Hola gente…, saludos…, siguiendo con la aperturas a cargo de Charlie Haden ecucharemos una grabación junto al recientemente fallecido pianista Hank Jones, Steal Away: Spirituals Hymns & Folk Songs. Seguimos con el primer trabajo post e.s.t. del contrabajista Dan Berglund, Tonbruket, un disco fenomenal que trae nuevamente a escena a uno de los pilares del afamado trio disuelto a la muerte de su lider, el pianista Esbjörn Svensson. El pasado fin de mes se cumplieron 40 años de Bitches Brew la obra seminal de Miles Davis que dió origen al jazz-rock, lo celebraremos escuchando un pasaje de éste monumental disco.
Seguimos con la última publicación del pianista polaco Vladyslav Sendecki, Solo Piano at Schloss Elmau, quien es mencionado como uno de los mejores cinco pianistas del mundo; otra novedad, la cantante sueca Rigmor Gustafsson junto a la radio.string.quartet.vienna, un cuarteto de cuerdas, grabo un simpatico y agradable Calling You; más con un viejo registro del saxofonista y clarinetista bajo ingles John Surman, The Amazing Adventures Of Simon Simon, junto al baterista Jack DeJohnette quien además toca el piano en un atrapante disco con climas fantásticos. Cerramos con otro viejo disco: Chet Baker, Jean-Louis Rassinfosse & Philip Catherine, así simplemente titulado por éste trio de lujo.
Pasando al blues…
Deep in the blues, disco de James Cotton ganador de la edición del año 1997 del Grammy Award por Mejor Disco de Blues Tradicional. Es un trabajo acústico en el que colaboraron el guitarrista Joe Louis Walker, en el piano Dave Maxwell y el bajista de jazz Charlie Haden. Grabado el 14 y 15 de Agosto de 1995 en Conway Recording Studios, Los Angeles California, contiene un sonido crudo, rural, un Cotton con una voz rajada y cada vez mas ronca, pero no menos expresiva. Elegimos un clásido «Worried blues life».-
Bert Wills, un excelente músico que en nuestro país no tiene difusión, es reconocido en su país como una leyenda del Blues-Rock de Texas destacándose por la variedad de estilos de su repertorio. En su cuarto disco Tell me why publicado en el año 2005 muestra una variedad estilística que va desde el swamp country y el Texas swing pasando por el Chicago y Piedmont blues y por el jazz. Escucharemos un blues tradicional titulado «Slow Blues Lullaby».-
Por último, festejando el cumpleaños nº 67 de Roger Waters, bajista de Pink Floyd, una de las mejores bandas que hayan existido, presentamos A SPECIAL TRIBUTE TO PINK FLOYD en el que participaron innumerables músicos solistas e integrantes de otras bandas geniales como Yes, King Crimson, Steely Dan, Deep Purple entre otras. «Any color you like» que pertenece originalmente al disco Dark Side of the moon no es su tema más conocido pero no deja de ser menos importante que los demas, siendo genialmente interpretado en éste disco tributo.
Los esperamos como siempre a las 21 hs por FRECUENCIA VYP FM 90.1 o www.frecuenciavyp.com.ar.-
De entre los tantos logros y records de uno de los más influyentes músicos, no solo del jazz, de todas las épocas, el genial, controvertido y hasta antipático por momentos, Miles Davis, dos de sus momentos más gloriosos han acaparado los titulares de la comunidad jazzera y musical en general: uno, la re-edición de Kind Of Blue (Columbia, 1959) en noviembre del año pasado en una presentación de lujo al cumplirse el 50 aniversario de una de las obras fundacionales del movimiento; el otro, la re-edición el 31 de agosto próximo pasado, también en un formato lujoso, de Bitches Brew (Columbia, 1970) que pariera a la criatura conocida más tarde como jazz-rock, al cumplirse 40 años de su publicación. Dos hechos trascendentales en la prolifica vida musical de Miles y que definitivamente cambiara el rumbo de lo establecido.
