros tantos, en 1988 DISTURBING THE PEACE, en 1989 THE BIG BREAK!, en 1991 CAPTURED LIVE, en 1992’s NIGHT VISION, en 1995’s STRAIGHT UP!, y en 1998 SHADOW OF THE BLUES, con los cuales solidificaron una buena reputación como una de las bandas mas sofisiticadas y aventureras. En el año 2002 con el disco THAT’S BIG! continuaron con sus éxitos, el último DEL 2.005, NINE LIVES. Escuchamos de una compilación DELUXE EDITION, el tema «Clothers Lines».-

Por último y haciendo historia, Muddy Waters, cuyo nombre traducido significa aguas fangosas, uno de los más grandes y legendarios bluseros de todas las épocas, quien fuera uno de los inventores del blues eléctrico de Chigago, ha influenciado por igual a musicos proveniente no sólo de sus mismas filas sino también del rock y del jazz, ha dejado una obra de gran importancia que todaví­a es visitada. Desde una recopilación titulada «They call me Muddy Waters», escucharemos el tema homónimo.

Los esperamos luego….

Pasado, presente y futuro: el jazz en el túnel del tiempo

Un inventario de las últimas y las próximas ediciones

Fuente: La Nacion / Bs As, Argentina
Por: Ricardo Carpena

En el presente, muchos miran al pasado sin que les importe el futuro. También existen quienes no reconocen pasado ni futuro y están en un presente perfecto, y los que se obsesionan con el futuro y juegan en el presente a que no tienen pasado.

No se trata de un mero juego de palabras: la reciente edición nacional de un pelotón de grandes discos que representan lo mejor del pasado, del presente y del futuro del jazz permite reflexionar acerca de dónde está y hacia dónde va el género. Pero lo más recomendable, en realidad, es no reflexionar tanto, escuchar mucho y, en definitiva, disfrutar de tanta buena música que por fin tenemos en las bateas.

El sello Warner, por ejemplo, se anotó varios puntos al haber editado uno de los mejores discos de jazz del año, el doble Live , de Brad Mehldau, pero la gran sorpresa la dio con el lanzamiento de Somewhere Before – Keith Jarrett Anthology . The Atlantic Years 1968-1975. Aquí­, brilla la sociedad del pianista con Charlie Haden y Paul Motian, pero también sobresalen la combustión rápida entre Jarrett y Gary Burton y, además, la forma en que Dewey Redman convertí­a a su saxo en un instrumento de alta precisión. De este sello, aún no están confirmadas las ediciones locales de Into The Blue, del trompetista Nicholas Payton, y el doble History, Mystery, del guitarrista Bill Frisell, al frente de un original octeto que incluye cuerdas, saxo, bajo y baterí­a.

Para el sello EMI, a cargo de Blue Note, el pasado, el presente y el futuro se unirán en una gran apuesta: en diez dí­as aparecerá Something for You , el cálido y logrado tributo a Bill Evans de la pianista brasileña Eliane Elias, acompañada por su marido, el contrabajista Marc Johnson, integrante del último trí­o del autor de «Waltz for Debby».

En Sony BMG, por suerte, no se detiene la tendencia de revisar su inagotable catálogo, que permite comprobar cuántas huellas del pasado pueden encontrarse en el presente. Así­, a dos discos indispensables como Carnegie Hall Concert , que rescata el magistral concierto grabado en 1974 por Gerry Mulligan y Chet Baker, y Stone Flower , poderoso álbum de Antonio Carlos Jobim, de 1970, se agregaron este mes las primeras ediciones locales del sello CTI: el notable Concierto , del guitarrista Jim Hall, de 1975, con Chet Baker, Paul Desmond, Roland Hanna, Ron Carter y Steve Gadd, y Straight Life , de Freddie Hubbard, de 1970, ideal para redescubrir a este malabarista de la trompeta, aquí­ en una versión más eléctrica y acompañado por Joe Henderson, George Benson, Herbie Hancock, Ron Carter y Jack DeJohnette.

Las últimas reediciones de este sello son Satch Plays Fats , el delicioso homenaje de Louis Armstrong a Fats Waller, y otro álbum de la etapa «eléctrica» de Miles Davis, Pangea , grabado en 1975 en el Osaka Festival Hall de Japón.

En el caso del sello Universal, acaba de dar un salto al futuro con la edición de Worrisome Heart, el promisorio debut de Melody Gardot, de 23 años. Tiene una voz sugerente, una historia dramática (la atropelló un jeep mientras andaba en bicicleta y quedó con graves secuelas fí­sicas) y canciones de aire retro que la acercan a Norah Jones. Y de esta misma compañí­a hay que celebrar el lanzamiento de Present Tense, que marca el regreso del saxofonista James Carter a sus momentos más inspirados. Este talento surgido en los años noventa, se rodea de compañeros como el pianista D.D. Jackson para redondear un disco que condensa lo mejor del pasado y del presente.

Jazz entre las estrellas

Jazz entre las estrellas
Fuente: Pagina/12 – Bs As, Argentina

Jazz entre las estrellasCreed Taylor es uno de esos personajes legendarios del jazz. Algunos lo odian, porque inventó algo que, en los politizados ’70, no podí­a sino verse como una traición a la visceralidad que se suponí­a que toda obra de arte debí­a tener. Y otros lo amaron, entre ellos los músicos, que gracias a él pudieron llevar algo de buen dinero a sus casas, en muchos casos, como el de Wes Montgomery, por primera vez. Descubridor de Jobim para el mercado internacional, inventor del sello A&M y, más tarde, de CTI, Taylor fue, además, el introductor de nombres como los de los arregladores Don Sebesky y Eumir Deodato. Sony, actual poseedora de los derechos de CTI, está reeditando mucho del material del sello y la filial local está publicando esos tí­tulos a precios bají­simos y, créase o no, con mejor presentación que la de los discos importados. A joyas como la grabación del concierto del Carnegie Hall de Gerry Mulligan junto a Chet Baker y Stone Flower, de Jobim, se acaban de agregar otros dos tí­tulos. En Concert, el notable guitarrista Jim Hall toca, entre otras cosas, un arreglo del Concierto de Aranjuez de Joaquí­n Rodrigo, junto a Chet Baker y Paul Desmond y con orquestaciones de Sebesky. Y en Straight Life a un deslumbrante Freddie Hubbard en trompeta se suman nada menos que el pianista Herbie Hancock, el saxofonista Joe Henderson, George Benson en guitarra, Ron Carter en contrabajo y Jack DeJohnette en baterí­a. Dos largos temas, el que da tí­tulo al disco, del propio Hubbard, y “Mr. Clean”, de Irvine, enmarcan a una pequeña pieza de orfebrerí­a, la delicada, exquisita versión de “Here’s That Rainy Day”.