La edición de lujo ‘Bitches Brew: 40th Anniversary Collector’s Edition’ contiene dos discos con los 94 minutos del disco original y seis bonus tracks, más un tercero inédito con un concierto con algunos de sus Miles Boys: Keith Jarrett, Chick Corea, Dave Holland, Jack DeJohnette, Airto Moreira y Gary Bartz, grabado en Tanglewood, Reino Unido, en agosto de 1970; también incluye un DVD inédito con otro concierto ofrecido en Copenhague en noviembre de 1969. Y, como ocurrió con la re-edición de Kind Of Blue, la caja incluye un LP de vinilo de 180 gramos, réplica del álbum original masterizado, más fotografías y un pequeño libro de 48 páginas del escritor y ensayista Greg Tate.
Bitches Brew no surge de la nada, Miles venia trabajando y experimentando con instrumentos electronicos madurando el sonido que explotaría con éste disco, el banco de ensayos fue In A Silent Way grabado un año antes, 1968, junto a Wayne Shorter, Chick Corea, Dave Holland, y Tony Williams. Un elemento en común con el monumental Kind Of Blue fué la generosa disponibilidad para con sus músicos: total libertad permitiendo la espontánea improvisación, al igual que en Kind Of Blue, las sesiones de grabación casi fueron en directo y con total protagonismo de sus musicos. «Las sesiones de grabación fueron un proceso del desarrollo creativo, una composición viva», explicaba Miles y agragaba «Lo que más me interesa es el ritmo entrecortado, las melodías potentes y el sonido suave del piano»… Reunió a jovenes músicos hambrientos para ésta nueva experiencia: dos baterístas (Lenny White y Jack DeJohnette), dos percusionistas (Don Alias y Jim Riley), dos pianistas (Chick Corea y Joe Zawinul), dos bajistas (Harvey Brooks y Dave Holland), un guitarrista (John McLaughin), un saxo barítono (Wayne Shorter) y un clarinete (Bernie Maupin), formidables músicos que a la postre proseguirían con la línea, las enseñanzas y la metodología del maestro.
Pero el elemento no natural en el esquema de Miles y que protagonizó éste fantástico disco, nace de una sugerencia de su joven y bella esposa Betty ‘Davis’ Mabry. Ella le sugiere escuchar a un joven y radical guitarrista, Jimi Hendrix, hasta lo convence de vestirse como lo hacían los jovenes rockers. Jimi Hendrix sembró la idea que pronto brotaría bajo la imágen bestial de Bitches Brew. Al tiempo Miles se separa de Betty porque era “demasiado salvaje” para él…, pero no abandonó a Hendrix. Esto lo colocaría en el estado poco recomendable para la mayoría: en «Enemigo Público N°1» , acusandolo de «traidor al jazz». Como se imaginarán poco le preocupaba ésta consideración de los puristas del movimiento, y prosiguió como lo hicieran sus antecesoes en la lista negra, Charlie Parker y Dizzie. La historia, convulsionada por los gloriosos años ´60, desoirá éstos gritos y esquivará los dedos acusadores exonerándolo, como a la dupla BeBop, y colocándolo en el sitial que le corresponde: el de uno de los revisionistas más geniales del toda la historia del movimiento…
[audio:play-rachmaninov-PartIV.mp3|titles=Movement 1. Part 4.|artists=The Classical Jazz Quartet ]
Play Rachmaninov
The Classical Jazz Quartet
Kind Of Blue | May 16, 2006


Se dice a menudo, y no sé con qué grado de certeza o veracidad, que los músicos de jazz bien pueden enfrentar una partitura de música clásica a diferencia de los clásicos frente a una partitura jazzera, se sostiene como una de las peculiaridades la incapacidad de improvisación de los primeros frente a los jazzeros quienes enarbolan la principal caracteristica del movimiento. Ya con un grado mayor de certeza es observable la fascinación de los jazzeros por la música erudita, muchos crecieron musicalmente bajo sus influjos y hoy con una presente de jazz no olvidan sus comienzos musicales.
Fuera de cualquier discusión o rótulo, absolutamente inproductivo, la cercania y fusión del jazz y la clásica es un hecho por demás agradable. Desde pequeñas formaciones de cámara hasta las grandes orquestaciones, hemos asistido a grabaciones con la mas diversa formación y siempre con un resultado maravilloso. Desde Gil Evans a Maria Schneider, Vince Mendoza o Claus Ogerman, muchos otros músicos han intentado acomodar ambos mundos en la más cómoda convivencia. Uno de ellos es el productor y también aclamado interprete, Bob Belden quien reunió un cuarteto de notables: Kenny Barron, Stefon Harris, Ron Carter y Lewis Nash, conformando un típico cuarteto de jazz para una tarea no tan típica, tocar música de Sergei Rachmaninov.
«Play Rachmaninov» es el tercero de sus trabajos, anteriormente produjo con el mismo cuarteto “Play Tchaikovsky” y “Play Bach” con excelente crítica. A diferencia de lo que a priori podría suponerse, éste disco suena muy jazzero. Para «Play Rachmaninov» Belden trabajó exclusivamente en una sola pieza, el Concierto No. 2 en Do Menor para Piano de Sergei Rachmaninov, subdividiendo cada movimiento en varias partes que el cuarteto encara al más puro estilo jazzero, al punto que a cualquier conocedor de la música de Rachmaninov pueda costarle acercarse a éste disco. El cuarteto destila talento y vuelo estelar: Kenny Barron (p) y Ron Carter (b), dos de las más refulgentes estrellas en el firmamento jazzero; Lewis Nash (d) con una sólida reputación y la joven estrella Stefon Harris (v) heredero de Bobby Hutcherson y Lionel Hampton.
«Play Rachmaninov», parte de lo mejor de ambos mundos…
(Lamento no poder ofrecerlo en formato Loosless, en cuanto pueda será repostedo)


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El pianista es uno de los más influyentes en el último medio siglo del género y fue parte esencial del fabuloso cuarteto de John Coltrane que grabó A Love Supreme.
Fuente: pagina12.com.ar
Por: Diego Fischerman
La frase publicitaria parece casi inevitable: “El pianista de John Coltrane”. Y pocas veces el trazo grueso y la apelación a lo más visible resultan tan injustos como en el caso de McCoy Tyner, junto a Bill Evans el pianista más influyente del último medio siglo del jazz. Y es que si bien es cierto que integró el cuarteto de Coltrane entre 1960 y 1965, también lo es que ese grupo fue lo que fue en gran medida gracias a él. “Tocar con John (Coltrane) fue una de las grandes experiencias de mi vida”, le dice a Página/12 el pianista, nacido en Filadelfia en diciembre de 1938. Juega, claro, entre Trane, el apelativo del saxofonista, y el parecido fonético con “train”. Y habla de un viaje. “Sabíamos de dónde partíamos y, a veces, adónde deberíamos llegar. Lo demás era una aventura.”
Su manera de formar y encadenar acordes fue seguida por cada pianista nuevo que surgía en el jazz. Varios de sus discos están entre los mejores del jazz de todos los tiempos y una lista muy breve no podría dejar de incluir The Real McCoy, de 1967, con Joe Henderson, Ron Carter y Elvin Jones; Together, de 1978, con Freddie Hubbard, Hubert Laws, Bennie Maupin, Bobby Hutcherson, Stanley Clarke y Bill Summers; el exquisito Supertios, de un año antes, con Ron Carter y Tony Wiliams y con Eddie Gomez y Jack De Johnette; o, más cerca, It’s About Time, con Jackie McLean, de 1996; o el notable Guitars, de 2008, con guitarristas invitados como Carlos Santana, John Scofield y John Abercrombie. Y, es claro, discos en los que toca con Coltrane, como Transition, A Love Supreme o Quartet Plays, que ocupan un lugar en la historia por derecho propio. El estilo de Tyner, como el de Evans o el de Thelonious Monk, no ha cambiado demasiado: sigue teniendo la misma originalidad que cuando era un adolescente y empezó a tocar con el fantástico Jazztet de Benny Golson y Art Farmer.
Hoy, Tyner volverá a actuar en Buenos Aires, después de dieciséis años, y lo hará con un grupo excepcional: Eric Gravatt en batería, Gerald Cannon en contrabajo y, como invitado, Gary Bartz en saxo. El concierto será en el Gran Rex y contará con la actuación, también, de la excelente pianista y compositora argentina Paula Schocrón, que junto al saxofonista Pablo Puntoriero presentarán parte de su nuevo disco, El enigma.
“El jazz es una forma de arte progresiva”, reflexiona el músico norteamericano. “Por su propia naturaleza, debe cambiar y progresar o dejará de ser jazz. Creo que mi personalidad cuadra bien con este género, porque no me gusta quedarme sentado mucho tiempo en el mismo lugar. Siempre estoy pensando en lo que viene después de mañana y en qué nuevo proyecto será el próximo. Para ser relevante, el jazz debe evolucionar, como siempre lo ha hecho. Y para que lo que uno hace dentro del jazz sea relevante sucede exactamente lo mismo.”
Tyner, en efecto, hizo desde discos con big band –entre ellos The Turning Point, de 1991, con arreglos suyos, de Slide Hampton, Howard Johnson y Steve Turre–, grabaciones solistas –Revelations y Soliloquy– y fue uno de los que motorizó una suerte de reafricanización del jazz, entre fines de los ’60 y comienzos de los ’70, con varios álbumes extraordinarios, en los que tocaban músicos como Woody Shaw, Wayne Shorter y Bartz, el saxofonista que lo acompaña en esta visita: Expansions, Cosmos, Extensions y Asante. También grabó en cuarteto con Sonny Rollins, dúos con Stéphane Grappelli o Jackie McLean, o en quinteto con David Murray y Arthur Blythe. En 2007 grabó McCoy Tyner Quartet, junto a Joe Lovano, Christian McBride y Jeff Tain Watts, y el año pasado publicó Solo: Live from San Francisco.
“Se habla de Coltrane como saxofonista, e indudablemente fue un grande en ese instrumento”, comenta el pianista. “Pero no se tiene en cuenta su importancia como compositor y como verdadero maestro de la armonía. Su concepto armónico puede escucharse en grabaciones como A Love Supreme, por ejemplo. Para mí fue siempre como un hermano mayor, que me cuidó muchísimo cuando entré al grupo. La conexión entre la sección rítmica era sumamente fuerte y había una gran comunicación entre todos nosotros mientras tocábamos. John era un gran líder y realmente lograba sacar lo mejor de cada uno de nosotros.” Para Tyner, un grupo es, necesariamente, más que un conjunto de individualidades. Y se siente orgulloso de los compañeros con los que llega a Buenos Aires. “Tuve la fortuna de tocar con grandes músicos. Con grandes artistas. Y eso a uno le enseña, porque el piano es como una orquesta, uno siente que puede hacer todo con él. Pero cuando se toca con creadores, se percibe que lo que uno hace se completa, se enriquece con lo que hacen los demás. Y este grupo, con el agregado de un viejo compañero como Bartz, es de esos en que todo se transforma y toma otra vida cuando transita entre uno y otro músico. Nada sería igual si no estuvieran ellos.”
El ex pianista de John Coltrane toca ésta noche en el Gran Rex.
Cómo vive uno de los más grandes músicos de jazz vivos a los 71 años.
Fuente: clarin.com
Por: Sandra De La Fuente
Esta noche, después de 16 años, McCoy Tyner vuelve a tocar en Buenos Aires. El legendario pianista, definido como el león rugiente del jazz por su gran sonido y su fuerza percusiva, se presentará en el Gran Rex, con su trío que completan Gerald Cannon en contrabajo y Eric Kamau Gravat en batería y al que, en una suerte de evocación coltraneana, se sumará el saxo solista de Gary Bartz.
McCoy Tyner fue el gran pianista de John Coltrane. Se conocieron cuando Tyner tenía 17 años y todavía vivía en Filadelfia, donde había aprendido el instrumento gracias al incentivo de una madre apasionada por la música y la buena influencia de sus vecinos Bud y Richie Powell.
La noche de ese histórico encuentro, Tyner tocaba en el Red Rooster y Coltrane disfrutaba de unos días de descanso entre sus extenuantes sesiones con Miles. El sonido de McCoy no le pasó inadvertido. Coltrane no era todavía una gran referencia para el mundo del jazz, y McCoy fue el estímulo que necesitaba para dar su primer gran paso con una formación propia. En ese tiempo, McCoy tocaba con Art Farmer, pero apenas Coltrane abandonó el grupo de Miles, entendió que una nueva historia podía comenzar también para él. Todavía hoy Tyner habla de Coltrane como “su hermano mayor” y considera su música como “algo transformador y único que aún tiene mucho que mostrar, que merece seguir sonando” y sobre la que, por esa misma razón, improvisa una y otra vez.
Y lo mejor de Coltrane vino acompañado por el piano de Tyner: Africa Brass , Impressions , My Favorite Things y su exquisito A Love Supreme (65). Las innovaciones rítmicas de Tyner –muchas veces se denominó a sí mismo “percusionista frustrado”– y sus nuevos colores armónicos marcaron un punto de inflexión en la historia del jazz. Tyner no entiende el instrumento como un campo de pruebas sino más bien como la extensión de la propia personalidad. “Al principio, el piano es algo ajeno. Cuesta hacer una relación con él. Con el tiempo, se vuelve una extensión del propio cuerpo, y ya no puedes hacer con él nada muy diferente de lo que realmente sos”.
La revolución de McCoy fue progresiva: la serena comprensión y asimilación de un mundo nuevo o exploración de su propia tradición –el movimiento africanista lo tuvo de epicentro-. Ese modo de entender los cambios, marca un notable contrapunto con las fugas hacia el futuro y líneas plagadas de aristas que trazó la historia del impetuoso e inconformista Miles Davis.
Los tiempos en que McCoy ganaba presencia coincidieron con aquellos en los que Miles comenzaba a sentirse incómodo con ese papel de animador al que creía que los intelectuales blancos habían relegado a los músicos de la comunidad negra. La música de Miles aceleraba su salida del puro divertimento de salón, se volvía áspera mientras se apartaba de la tradición. Tal vez por eso, no era fácil para Miles encuadrar el estilo de Tyner. En su libro Miles y yo , Quincy Troupe, punzante -y seguramente conociendo por anticipado el juicio de Miles-, le exige una valoración pública sobre el sonido de McCoy Tyner. “Lo único que hace es aporrear el piano”, demuele Miles después de algunas reticencias. “Nunca ha tocado y nunca lo hará. Es un buen tipo, pero aunque le fuera la vida en ello, nunca podría tocar el piano”.
Tal vez ese juicio no haya influido en músicos y melómanos. De todas formas, tras su salida del cuarteto de Coltrane, en 1965, y la formación de su propio trío, Tyner tuvo que poner a prueba su tenacidad para tolerar las críticas.Recién con Sahara , su disco de 1972, apareció la llave que le abrió las puertas del mundo, que todavía quiere escucharlo en vivo y al que hoy, con 71 años, se entrega generosamente.
Sus giras son agotadoras y numerosas. Sin embargo, en un impasse que le deja un Festival de Jazz en la tórrida Mallorca, consigue responder algunas preguntas que le formula Clarín .
No es fácil encontrar un momento para entrevistarlo. Vive en Nueva York, pero viaja mucho. ¿No es así?
Sí, toco todo lo que puedo. Me gusta conocer lugares, tocar para distintos públicos, conocer gente, culturas, conversar…
¿Y consigue alguna vez estar en su casa, disfrutar de hacer nada, escuchar música o ir al cine?
A veces voy al cine. Eso ya es mucho para mí. Me gusta el cine y disfruto cuando actúa Danny Glover. Es un gran tipo, lo conozco personalmente, y le encanta la música.
¿Hay diferencias entre esas actuaciones tan libres, por los diferentes teatros del mundo, y un álbum pautado en el estudio? ¿Cómo se siente cuando finalmente entra en un estudio a grabar?
Sí, claro que hay diferencias. Cuando grabo quiero que las cosas queden muy bien, que el trabajo quede bien acabado. Pero también me gusta tocar en un club hasta cualquier hora, sin preocuparme demasiado por el paso del tiempo.
¿Toca en su casa?
Hace tiempo que no tengo piano en casa. Antes, cuando vivía en una casa más grande y criaba hijos, había espacio para un piano grande. Pero ahora no necesito tanto espacio, así que vivo en un lugar más pequeño. Tengo un teclado eléctrico, pero lo uso para componer. Cuando quiero tocar me voy hasta la casa Steinway, allí me prestan un piano. Después de todo, también venden pianos gracias a mí.